LISTADO DE INSTITUTOS Y COMUNIDADES RELIGIOSAS TRADICIONALES AHORA DEPENDIENTES DE LA CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE

A través de un motu proprio de 17 de enero de 2019, el papa Francisco decidió suprimir la Pontificia Comisión Ecclesia Dei (núm. 1), confiando su cometido a una sección creada al efecto al interior de la Congregación para la Doctrina de la Fe (núm. 2). La competencia de esa sección es continuar con la función de vigilancia, promoción y tutela que tenía dicha comisión (núm. 2).

Las comunidades tradicionales reconocidas por la Santa Sede

Por fuerza de las facultades dadas por los Sumos Pontífices, la sección existente en la Congregación para la Doctrina de la Fe ejerce jurisdicción sobre los distintos institutos y comunidades religiosas erigidas por la Sede Apostólica, que tienen como uso propio la forma extraordinaria del rito romano y conservan las tradiciones precedentes de la vida religiosa.

Se encuentran bajo su dependencia:


1. Administraciones territoriales.


Administración Apostólica Personal de San Juan María Vianney, situada en la diócesis de Campos, Brasil (véase aquí la entrada que le dedicamos en su oportunidad).


2. Sociedades de vida apostólica.


(a) Internacionales. 
(i) Fraternidad Sacerdotal de San Pedro (véase aquí la entrada respectiva).

(ii) Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote (véase aquí la entrada respectiva). Su rama femenina son las Adoratrices del Real Corazón de Jesucristo Sumo Sacerdote (véase aquí la entrada respectiva). 

(iii) Instituto del Buen Pastor (véase aquí la entrada respectiva).


(b) Locales. 
(i) Instituto de San Felipe Neri (Berlín, Alemania) [véase aquí la entrada respectiva].

(ii) Servidores de Jesús y María (Austria) [véase aquí la entrada respectiva].


Santa Misa en la abadía de Le Barroux
(Foto: New Liturgical Movement)

3. Fundaciones de espiritualidad benedictina [véase aquí la entrada respectiva]

(a) Fundaciones masculinas. 
(i) Abadía de Nuestra Señora de Fontgombault (Francia). 

De ella dependen los siguientes monasterios:

– Abadía de Nuestra Señora de Randol (Francia).

– Abadía de Nuestra Señora de Triors (Francia).

– Abadía de Nuestra Señora de Donezan (reemplazó a la Abadía de Nuestra Señora de Gaussan, ambas situadas en Francia).

– Abadía de Nuestra Señora de la Anunciación de Clear Creek (Estados Unidos de América). 

– Abadía de San Pablo de Wisques  (Francia).

(ii) Abadía de Santa Magdalena del Barroux (Francia), de la cual depende además el Priorato de Nuestra Señora de la Guarda (Francia).

(iii) Instituto de la Santa Cruz de Riaumont (Francia).

(iv) Abadía de San José de Clairval (Francia). 

(iv) Monasterio de San Benito (Francia).

(v) Monasterio de San Benito (Italia). 

(vi) Benedictinos de la Inmaculada (Italia). 

(vii) Priorato de Silverstream (Irlanda).

 
(b) Fundaciones femeninas. 
(i) Abadía de Nuestra Señora de la Anunciación del Barroux (Francia).

(ii) Abadía de Nuestra Señora de la Fidelidad de Jouques (Francia). 

De ella dependen:

-Abadía de Nuestra Señora de la Misericordia de Rosans (Francia).

– Monasterio de Nuestra Señora de la Escucha (Benin). 

(iv) Monasterio de María, Madre de los Ángeles (Estados Unidos).


4. Comunidades de espiritualidad trapense y cisterciense. 

(i) Monasterio de Vyšší Brod (Polonia) [véase aquí la entrada respectiva].


Fraternidad de San Vicente Ferrer
(Foto: Divina Vocación)

5. Comunidades de espiritualidad dominicana. 

(a) Comunidades masculinas. 
Fraternidad de San Vicente Ferrer (Francia) [véase aquí la entrada respectiva]. 


(b) Comunidades femeninas.
Dominicanas del Espíritu Santo (Francia) [véase aquí la entrada respectiva].

6. Canónigos regulares. 


(a) Canónigos regulares de la Madre de Dios (Francia) [véase aquí la entrada respectiva].

(b) Canónigos regulares de la Nueva Jerusalén (Estados Unidos de América) [véase aquí la entrada respectiva]. 

(c) Canónigos regulares de San Juan de Kenty (Estados Unidos de América) [véase aquí la entrada respectiva].

(d) Canónigos de la Abadía de San Miguel en Orange County (Estados Unidos de América) [véase aquí la entrada respectiva]. 

7. Otras comunidades religiosas

(a) Hermanas de la Preciosa Sangre (Suiza) [véase aquí la entrada respectiva]. 

(b) Los Hijos del Santísimo Redentor (ex Redentoristas Transalpinos) [véase aquí la entrada respectiva].


8. Asociaciones privadas de fieles.

(a) Federación Internacional Una Voce [véase aquí la entrada respectiva].

(b) Asociación Totus Tuus (Lyon, Francia) [véase aquí la entrada respectiva].

(c) Fœderatio Internationalis Juventutem [véase aquí la entrada respectiva].

(d) Militia Templi – Christi pauperum Militum Ordo [véase aquí la entrada respectiva].


Primera reunión formal de la Federación Internacional Una Voce (FIUV) en Zúrich (1967)
(Foto: FIUV)

Las comunidades tradicionales de reconocimiento diocesano


Fuera de las recién mencionadas y que dependen de la Sede Apostólica, existen algunas comunidades con reconocimiento diocesano que celebran la liturgia tradicional, sea de forma exclusiva, sea de forma alternada con el rito reformado.

Tales es el caso de: 

1. El Monasterio de la Santísima Virgen María del Monte Carmelo (Montañas Rocosas, Wyoming) [véase aquí la entrada respectiva].
2. Los Hermanos Ermitaños de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo (Sao Paulo, Brasil) [véase aquí la entrada respectiva].
3. Los Misioneros de la Misericordia Divina (Toulon) [véase aquí la entrada respectiva].
4. Las Religiosas Víctimas del Sagrado Corazón (Marsella) [véase aquí la entrada respectiva].
5. Las Religiosas Víctimas del Sagrado Corazón (Marsella) [véase aquí la entrada respectiva].
6. La Fraternidad de Santo Tomás Becket (Francia) [véase aquí la entrada respectiva].
7. Las Clarisas de St. Laurenzen [véase aquí la entrada respectiva]. 
8. Las Reparadoras del Espíritu Santo[véase aquí la entrada respectiva].  
9. Las Esclavas Reparadoras de la Sagrada Familia, ligadas al Instituto del Buen Pastor en la Arquidiócesis de Bogotá [véase aquí la entrada respectiva].
10. El Oasis de Jesús Sacerdote [véase aquí la entrada respectiva]. 
11. La Fraternidad de San José Custodio [véase aquí la entrada respectiva]. 

12. Las Hermanitas Discípulas del Cordero (Buxeuil, Francia) [véase aquí la entrada respectiva]. 

13. La Fraternidad Sacerdotal de la Familia Christi, FSFC (Arquidiócesis de Ferrara-Commachio, Italia), la que, desde 2016, cuenta además con reconocimiento de la Sede Apostólica concedido por la Pontificia Comisión Ecclesia Dei. Desde el 1° de diciembre de 2018 se encuentra sometida a un comisario plenipotenciario designado por la misma Comisión, Mons. Daniele Libanori SJ, obispo auxiliar de Roma.


Fraternidad Santo Tomás Becket
(Foto: Le Télégramme)

El eremitismo tradicional
Dentro el mundo tradicional ha florecido también la llamada a la vida eremítica. En esta entrada hemos hablado de ella.

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Las peregrinaciones tradicionales
El mundo tradicional se cuenta con algunas peregrinaciones de ya asentada acostumbre, como ocurre con aquellas que tienen como punto de destino la Catedral de Chartres (Francia), el Santuario de Nuestra Señora de Luján (Argentina) y la Basílica de San Pedro del Vaticano (Roma) (véase las referencias que hemos hechos a las peregrinaciones de 2014, 2015, 2016 y 2017). 

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Las Misas celebradas conforme al motu proprio Summorum Pontificum
Todo lo dicho es sin perjuicio de aquellas Misas tradicionales oficiadas por sacerdotes pertenecientes al clero regular o secular en todo el mundo, sea de forma exclusiva, sea de forma alternada con la Misa reformada. De la situación de la Misa tradicional en Chilehemos dado cuenta en este directorio

Por su parte, Acción litúrgica ofrece aquí una relación de las parroquias personales existentes en el mundo y dedicadas a la forma extraordinaria. 

***La Fraternidad Sacerdotal de San Pío X
Finalmente, y aunque todavía no cuente con un reconocimiento canónico oficial, cabe mencionar dentro de la órbita tradicional a la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, a la cual la Sede Apostólica ha ido concediendo paulatinamente diversos privilegios relacionados con los sacramentos que imparte. Sobre ella y tales concesiones hemos tratado aquí

FUENTE: ASOCIACIÓN LITÚRGICA MAGNIFICAT (UNA VOCE CHILE)

ARTÍCULO RECOMENDADO:”LA MISA TRADICIONAL Y EL IMPULSO DE LOS SACERDOTES”

Los fieles que desean la Misa tradicional se enfrentan no con poca frecuencia a la oposición de su respectivo párroco. El Dr. Peter Kwasniewski presenta la situación inversa en el siguiente artículo que hemos traducido para nuestros lectores: ¿qué ocurre cuando la iniciativa para celebrar la Misa de Siempre proviene no de la congregación, sino de su pastor? ¿Debería un sacerdote ofrecer la Misa tradicional sin que nadie se lo haya pedido?
El artículo fue publicado en New Liturgical Movement. La traducción ha sido hecha y publicada por la Redacción de la Asociación Litúrgica Magnificat, capítulo chileno de la Federación Internacional Una Voce.

El autor.

¿Debiera un sacerdote introducir el usus antiquior en una parroquia que no lo ha solicitado?

Peter Kwasniewski

Comencemos con lo que, aunque obvio, hay que decirlo. Desde Summorum Pontificum, si los fieles piden que se celebre la Misa tradicional, el cura debe acceder a ello o, al menos, tomar las medidas necesarias para que otro sacerdote la celebre. Simplemente no se le permite negarse. Es posible que responda: “Sí, pero primero tengo que aprender a celebrarla” (en cuyo caso los fieles, que han de estar preparados para ello, le dirán que ellos asumen los gastos del caso); o dirá: “De acuerdo, pero estamos en una coyuntura complicada: con una nueva escuela básica, con la atención de los presos, con la casa para ancianos y con la reciente muerte del sotacura, no voy a poder aprenderla, por lo que voy a hacer averiguaciones y tratar de que el próximo mes tengáis una Misa”. Y, por cierto, siempre el cura dará estas respuestas con una sonrisa y agradecido por la devoción de sus fieles a las ricas tradiciones de la Iglesia católica.
Pero, ¿qué ocurre en el caso de que la gente esté básicamente satisfecha con lo que tiene? Está acostumbrada a la forma ordinaria y no conoce otra cosa, ni pide otra cosa. Supongamos, para seguir con este planteamiento, que la parroquia está en el extremo superior del ranking de Ratzinger y está comenzando a poner en práctica los ideales de la “reforma de la reforma”, tales como la Misa ad orientem, el uso del latín y del canto gregoriano, buena música sagrada, hermosos ornamentos, arrodillarse para recibir la comunión y otras cosas análogas. ¿Hay algo que le “haga falta” a esa comunidad? ¿Existe alguna razón para que el propio cura introduzca el usus antiquior?
Sí. Tiene básicamente dos razones para hacerlo.
Primero, el bien del propio cura. En un artículo publicado en Catholic World Report e intitulado“Finding What Should Never Have Been Lost: Priests and the Extraordinary Form” [“En busca de algo que jamás debió perderse: los sacerdotes y la forma extraordinaria”] (uno de muchos artículos de este tipo actualmente en Internet), nos encontramos con testimonios de sacerdotes sobre el efecto que ha tenido en ellos celebrar el usus antiquior y por qué lo han encontrado tan emocionante. Dice un sacerdote: “Tiene una cualidad mística, contemplativa y misteriosa, con su empleo del latín, los gestos, la posición del altar, y las oraciones, que son más ornamentadas que las que tenemos hoy”. Otro sacerdote anota: “He sido católico toda la vida, y jamás había experimentado una Misa así. No me imaginé que existiera semejante Misa. Me cautivó. Cuando la celebro, es algo que tiene menos que ver conmigo, el sacerdote, y más que ver con Dios”. Un tercer sacerdote declara: “La Misa tridentina me ha transformado. Me gusta su reverencia, y me ha ayudado a ver que la Misa es un sacrificio, no un mero memorial”.
Todos los sacerdotes que conozco y celebran la Misa tradicional -y he conversado con cientos de ellos a lo largo de los años- experimentan, de un modo poderoso, visceral, lo tremendo del Santo Sacrificio de la Misa y del misterio del sacerdocio, debido a muchos elementos de la liturgia que fueron, desgraciadamente, suprimidos en las reformas de la década de 1960: el humilde aproximarse al altar, al comienzo, empapado de la humildad y piedad que conviene a “los asuntos de mi Padre”; las muchas veces que el sacerdote se inclina o hace genuflexiones, que besa el altar y traza bendiciones; la atención exquisita a los significativos detalles de su postura, de su actitud, de su disposición; las profundas oraciones del Ofertorio; la inmersión en el silencio del Canon, que se enfoca tan agudamente en el misterio por el cual la inmolación de Cristo se renueva entre nosotros; el cuidado que rodea a la manipulación en cada momento del Cuerpo y de la Sangre del Señor, desde el juntar los dedos según los cánones hasta las abluciones hechas concienzudamente; el Placeat tibi y el Último Evangelio, que nos hacen presente la magnitud de lo que acaba de tener lugar, es decir, nada menos que la Encarnación redentora que continúa en medio de nosotros. ¿Cómo podría todo esto no hacer bien a la vida interior del sacerdote y hacerlo avanzar en el camino de su vocación y santificación?
La segunda razón para que un sacerdote ponga el usus antiquior a disposición de los fieles, aun si éstos no se lo han pedido, es el bien espiritual de los mismos. Uno de los sacerdotes entrevistados en el mencionado artículo señala: “Noventa por ciento de los católicos actuales no ha tenido la experiencia de lo que fue la Iglesia antes del Concilio Vaticano II. No sabe nada de su arte, de su arquitectura, de su liturgia tradicionales”. Como lo lamentó más de una vez Joseph Ratzinger, se produjo ciertamente una ruptura en los hechos, si no en la teoría: se separó a los católicos de las tradiciones de la Iglesia; adherir a esas tradiciones llegó a ser considerado, en verdad, una especie de infidelidad para con dicho Concilio y con el nuevo espíritu que éste trajo, supuestamente destinado a enlazar nuevamente con la modernidad y a cosechar los frutos de una nueva evangelización. Nada de esto parece haber tenido lugar, o no, al menos, con la plenitud que se había deseado y prometido. En el mejor de los casos, lo que ocurrió fue un fomento del escepticismo hacia todo lo que fuera preconciliar y de ciertas prometeicas tentaciones de remodelar la Iglesia de acuerdo con las últimas modas y teorías.

Foto: New Liturgical Movement

Aunque lo peor de la “época estúpida” ya haya pasado (al menos en la mayoría de los lugares), el Pueblo de Dios sufre los efectos de este amplio desenraizamiento. ¿Qué mejor modo de enraizarlo de nuevo en esos dos milenos de catolicismo que enriquecerlo con la forma de culto que alimentó a los grandes santos de la Edad Media, del Renacimiento, del Barroco y de todo el período tridentino, que se extiende por más de cuatro siglos y medio? Según las memorables palabras de Benedicto XVI en la carta a los obispos Con grande fiducia, que acompaña a Summorum Pontificum, “[n]os corresponde a todos preservar las riquezas que se han desarrollado en la fe y en la oración de la Iglesia y darles el lugar que les corresponde”.
Lo anterior no puede ser sino ganancia para los fieles de una parroquia, si se lo hace de buen modo, porque habrá de desarrollar nuevos hábitos de oración meditativa y contemplativa; confirmará poderosamente el dogma de que la Misa es propiamente un verdadero sacrificio; intensificará la adoración del Santísimo Sacramento y la veneración del sacerdocio ministerial (lo cual no es una especie de clericalismo); abrirá las mentes a un mundo más amplio de cultura y de teología católicas; y, por último, algo que no es menor: apoyará el esfuerzo por celebrar el Novus Ordo de un modo más tradicional al dejar en evidencia de dónde se originó la “reforma de la reforma”, es decir, al mostrar por qué hacemos ciertas cosas de este modo y no de otro.
Concluiremos esta parte de nuestra exposición con estas impactantes palabras del cardenal Darío Castrillón Hoyos (q.e.p.d.), pronunciadas cuando fue presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei:  

“Permítanme ser claro: el Santo Padre quiere que el antiguo uso de la Misa se transforme en algo de habitual ocurrencia en la vida litúrgica de la Iglesia, de modo que todos los fieles, viejos y jóvenes, puedan familiarizarse con los ritos más antiguos y obtener provecho de su tangible belleza y trascendencia. El Santo Padre quiere esto por motivos tanto pastorales como teológicos” (Londres, 14 de junio de 2008).
Cuando se le preguntó en una conferencia de prensa aquel mismo día “¿quisiera el Papa ver que muchas parroquias se preparan para el rito gregoriano?”, Su Eminencia respondió:  

“Todas las parroquias, no sólo muchas, porque esto es un don de Dios. El Papa da acceso a estas riquezas, y es muy importante que las nuevas generaciones conozcan el pasado de la Iglesia. Esta forma de culto es tan noble, tan bella; es la forma teológicamente más profunda de expresar nuestra fe. El ceremonial, la arquitectura, la pintura, componen un todo que es un tesoro. El Santo Padre está dispuesto a ofrecer a todo el mundo esta posibilidad, no sólo a unos pocos grupos que lo soliciten, para que todos puedan conocer este modo de celebrar la Eucaristía en la Iglesia católica”.

Foto: New Liturgical Movement

Consideraciones prácticas.
Una de las preguntas que a menudo me hacen laicos y clérigos es la siguiente: “¿Cómo debiera introducirse la forma extraordinaria en lugares donde hasta ahora no ha existido?”. Pienso que lo que les preocupa es en gran medida una cuestión práctica: cuándo, con qué frecuencia, y con qué preparación o apoyos.
Mi consejo ha sido siempre hacerlo gradualmente: comenzar tranquilamente (o sea, sin fanfarrias), programando una Misa al mes; luego, una vez que se sepa que se celebra esta Misa y existe público para ella, ofrecer catequesis al resto de los miembros de la parroquia a través de homilías, y hacer una amable invitación. Después de que esto haya tenido éxito y se lo haya aceptado, puede aumentarse la frecuencia a una vez cada quince días o una vez a la semana. Aquí el cura se enfrenta a una encrucijada: si le parece que los fieles responderán favorablemente y no entregarán su cabeza en bandeja al obispo, podría celebrar el usus antiquior varias veces en la semana. He visto programas habituales de parroquias en que se lo incluye como Misa diaria los martes, jueves y sábados, o en que se lo celebra como Misa dominical y otra vez más en la semana.
Para ir a más detalles, a menudo ha resultado bien introducir una Misa tradicional los sábados en la mañana, debido a que es un momento de la semana “de poco tráfico” y es poco probable que se hiera susceptibilidades. En muchas parroquias no hay siquiera Misa los sábados por la mañana, por lo que no hay que suprimir nada para hacerle lugar. Otras posibilidades son los primeros viernes y los primeros sábados, ya que éstas son devociones muy queridas y al mismo tiempo, tradicionales, y la Misa tradicional puede ser entendida como su complemento natural: se ve como algo especial que se hace con motivo de una devoción especial. Otro párroco que conozco introdujo una Misa vespertina sólo para hombres y muchachos, como parte de un programa que incluía adoración, rosario, Misa y convivencia, y pronto va a introducir una Misa mensual sólo para mujeres y niñas.
La introducción del usus antiquior en el domingo o en los días de fiesta es el paso más importante y el más difícil. Es importante darlo, eventualmente, porque sólo de este modo puede el tesoro de la antigua liturgia llegar al mayor número de fieles posible. Es un paso obviamente difícil por la necesidad (en muchas partes) de que un solo sacerdote diga muchas Misas, como también por el desafío que representa un horario ya establecido, que los fieles detestan ver modificado. Pero incluso aquí puede haber una forma de abrirse paso: por ejemplo, si existe ya una tranquila Misa matinal, podría convertírsela en una tranquila Misa rezada, tomando la precaución de repetir desde el púlpito las lecturas en vernáculo, antes de la homilía. Si ya existe una “Misa para jóvenes”, ¿por qué no llevar a cabo el experimento atrevido y loco de la Nueva Evangelización, de reemplazarla por una Misa cantada con gregoriano?  Hay muchos jóvenes que se aburren o desincentivan con la música pseudo-pop y con el aguarlo todo que muchos planificadores litúrgicos creen necesario para la generación de los teléfonos “inteligentes”. Como siempre, algunos jóvenes dejarán de asistir, pero otros encontrarán en esa Misa una experiencia radicalmente nueva que los atrae por misteriosos caminos. Aparecerá gente nueva, que traerá consigo más gente. Podría todo terminar de modo muy exitoso.
En todas estas ideas, estoy penosamente consciente de la realidad del terreno que se pisa. Hay muchos sacerdotes que se sienten con las manos atadas a causa de la hostilidad del obispo, de la curia episcopal, del presbiterio o de la parroquia hacia todo lo tradicional. Esto es un aspecto deplorable de nuestra decadente situación, pero no es un callejón sin salida. En tales casos, el sacerdote se hace un bien, a pesar de todo, aprendiendo el usus antiquior, puesto que puede celebrarlo privadamente una vez a la semana, o en su día libre. Esto será para su propio beneficio espiritual por las razones que ya he dado y, al conectarlo con la riqueza de la tradición, influirá para mejor en su modo de entender lo que es la liturgia y cómo debiera celebrársela, cualquiera sea el rito o la forma.