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MONS. SCHNEIDER SOBRE LA MISA TRADICIONAL Y SUS RESTRICCIONES

A continuación, transcribimos unas recientes e interesantes declaraciones de Monseñor Athanasius Schneider, obispo auxiliar de Astaná (Kazajistán), acerca de su devoción por la Misa tradicional y las restricciones que en torno a ella llevan a cabo sacerdotes y obispos. Declaraciones pronunciadas en una entrevista realizada por un importante diario católico polaco, titulada “Construyamos sobre Cristo”,  donde el prelado habló sobre importantes temas de actualidad de la Iglesia. La entrevista fue publicada en inglés por Piotr Falkowski en la web Rorate Caeli:

 

“Usted es un bien conocido partidario de la liturgia tradicional y la devoción eucarística. ¿Cómo ha llegado a esta actitud?

La lección más profunda que he aprendido de celebrar la forma tradicional de la misa es la siguiente: yo no soy más que un pobre instrumento de una acción sobrenatural y sumamente sagrada, cuyo celebrante principal es Cristo, sumo y eterno Sacerdote. Cuando estoy celebrando la misa tradicional, siento que durante la celebración he perdido en algún sentido mi libertad individual, las palabras y los gestos se prescriben incluso en sus más pequeños detalles y no soy capaz de disponer de ellos. Siento muy profundamente en mi corazón que sólo soy un sirviente y un ministro que aún con el libre albedrío, la fe y el amor, no cumplo mi voluntad, sino la voluntad de Dios, incluso en los detalles más pequeños. El rito tradicional y milenario de la Santa Misa, que ni siquiera el Concilio de Trento cambió, porque el rito de la misa antes y después del Concilio era casi idéntico, proclama y poderosamente evangeliza la Epifanía del inefablemente santo Dios inmenso, que en la liturgia como “Dios con nosotros” como “Emmanuel” se convierte en tan poco y tan cercano a nosotros, incluso en los detalles de las rúbricas litúrgicas obligatorias. El rito de la misa tradicional es un muy artístico y, al mismo tiempo, poderoso anuncio del Evangelio, la realización de la obra de nuestra salvación. Cuando clérigos y obispos obstruyen o restringen la celebración de la misa tradicional, no obedecen a lo que el Espíritu dice a la iglesia, y están actuando de una manera muy anti-pastoral. Se comportan como los poseedores del tesoro de la liturgia, que no pertenece a ellos, porque ellos son sólo los administradores. Al negar la celebración de la misa tradicional o en la obstrucción y la discriminación en contra de ella, se comportan como un administrador infiel y caprichoso que – contrario a las instrucciones de la casa del padre – mantienen la despensa bajo llave o como una malvada madrastra que da a los niños la comida escasa. Quizás tales clérigos tienen miedo a la gran potencia de irradiación de la verdad de la celebración de la misa tradicional. Uno puede comparar la misa tradicional con un león: Déjelo libre, y se defenderá solo.

¿Y cuál fue su camino personal a la liturgia tradicional?

– Mi Camino a la liturgia tradicional vino de una manera orgánica, empezando por la educación en la fe católica a través de mi madre y mis abuelas durante la persecución de la Iglesia cuando vivía en la Unión Soviética-. También fui educado en la fe por un sacerdote santo, Padre Janis Pawlowski, un sacerdote capuchino de Letonia, que sufrió prisión durante la persecución y fue más tarde también mi párroco en Estonia, en Tartu. En ese momento como un niño y un adolescente, me enseñaron que todas las cosas, que están conectadas con la Santa Eucaristía, tienen que ser en modo eminente sagradas y sublimes. El padre Pawlowski celebraba la Santa Misa siempre volviendo la cara hacia el tabernáculo. Cuando mi familia emigró a Alemania Occidental en 1973, experimentamos una profunda conmoción y tristeza, al observar el nuevo estilo de celebrar la misa de cara al pueblo, como en un círculo cerrado. Este estilo de celebración me recordó el estilo de adoración a la que una vez asistí en una comunidad Bautista en la Unión Soviética. Otra sorpresa fue para nosotros la práctica de dar la sagrada comunión en la mano. Para mis padres, mis hermanos y para mí, tal práctica era realmente horrible, mi madre incluso lloró cuando vio una escena así. Doy gracias a Dios por la gran gracia de que en toda mi vida  siempre anhelaba mi alma la celebración de la misa de una manera sagrada y sublime. Yo llamaría a esto la “sensus liturgicuos fidei”, el sentido litúrgico de la fe. Siendo un hombre joven entré en una comunidad de canónigos regulares en Austria, donde la santa misa, que era el nuevo rito de la misa, celebrada en Latín de cara al Señor en el Sagrario, y la sagrada comunión dada de rodillas y en la lengua. Cuando el Papa Benedicto XVI en 2007 rehabilitó la liturgia tradicional de la misa, fue para mí una alegría profunda, ya que yo mismo entonces podría celebrar y asistir a la forma de la celebración de la misa, que experimenté en mi infancia durante la persecución de la Iglesia, la misma forma que experimentaron mis padres y abuelos. Para hablar con las palabras de Benedicto XVI: “Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, sigue siendo sagrado y grande para nosotros también, no puede ser, de repente totalmente prohibido o incluso perjudicial. Es el deber de todos nosotros preservar la riqueza que se ha desarrollado en la fe y la oración de la Iglesia”. Por otra parte, la rehabilitación de la liturgia tradicional debería tener según Benedicto XVI  incluso también una influencia positiva en el nuevo rito de la misa. Uno de los más necesarios enriquecimientos consiste también en la celebración del nuevo rito de cara al Señor, como sugieren Benedicto XVI y recientemente el cardenal Robert Sarah, el Prefecto de la Congregación para el Culto Divino.”.

Traducido al español por Rocío Salas para la web Adelante la Fe. Pueden leer la entrevista íntegra pinchando aquí.

 

 

 

FOTOGRAFÍAS MISA PRELATICIA TRADICIONAL OBISPO SCHNEIDER PARROQUIA DE SANTA CRUZ (SEVILLA)

Les ofrcemos las fotografías oficiales de la Misa prelaticia tradicional que ofició el pasado Domingo 11 de diciembre, III de Adviento o Gaudete, monseñor Athanasius Schneider, Obispo auxiliar de Astaná (Kazajistán), en la Iglesia parroquial de Santa Cruz de Sevilla, y organizada por Una Voce Sevilla.

 

Agradecemos a su autor, D. Antonio Varo, estas bellísimas imágenes de la Santa Misa.

 

UNA VOCE SEVILLA

VIDEO: MISA PRELATICIA TRADICIONAL OBISPO SCHNEIDER EN PARROQUIA DE SANTA CRUZ (SEVILLA)

HOMILIA OBISPO SCHNEIDER EN SEVILLA: LA SANTA MISA, NUESTRO DIVINO TESORO

Nos complace ofrecerles el texto íntegro de la bellísima y profunda homilía que pronunció Monseñor Athanasius Schneider, obispo auxiliar de Astaná (Kazajistán), ante más de dos centenares de fieles, durante la Misa prelaticia tradicional o en su Forma Extraordinaria que ofició el pasado Domingo 11 de Diciembre, III de Adviento o Gaudete, en la Iglesia parroquial de Santa Cruz de Sevilla (España), y fue organizada por la Asociación Una Voce Sevilla.

 

La Santa Misa: nuestro divino tesoro

Queridos hermanos en Cristo: En estos momentos participamos en la obra más santa, grandiosa, maravillosa y divina de toda la creación y en toda la eternidad: el Santo Sacrificio de la Misa. En sustancia, la Santa Misa es lo mismo que el Santo Sacrificio del Gólgota.

El célebre arzobispo Fulton Sheen dijo de la Santa Misa: «Hay ciertas cosas en la vida que son demasiado bellas para olvidarse. Tal el amor de una madre. Por eso guardamos su fotografía como un tesoro. El amor de los soldados, que se sacrificaron por su patria, es igualmente demasiado hermoso para ser olvidado. Y por eso reverenciamos su recuerdo en el Día de los Caídos. Pero la más grande bendición que jamás descendió a este mundo fue la visita del Hijo de Dios en forma y en hábito de hombre. Su vida, sobre todas las vidas, es demasiado bella para olvidarse; y por eso guardamos como un tesoro la divinidad de sus Palabras en la Sagrada Escritura y la caridad de sus obras en nuestras acciones diarias. Desgraciadamente, esto es todo lo que algunas almas recuerdan: concretamente sus Palabras y sus Obras; y sin embargo, siendo tan importantes, no son la mayor característica del Salvador Divino. El acto más sublime de la historia de Cristo fue su muerte. […] Él mismo nos dijo que había venido al mundo “a dar su vida para la redención de muchos”. […] Si, pues, la muerte fue el momento supremo por el que vivió Cristo, eso fue precisamente lo único de lo que Él mostró deseo de que lo recordásemos. No pidió que se consignasen por escrito sus Palabras en la Escritura; no pidió que se recordase en la historia su bondad para con los pobres; pero sí pidió que los hombres recordasen su muerte. Y para que su recuerdo no fuese una narración arbitraria por parte de los hombres, Él mismo instituyó el modo concreto como había de ser conmemorada

Citemos una vez más a monseñor Fulton Sheen: «Por eso la Misa es para nosotros el acto cumbre del culto cristiano. El púlpito, en el cual se repite la palabra de Nuestro Señor, no nos une con Él; el coro, en que resuenan suaves melodías, no nos aproxima más a su cruz que a sus vestiduras. Un templo sin el altar del sacrificio no existe entre los pueblos primitivos y no tiene sentido entre los cristianos. Y así, en la Iglesia Católica el altar, y no el púlpito, o el coro, o el órgano, es el centro del culto; porque en él se celebra el memorial de su Pasión. […] La misa es por esta razón el más grande acontecimiento de la humanidad, el único Acto Santo que aparta la ira de Dios de un mundo pecador, porque levanta la cruz entre el Cielo y la Tierra, renovando así el momento decisivo en que nuestra triste y trágica humanidad pasó de repente a la plenitud de la vida sobrenatural

Si reconocemos y creemos verdaderamente todo lo que es cada Santa Misa, cada detalle del ritual de la Misa, cada palabra, cada gesto es importante, hondamente espiritual y lleno de sentido. Ya desde el momento en que entramos en una iglesia para participar de la Santa Misa, tenemos que tratar de elevar la mente y el corazón al Gólgota y a la liturgia celestial. El beato cardenal John Henry Newman escribió: «Sólo la Iglesia Católica es bella. Entenderíais lo que digo si vierais una catedral o una iglesia en alguna de nuestras grandes ciudades. El celebrante, el diácono y el subdiácono, los acólitos con cirios, el incienso, los cantos, todo apuntando a un mismo fin, a un solo acto de culto. Notas que realmente estás adorando; todos tus sentidos, ojos, oídos, el olor, todo te dice que se está llevando a cabo un acto de culto» (en palabras de White en la novela Perder y ganar, op. cit. p. 73).

San Juan María Vianney explicó la grandeza de la Santa Misa con estas palabras tan sencillas impregnadas de una fe muy profunda: «Todas las buenas obras juntas no son comparables al Sacrificio de la Misa, porque son obras de hombres, mientras que la Santa Misa es obra de Dios. El martirio no es nada en comparación, porque es el sacrificio en el que el hombre ofrenda su vida a Dios; pero la Misa es el sacrificio en el que ofrenda al hombre su Cuerpo y su Sangre. ¡Oh, qué grande es el sacerdote! Si se diese cuenta, moriría. Dios le obedece: pronuncia dos palabras, y Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña hostia. Dios mira el altar y dice: “Ahí esta mi Hijo amado en quien me complazco“. No puede rechazar nada ante los méritos de la ofrenda de semejante Víctima. Si alguien nos dijera: “A tal hora resucitará fulano”, nos apresuraríamos a ir a verlo. ¿Y acaso la Consagración, que transforma el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Dios, no es un milagro mucho mayor que resucitar a un muerto? Si conociéramos el valor del Santo Sacrificio de la Misa, o mejor, su tuviéramos fe, deberíamos asistir a él con mucho más fervor».

Cada uno de los fieles, cuando se acerca al divino Cuerpo de Cristo en el momento de la Sagrada Comunión, no sólo debe manifestar al Señor la pureza interior del alma, sino también la adoración externa del cuerpo, y saludarlo de rodillas y con actitud de humildad y de infancia espiritual, abriendo la boca y dejando que Cristo, por la mano del sacerdote que actúa en su lugar, in persona Christi, le dé de comer. La verdadera grandeza se manifiesta al empequeñecerse . San Pedro Julián Eymard dijo: «¿No tendrá Jesucristo más derecho a nuestra adoración, puesto que mayores son sus sacrificios y más profundo su abatimiento? Para Él el honor solemne, la magnificencia, la riqueza y la belleza del culto católico. Dios fijó hasta los más menudos pormenores de culto mosaico, aunque no era más que una figura. Por el culto y el honor que se rinde a Jesucristo podemos conocer la fe de un pueblo. A Jesús Eucaristía todo honor; ¡es digno de él y le tiene perfecto derecho!» (Obras eucarísticas. La Presencia Real. Madrid 1963, pp. 135,136).

Queridos hermanos, recibamos al Señor de la Eucaristía con amor, con pureza de corazón, con actitud adorante, de rodillas y humildemente, abriendo la boca para recibir en la Sagrada Forma al Santísimo, al Rey del universo. Señor, cuando te tenemos en la Eucaristía, lo tenemos todo, y nada nos faltará. Amén.

+ Athanasius Scheneider (Obispo auxiliar de Astaná – Kazajistán)

 

SEVILLA: CAMBIO TEMPLO MISA PRELATICIA TRADICIONAL OBISPO SCHNEIDER

La ASOCIACIÓN UNA VOCE SEVILLA se complace en anunciarlesescudo-uvs-mediano que el Arzobispo de Sevilla, D. Juan José Asenjo Pelegrina, y su Obispo Auxiliar, D. Santiago Gómez Sierra, han acordado trasladar a la Parroquia de Santa Cruz de Sevilla la celebración de la Misa Prelaticia tradicional que oficiará el obispo Athanasius Schneider (obispo auxiliar de Kazajistán), prevista para el próximo Domingo 11 de diciembre, a las 12 de la mañana, con ocasión de su visita a nuestra Ciudad.

Agradecemos a nuestros prelados este gesto paternal con los fieles de la Misa según el Rito romano tradicional o Forma Extraordinaria, y en concreto con los miembros de la Asociación Una Voce Sevilla.

Como anteriormente habíamos informado, la organización de la Santa Misa correrá a cargo de nuestra Asociación.

Deo Gratias.

UNA VOCE SEVILLA

 

 

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