EL ORIGEN DE LA FEDERACIÓN INTERNACIONAL UNA VOCE Y SU RAMA ESPAÑOLA

Con ocasión del XIX aniversario de la fundación de la Asociación Una Voce Sevilla, traemos a colación un interesante artículo del P. don José Jiménez Delgado, CMF, Catedrático de Filología Latina de la Universidad Pontificia de Salamanca. Escrito en el año 1967 -dos años después de la finalización del Concilio Vaticano II- y titulado: LA FEDERACIÓN INTERNACIONAL «UNA VOCE». Origen y sus causas. Creación de la rama española. Artículo que se encuentra insertado en la web del Ministerio de Educación y Formación Profesional, pues fue publicado en el número LXV de la Revista de Educación, sección de información extranjera.

En el artículo podemos comprobar que la Federación Internacional «Una Voce», tuvo su origen como un movimiento a nivel internacional formado por laicos, para la salvaguarda salvaguarda del latín y el canto gregoriano en la liturgia católica, ante las previsiones poco esperanzadoras que se iban produciendo en la práctica litúrgica del postconcilio.

Por otro lado, queda constado, haciendo referencia a un artículo que se publicó en el Diario ABC, que el 07 de abril de 1967 -se adjunta- se funda en Madrid la rama española de la Federación Internacional «Una Voce», que al día de hoy, después de varias refundaciones, continúa con la denominación de UNA VOCE ESPAÑA. Entre los firmantes se encuentran: conde de los Andes, Julio Calonge, Manuel C. Díaz y Díaz, Luis Díez del Corral, Manuel Irnández-Galiano, Rafael Gambra, Antonio García Pérez, Alfonso García -Valdecasas, Mariano Guirao, José barras, Antonio Linaje Conde, Sebastián Mariner, Antonio Millán Puelles, Manuel Millán Senmartí, Leopoldo Eulogio Palacios, Dacio Rodriguez Lesmes, Dalmiro de la Válgoma, Juan Vallet de Goytisolo y Eugenio Vagas Latapíé.

Nuestro especial agradecimiento a todos ellos, pues fueron en nuestra patria los precursores de la defensa y promoción de la liturgia tradicional, tan denostada en estos momentos.

CONFERENCIA DE MONS. SCHNEIDER EN ROMA: «EL PRINCIPIO DE LA TRADICIÓN EN LA VIDA LITÚRGICA DE LA IGLESIA»

A continuación, le ofrecemos el vídeo -subtitulado- y texto en españo de la interesantísima conferencia pronunciada por el obispo Athanasius Schneider el pasado 27 de noviembre de 2023 en Roma con ocasión del Encuentro de Pax Liturgica celebrado durante la Peregrinación anual «Populo Summorum Pontificum»

XII PEREGRINACIÓN INTERNACIONAL SUMMORUM PONTIFICUM A ROMA

Con ocasión de la festividad de Cristo Rey, los días 27, 28 y 29 de octubre de 2023 se celebró en Roma la PEREGRINATIO AD PETRI SEDEM, que se organiza anualmente desde 2012 por los representantes del “ Populus Summorum Pontificum”, reuniendo a fieles laicos, sacerdotes y religiosos de todo el mundo, con el propósito de tomar parte en la nueva evangelización en torno al rito Romano tradicional, la misa en latín y gregoriana celebrada según la última edición del misal tridentino, publicada en 1962 por Juan XXIII.

Durante tres días de peregrinación, los cientos de participantes venidos de muchas partes del mundo han testimoniado la eterna juventud de la liturgia tradicional. A la Peregrinación, como es costumbre, ha acudido una representación de España, entre ellos, miembros de Una Voce Sevilla, quienes han podido dar testimonio de lo vivido a través de los vídeos publicados en nuestro canal de YouTube: VER AQUÍ

El Viernes, los peregrinos se reunieron en la Basílica de Santa María de los Mártires (Panteón), para asistir a Vísperas solemnes celebradas por el obispo Athanasius Schneider. Previamente, y antes de comenzar la Peregrinación, se desarrollaron varias conferencias muy interesantes organizadas por Paix Liturgica, en la que participó, entre otros, Mons. Athanasius Schneider y que pueden visualizar en el siguiente: ENLACE

El Sábado, después de un tiempo de adoración eucarística, una procesión con una multitud de peregrinos recorrió las calles del centro de Roma hasta la Basílica de San Pedro, para allí venerar y rezar ante la tumba de San Pedro. Este año, se ha prohibido la celebración de la Misa tradicional a su llegada, si bien se rezó de forma solemne el oficio de sexta en el altar de la Cátedra de la Basílica vaticana.

La peregrinación concluyó el Domingo, fiesta de Cristo Rey, con una Misa tradicional solemne en la iglesia de la Santissima Trinità dei Pellegrini, Parroquia Personal para la liturgia tradicional en Roma (FSSP), celebrada por Monseñor Guido Pozzo, y otra Misa celebrada en la Basílica menor de San Celso y San Julián (ICRSS) por Mons. Athanasius Schneider.

A continuación, un bellísimo vídeo sobre la Peregrinación Summorum Pontificum:

EL CARDENAL SARAH HABLA SOBRE LA TEOLOGÍA Y LITURGIA DE BENEDICTO XVI

Publicado por Peter Kwasniewski en la web New Liturgical Movement. Traducción: RITO TRADICIONAL CATÓLICO LATINO ROMANO (Vetus Ordo)

«A veces el nombre y los escritos del cardenal Robert Sarah, a quien Benedicto XVI eligió como su estrecho colaborador en la sagrada liturgia, y que fue marginado durante los primeros años del presente pontificado.

El cardenal Sarah nunca ha dejado de dar un claro testimonio de la prioridad de la liturgia en la vida de la Iglesia, y de la extrema necesidad de un retorno a la sana praxis litúrgica después de la vorágine del Concilio. Ha hablado con particular claridad desde el lanzamiento de Traditionis Custodes.

Por lo tanto, es de gran interés observar que ha publicado un importante artículo en la revista Communio titulado «La realidad inagotable: Joseph Ratzinger y la Sagrada Liturgia» (vol. 49, invierno de 2022), que la publicación ha puesto a disposición de forma gratuita (aquí). Aunque vale la pena leer todo el artículo, me gustaría llamar especialmente la atención sobre los siguientes pasajes.

En las páginas 639-40:

Una de las contribuciones «desapercibidas» pero importantes de El Espíritu de la Liturgia [de Joseph Ratzinger] es su reflexión sobre la autoridad, específicamente la autoridad papal, y la sagrada liturgia. Observando que la liturgia occidental es algo que (tomando prestadas las palabras de J. A. Jungmann, SJ) «ha llegado a ser», es decir, «un crecimiento orgánico», no «una producción especialmente artificial», «algo orgánico que crece y cuyas leyes de crecimiento determinan las posibilidades de un mayor desarrollo», el cardenal Ratzinger observa que en los tiempos modernos «cuanto más vigorosamente se mostraba la primacía [petrina], cuanto más surgía la pregunta sobre el alcance y los límites de esta autoridad, que, por supuesto, nunca se había considerado. Después del Concilio Vaticano II, surgió la impresión de que el Papa realmente podía hacer cualquier cosa en asuntos litúrgicos, especialmente si actuaba bajo el mandato de un Concilio Ecuménico. Eventualmente, la idea de lo dado de la liturgia, el hecho de que uno no puede hacer con ella lo que quiera, se desvaneció de la conciencia pública de Occidente. De hecho, el Concilio Vaticano I no había definido de ninguna manera al Papa como un monarca absoluto. Por el contrario, lo presentó como el garante de la obediencia a la Palabra revelada. La autoridad del Papa está ligada a la Tradición de la fe, y eso también se aplica a la liturgia. No es «fabricado» por las autoridades. Incluso el Papa sólo puede ser un humilde servidor de su desarrollo legal y de su integridad e identidad duraderas. . . . La autoridad del Papa no es ilimitada; está al servicio de la Sagrada Tradición». [1]

En esta afirmación de la objetividad de la sagrada liturgia en sus formas rituales desarrolladas, y del deber de la máxima autoridad de la Iglesia de respetar esta realidad, [2] el cardenal Ratzinger sentó las bases teológicas para la consideración de una reforma de la reforma litúrgica, o incluso para dejar legítimamente de lado los ritos reformados en favor de sus predecesores. La obediencia acrítica a la autoridad papal, algo ya abandonado hace mucho tiempo en muchos lugares, pero al que otros se aferraron como garantía de la ortodoxia en tiempos turbulentos, recibió un golpe, al menos con respecto a la reforma litúrgica, por parte de uno de los prelados de más alto rango en la Iglesia (aunque escribiendo a título privado).

De nuevo, en las páginas 643-45:

El acto de gobierno litúrgico más famoso del Papa Benedicto XVI fue, por supuesto, su motu proprio Summorum pontificum (2007), «Sobre el uso de la liturgia romana antes de la reforma de 1970», estableciendo que los ritos litúrgicos más antiguos «nunca fueron abrogados» (1) y, por lo tanto, podrían usarse libremente, y de hecho que las solicitudes de los grupos de fieles para su celebración deben ser aceptadas. Los obispos ya no podían excluir a priori su celebración. La regulación de estos principios por parte del Papa Benedicto XVI fue permisiva, marcando un cambio brusco en el enfoque parsimonioso de demasiados obispos hasta ese momento.

Su acompañamiento «Carta a los obispos con motivo de la publicación de la Carta Apostólica ‘Motu Proprio Data’ Summorum Pontificum sobre el uso de la liturgia romana antes de la reforma de 1970″ de la misma fecha, trató hábilmente la fuerte oposición que esta medida había atraído incluso antes de que apareciera; Señaló la realidad pastoral de que «también los jóvenes han descubierto esta forma litúrgica, han sentido su atracción y han encontrado en ella una forma de encuentro con el misterio de la Santísima Eucaristía, particularmente adecuada para ellos» [3], y apeló a los obispos: «Abramos generosamente nuestros corazones y demos espacio a todo lo que la fe misma permite». El Papa dijo claramente:

«En la historia de la liturgia hay crecimiento y progreso, pero no ruptura. Lo que las generaciones anteriores consideraban sagrado, sigue siendo sagrado y grande para nosotros también, y no puede ser de repente completamente prohibido o incluso considerado dañino. Nos corresponde a todos preservar las riquezas que se han desarrollado en la fe y la oración de la Iglesia, y darles el lugar que les corresponde».

Una vez más, para aquellos que conocieron el pensamiento litúrgico de Joseph Ratzinger, esta postura no es una sorpresa. Su apertura a las realidades en cuestión —históricas, teológicas y pastorales— es clara. Pero para aquellos que no compartían ni su visión ni su apertura, estos eran actos retrógrados que cuestionaban el Concilio Vaticano II y su reforma litúrgica.

El argumento, tal como fue, fue ganado con el tiempo por lo que se conoce como «la paz litúrgica de Benedicto XVI», en la que las «guerras litúrgicas» de décadas anteriores que habían establecido facciones de «rito antiguo» y «rito nuevo» disminuyeron y, ciertamente gracias a muchos de la generación más joven de obispos, dieron paso a una coexistencia pacífica. tolerancia, e incluso un cierto grado de enriquecimiento mutuo entre las formas litúrgicas que duró mucho más allá del final de su pontificado, reparando en cierta medida la unidad de la Iglesia y mejorándola, respetando las legítimas diferencias de expresión dentro de la Iglesia de Dios.

Es de lamentar profundamente que el motu proprio Traditionis custodes (16 de julio de 2021) y la relacionada Responsa ad dubia (4 de diciembre de 2021), percibidos como actos de agresión litúrgica por muchos, parecen haber dañado esta paz e incluso pueden representar una amenaza para la unidad de la Iglesia. Si hay un renacimiento de las «guerras litúrgicas» postconciliares, o si la gente simplemente va a otro lugar para encontrar la liturgia más antigua, estas medidas habrán fracasado gravemente. Es demasiado pronto para hacer una evaluación exhaustiva de las motivaciones detrás de ellas, o de su impacto final, pero sin embargo es difícil concluir que el Papa Benedicto XVI se equivocó al afirmar que las formas litúrgicas más antiguas «no pueden ser repentinamente totalmente prohibidas o incluso consideradas dañinas», particularmente cuando su celebración sin restricciones ha producido manifiestamente buenos frutos.

Notas (del artículo original de Communio)

[1] Ratzinger, El Espíritu de la Liturgia, 165-66. Como Papa Benedicto XVI, desarrollaría este tema con respecto al ministerio petrino más amplio en su homilía con ocasión de tomar posesión de la Cátedra del Obispo de Roma en la Basílica de San Juan de Letrán, el 7 de mayo de 2005.

[2] Una realidad enseñada por el Catecismo de la Iglesia Católica, §§1124-25.

[3] Benedicto XVI, Carta a los obispos con ocasión de la publicación de la carta apostólica «Motu proprio data» summorum pontificum sobre el uso de la liturgia romana antes de la reforma de 1970 (Ciudad del Vaticano, 7 de julio de 2007). También puedo testimoniar esta realidad a partir de muchos encuentros con jóvenes —laicos y laicas, religiosos, seminaristas y sacerdotes— cuyas vocaciones en el mundo, ya sea al matrimonio cristiano o a la vida religiosa o apostólica, se basan y se alimentan de las formas litúrgicas más antiguas de una manera verdaderamente vivificante. A este respecto, no podré olvidar nunca mi visita a la peregrinación de Pentecostés París-Chartres en 2018: ¡qué esperanza dan estos jóvenes a la Iglesia de hoy y de futuro!

Visite el Substack del Dr. Kwasniewski «Tradición y cordura»; sitio personal; sitio del compositor; editorial Os Justi Press y páginas de YouTube, SoundCloud y Spotify.

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LA REALIDAD INAGOTABLE: JOSEPH RATZINGER Y LA SAGRADA LITURGIA por el Cardenal Robert Sarah

Introducción

A raíz de la publicación del motu proprio Summorum pontificum (2007), un comentarista se apresuró a quejarse de que su autor «no era un liturgista entrenado», y aunque estuvo de acuerdo en que el autor era alguien que «ha mostrado interés y sensibilidad en asuntos litúrgicos», el comentarista insistió en que había demostrado «un verdadero malentendido del papel de la liturgia en la vida de la Iglesia».1

El autor era, por supuesto, el Papa Benedicto XVI, Joseph Ratzinger, un sacerdote, obispo, cardenal y Papa que tenía títulos académicos más que suficientes pero, aparentemente, había cometido el pecado imperdonable de hablar (de hecho, legislar) sobre la sagrada liturgia sin una formación litúrgica específica.

1. Mark Francis, CSV, «Beyond Language», The Tablet, 14 de julio de 2007.

PARA LEER ESTE ARTÍCULO EN SU TOTALIDAD DEL CARDENAL ROBERT SARAH, DESCARGUE el PDF en Inglés gratuito disponible AQUÍ

MISA TRADICIONAL CELEBRADA RECIENTEMENTE POR EL CARD. SARAH EN LA REPÚBLICA CHECA

UNA VOCE SEVILLA PARTICIPARÁ EN LA III PEREGRINACIÓN TRADICIONAL OVIEDO A COVADONGA (22 al 24 julio)

El Capítulo Ntra. Sra. de la Antigua de Una Voce Sevilla participará este verano en la III Peregrinación tradicional Oviedo-Covadonga, organizada por la asociación Nuestra Señora de la Cristiandad – España durante los días 22 al 24 de julio, y que en la pasada edición alcanzó el millar de participantes.

Se trata de una peregrinación anual desde la Catedral de Oviedo al santuario de Nuestra Señora de Covadonga (Asturias) organizada por un grupo de fieles católicos laicos devotos de la celebración de la Santa Misa según el rito Romano tradicional, a semejanza a la peregrinación internacional París-Chartres. Tiene lugar en el fin de semana más cercano a la festividad del apóstol Santiago, patrón de las Españas (25 de julio). La distancia total a recorrer a pie en los 3 días es de aproximadamente 100 km a través de idílicos paisajes asturianos.

Este año estará la Peregrinación cuenta con 22 capítulos procedentes de toda España y 5 del extranjero (Francia, Alemania, Portugal).

La participación en la peregrinación puede hacerse también en familia (con niños de todas las edades y un recorrido más corto) o como voluntario que presta determinados servicios antes, durante y después de la Peregrinación (Liturgia, cantos, sanitarios, transporte, montajes, cocina, avituallamiento…etc). Para más información: Nuestra Señora de la Cristiandad | España (nscristiandad.es)

La asociación y comunidad de Una Voce Sevilla y su Grupo Joven Sursum Corda ya peregrinaron en los dos años anteriores, siendo muchas las personas que nos acompañaron, principalmente jóvenes, en tan profunda vivencia espiritual y de hermandad en torno al apostolado de la Tradición Católica.

Por eso, os animamos de nuevo a participar en la Peregrinación y, si lo deseas, a hacerlo en nuestro Capítulo de Ntra. Sra. de la Antigua. Para ello, debes inscribirte en la siguiente dirección web: Inscripción | Nuestra Señora de la Cristiandad (nscristiandad.es) Más info sobre el Capítulo: asociacion@unavocesevilla.info

Recuerda que el 1º plazo de inscripción finaliza el próximo 30 de junio. Pasado este plazo y hasta el 15 de julio, el precio se incrementará un 50%.

¡Peregrina a Covadonga!

UNA VOCE SEVILLA

UNA RESEÑA DEL LIBRO «EL RITO ROMANO, DE AYER Y DEL FUTURO» DEL PROF. KWASNIESWSKI

Como continuación a nuestra publicación anterior (ver aquí), en la que reproducíamos un extracto del primer capítulo del recomendado libro del Dr. Kwasniewski, El rito romano de ayer y del futuro (Os Justi Press, 2023); traemos a colación una interesante reseña realizada al libro por el abogado de Sevilla, don Luis López Valpuesta, en su blog Nolite Conformari, que se encuentra además alojado en la web de Infovaticana:

«No eches atrás el hito antiguo, que tus padres pusieron» (Prov. 22, 28)

                                                  

Peter Kwasniewski es un teólogo y músico norteamericano, que desde hace unos años escribe y da conferencias en defensa de la fe católica, tal y como la hemos recibido desde siempre, poniendo especial énfasis en la faceta litúrgica. En este sentido podemos considerarlo como una de las más importantes voces proféticas actuales, tanto en la condena de la deriva abiertamente «modernista» de nuestra Iglesia Católica (me reafirmo en esta dura palabra, aunque la ponga entre guiones), y en la reivindicación de una vuelta de los católicos a las raíces espirituales de la fe, sajadas por los vientos de la modernidad. Su último libro publicado -del que haremos ahora un pequeño comentario- «El rito romano, de ayer y del futuro» es, a la vez que un brutal alegato fiscal contra las reformas operadas en la liturgia católica en el siglo XX, una defensa apasionada y lúcida de la liturgia tradicional. Recomiendo sobre todo la lectura detenida del Capítulo 8, un bellísimo comentario y apología del Canon Romanoque en algunos momentos me emocionó, y me hizo exclamar como aquellos Padres del siglo V que nos precedieron: ¡Esta es la fe de la iglesia! Es especialmente trágico que este monumento de catolicidad sea hoy silenciado en casi todas las misas Novus Ordo, pues como afirma con gran verdad el autor:

«La existencia en Occidente de múltiples anáforas es una absoluta novedad (…) Que el Canon romano sea hoy una opción contradice su naturaleza misma de canon, es decir, de norma fija o medida del culto de la Iglesia» (pág. 287).

Y en consecuencia,

«Puesto que la Misa es el corazón del culto de la Iglesia Católica, y el Canon es el corazón de la Misa, el hecho de que la lex orandi haya sido tan gravemente alterada equivale a una traición a la tradición, en el más extricto sentido del término, y a una corrupción de la lex credendi, con resultados inevitables en la lex vivendi» (Pág. 278).

Dos son las ideas nucleares que vertebran todo el libro, una teológica y otra vivencial: la primera, la defensa de la precedencia de la lex orandi sobre la lex credendi y, en segundo lugar, la convición de que los católicos actuales vivimos un estado de ruptura con nuestra tradición litúrgica, con pavorosas repercusiones para lo que creemos y lo que obramos, para nuestra fe y para nuestra moral.

«Jamás, en toda la historia de la cristiandad oriental u occidental ha habido nada ni remotamente comparable con la cantidad y calidad del cambio que se dio en la década que va aproximadamente desde 1963 a 1973. Esto (…) produjo un efecto catastróficamente desestabilizador en los católicos (…). Todos los católicos resultaron dañados con un daño cumulativo y duradero, como el producto por defectos genéticos que se transmite a la descendencia, o como las riñas familiares que se prolongan por generación (…). Nuestra razón nos dice, ayudada por los recursos de la filosofía, de la psicología y de la sociología,  que un cambio tan colosal en la forma en que los católicos rinden culto a Dios podía tener solamente un significado: lo que habían estado haciendo era incorrecto, defectuoso, no saludable, e incluso desagradable a Dios. Tal es la posición de quienes todavía se oponen a la liturgia latina tradicional» (pág. 90).

En efecto, los que hoy desprecian (desde las más altas esferas de la Iglesia, y a veces con palabras gruesas como rígidos, hipócritas, desleales…) a los cristianos vinculados a la tradición litúrgica de los que nos precedieron, no sé si son conscientes de que en realidad insultan a éstos -a sus padres y ascendentes-, e impugnan la esencia de la fe cristiana tal y como la hemos recibido de ellos, y ellos de los suyos, ininterrumpidamente hasta llegar al cenáculo de Jerusalén en la fiesta judía de Pentecostés.  

«Desde Pentecostés, y hasta el final de los tiempos, la Iglesia es el territorio del Espíritu Santo, y la más perfecta acción y expresión de la Iglesia es la sagrada liturgia»  (pág. 75).

Kwasniewski comparte con muchos de nosotros la reflexión del añorado papa Benedicto XVI en su autobiografía, que el origen de la crisis actual en la que se ahoga el catolicismo de nuestro tiempo, hay que buscarlo y encontrarlo en los cambios revolucionarios de la liturgia, si bien en esta obra hay una diferencia fundamental con las ideas del recientemente fallecido papa. En efecto, Benedicto XVI se centra sobre todo en la discontinuidad y la revolución que supuso la obra de reforma de la Misa tras el Concilio Vaticano II, elogiando por contra el camino prudente de reforma litúrgica que comienza iniciado el siglo XX con los cambios  del Breviario y del Salterio por San Pío X y, posteriormente, por la reforma de los ritos de la Semana Santa de Pío XII en el primer lustro de los 50. Por ello, según Benedicto XVI, ninguno de los padres conciliares entendió la «Sacrosantum Concilium«como:

«Una revolución que habría significado el «fin del medievo» como a la sazón algunos teólogos creyeron poder interpretar. Se vio como una continuación de las reformas que hizo Pío X y que llevó adelante con prudencia pero con resolución Pío XII» (Mi Vida, pág. 145).

En este importante punto, el análisis histórico de Peter Kwasniewski se aparta del realizado por el Santo Padre, pues a su juicio, el principio tradicional de la precedencia de la lex orandi sobre la lex credendi, comienza a debilitarse con la reforma de San Pío X y se rompe abiertamente, cuando el papa Pío XII, en su encíclica «Mediator Dei» declara exactamente lo contrario: la preferencia de la lex credendi frente a la lex orandi  (pág. 376).

Legalizada la ruptura de ese principio en el documento de 1947, la reforma de la Semana Santa, implementada en los primeros años de la década de los 50, iba a marcar un camino de no retorno que nos llevaría, de un modo que difícilmente puede sorprendernos -visto en perspectiva-, a la revolución del Ordo Missae de 03 de abril de 1969. Quien sin duda captó desde el mismo momento de su implementación las consecuencias inevitables de ese cambio (con la perspicacia con la que suelen anticiparse los hijos del mundo, Lc. 16,8), fue uno de los artífices del mismo, el P. Carlo Braga (miembro de la Comisión Litúrgica y mano derecha de Annibale Bugnini), al describir la Semana Santa de Pío XII como:

«La cabeza de ariete que penetró la fortaleza de nuestra, hasta entonces, estática liturgia» (pág. 378).

Es por ello que el subtítulo del libro del Dr. Kwasniewski «El regreso a la liturgia latina tradicional tras setenta años de exilio», se remonte a aquellos años de la década de los 50, en los que el Santo Padre Pío XII hizo esos cambios en la liturgia de la Semana Santa, sin percibir que estaba abriendo una caja de Pandora de la que emergerían elementos disolventes para la fe católica, que nadie con un mínimo de honestidad puede en nuestros días negar. A mi juicio (desde mi atalaya de nacido tras el Concilio Vaticano II), la crítica de Kwasniewski a los cambios operados por Pío XII es la parte que me ha parecido más floja del libro -la desarrolla en pocas páginas, 381 a 406-, porque me es difícil contemplar en ellos la abierta ruptura que sí se operó abiertamente en el Rito Romano de la Misa en 1969, a los que dedica el grueso del libro, de manera brillante, certera y demoledora. Pero en todo caso lo que parece incuestionable es que, sin el acento puesto por Pío XII en la nueva relación entre lo que creemos y lo que rezamos, y en el reforzamiento de la autoridad del Romano Pontífice en materia de liturgia, el desastre posterior probablemente no hubiera sobrevenido. En contrate con ello, el autor afirma con rotundidad:

«La liturgia tradicional tiene más autoridad eclesiástica inherente en sí misma que cualquier decisión de un papa o un funcionario curial» (pág. 409). 

Tras la lectura de este apasionante y apasionado libro, la solución que se propone ante este estado de ruptura, aunque nos parezca muy radical, difícilmente podemos discutir que es la única posible. A estas alturas no podemos aspirar a un justo equilibrio entre la tradición  (que ha dado buenos frutos), y esta insufrible modernidad (que no solo no los ha producido, sino que va pudriendo los pocos sanos que quedan). Ya no cabe aquel compromiso que, sin duda de buena fe y con profundo sentido pastoral (aunque en la práctica imposible), quiso implementar Benedicto XVI con su «Summorum Pontificum» (2007): una convivencia armónica de ambas modalidades de rito (el moderno y el tradicional), de tal modo que se produzca una mutua influencia positiva, y lo mejor de cada uno se adhiriese al otro. Ese desideratum es, a juicio de Kwasniewski, inviable, pues:

«La reforma no necesita reforma, sino repudio con arrepentimiento. No es suficiente prescindir de los abusos o reintroducir elementos tradicionales a diestra y a siniestra, un poco de incienso aquí, un poco de violín allá, un introito hoy, ad orientem mañana. Tal cosa sería como amontonar pomadas sobre una herida gangrenada o tratar el cáncer con multivitaminas. No, lo que se necesita es algo mucho más radical»

Kwasniewski incide en que es impropio hablar de dos modalidades de un solo rito, pues lo cierto es que el Vetus Ordo de Pío V de 1570 responde a una tradición de siglos de la Iglesia (que se remonta a San Gregorio y hasta la misma época apostólica), mientras que el Novus Ordo es -en sincerísimas palabras del penúltimo Papa- «un edificio nuevo (…) se destruyó el antiguo edificio y se construyó otro, si bien con el material del que estaba hecho el antiguo» (Mi vida, pág. 177). Como dice Kwasniewski, el Novus Ordo, es un producto manufacturado de expertos, que no pudo reemplazar al antiguo rito precisamente por eso, porque no es una lógica evolución de lo anterior sino un nuevo comienzo; es -si el oximoron lo permite- una «tradición nueva» (pág. 168). Con sarcasmo, afirmará nuestro autor que:

«El rito moderno de Pablo VI, risiblemente declarado por el papa Francisco y Arthur Roche «la única expresión de la lex orandi del rito romano» se ha consolidado como una pseudo-tradición de vernacularidad, «versus populismo», informalidad, banalidad y horizontalidad» (pág. 416).

Que desde círculos conservadores se siga proponiendo esa vía media de la «reforma de la reforma» es un profundo error: «No sólo está muerta, sino profundamente enterrada» (pág. 417). El reciente motu proprio «Traditiones custodes» (2021) fue su siniestro sepulturero. Como dice el mismo Kwasniewski en otra de sus obras -un espléndido librito titulado «La verdadera obediencia en la iglesia (2021)-: 

«Paradójicamente, Traditionis Custodes ha corroborado la clásica afirmación tradicionalista de que se ha producido una ruptura entre la Iglesia de siempre y la Iglesia conciliar o, como mínimo, entre el culto que ofrece cada una de ellas. A pesar de ello, en este caso la que sale perdiendo no es la de siempre, con sus dogmas inmutables y su grandiosa liturgia. Quien tiene que perder es la advenediza, la impostora, la de ayer por la tarde».

Concluyo ya. A pesar de algunas expresiones excesivas, el libro de Kwasniewski tiene razón cuando nos dibuja el dramático momento de nuestra fe católica y verdadera, y cómo esa crisis -como ya destacó Benedicto XVI- se vincula al cambio litúrgico. En estos tiempos recios no caben ya componendas. Las cartas de cada uno están encima de la mesa. Y que nadie piense que los católicos tradicionales (cada vez más en número y calidad) se retirarán de la mesa de juego, harán trampas o romperán  la baraja (como se afirma -y se desea- de mala fe en tantos círculos eclesiales). Jugamos con la honradez y la sabiduría de quienes nos precedieron, y de los que ahora sabemos que triunfaron aun en sus derrotas (como nuestro único modelo, un Crucificado al que amamos sobre todas las cosas y hacemos presente en cada Misa). Y perseveraremos siempre en la buena luchallegaremos a la meta y conservaremos la fe  (2 Tim. 4,7).Y todo ello a pesar de que el presidente de la mesa cambie a su gusto las reglas: 

«Si el Papa no respeta la tradición, o no la transmite sin entrometerse en ella y confundirla, nosotros, movidos por nuestro amor a nuestros antepasados en la fe y por nuestra dignidad de hijos de Dios y herederos de su reino, defenderemos la tradición católica, la sostendremos, viviremos según ella y la transmitiremos intacta» (pág. 418).

Por Luis López Valpuesta

«LA TRADICIÓN COMO LA NORMA FUNDAMENTAL». Prof. Peter Kwasniewski

A continuación, reproducimos un extracto del primer capítulo del recomendado y reciente libro del Dr. Kwasniewski, El rito romano de ayer y del futuro (Os Justi Press, 2023).

El extracto del libro ha sido publicado por la web Marchando Religión, la cual contiene diversos artículos de este prolífico autor católico tradicional.

Asimismo, se pueden encontrar más libros en español del profesor norteamericano en el siguiente enlace a nuestra web: Sacristía | Misa Tradicional | Una Voce Sevilla

“La Tradición como la norma fundamental”

Cada vez que se celebra una liturgia cristiana, se recita o canta diversas oraciones, himnos y lecturas, y varias personas realizan acciones de carácter o práctico o simbólico. Muy probablemente, la acción incluirá también diversos objetos, utensilios y ornamentos especiales.

Si les echamos una mirada desde gran altura, las liturgias cristianas tienen, en su mayor parte, mucho en común: un ministro que las dirige, algunas personas que lo secundan, la Biblia, y pan y vino. Pero, como dice el adagio, “el diablo está en los detalles”. Lo cual es, en cierto modo, poner la idea al revés, porque es más bien Dios, creador y providente Señor, el que está muchísimo más en los detalles. Al contrario de lo que ocurre con las conferencias del papa en los aviones, la liturgia no se da normalmente a gran altura, sino que es algo sumamente concreto, articulado y definido; no puede ser genérica o vaga, sino que debe comprometerse con éste o aquel camino específico. Surge así una importante cuestión: ¿cómo debiera celebrarse la liturgia cristiana? ¿es algo que vamos creando a medida que avanzamos? ¿le encargamos a alguien que la invente para nosotros? ¿reunimos a un comité y le pedimos que prepare esquemas que, a continuación, votamos? ¿o podemos encontrarla completa en alguna parte y la tomamos con gratitud, de modo que, en vez de desperdiciar nuestras energías o de reinventar la rueda, podemos dedicarnos a darle, a este don que hemos recibido, el uso más devoto y bello?

Hubo un tiempo en que los católicos tenían, para la pregunta “¿Cómo debe celebrarse la liturgia?”, una respuesta plenamente convincente. Y la respuesta era sencilla: tradición. Recibimos nuestra liturgia de la tradición apostólica, desarrollada por un pacífico uso a lo largo de los siglos. Debido a que los apóstoles se reunieron en torno a Cristo en el cenáculo, nuestros ritos cultuales tendrán siempre ciertos rasgos comunes; debido a que los apóstoles se dispersaron por todo el mundo y fundaron iglesias locales donde quiera que llegaron, nuestros ritos son también diversos –tan diversos como diversos son el griego y el latino, el copto y el eslávico, el ambrosiano, el romano, el mozárabe–. Pero la intuición fundamental o instinto de los católicos es siempre buscar la tradición, de modo de estar seguros de que lo que hacemos y cómo lo hacemos, se funda, todo lo posible, en precedentes: precedentes de miles de santos, de innumerables iglesias y capillas de la Cristiandad, de incontables ejércitos de sacerdotes, monjes, monjas y laicos. Cada uno de los veintiún concilios ecuménicos de la Iglesia católica fue solemnizado con una liturgia que ya era considerada tradicional por los respectivos padres conciliares, ya fuera la primitiva liturgia griega de Nicea o el rito tridentino del Segundo Concilio Vaticano.

No es un problema menor el que, contra esta práctica unánime de dos mil años de cristiandad apostólico-sacramental, tanto oriental como occidental, la respuesta actual a la misma pregunta “¿Cómo debe celebrarse la liturgia?”, se haya convertido en algo controvertido, divisivo, explosivo. Y se ha llegado a ello por una sola razón: se ha repudiado la normatividad de la tradición. Quienes rehúsan ser guiados por ella han caído en una arbitrariedad de la cual no hay cómo escapar, salvo por nuevas decisiones y acciones arbitrarias. Por eso ya es tiempo de repensar nuestra pregunta fundamental desde sus bases mismas.

Todos los capítulos de este libro aspiran a contribuír a esta empresa. El presente capítulo proclamará dos principios: primero, el papel constitutivo, en términos generales, de la tradición en el catolicismo y, segundo, más específicamente, la importancia de mantenerse fieles a las tradiciones que se ha practicado desde hace largo tiempo y nos han sido transmitidas, aunque no sean parte del depósito de la fe. Mi tesis es doble. En primer lugar, las tradiciones eclesiásticas, especialmente en lo referente a las “externalidades” de la liturgia en su desarrollo a lo largo del tiempo, deben ser respetadas y conservadas porque están íntimamente conectadas con el contenido y con la recta práctica de la religión. Y, en segundo lugar, después de un período de más de medio siglo en que esa relación se ha aflojado o negado, existe un creciente número de católicos que se están encontrando, por primera vez, con tradiciones “redivivas” y las están experimentando como algo que es justo y bueno, supuestas las verdades en que creemos y los misterios que veneramos. El éxito de este “revival”, en unos tiempos de drástica declinación de la práctica religiosa, proporciona una prueba empírica de que las llamadas “externalidades”, defendidas por los amantes de la tradición, siguen siendo y siempre serán un camino eficaz para unirse a Dios.

Manteneos firmes y guardad las tradiciones

Hace algún tiempo no hubiera causado ningún revuelo afirmar que el catolicismo es, inherentemente, una religión de tradición. Esta realidad es una de las más importantes objeciones que le hizo el protestantismo, el cual, luego de haber optado por la sola scriptura, realizó el poco sorprendente descubrimiento de que mucho de lo que la Iglesia católica enseña y practica no se encuentra verbatim en la Biblia. Tal descubrimiento no hubiera alterado para nada a los seguidores del apóstol Pablo, que escribió a los corintios: “Os alabo de que en todo os acordéis de mí y retengáis las tradiciones que yo os he transmitido” (1 Cor. 11, 2), y a los tesalonicenses: “Manteneos, pues, hermanos, firmes, y guardad las tradiciones que recibisteis, ya de palabra, ya por nuestra carta” (2 Tes. 2, 15).

Los Padres de la Iglesia insisten en este punto con su habitual vehemencia. En su tratado “Sobre el Espíritu Santo”, publicado en 375, San Basilio Magno escribe: “De los dogmas y proclamaciones que se guardan en la Iglesia, algunos los recibimos de la enseñanza de las Escrituras, y otros los hemos recibido en misterio como enseñanzas de la tradición de los Apóstoles. Ambos tienen el mismo poder respecto a la verdadera religión. Nadie negaría estas ideas, al menos nadie que tenga alguna experiencia de las instituciones eclesiásticas. Porque si procuramos rechazar las costumbres no-escriturales [agraphos] como sin significado, podríamos perder, sin darnos cuenta, las partes vitales del Evangelio, e incluso más: lo proclamaríamos sólo nominalmente”1.

San Basilio da algunos ejemplos de las cosas que los cristianos creen por tradición, algunas de las cuales puede que sorprendan al lector moderno:

Por ejemplo –mencionaré la primera y más común– ¿quién ha aprendido por las Escrituras que los que esperan en Nuestro Señor Jesucristo deben ser marcados por la señal de la cruz? ¿Qué texto de las Escrituras nos enseña a volvernos hacia el Oriente para orar? ¿Qué santo nos ha dejado un relato de las Escrituras sobre las palabras de la epiclesis en la manifestación del pan de la Eucaristía y del cáliz de bendición? No nos satisfacemos con las palabras [Eucarísticas] que el Apóstol o el Evangelio mencionan, sino que añadimos otras palabras antes y después de las de ambos, ya que hemos recibido la enseñanza no-escritural de que estas palabras tienen gran poder en relación con el misterio. Bendecimos el agua del bautismo y el aceite del crisma además de bendecir al que va a ser bautizado. ¿Con base en qué Escritura? ¿No es acaso por el secreto y la tradición mística? Pero, ¿por qué? ¿Qué autoridad de la Escritura enseña la bendición del aceite mismo? ¿De dónde viene que hay que sumergir al hombre tres veces? ¿Cuánto hay del ritual bautismal que se refiere a la renuncia a Satanás y sus ángeles, y de qué texto de las Escrituras proviene? ¿No proviene acaso del secreto y enseñanza no hablada, que nuestros padres guardaron con un sencillo y escueto silencio, ya que se les enseñó muy bien que la solemnidad de los misterios se respeta con el silencio? Si todas estas cosas no deben ser vistas por los no iniciados, ¿cómo podría ser apropiado que esta enseñanza se publique abiertamente por escrito?.

Otro Padre de la Iglesia, San Vicente de Lerins, alrededor del año 434, en su gran tratado “Commonitorio para la antigüedad y universalidad de la fe católica, contra las profanas novedades de todas las herejías” (título que habría enorgullecido a Hilaire Belloc), dice lo siguiente:

Mantén el depósito. ¿Qué es el depósito? Es lo que se te ha confiado, no lo has creado tú mismo; es materia no de inteligencia, sino de aprendizaje; no de adopción privada sino de tradición pública; una materia que te ha sido entregada, no que has propuesto tú, por lo que estás obligado a ser no autor sino guardián, no un maestro sino un discípulo, no un guía sino un seguidor. Mantén el depósito. Conserva inviolado e inadulterado el talento de la fe católica. Que siga en tu posesión lo que se te ha confiado, y transmítelo. Has recibido oro, y entrega oro a tu vez. No sustituyas una cosa por otra. No sustituyas desvergonzadamente el oro por plomo o bronce. Entrega oro verdadero, no un simulacro2.

Se podría multiplicar indefinidamente estas citas. Los Padres de la Iglesia entienden el cristianismo como una religión social y jerárquica en que a ciertos hombres –los Apóstoles y sus sucesores– se les ha confiado los dogmas, las prácticas litúrgicas y los juicios morales destinados a ser transmitidos fielmente de una generación a la otra.

Un depósito en palabras y símbolos

El siguiente es un punto clave: la verdad y la forma de vida reveladas por Dios fueron, en su totalidad, depositadas primeramente en la tradición, es decir, en la mente de los hombres que Dios eligió como sus confidentes, y sólo posteriormente se puso una parte por escrito, a discreción de aquéllos a quienes se había confiado el depósito. Debemos alejarnos de toda noción de una Biblia, o un catecismo, o una Summa que caen a las manos de los Apóstoles desde el cielo. La revelación fue una clara luz espiritual que Dios implantó en la mente de Sus instrumentos, confiándoles la tarea de explicarla con sus palabras habladas y de poner una parte de ella por escrito para beneficio de auditorios lejanos o futuros. Pero es claro que habría sido imposible ponerla toda por escrito: San Juan nos dice en el capítulo 21 de su Evangelio que “Muchas otras cosas hizo Jesús, que, si se escribiesen una por una, creo que este mundo no podría contener los libros”. Ni los Apóstoles ni los Padres de la Iglesia pensaron que debían o podían poner por escrito todo lo concerniente al misterio de la vida en Cristo. La Iglesia conserva en su corazón maternal algunos recuerdos que son demasiado profundos para ser dichos con palabras, y también algunas realidades que encuentran expresión en signos y símbolos más que en un lenguaje escrito.

Por ejemplo, los cristianos, durante siglos, rindieron culto ad orientem, de cara al oriente, antes de que a nadie se le ocurriera dar una explicación escrita de por qué lo hacían así, e incluso sólo existen tales explicaciones porque, aquí o allá, algún Padre de la Iglesia, como San Basilio Magno, decidió mencionar la costumbre al pasar mientras defendía un determinado dogma. El hecho es que dar culto ad orientem no es una doctrina, aunque tiene fundamentos e implicaciones doctrinales: no es una declaración o afirmación o texto que podemos analizar; es una postura corporal, una acción que realizamos, una actitud sin palabras que asumimos con todo nuestro ser. En este sentido es pre-doctrinal, pre-verbal, pre-conceptual; y esta es la razón por la que es tan fundamental. Las primeras cosas que los seres humanos reciben después de nacidos y durante su infancia no son compuestos de sujeto-predicado, sino sencillas imágenes sensibles; el lenguaje y el pensamiento crecen lentamente en nosotros, pero el rostro de nuestra madre que se inclina sobre nosotros amorosamente está ahí desde el comienzo, inmediato, palpable, dominante y decisivo. Los símbolos fundamentales de la liturgia son también así: nos entrenan antes de que nos demos cuenta de que estamos siendo formados por ellos; determinan nuestros pensamientos antes de que los pensemos; imprimen la verdad en nuestros ojos, oídos y nariz, en nuestras manos y en nuestras rodillas. Los gestos, las posturas y los objetos del culto cristiano son, por esto, no menos importantes que los textos de la liturgia; en realidad son, de muchas formas, más importantes. Por ejemplo, una Misa en que los fieles se arrodillan durante largos períodos de silencio afirma más poderosamente la presencia de Dios oculta, misteriosa y terrible que una Misa en que el silencio y el arrodillarse son menos importantes o incluso faltan. Una Misa con incienso tendrá inmediatamente un carácter sagrado más elevado que una Misa sin incienso. “Séate mi oración como incienso en tu presencia, y el alzar a ti mis manos como oblación vespertina” (Salmo 140, 2; Apocalipsis 8, 3-4). El Ofertorio de la Misa de Corpus Christi adapta un pasaje de Levítico 21, 6 a los ministros de la Nueva Alianza: Sacerdotes Domini incensum et panes offerunt Deo: et ideo sancti erunt Deo suo, et non polluent nomen ejus, alleluia. “Los sacerdotes del Señor ofrecen a Dios incienso y panes; por tanto, serán santos para su Dios, y no profanarán su nombre, alleluia”. ¡Cuánto comunican el aromático y ondulante humo, el movimiento deliberado de las manos, el ángulo de la cabeza, la dirección de la mirada, la elevación de un cáliz!3. Debemos tomar en serio el despliegue de manifestaciones no verbales de la tradición, ya que también estas cosas nos han sido transmitidas por nuestros antepasados, y llevan consigo la verdad del Evangelio.

Diferentes clases de tradición

La palabra “tradición” deriva de trans y dare, entregar algo. Para que algo sea tradicional debe haber sido establecido por la autoridad correspondiente y transmitido y recibido por otros. Unos de los mejores textos de estudio del siglo XX, el Manuale Theologiae Dogmaticae, de Jean-Marie Hervé, distingue cuatro clases de tradiciones: las provenientes del Señor o dominicales, las de carácter apostólico-divino, las de carácter apostólico-humano, y las eclesiásticas. Una “tradición dominical” es la que ha sido establecida por el mismo Cristo, como la indisolubilidad del matrimonio y la necesidad de ayunar. Las tradiciones “apostólico-divinas” abarcan las que el Espíritu Santo inspiró a los Apóstoles que introdujeran en la Iglesia como parte de la constitución de ésta; por ejemplo, la ordenación de diáconos y la primera fijación de la liturgia, que habría de desarrollarse, con el paso del tiempo, hasta dar origen a las familias de ritos orientales y occidentales. Las tradiciones “apostólico-humanas” son, en cambio, las que los Apóstoles mismos consideraron adecuado instituír, en cuanto representantes de Cristo, como, por ejemplo, los tiempos en que los cristianos deben practicar el ayuno y la abstinencia. Finalmente, las tradiciones “eclesiásticas” comprenden todo lo que la Iglesia ha instituído o ha adoptado después del tiempo de los Apóstoles (e.g., la duración exacta del Adviento y de la Cuaresma, las octavas de Navidad, Pascua y Pentecostés, los días de rogativas, y las vestiduras que deben ser llevadas por el clero en el altar”4.

Los cuatro tipos de tradición poseen en común lo siguiente: tienen su comienzo en alguna autoridad (Cristo, el Espíritu Santo, los Apóstoles, la Iglesia) y son continuamente transmitidas, preservadas y fomentadas. El Depósito de la Fe, el conjunto total de las tradiciones dominicales y apostólico-divinas, no admiten cambio; son establecidas en plenitud desde su promulgación, que termina con la muerte del último Apóstol. Las tradiciones apostólico-humanas tuvieron sólo cierto nicho en el que se las pudo establecer, y después de la muerte de San Juan, ya no pueden ser modificadas: sólo pueden ser abandonadas. Las tradiciones eclesiásticas constituyen la categoría más compleja.

Las dos primeras categorías, las dominicales y las apostólico-divinas, pueden llamarse Tradición con una T mayúscula: en su origen y contenido son divinas y, como Dios mismo, inmutables. Las últimas dos categorías, las apostólico-humanas y las eclesiásticas, pueden llamarse humanas más que divinas, pero con la importante aclaración de que nacen bajo la guía divina y poseen cierto grado de autoridad divina. Aunque las tradiciones eclesiásticas se desarrollan y cambian, la coherencia de la práctica de la Iglesia católica a lo largo de los siglos –que no sería exagerado calificar de norma o principio– ha significado prolongar todo lo que ya es parte de su vida, y tanto más cuanto más universalmente dichas tradiciones permean al cuerpo de fieles5. De lo anterior se derivan dos corolarios. Primero, mientras más prolongada sea la tradición, más certeza se tiene de que es verdadera, conveniente, y beneficiosa. Segundo, debe admitirse las nuevas prácticas sólo cuando refinan, cristalizan, amplían o destacan de algún modo las tradiciones ya existentes. Las prácticas bien establecidas y que han durado por mucho tiempo reciben el nombre de usos, y operan como leyes, con estatus normativo y fuerza obligatoria en una colectividad. Cuando una costumbre es tan antigua y/o extendida que nadie recuerda su introducción (con frecuencia no habrá recuerdo de quién la introdujo o dónde o cuándo), se la denomina inmemorial, y es, por tanto, venerable.

La gran veneración que la Iglesia tiene por sus tradiciones se hace presente en las siguientes palabras del Concilio de Trento, que alaban al Canon romano:

Y siendo conveniente que las cosas santas se manejen santamente; constando ser este sacrificio el más santo de todos; estableció muchos siglos ha la Iglesia católica, para que se ofreciese, y recibiese digna y reverentemente, el sagrado Canon, tan limpio de todo error, que nada incluye que no dé a entender en sumo grado, cierta santidad y piedad, y levante a Dios los ánimos de los que sacrifican; porque el Canon consta de las mismas palabras del Señor, y de las tradiciones de los Apóstoles, así como también de los piadosos estatutos de los santos Pontífices6.

En esta cita encontramos recogidas todas las esferas de la tradición: la dominical (“las mismas palabras del Señor”), la apostólico-divina y la apostólico-humana (“las tradiciones de los Apóstoles”), y la eclesiástica (“los piadosos estatutos de los santos Pontífices”). El Concilio de Trento ofrece, para nuestra admiración y adhesión, la más perfecta ilustración de la corrección de la antiquísima práctica cultual de la Iglesia, es decir, el texto litúrgico central y definitivo del sacrificio Eucarístico en todos los ritos occidentales, completado en el año 604.

Prof. Peter Kwasniewski

INFORMACIÓN SOBRE EL LIBRO

Peter Kwasniewski. El rito romano de ayer y del futuro: El regreso a la liturgia latina tradicional tras setenta años de exilio. Lincoln, NE: Os Justi Press, 2023. 478 páginas, con 8 ilustraciones y 3 diagramas. Disponible en tapa blanda, tapa dura o libro electrónico.

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1 San Basilio, On the Holy Spirit, 27:66.

2 San Vicente de Lérins, Commonitorium, c. 22, n. 53.

3 Ver Romano Guardini, Sacred Signs.

4 San León Magno atribuye las Témporas a los Apóstoles.

5 La significación de este principio se aprecia cuando consideramos que el Missale Romanum de Pío V, promulgado en 1570, se diferencia muy poco de los misales que ya habían sido usados desde muchos siglos antes, y posteriormente siguió siendo de uso universal en toda la Iglesia católica romana durante cuatrocientos años. Su abolición, por tanto, fue un magnífico ejemplo de desprecio por la tradición eclesiástica. En realidad, sería difícil concebir un acto más temerario y anticatólico que esta arrogante eliminación de la riqueza acumulada durante siglos de culto público y de piedad personal.

6 Concilio de Trento, sesión XX, cap. 4.

CRÓNICA DE LA MISA TRADICIONAL CELEBRADA EL JUEVES DE PASCUA EN SEVILLA (FSSP)

El pasado jueves día 13 de abril, Jueves de la Octava de Pascua de Resurrección, se celebró en Sevilla Santa Misa cantada según el rito Romano tradicional, con ocasión de la visita de un sacerdote y un grupo de trece seminaristas de diferentes nacionalidades -4 españoles-, pertenecientes a la Fraternidad Sacerdotal San Pedro, que cursan sus estudios en el seminario de este Instituto en Wigratzbad, situado en la región de Baviera (Alemania), quienes se encontraban en peregrinación por distintos lugares de Andalucía y Portugal. Tras visitar nuestra ciudad, se celebró Misa tradicional en el Oratorio Escuela de Cristo, a las ocho y media de la tarde, participando en la celebración litúrgica más de un centenar de personas, en su mayoría jóvenes; entre ellas, los miembros de la Junta Directiva de Una Voce Sevilla y el Grupo Joven Sursum Corda, estando presentes una gran parte de sus asociados y simpatizantes.

La Misa fue celebrada y predicada por el padre venezolano don Felipe Pérez (FSSP); acolitada y cantada en gregoriano, con las melodías del ordinario y el propio de la festividad litúrgica, por los referidos seminaristas, quienes además fueron acompañados por un grupo de seminaristas del Instituto del Buen Pastor que se encontraban de visita ese día en nuestra Ciudad.

El ambiente de adoración, misterio, solemnidad y recogimiento vivido por los allí presentes recordó aquellos Triduos Sacros de Semana Santa que durante siete años consecutivos se celebraron en el mismo lugar con la colaboración de Una Voce Sevilla.

Tras la finalización de la Misa compartimos un refrigerio en el Barrio de Santa Cruz con el sacerdote y los seminaristas, de forma que pudimos celebrar con ellos la Pascua de Resurrección y tener una provechosa tertulia. Hemos de destacar que parte de los seminaristas que nos visitaron son andaluces; entre ellos nuestro querido y amigo sevillano don Rodrigo López, don Francisco Ariza y don Javier Martínez, ambos cordobeses. Rezamos por ellos y por las vocaciones sacerdotales.

Se da la circunstancia que la Misa tradicional ha vuelto a celebrarse en el Oratorio Escuela de Cristo -que fue sede de la Asociación Una Voce Sevilla- dos años y medio después de la promulgación, por el entonces arzobispo de Sevilla, Mons. Juan José Asenjo Pelegrina, del Decreto que restringía la celebración de la Misa tradicional en la archidiócesis hispalense a un solo templo y un solo sacerdote. Decreto que, según la opinión de varios juristas, podría estar derogado desde la entrada en vigor del motu proprio Traditionis Custodes del Papa Francisco el 16 de julio de 2021, en virtud de lo establecido en el canon 33.2 del Código de Derecho Canónico.

Agradecemos a nuestro arzobispo, don José Ángel Saiz Meneses, la acogida paternal dispensada al sacerdote celebrante y grupo de seminaristas, y esta atención pastoral recibida por los fieles de la Misa tradicional en la Sede de San Isidoro.

UNA VOCE SEVILLA

A continuación, les ofrecemos más fotos y vídeos realizados por la comunidad de fieles de Una Voce Sevilla y el Grupo Joven Sursum Corda.

Seminaristas del Instituto del Buen Pastor

ARTÍCULO: LA SEMANA SANTA TRADICIONAL

Recopilamos en una sola entrada el gran trabajo realizado por nuestros hermanos de Una Voce Argentina, quienes han ido publicando a lo largo de esta pasada Semana Santa un importante estudio litúrgico sobre su celebración según el rito Romano tradicional.

El estudio consiste en la comparativa entre los ritos tradicionales de la misma con su versión adulterada poco antes del Concilio Vaticano II escrita por el amigo Dr. Rubén Peretó Rivas, adaptada a partir de un trabajo del P. Stefano Carusi.

Entradas originales de la web de Una Voce Argentina:

LA REFORMA DE LA SEMANA SANTA: INTRODUCCIÓN

La celebración de la Semana Santa según el Rito Romano Tradicional –es decir, previo a las reformas de Pío XII introducidas en 1955– se sucedieron este año [2018] a lo largo de todo el mundo. Los sitios dedicados al tema han dado cuenta de ello en un sinfín de fotografías que vale la pena mirar (por ejemplo, pueden verse aquí los álbumes del monasterio San Benito de La Garde-Freinet) y llevan a preguntarnos si el tema es, contrariamente a lo que se decía, mucho más que una cuestión menor, propia de discusiones exquisitas y en las que no vale la pena detenerse.

Capilla Nuestra Señora de los Dolores, Instituto del Buen Pastor, Brasilia

[…]

Para ser serios, lo mejor es repasar en qué consistió esa reforma y por qué el interés de celebrar al rito anterior. Pocos de los que hablan y critican saben de qué se trata, y piensan que solamente fue una cuestión de cambios de horarios: la Vigilia Pascual dejó de celebrarse el sábado por la mañana, y pasó a celebrarse por la noche. En realidad, esto sí que fue un detalle. Los cambios fueron mucho más profundos. Y un texto del papa Pablo VI que aparece en la constitución apostólica que pone en vigencia el misal de 1969, es suficientemente significativo al respecto:

Se ha visto la necesidad que las fórmulas del Misal Romano fuesen revistas y enriquecidas. El primer paso de tal reforma ya se había realizado por obra de Nuestro Predecesor Pío XII con la reforma de la Vigilia Pascual y de los ritos de la Semana Santa, que constituyeron el primer paso de la adaptación del Misal Romano a la mentalidad contemporánea.

Altar del «Monumento», Parroquia Ssma. Trinidad de los Peregrinos, FSSP, Roma.
La Hostia consagrada el Jueves Santo se reserva en el cáliz envuelto por el velo dentro de una urna.

Así es. Las reformas de las ceremonias de Semana Santa de mediados de los ’50 fueron instrumentadas a fin de comenzar a adaptar la Liturgia Romana a la mentalidad del mundo contemporáneo, y la prueba más clara de esto la constituye no solamente la afirmación de Pablo VI, sino también la identidad de quienes realizaron esa reforma: Annibale Bugnini, Carlo Braga y Ferdinando Antonelli, los mismos personas que una década más tarde llevaría a cabo la reforma de todo el misal romano y parirían el Novus Ordo Missae.

Parroquia Ssma. Trinidad de los Peregrinos, FSSP, Roma.

Vamos a dedicar algunos post a explicar detalladamente las reformas instrumentadas bajo el pontificado de Pío XII, a partir de un trabajo del P. Stefano Carusi aparecido ya hace varios años. 

Los cambios introducidos en la reforma de la Semana Santa en 1955 no se limitaron a los horarios que legítima y sensatamente podían ser modificados para el bien de los fieles.

Desde el mismo Domingo de Ramos se inventa un rito cara al pueblo y de espaldas a la cruz y al Cristo del altar, el Jueves Santo se permite que los laicos accedan al coro, en el rito del Viernes Santo se reducen los honores que se tributan al Santísimo Sacramento y se altera la veneración de la cruz, el Sábado Santo no solamente se da vía libre a la fantasía reformadora de los expertos, sino que se demuele la simbología relativa al pecado original y al bautismo como puerta de acceso a la Iglesia.

En una época en la que se proclamaba el redescubrimiento de la Escritura, se reducen los pasajes bíblicos leídos en estos importantísimos días, y se cortan incluso los mismos pasajes evangélicos relativos a la institución de la Eucaristía en los textos de Mateo, Lucas y Marcos. En la Tradición, siempre que se leía en estos días la institución de la Eucaristía, la misma se ponía en relación con el relato de la Pasión, para indicar de qué modo la Última Cena era una anticipación de la muerte en la cruz y para indicar también que esa cena tenía una naturaleza sacrificial. Se consagraban tres días a la lectura de estos pasajes evangélicos: el Domingo de Ramos, el Martes y el Miércoles Santos, pero gracias a la reforma, la institución de la Eucaristía desapareció de todo el ciclo litúrgico.

Toda la ratio de esta reforma aparece permeada de una mixtura de racionalismo y arqueologismo de contornos muchas veces fantasiosos. No es que se afirme que a este rito le falte la necesaria ortodoxia […]. Pero a pesar de esta precisión, no se puede evitar precisar la incongruencia y la extravagancia de algunos ritos de la Semana Santa reformada, al mismo tiempo que se reclama la posibilidad y la licitud de una discusión teológica sobre el tema en la búsqueda de la verdadera continuidad de la expresión litúrgica de la Tradición.

Negar que el Ordo Hebdomadae Sanctae es el producto de un grupo de eruditos académicos que, además, fueron acompañados de notorios experimentadores litúrgicos, es negar la realidad de los hechos.

S.E.R. Cardenal Burke adorando la Cruz postrado, iglesia de los Santos Miguel y Cayetano, ICRSS, Florencia.

Según el P. Carlo Braga, secretario personal de Mons. Bugnini, esta reforma fue “el ariete” que desestabilizó la Liturgia Romana en los días más santos del año, y tamaño desbarajuste tuvo notables repercusiones sobre todo el espíritu litúrgico subsiguiente. En efecto, signó el inicio de una despreciable actitud según la cual en materia litúrgica se podía hacer o deshacer según fuera el gusto de los expertos, se podía suprimir o reintroducir elementos según las opiniones histórico-arqueológicas, para darse cuenta más tarde que los historiadores se habían equivocado (el caso más notario será, mutatis mutandis, el tan aclamado “canon de Hipólito”). La Liturgia no es un juguete en manos del teólogo o del simbolista más en boga; la Liturgia posee su fuerza de la Tradición, del uso que la Iglesia infaliblemente ha hecho de ella, de los gestos que se han repetido durante los siglos, de una simbología que no puede existir solamente en la mente de académicos originales sino que responde al sentido común del clero y del pueblo, que durante siglos rezaron de esa manera.

Nuestro análisis se confirma con la síntesis del P. Braga, protagonista excepcional de estos acontecimientos:

Aquello que no hubiese sido posible psicológicamente y espiritualmente, en tiempos de Pío V y de Urbano VIII por causa de la tradición, de la insuficiente formación espiritual y teológica, de la falta de conocimiento de las fuentes litúrgicas, fue posible en tiempos de Pío XII.Carlo Braga, “Maxima Redemptionis Nostrae Mysteria” 50 anni dopo (1955-2005)»,  in Ecclesia Orans n. 23 (2006), p. 18

Bajo el pretexto de arqueologismo se termina por sustituir la sabiduría milenaria de la Iglesia por el capricho del arbitrio personal. De esta manera, no se reforma la Liturgia, sino que se la deforma. Bajo el pretexto de restaurar los aspectos antiguos, sobre los que existen estudios científicos de dudoso valor, se desprenden de la Tradición y, después de haber descuartizado el tejido litúrgico, se hace un vistoso remiendo recurriendo a retazos arqueológicos de improbable autenticidad. La imposibilidad de resucitar en su integralidad los ritos que alguna vez existieron pero que están muertos desde hace siglos, provoca que la obra de restauración sea dejada a la libre fantasía de los expertos.

Encendida del Cirio Pascual con el arúndine tricirio.

LA REFORMA DE LA SEMANA SANTA: DOMINGO DE RAMOS

La Reforma de la Semana Santa: Domingo de Ramos

Continuamos con esta adaptación del estudio del P. Stefano Carusi. Todas las imágenes pertenecen al apostolado del Instituto del Buen Pastor en Bogotá, Colombia, el cual ha restaurado la celebración de la Semana Santa Tradicional.

En octubre de 1949, la Comisión de Ritos nombró una comisión litúrgica que debía ocuparse del Rito Romano y de eventuales reformas a realizarse y sobre la necesidad de aplicarlas. Lamentablemente, la calma necesaria para tal trabajo no fue posible a causa de las continuas presiones de los episcopados de Francia y Alemania que reclamaban, en la más grande y exigente precipitación, cambios repentinos. La Congregación de Ritos y la Comisión se vieron obligadas a ocuparse de la cuestión de los horarios de la Semana Santa a fin de bloquear las fantasías de ciertas “celebraciones autónomas” especialmente las relativas a la vigilia del Sábado Santo. En este contexto se debía aprobar ad experimentum un documento que permitiese la celebración vespertina de los ritos del Sábado Santo: se trata del Ordo Sabatto Sancti, del 9 de junio de 1951.

En los años 1948-1949, la comisión fue erigida bajo la presidencia del Cardenal Prefecto Clemente Micara y sustituido en 1953 por el cardenal Gaetano Cicognani. Contaba también con la presencia de Mons. Alfonso Carinci, de los padres Giuseppe Löw, Alfonso Albareda, Agostino Bea, y Annibale Bugnini. En 1951 se unió Mons. Enrico Dante, en 1960 Mons. Pietro Frutaz, don Luigi Rovigatti, Mons. Cesario d’Amato y finalmente el padre Carlo Braga. Este último, era desde hacía un tiempo un estricto colaborador de Annibale Bugnini y, durante 1955 y 1956, aunque no era todavía miembro de la Comisión, fue participante de los trabajos (C. Braga, “Maxima Redemptionis Nostræ Mysteria 50 anni dopo (1955-2005)” in Ecclesia Orans n. 23 [2006], p. 11). Braga afirma claramente haber vivido en primera persona la reforma y haber participado activamente en los trabajos. Fue también autor, junto a Bugnini, de los textos histórico-críticos y pastorales sobre la Semana Santa. Nos referimos a A. Bugnini y C. Braga, Ordo Hebdomadae Sanctae instauratus (Bibliotheca Ephemerides Liturgicæ, sectio historica 25), Roma: 1956, los cuales funcionarían como una suerte de salvoconducto “científico” de las modificaciones aportadas. 

La Comisión trabajaba en secreto y bajo la presión de los episcopados centroeuropeos. Tanto era el secreto que la improvisada e inesperada publicación del Ordo Sabbati Sancti instaurati del 1 de marzo de 1951, “tomó por sorpresa a los mismos oficiales de la Comisión de Ritos”, como refiere el miembro de la Comisión Annibale Bugnini (A. Bugnini, La riforma liturgica (1948- 1975), Roma 1983, p. 19).

Y fue el mismo Padre Bugnini quien explicó el modo singular con el cual los resultados de los trabajos de la Comisión sobre la Semana Santa eran referidos a Pío XII, quien

[…] era mantenido al corriente por Mons. Montini y, más todavía y semanalmente por el P. Bea, confesor de Pío XII. Gracias a este procedimiento se pudo alcanzar resultados notables, también en los periodos en las cuales la enfermedad del Papa impedía que nadie se avecinara a su presencia.A. Bugnini, La Riforma liturgica, op. cit., p. 19

El Papa estaba afectado de una enfermedad grave del estómago que lo obligaba a una larga convalecencia, y no era por tanto el cardenal prefecto de Ritos, responsable de la Comisión, quien lo informara, sino el entonces Mons. Montini y el futuro cardenal Bea, que tanta parte tendría en las reformas posteriores.

Los trabajos de la Comisión terminaron en 1955, cuando el 16 de noviembre fue publicado el decreto Maxima redemptionis nostrae mysteria, que debía entrar en vigor en la Pascua del año sucesivo. El episcopado mundial recibió de modo diverso las novedades y, más allá del triunfalismo debido a una decisión pontificia, no faltaron lamentos por los inventos introducidos e incluso se multiplicaron los pedidos para poder conservar el rito tradicional, pero ya la máquina de la reforma litúrgica se había puesto en movimiento y detener su curso sería imposible como lo iba a demostrar la historia sucesiva.

Entre los personajes más notorios que plantearon su oposición a la reforma se cuenta el liturgista Mons. León Gromier, conocido por su documentado comentario al Caeremoniale Episcoporum, y que era consultor de la Congregación de Ritos y de la Academia Pontificia de Liturgia. El mismo papa Juan XXIII, en la celebración del Viernes Santo de 1959, en la iglesia de la Santa Cruz en Jerusalén, celebró siguiendo las prácticas tradicionales y haciendo caso omiso de las reformas de Pío XII, dando prueba que no compartía las incongruencias adoptadas (Puede verse la documentación fotográfica y la confirmación por parte de Mons. Bartolucci quien afirmó que recibió la orden de Mons. Dante de seguir los ritos tradicionales: https://bit.ly/2q74aJF). 

Veremos a continuación, de modo detallado, cuáles son los cambios que se introdujeron por esta reforma, que el cardenal Antonelli definió como el “acto más importante en materia litúrgica desde San Pío V a nuestros días” (F. Antonelli, “La riforma liturgica della Settimana Santa: importanza attualità prospettive” in La Restaurazione liturgica nell’opera di Pio XII. Atti del primo Congresso Internazionale di Liturgia Pastorale, Assisi- Roma, 12-22 settembre 1956, Genova 1957, p. 179-197). 

Domingo de Ramos

1. Invento: Uso del color rojo para la procesión y morado para la misa.

Práctica tradicional: uso del morado tanto para la procesión como para la misa.

Justificación de la Comisión:

[…] se podría restituir el rojo primitivo usado durante el medioevo para esta solemne procesión. El color rojo recuerda la púrpura real… y de esta manera la procesión se distinguiría como un elemento sui generis.Archivio della Congregazione dei Santi, fondo Sacra Congregatio Rituum, Annotazione intorno alla riforma della liturgia della Domenica delle Palme, p. 9

Objeción: No se trata de negar que el color rojo pueda ser signo de la púrpura real aunque habría que probar que, efectivamente, se usaba durante el Medioevo en ese sentido, pero resulta llamativo el modo de proceder y el motivo por el cual se buscan razones sui generis y se decide que el rojo deba tener en este día una simbología determinada racionalmente, según el capricho o la fantasía de los liturgistas. De hecho, en el Rito Romano, el rojo es el color del martirio o del Espíritu Santo, y en el Rito Ambrosiano, que se usa el Domingo de Ramos, se lo hace para indicar la sangre de la Pasión y no la realeza. En el Rito Parisino se usaba el negro. Este cambio no habría que atribuirlo a una práctica atestiguada sino a la idea caprichosa de un “pastoral profesor de seminario suizo” (L. Gromier, Semaine Sainte Restaurée, in Opus Dei (1962), n. 2, p. 3).

2. Cambio: Abolición de las planetas (o casullas) plegadas y consecuentemente del estolón o stola largior.

Práctica tradicional: Uso de las casullas plegadas por parte de los tres ministros y del estolón diaconal, que no es más que una casulla enrollada en bandolera, para ciertas partes de la misa.

Era esta una práctica de las más antiguas del rito romano que había sobrevivido hasta entonces, y que nunca se había osado cambiar por la veneración que implicaba, por lo extraordinario de los ritos de Semana Santa y por extremo dolor de la Iglesia durante estos días. Por otro otro lado, no se explica que la misma Comisión que introducía del color rojo porque era una práctica medieval, aboliera otra práctica medieval por ser, justamente, medieval. 

3. Invento: Bendición de los ramos cara al pueblo y dando la espalda a la cruz y al altar y, en algunos casos, al Santísimo.

Práctica tradicional: Los ramos se bendicen en el altar, del lado de la epístola, luego de una Lectura, un Gradual, un Evangelio y, sobre todo, de un Prefacio con el Sanctus que introduce las oraciones de bendición. 

Con el objetivo de lograr la participación de los fieles, se introduce la idea de las celebraciones litúrgicas cara al pueblo y de espaldas a Dios. Se inventa una mesa, que se coloca entre el altar y el comulgatorio, con los ministros versus populum, con lo cual se introduce un nuevo concepto del espacio litúrgico y de la orientación de la oración. 

4. Cambio: Supresión del prefacio con las palabras relativas a la autoridad de Cristo sobre los reinos y su autoridad sobre este mundo. 

Práctica tradicional: El rito romano prevé en ocasión de los grandes momentos litúrgicos como la consagración de los óleos o la ordenación sacerdotal, el canto de un prefacio como un modo particularmente solemne de dirigirse a Dios.

También para la bendición de los ramos se prevé un prefacio que describe el orden divino de la Creación y su sumisión a Dios Padres, sumisión de lo creado que era advertencia a los reyes y gobernantes acerca de su propia sumisión a Dios: “Tibi enim serviunt creaturae tuæ: quia te solum auctorem et Deum cognoscunt et omnis factura tua te collaudat, et benedicunt te sancti tui. Quia illud magnum Unigeniti tui nomen coram regibus et potestatibus huius saeculi libera voce confitentur”. El texto revela en pocas líneas la base teológica que fundamenta el deber que tienen los gobernantes temporales de someterse a Cristo Rey.

La asombrosa justificación de la Comisión para este cambio es la siguiente:

Teniendo en cuenta la poca coherencia de estos prefacios, su larga extensión y, en algunos casos, la pobreza de pensamiento, su pérdida no parece relevante. C. Braga, op. cit., p. 306

Bendición de los ramos.

5. Cambio: Supresión de las oraciones sobre el significado y beneficio de los sacramentales, y sobre el poder que tienen contra el demonio. 

Práctica tradicional: Las antiguas oraciones recuerdan el rol de los sacramentales, los cuales poseen un poder efectivo (ex opere operantis Ecclesiæ) contra el demonio.

La Comisión consideró que estas oraciones eran “ampulosas…, con toda las características de la erudición típica de la época carolingia”. Se ve que aunque los reformadores están de acuerdo con respecto a la antigüedad de los textos, no los consideran de su gusto porque “es muy débil la relación directa de la ceremonia con la experiencia de la vida cristiana, o sea el significado litúrgico pastoral de la procesión como homenaje a Cristo Rey”. Nadie puede entender la razón de tal “débil relación”

La “experiencia de la vida cristiana concreta” de los fieles es poco más adelante completamente despreciada por la misma Comisión que considera que “estas piadosas costumbres [los ramos bendecidos], aún justificadas teológicamente, puede degenerar como de hecho se degeneran, en supersticiones”. Más allá del tono racionalista apenas disimulado, hay que tener en cuenta que las antiguas oraciones fueron deliberadamente sustituidas por nuevas fórmulas según lo dicen expresamente los autores. Es decir, las antiguas oraciones no gustaban porque expresaban de un modo demasiado marcado la eficacia de los sacramentales y, por tanto, se inventan otras nuevas. 

6. Invento: cruz procesional no velada, aún cuando la cruz del altar permanece velada.

Práctica tradicional: La cruz del altar permanece velada como así también la cruz procesional, a la cual se ata un ramo bendecido, como una referencia a la cruz gloriosa y a la Pasión vencedora del Señor.

El motivo de este invento se nos escapa completamente. Más que un eventual significado místico, parece más bien el fruto de las prisas que tenían los redactores debido a las presiones de los episcopados.

7. Cambio: Eliminación de los golpes con la cruz a la puerta de la iglesia que permanecía cerrada. 

Práctica tradicional: La procesión se reúne delante de la puerta cerrada de la iglesia. Un diálogo cantado entre un coro de cantores en el exterior se alterna con otro que está dentro del templo. Luego se procede a la apertura de las puertas, la que ocurre después de haberla golpeado con la parte baja del asta de la cruz procesional. 

Este rito simboliza la resistencia inicial del pueblo judío y el ingreso triunfal de Cristo en Jerusalén, pero también la cruz vencedora de Cristo que abre las puertas del cielo y que es causa de nuestra resurrección: “hebræorum pueri resurrectionem vitæ pronuntiantes”.

8. Invento: Una oración que se recita al final de la procesión, en el centro del altar cara al pueblo. 

Práctica tradicional: La procesión termina normalmente y luego se inicia la Misa con las oraciones al pie del altar como de costumbre. 

La oración introducida aparece como una pegatina al rito en razón de su naturaleza arbitraria: “A fin de dar a la procesión un elemento preciso de conclusión, hemos pensando en proponer un particular Oremus”, dice la Comisión. 

El mismo padre Braga confesaba cándidamente cincuenta años después que el invento de esta oración no había sido feliz:

El elemento que desentona un poco en el nuevo Ordo es que la oración conclusiva de la procesión que rompe la unidad de la celebración.C. Braga, op. cit., p. 25

Oraciones al pie del altar o antemisa.

9. Cambio: Se elimina la distinción entre la Pasión y Evangelio. Además, en la Pasión se elimina la frase final. 

Práctica tradicional: El canto de la Pasión es distinto del canto del Evangelio, que llega hasta Mateo XXVII, 66. 

La Pasión había tenido siempre un estilo narrativo, como un momento distinto al Evangelio. Era cantada por tres voces distintas luego de la lectura del Evangelio, el que era cantado solamente por el diácono con un tono diferente, con el uso del incienso pero sin cirios. La reforma confunde los dos aspectos; Pasión y Evangelio son amalgamados en un único canto sin ahorrarse vistosos recortes del inicia hasta el final. De esta manera, se termina por privar a la misa y al diácono del canto del Evangelio que resulta formalmente suprimido. 

10. Cambio: Eliminación del pasaje evangélico que conecta la institución de la Eucaristía con la Pasión de Cristo (Mt. 26, 1-36).

Práctica tradicional: La Pasión es precedida por la lectura de la institución de la Eucaristía revelando de ese modo el vínculo íntimo, esencial y teológico de ambos pasajes.

Este cambio es desconcertante. Según lo que aparece en los archivos de la Comisión, se había decidido no hacer ningún cambio con respecto a la lectura de la Pasión ya que era una institución antiquísima. Sin embargo, no se sabe cómo ni por qué, la narración de la Última Cena fue eliminada. Parece difícil pensar que el único motivo haya sido una cuestión de tiempo, para no hacer tan larga la lectura, sobre todo cuando se considera la relevancia del pasaje. Hasta ese momento, la Tradición había querido que en la narración de la Pasión de los Sinópticos tuviera siempre incluida la institución de la Eucaristía que, con la separación sacramental del Cuerpo y la Sangre de Cristo, es el anuncio de la Pasión. La reforma amputa un pasaje fundamental de la Escritura que es vínculo de consecuencialidad entre la Última Cena, sacrificio del Viernes Santo y Eucaristía. 

El pasaje de la institución de la Eucaristía será también eliminado del Martes y el Miércoles Santos, ¡con el extraordinario resultado que permanecerá ausente de todo el ciclo litúrgico! Es decir, con la Semana Santa reformada bajo Pío XII, en ningún momento del año se lee el evangelio de la institución de la Eucaristía. 

Esto fue consecuencia de un cambio hecho a las apuradas que desbalanceó una obra plurisecular.

Canto del Evangelio

LA REFORMA DE LA SEMANA SANTA: DEL LUNES AL JUEVES SANTO

La Reforma de la Semana Santa: Del Lunes al Jueves Santo

Continuamos con la serie sobre los cambios que aportó a la liturgia el Novus Ordo de la Semana Santa instaurado en 1955 por Pío XII. Quienes estén interesados en un trabajo más erudito sobre el tema pueden consultar el de Gregory DiPippo, de Henri de Villiers y del P. Stefano Carusi (disponible en español aquí) y como bibliografía más relevante el artículo de Nicola Giampietro, “A cinquant’anni dalla riforma liturgica della Settimana Santa”, in Ephemerides liturgicae, anno CXX (2006), n. 3 luglio-settembre. Todas las imágenes pertenecen al apostolado del Instituto del Buen Pastor en Bogotá, Colombia, el cual ha restaurado la celebración de la Semana Santa Tradicional.

LUNES SANTO

Cambio: Se prohíbe la oración “contra persecutores Ecclesiæ” y la oración por el Papa. 

La oración decía: “Ecclesiae tuae, quaesumus Domine, preces placatus admitte; ut destructis adversitatibus et erroribus universis, secura tibi serviat libertate” [“Te rogamos, Señor, acojas benigno las súplicas de tu Iglesia; para que, destruida toda contradicción y error, te sirva con segura libertad”].

MARTES SANTO

Cambio: Se suprime la lectura de Mc. 14, 1-31 relativos a la Última Cena y a la institución de la Eucaristía con los que se iniciaba la lectura de la Pasión.  

MIÉRCOLES SANTO

Cambio: Se suprime la lectura de Lc. 22, 1-39 relativo a la institución de la Eucaristía y su relación con el sacrificio de la cruz.

JUEVES SANTO

1. Invento: Introducción de la estola como traje coral de los sacerdotes.

Práctica: Los sacerdotes y diáconos presentes usan el traje coral normal, sin estola, que se colocan solamente en el momento de la comunión.

De esta manera, se comienza con la construcción del mito de la concelebración del Jueves Santo que no se pudo imponer en ese momento, según el P. Braga“porque la mentalidad de algunos miembros influyentes de la Comisión no estaba todavía preparada”. Quienes se habrían opuesto fueron el cardenal Cicognani y Mons. Dante. Es que había un sentimiento fuertemente hostil a la concelebración en ese día porque nunca había sido práctica tradicional en la Iglesia.

Altar del “Monumento”.

2. Invento: Se introduce la práctica de comulgar sólo con hostias consagradas ese día. 

Práctica tradicional: No hay ninguna mención acerca de con qué hostias había que comulgar. 

No se entiende muy bien el motivo de este cambio. La práctica romana del fermentum, históricamente probada, consistía en comulgar con una parte de la eucaristía del domingo precedente, como un modo de indicar la comunión de la Iglesia en el tiempo y en el espacio, en torno a la realidad del Cuerpo de Cristo. Con el cambio, se introduce una idea de presencia real ligada al día de la celebración y la obligación de comulgar las hostias consagradas en el mismo día. 

3. Cambio: Omisión del Confiteor del diácono o del ayudante antes de la comunión. 

Práctica tradicional: Se recita el Confiteor antes de la comunión.

De esa manera, se eliminaba el odiado –por los progresistas– tercer Confiteor, que no era una duplicación porque cuando se lo recitaba al pie del altar, al inicio de la Misa, era la confesión de la propia indignidad para celebrar el culto. Recitarlo antes de la comunión, es confesar la indignidad para recibir el Cuerpo de Cristo. 

Altar despojado luego del canto de Vísperas de la Misa in Coena Domini.

4. Cambio: Terminada la Misa, se establece que hay que quitar no solamente los manteles del altar, sino también la cruz y los candelabros.  

Práctica tradicional: La cruz permanece velada y entronizada sobre el altar, en medio de los candelabros, a fin de ser develada el Viernes Santo. 

No hay motivos que expliquen este cambio. 

5. Cambio: Se permite que el lavado de los pies se haga después del Evangelio durante la Misa. Las rúbricas ya no mencionan que le sacerdote deba besar los pies después de lavarlos.

Práctica tradicional: El rito del mandatum se hace siempre después de la Misa, luego de haber retirado los manteles del altar. De ese modo, no se interrumpe la Misa y se respeta la sucesión cronológica descrita en los Evangelios.

Una de las razones que se adujo para justificar la reforma de la Semana Santa, fue el respeto a la veritas horarum, pero en este caso se hizo exactamente lo contrario: no solamente se anticipa o se atrasa un rito por exigencias prácticas, sino que se invierte el orden cronológico de los acontecimiento evangélicos en el interior del mismo rito. San Juan escribe que Nuestro Señor lavó los pies de sus discípulos “después de la cena” (Jn. 13, 12); no se entiende entonces por qué lo colocaron en medio mismo de la Misa, cuando doce laicos debían ingresar sin zapatos ni medias en el coro, comenzando ya la idea de desacralizar ese espacio. 

6. Cambio: Se especifica que se pueden cantar tantas antífonas como dure el lavado, pero nunca se puede omitir “Ubi caritas”. Se suprime la octava de las nueve antífonas.

Práctica tradicional: Se cantan las 9 antífonas durante el lavatorio, que sin duda se encuentran entre las piezas más bellas de todo el repertorio gregoriano.

De estas nueve, las primeras seis están tomadas del capítulo XIII del Evangelio de San Juan, la séptima del final del capítulo XIII de Primera de Corintios, el “Himno a la Caridad” de San Pablo. La octava es idéntica en texto, pero no en música, al Introito de la fiesta de la Santísima Trinidad, y la acompaña un versículo diferente; la última de estas nueve es el famoso cántico “Ubi caritas”.

Ceremonia del Mandatum, después de misa. Pquia. Sssma. Trinidad de los Peregrinos, FSSP, Roma.

LA REFORMA DE LA SEMANA SANTA: VIERNES SANTO

La reforma del Viernes Santo

Cuarta parte de esta adaptación del estudio hecho por el P. Stefano Carusi. Todas las imágenes pertenecen al apostolado del Instituto del Buen Pastor en Bogotá, Colombia, el cual ha restaurado la celebración de la Semana Santa Tradicional.

1. Invento: Se impone un nuevo nombre: “Solemne acción litúrgica del Viernes Santo”, eliminando la antiquísima Feria sexta in Parasceve y la “Misa de presantificados”. 

Práctica tradicional: El nombre de “presantificados” subraya la consagración de las especies eucarísticas que había tenido lugar en un oficio precedente y se relacionaba con el rito eucarístico.

Esto era particularmente antipático para la Comisión –a pesar de que existe en todos los ritos católicos–, por lo que decidió “reducir la amplificación estructural del Medioevo que aparecía en la así llama ‘misa de presantificados’, y retornar a las líneas severas y puras de una grandiosa comunión general”.  

2. Cambio: El altar no tiene más la cruz velada.

Práctica tradicional: La cruz velada permanece en su lugar, o sea, sobre el altar desnudo y rodeada por dos candelabros.

La imagen de la cruz había sido velada en el primer domingo de Pasión, a fin de que permaneciera en su lugar natural –es decir, sobre el altar–, y fuera develada solemne y públicamente el Viernes Santo, día del triunfo de la Pasión redentora. Con la reforma, la cruz es guardada en la sacristía la tarde del Jueves Santo, sin ninguna solemnidad, junto a los manteles del altar. Es llamativo que el día más importante de su historia, la cruz esté ausente del altar.

3. Cambio: Los manteles del altar no están extendidos desde el inicio de la ceremonia e, igualmente, el sacerdote no usa la casulla desde el inicio sino solamente alba y estola. 

Práctica tradicional: El sacerdote y los ministros usan casullas negras y, llegados al altar, se postran mientras los acólitos extienden un solo mantel sobre el mismo.

El hecho de que el sacerdote y los ministros usen casullas, y para un rito que no era strictu sensu la Misa, testimonia al antigüedad de esta ceremonia. La Comisión por una parte, sostenía que las ceremonias del Viernes Santo estaban constituidas por “elementos que, desde la antigüedad, permanecieron sustancialmente intactos”, y por otra, introdujeron modificaciones que separaran la liturgia eucarística de la “primera parte de la liturgia, la liturgia de la palabra”. Esta distinción moderna que luego pasará el Novus ordo missae de Pablo VI, ya estaba aquí presente y, según el P. Braga, debía ser significada por el hecho que el sacerdote usara solamente la estola y no la casulla. 

(No trataremos aquí la cuestión de la oración por los judíos que requiere precisiones filológicas. Los interesados sobre el tema pueden ver este artículo).

4. Cambio: La lectura del Evangelio no es más distinta de la lectura de la Pasión.

Práctica tradicional: El Evangelio se canta en un tono distinto de la Pasión aunque, en este día de luto, sin incienso ni candelabros. 

5. Invento: Para la séptima oración se introduce el nombre “Pro unitate Ecclesiæ”.  

Práctica tradicional: La oración no tiene ese nombre ambiguo.

Con la ambigüedad expresiva se introduce la idea de la Iglesia en búsqueda de su propia unidad social que todavía no habría alcanzado. Los que están fuera de la Iglesia deben volver a ella, deben volver a una unidad que ya existe, y no reunirse con los católicos a fin de dar lugar a una unidad que todavía no existe. Según el P. Braga, el objetivo de la Comisión había sido eliminar de la oración algunas palabras que hablaban de las almas engañadas por el demonio y arrastradas por la maldad de la herejía “animas diabolica fraude deceptas” y “hæretica pravitate”.Y también las que pedían el retorno de los que están equivocados a la verdad: “errantium corda resipiscant, et ad veritatis tuæ redeant unitatem”.Sin embargo, no pudieron alcanzar en ese momento sus objetivos. 

6. Invento: Procesión de retorno solemne de la cruz desde la sacristía al templo.

Práctica tradicional: La cruz permanece velada sobre el altar, y se devela públicamente en el presbiterio, es decir, en el lugar donde había permanecido velada durante dos semanas. 

En la liturgia, lo que parte en procesión solemne, retorna en procesión solemne. En esta caso, la cruz había partido casi a las escondidas la tarde del Jueves Santo cuando se desnudaba el altar. No se comprende el significado litúrgico de esta innovación. Quizás se trate del intento de restituir el rito que tenía lugar en Jerusalén durante los siglos IV-V según lo relata Egeria: “En Jerusalén, la adoración se hacía sobre el Gólgota”, y la peregrina española recuerda que “la comunidad se reunía temprano por la mañana. Delante del obispo […] se traía el relicario de plata con las reliquias de la cruz”. Lo curioso es que esta dudosa reconstrucción de un rito no se realiza en el Monte Calvario ni en la liturgia jerosolimitana de los primeros siglos, sino en Occidente y en la liturgia romana.

7. Cambio: Se reduce la importancia de la procesión eucarística.

Práctica tradicional: El Santísimo Sacramento retorna en una procesión con solemnidad similar a la del día precedente, y la realiza el celebrante. 

La Comisión decide reducir la procesión del retorno del Cuerpo de Cristo a una forma casi privada. El Santísimo había sido llevado el día anterior solemnemente al Sepulcro (este es el nombre que utiliza toda la tradición cristiana, incluso el Memoriale Rituum y la Congregación de Ritos) y parece lógico y litúrgico que del mismo modo retornara. Pareciera una reducción de los honores que se rinden al Santísimo Sacramento. Incluso, en el caso de la misa solemne, es el diácono quien lo trae y no el sacerdote.

8. Cambio: Eliminación de las incensaciones al Santísimo Sacramento.

Práctica tradicional: La hostia consagrada es incensada como de costumbre, pero no así el celebrante. Los signos de luto son claros pero no se extienden al Santísimo.

9. Cambio: Introducción del Padrenuestro rezado por los fieles.

Práctica tradicional: El Padrenuestro es rezado solamente por el sacerdote, como siempre. 

“La preocupación pastoral de una participación consciente y activa de la comunidad cristiana” es dominante. Los fieles deben ser “verdaderos actores de la celebración… y era esto lo que pedían los fieles, sobre todo aquellos más sensibles a la nueva espiritualidad… La Comisión ha escuchado las aspiraciones fundadas del pueblo de Dios”

Habría que demostrar que estas aspiraciones eran de los fieles y no de un grupo de liturgistas de vanguardia. Y habría que explicitar también qué entendía la Comisión por “nueva espiritualidad”

10. Cambio: Eliminación de la oración con referencias al sacrificio durante la consumición de la hostia. 

Práctica tradicional: Se mantiene la oración “Orate fratres ut meum ac vestrum sacrificium…” aunque no seguía la respuesta acostumbrada.

Es verdad que en este día no se tiene, strictu sensu, el sacrificio eucarístico pero también es verdad que la consumición de la víctima inmolada el día anterior es una parte, aunque no esencial, del sacrificio. 

Durante la Misa de Presantificados se eleva la Hostia sobre la patena con una sola mano, y no se distribuye la Eucaristía ese día. Imagen: FSSP Lyon.

11. Cambio: Eliminación de la inmisión de una parte de la hostia consagrada en el vino del cáliz.

Práctica tradicional: Se introduce una partícula de la hostia consagrada en el vino, pero se omiten las oraciones relativas a la consumición de la Sangre. 

La inmisión de una parte de la hostia consagrada en el vino no consagrado –práctica que también mantiene el rito bizantino–, evidentemente no consagra al vino, y nunca esto fue creído por la Iglesia. Simplemente esta unión manifiesta simbólicamente, aunque no realmente, la reunificación del Cuerpo y la Sangre de Cristo, y la unidad del Cuerpo Místico en la vida eterna. Las Memorias de la Comisión indican que sus integrantes eliminaron este rito porque, según afirmaban, existía desde el Medioevo debido a una creencia errónea según la cual, la inmisión de la hostia consagrada consagraba también el vino; una especie de ósmosis sacramental… Hay que decir, en primer lugar, que no está comprobado de ninguna manera que esa haya sido la opinión corriente, y afirmar siquiera esta posibilidad, implicaría que la Iglesia Romana hubiese mantenido durante siglos una práctica errónea sin querer modificarla, errando de ese modo sobre un hecho dogmático. Estas afirmaciones de la Comisión se entiende en el marco del racionalismo positivista que estaba de moda en los ’50.

12. Cambio: El cambio de los horarios de la celebración terminó por crear notables problemas pastorales y litúrgicos. 

Práctica tradicional: La misa de presantificados de Viernes Santo tenía lugar durante la mañana del Viernes Santo.

Esta práctica permitía que durante la tarde tuvieran lugar diversas expresiones de la piedad popular, como el Vía Crucis, la predicación de las Siete Palabras, el Sermón de Soledad, las procesiones tan típicas de la Semana Santa andaluza, y muchísimas más que se enraizaban en las tradiciones de cada lugar. Claramente, la “reforma pastoral” no fue pastoral porque había nacido de expertos que no tenían contacto real con las parroquias ni con la devoción y la piedad popular, a la que muchas veces despreciaban. 

Según los reformadores, en la tarde del Viernes Santo se creaba un vacío litúrgico que era llenado con “devociones populares”, y para remediar esta situación decidieron cambiar el horario y dictaminar que la ahora llamada “acción litúrgica” sea a las 15 hs. Se intento solucionar el “escándalo” de las devociones populares con el peor de los métodos pastorales, que es el de omitir las prácticas populares y no darles ninguna importancia. 

Misa de Presantificados, Pquia. Ssma. Trinidad de los Peregrinos, FSSP, Roma.

LA REFORMA DE LA SEMANA SANTA: SÁBADO DE GLORIA

La reforma de la Vigilia Pascual

Finalizamos con esta serie sobre las reformas de los ritos de Semana Santa, introducidos en 1955 por el papa Pío XII, y que son los que se encuentran en el misal de 1962, y prácticamente con la misma disposición en el misal de Pablo VI. Todas las imágenes pertenecen al apostolado del Instituto del Buen Pastor en Bogotá, Colombia, el cual ha restaurado la celebración de la Semana Santa Tradicional.

Vigilia Pascual

1. Invento: Se introduce una bendición del cirio pascual en el atrio, el cual debe ser sostenido por el diácono durante toda la ceremonia.

Práctica tradicional: Se bendice en el exterior de la iglesia el fuego nuevo y los granos de incienso pero no el cirio.

El fuego pasa al arúndine o “tricirio”, una especie de caña o asta con tres velas en su extremo, las cuales son encendidas progresivamente durante la procesión al interior del templo: de allí las tres invocaciones del Lumen Christi. Con una de estas candelas se enciende el cirio pascual que, desde el comienzo de la ceremonia, se encuentra colocado en el candelabro (en muchas iglesias paleocristianas la altura de este candelabro había exigido la construcción de un ambón a fin de poder alcanzar el cirio, tal como puede observarse en la catedral de San Mateo, en Salerno). El fuego es llevado por la caña con las tres velas –la Santísima Trinidad–, al gran cirio pascual –Cristo resucitado–, a fin de simbolizar que la resurrección es obra de la Trinidad.

Con esta reforma se convirtieron en inútiles justamente en el día del Sábado Santo, todos los candelabros pascuales, muchos de los cuales venían de los albores del cristianismo. Con el pretexto de volver a los orígenes, las obras de arte de la antigüedad se convierten en inservibles piezas de museo. Las tres invocaciones del Lumen Christi dejan de tener razón litúrgica. 

Bendición del fuego nuevo.

2. Invento: Colocación del cirio pascual en el centro del coro, después de una procesión en la que se lleva dentro de la iglesia que se ilumina progresivamente a cada invocación del Lumen Christi. A cada invocación se hace una genuflexión ante el cirio y a la tercera se ilumina la iglesia entera. 

Práctica tradicional: El cirio se encuentra apagado, generalmente del lado del Evangelio, y hacia él se acercan con la caña o arúndine el diácono y subdiácono para encenderlo durante el canto del Pregón Pascual.

Las únicas luces encendidas era las velas del tricirio hasta el canto del Exultet

3. Cambio: Torcimiento de la simbología del canto del Exultet y de su naturaleza de bendición diaconal. 

Práctica tradicional: El canto del Exultet comienza delante del cirio apagado, los granos de incienso se colocan cuando el pregón habla del incienso, el cirio se enciende junto a las luces de la iglesia cuando el texto hace referencia a estas acciones, las que junto al canto constituyen la bendición.

Aunque varios reformadores querían torcer esta ceremonia, otro miembros de la Comisión se opusieron por lo que el resultado fue el pasticcio de un canto tradicional asociado a un rito totalmente alterado. Y sucede entonces que uno de los momentos más significativos de todo el ciclo litúrgico se convierte en una escena teatral de gran incoherencia. En efecto, las acciones de las que habla el cantor del Exultet –en el rito alterado– han sido realizadas media hora antes en el atrio del templo. Se canta sobre la inserción de los granos de incienso suscipe pater incensi huius sacrificium vespertinum, pero éstos ya están clavados en el cirio. Se alaba el encendido del cirio con la luz de la Resurrección sed iam columnæ huius præconia novimus quam in honorem Dei rutilans ignis accendit, pero el cirio hace rato que está encendido. La simbología de la luz se desnaturaliza porque cuando se canta triunfalmente la orden de encender todas las luces, símbolo de la Resurrección, alitur enim liquantibus ceris, quas in substantiam pretiosæ huius lampadis apis mater eduxit, hace tiempo que toda la iglesia está iluminada por los cirios que sostienen los fieles. Es una incomprensible simbología en la que las palabras pronunciadas no tienen relación con la realidad del rito. 

Por otro lado, el canto del pregón pascual constituía junto a los gestos que lo acompañaban la bendición diaconal por excelencia. Pero con la reforma, el cirio es bendecido con agua en el exterior de la iglesia.

Canto del Exultet o Pregón y posterior encendida del Cirio Pascual con el tricirio.

4. Cambio: Introducción de la práctica de dividir las letanías en dos partes, insertando en el medio la bendición del agua bautismal. 

Práctica tradicional: Terminada la bendición de la fuente bautismal, se cantan las letanías que preceden la Misa. 

5. Invento: Bendición del agua bautismal en una palangana en el centro del coro, con el celebrante cara al pueblo y de espaldas al altar.

Práctica tradicional: La bendición del agua bautismal se hace en el bautisterio, que está fuera de la iglesia o al fondo de ella. Los eventuales catecúmenos son recibidos en el ingreso del templo, y allí son bautizados, y podían después acceder a la nave, pero no al coro, como es lógico, ni antes ni después del bautismo.

En la práctica, se trató de sustituir la fuente bautismal por una cacerola de gran tamaño colocada en el centro del coro, y el motivo fue para que todos los ritos fueran realizados por los ministros cara al pueblo, según aparece claramente afirmado en los documentos de la Comisión, “a fin de que los fieles sean verdaderos actores de la celebración… por eso la Comisión ha escuchado las aspiraciones fundadas del pueblo de Dios… porque la Iglesia está abierta a los fermentos de la renovación”.

Difícilmente podría comprobarse que el pueblo haya solicitado estos cambios que terminaron por destruir todo el orden de la arquitectura sagrada desde sus mismos orígenes hasta la actualidad. En una época, el bautisterio con la fuente bautismal estaba fuera de la iglesia, y más tarde, en su interior pero junto a la entrada, ya que el bautismo es la “puerta de los sacramentos”, que hace miembro de la Iglesia a quien está fuera de ella. 

6. Cambio: Alteración de la simbología del canto sicut cervus

Práctica tradicional: Al finalizar el canto de las profecías, el celebrante se dirije hacia la fuente bautismal para proceder a la bendición del agua y al bautismo de los catecúmenos, mientras se canta el Sicut cervus. El canto precede, lógicamente, la administración del bautismo. 

Como la bendición del agua se hizo en el coro, fue necesario inventar alguna ceremonia para llevarla al bautisterio, la cual se hace cantando el Sicut cervus, es decir la parte del salmo 41 que hace referencia a la sed que le sobreviene al ciervo después de haber sido mordido por la serpiente, y que se extingue solamente bebiendo el agua salvadora. Pero con los cambios, resulta que el ciervo ya ha bebido (el bautismo ha sido conferido). La simbología queda totalmente alterada. 

Infusión del Óleo de los Catecúmenos y del Santo Crisma durante la consagración de las aguas de la pila bautismal.

7. Invento: Se introduce ex nihilo la renovación de las promesas bautismales.

Práctica tradicional: No existe renovación de las promesas bautismales y, en esta modalidad, no había existido nunca antes en las liturgias de Oriente y Occidente.

Se trata de una “creación pastoral” que no tienen ningún asidero litúrgico, con el fin de “tomar conciencia” de los sacramentos recibidos en el pasado. De un modo análogo se procede en la misa crismal del Jueves Santo con la renovación de las promesas sacerdotales. Con estas prácticas se introduce un vínculo entre el orden sacramental y el orden sentimental-emocional, entre eficacia del sacramento y toma de conciencia. Estas prácticas, que no tienen ningún fundamento ni en la Escritura ni en la praxis de la Iglesia, pareciera ser un débil convencimiento en la eficacia de los sacramentos.  

8. Cambio: Se introduce sin ninguna justificación litúrgica, la segunda parte de las letanías dejadas a la mitad antes de la bendición del agua bautismal.

Práctica tradicional: Las letanías se cantan íntegramente y sin interrupciones después de la bendición de la fuente bautismal y antes de la Misa.

Se trata de una innovación incoherente e incomprensible.

Postración durante las letanías de los santos previas a la Misa.

9. Cambio: Supresión de las oraciones al pie del altar, del salmo Iudica me Deus y del Confiteor al inicio de la Misa.

Práctica tradicional: La Misa se inicia con las oraciones al pie del altar, el salmo 42 y el Confiteor

Se trata de un claro antecedente de los que sucederá algunos años más adelante, con el Novus Ordo Missæ, en el cual se suprime definitivamente el salmo Iudica, que recordaba la indignidad del sacerdote que accede al altar. 

10. Cambio: En el mismo decreto se abolen todos los ritos de la Vigilia de Pentecostés con excepción de la Misa. 

Práctica tradicional: La Vigilia de Pentecostés posee una serie de ritos particulares a los cuales se hace referencia en el hanc igitur de la Misa. 

Se trata de una ignominiosa e indignante abolición. El día de Pentecostés tenía, desde los más remotos tiempos, una vigilia similar a la vigilia pascual. Según los documentos de la Comisión, no hubo tiempo para reformarla y, por otro lado, no se la podía mantener en tanto que cincuenta días antes se habría celebrado una vigilia pascual totalmente reformada.

Consecuentemente, se decidió eliminarla ignorando más de un milenio de tradición.

Confiteor del celebrante al comienzo de la Misa de la Vigilia Pascual.

COMUNICADO DE UNA VOCE INTERNACIONAL ANTE EL RESCRIPTO SOBRE LA MISA TRADICIONAL

Fuente: Una Voce Argentina

El martes 21 de febrero, la Oficina de Prensa de la Santa Sede publicó un rescripto confirmando, para el Dicasterio para el Culto Divino, ciertos puntos legales en relación a la interpretación de la carta apostólica del papa Francisco Traditionis Custodes.

El punto clave es que, a partir de ahora, el permiso para el uso de una iglesia parroquial para celebraciones del Misal de 1962 sólo podrá ser concedido por el Dicasterio. El rescripto hace referencia al canon 87.1 que establece que los obispos pueden levantar las obligaciones de derecho universal por el bien de las almas en su diócesis: esto ya no se aplica, ya que el asunto está “reservado a la Santa Sede”.

El efecto de esta decisión dependerá del grado en que las disposiciones actuales para la celebración del Misal de 1962 dependan del uso de las iglesias parroquiales en una localidad concreta; de la voluntad de los obispos de pedir permiso al Dicasterio para que continúen las celebraciones en dichas iglesias; y de la respuesta del Dicasterio a estas peticiones.

Si los obispos de todo el mundo solicitan permiso para todas las celebraciones de la Misa de 1962 que tienen lugar en las iglesias parroquiales de sus diócesis, el Dicasterio tendrá que examinar cientos de casos, lo que planteará la cuestión de la viabilidad del desempeño de su función.

La Latin Mass Society y la Federación Internacional Una Voce desean expresar su consternación por el hecho de que se haya centralizado de este modo la autoridad sobre un asunto de tanta sensibilidad pastoral.

Se producirán graves daños pastorales si no se concede el permiso cuando no se disponga de lugares de culto alternativos para el uso de las comunidades vinculadas a la forma mas antigua de la Misa.

En lugar de integrarlas en la vida parroquial, la restricción del uso de las iglesias parroquiales marginará y empujará a la periferia a los fieles católicos que sólo desean dar culto, en comunión con sus obispos, con una forma de Liturgia permitida por la Iglesia. Este deseo fue descrito como una “aspiración legítima” por el papa Juan Pablo II, y esta Liturgia fue descrita como una “riqueza” por el papa Benedicto XVI.

Hacemos un llamamiento a todos los católicos de buena voluntad para que ofrezcan oraciones y penitencias esta Cuaresma por la resolución de esta cuestión y la libertad de la Misa Tradicional.

Aspectos prácticos

El rescripto no tiene efecto automático: las celebraciones previamente organizadas tendrán lugar a menos que los sacerdotes y fieles sean notificados de lo contrario por el obispo de la diócesis. El rescripto aclara o modifica el sentido de Traditionis Custodes, que está dirigido a los obispos, y son éstos quienes tienen la tarea de implementarlo.

Será lícito que las celebraciones continúen mientras se preparan y tramitan las solicitudes.

El rescripto no afectará a las celebraciones en templos no categorizados formalmente como “iglesias parroquiales”. Véase más abajo una explicación completa.

Más explicaciones

El rescripto contiene otros dos puntos: la reserva de la Santa Sede del permiso para la erección de nuevas parroquias personales, y el permiso para que los sacerdotes ordenados después de la publicación de Traditionis Custodes (17 de julio de 2021) celebren con el Misal de 1962. Todo ello no hace sino confirmar el sentido conocido de la legislación original.

Por el contrario, se ha señalado ampliamente que los obispos tienen derecho, en virtud del canon 87.1, a levantar las obligaciones de derecho universal, incluso sobre la celebración de la Misa Tradicional en las iglesias parroquiales, a menos que el asunto esté explícitamente reservado a la Santa Sede, y esto ha causado claramente cierto descontento en el Dicasterio.

Las iglesias parroquiales son los templos principales de una jurisdicción parroquial: muchos de estas jurisdicciones están compuestas por más de un templo, y muchos otros no. Otra clasificación de templo son las “capillas” (conocidas con diversos nombres en distintos países), que son iglesias secundarias de una parroquia atendidas por el clero de la misma. También se incluyen a iglesias anexas a casas religiosas y a casas particulares, iglesias designadas como santuarios, e iglesias dedicadas a servir a un grupo particular no identificado en referencia a los límites geográficos de una jurisdicción parroquial, es decir, parroquias personales y capellanías (incluidas las capellanías étnicas).

El estatus de una iglesia como parroquia es una cuestión que debe determinar el obispo (de acuerdo con los procedimientos establecidos) al erigir, abolir o fusionar parroquias.

Algunas diócesis tienen muchas iglesias no parroquiales; otras, muy pocas. En algunos países no hay iglesias parroquiales, porque no se ha establecido una estructura parroquial. En algunos casos, las catedrales son iglesias parroquiales, y en otros no.

El hecho de que la existencia de iglesias no parroquiales sea tan variada por razones de historia y circunstancias locales hace que la atención a la celebración según el Misal de 1962 en iglesias parroquiales sea desconcertante, y las restricciones a estas celebraciones potencialmente muy arbitrarias e injustas. Las restricciones al uso de las iglesias parroquiales se sentirán mucho más en los Estados Unidos de América, por ejemplo, que en Italia.

Las parroquias personales son una posible estructura legal a través de la cual se puede hacer una provisión formal para el Misal de 1962. En algunos países en los que la Misa Tradicional está muy extendida, como Inglaterra y Gales, esta estructura se ha utilizado muy poco. Las alternativas incluyen el establecimiento de un santuario para la celebración según este Misal, o su celebración junto con la Misa reformada en una iglesia parroquial o no parroquial. La estructura legal de una parroquia personal otorga al sacerdote a cargo muchos de los deberes y privilegios de un párroco, pero no convierte a la iglesia donde tiene su sede en una “iglesia parroquial”. Una parroquia personal puede tener su sede en una iglesia santuario, una iglesia compartida con una parroquia geográfica o cualquier otro lugar de culto.

22 de febrero de 2023, Miércoles de Cenizas.

Original en ingles http://www.fiuv.org/2023/02/the-rescript-press-release.html…


Mas comentarios del Dr. Joseph Shaw, presidente de la FIUV y de la Latin Mass Society:

La Latin Mass Society y otros grupos de Una Voce fueron fundados y continúan existiendo para hacer posible la celebración pública de la Misa Tradicional en total conformidad con la ley de la Iglesia y bajo la autoridad del obispo local. En la medida en que esto se vuelve imposible, entonces la moralidad de las celebraciones ilícitas se vuelve más fuerte. Las personas que abogan por la ‘desobediencia’ deberían estar agradecidas con el movimiento Una Voce por defender estas ideas.

No vamos a dejar de buscar permisos, donde se necesiten, para celebraciones públicas, en iglesias propias y con reconocimiento del obispo. Las Misas en cuchitriles pueden resolver un problema local, pero no son la salida de la crisis litúrgica actual. Lo que la Iglesia necesita es que la Misa Tradicional tenga un lugar de honor en ella: sin excluir nada, sin imponerla a nadie, pero disponible como un enriquecimiento de la vida litúrgica de los católicos de a pie y una expresión pública de la continuidad de la Iglesia con los siglos anteriores.

Ese es nuestro objetivo, y espero que sea compartido por muchos católicos de buena voluntad con todo tipo de preferencias litúrgicas. Esto no tiene por qué ser una batalla o una guerra. Debería tratarse simplemente de satisfacer las necesidades espirituales de las personas de la mejor manera posible.

17º ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE UNA VOCE SEVILLA

El pasado día 23 de noviembre, festividad de San Clemente y conmemoración de la Reconquista de la Ciudad de Sevilla por el Rey Fernando III, el santo, se cumplió el XVII aniversario de la fundación de UNA VOCE SEVILLA. ¡Qué el Señor y su Santísima Madre sigan bendiciendo a esta comunidad de fieles que desde 2004 promueven el apostolado de la Misa tradicional en la sede de San Isidoro.

¡DEO GRÁTIAS!

NACE UNA VOCE ESPAÑA

El pasado 12 de octubre de 2020, festividad de la Santísima Virgen del Pilar, las asociaciones «Una Voce» de España, entre ellas Una Voce Sevilla, creamos el capítulo español de la Federación Internacional Una Voce (FIUV), con el objetivo de servir de cauce de las distintas asociaciones españolas ante los órganos de la FIUV, y también para coordinar esfuerzos y ayudar a la creación de grupos de laicos vinculados a la Misa Gregoriana en toda la geografía española.

Del mismo modo nos proponemos, aparte de la coordinación de nuestros miembros y de ayudar a que otros nuevos puedan sumarse, a colaborar, apoyar y difundir las iniciativas de otros grupos de laicos, institutos religiosos, etc. vinculados a la liturgia tradicional aunque no pertenezcan a Una Voce.

Para darnos a conocer, y como instrumento de difusión de las iniciativas de nuestros miembros y también de aquellos que no lo sean, lanzamos ahora este modesto espacio a la red, con vocación de servicio a todo lo que tenga que ver con la liturgia tradicional. Si quieres que tus iniciativas, páginas, etc. aparezcan en este espacio no tienes más que ponerte en contacto con nosotros al correo electrónico: unavoce@unavocespana.es

En el día de hoy, 2 de mayo, IV Domingo después de Pascua y festividad de San Atanasio, Una Voce España publica su web a la que pueden acceder pinchando aquí: Una Voce España – Capítulo español de la Federación Internacional Una Voce (unavocespana.es)

¡DEO GRÁTIAS!

CALENDARIO LITÚRGICO TRADICIONAL DIGITAL 2021 (DESCARGA GRATUITA)

Un año más, la comunidad de fieles laicos de Una Voce Sevilla pone a disposición de nuestros lectores en la solemnidad de la Epifanía del Señor el calendario litúrgico tradicional en formato pdf correspondiente al año del Señor de dos mil veintiuno, y que en esta ocasión cuenta además con las correspondientes antífonas marianas.

PARA DESCARGAR EL CALENDARIO LITURGICO 2021 PINCHAR AQUÍ.

De gran utilidad e interés para sacerdotes y fieles que celebran o asisten, respectivamente, a la Misa según el Rito romano tradicional y rezan el Breviarium Romanum, conforme al motu proprio Summorum Pontificum de S.S. Benedicto XVI.

Recomendamos la difusión de este calendario entre amigos y familiares.

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BODA TRADICIONAL EN LA CATEDRAL DE SEVILLA

En la tarde de hoy, sábado 14 de noviembre, ha tenido lugar en la Capilla Real de la Catedral de Sevilla la celebración del matrimonio de Pablo y Reyes, dos miembros del grupo joven Sursum Corda de la comunidad de fieles de Una Voce Sevilla.

Los jóvenes contrajeron matrimonio según la Forma Extraordinaria del Rito Romano ante el Padre Alexis Rouquayol, del Instituto Cristo Rey Sumo Sacerdote, que ofició a continuación la Misa votiva por los esposos. En su Sermón, el Padre Alexis exhortó a los contrayentes a formar una familia fundada en el amor y la fidelidad, descubriendo el uno en el otro “la profundidad de la persona, más allá de lo superficial”. Allí, en lo profundo, ese amor supera todas las dificultades humanas. Una profundidad que “conduce al infinito, porque nos lleva a Dios”. El sacerdote resaltó la solidez de los matrimonios fundados en Cristo, aún en estos tiempos, frente a aquellos que sólo se constituyen en torno a cuestiones humanas.  

El Santo Sacrificio, a los pies de la Virgen de los Reyes, patrona de nuestra Archidiócesis, y ante sepulcro del Santo Rey Fernando, patrón de la Ciudad, fue servido por jóvenes acólitos de Una Voce Sevilla y el canto gregoriano corrió a cargo de un cantor de la Schola Laudate Dominum, de la misma asociación. La ceremonia resultó esplendorosa gracias a las facilidades ofrecidas por el Sr. Arzobispo, su Delegado de Liturgia, y por el Cabildo de la Catedral Hispalense.

Los novios, rodeados de sus familiares y de sus amigos en Cristo, entre los que estaban una treintena de personas de nuestra comunidad de fieles laicos, irradiaban felicidad. Desde Una Voce Sevilla nos sumamos a su dicha en este momento tan importante, deseando toda suerte de bendiciones a los nuevos esposos.

Laus Deo, Virginique Matri! 

CRÓNICA FOTOGRAFÍAS Y VIDEOS CULTOS SEMANA SANTA TRADICIONAL-GREGORIANA EN SEVILLA (A.D. 2020)

Por sexto año consecutivo, la Asociación Una Voce Sevilla ha organizado en nuestra Ciudad los cultos de Semana Santa celebrados según el Rito romano tradicional, conforme a lo establecido por el motu proprio Summorum Pontificum de S.S. Benedicto XVI, y en el Oratorio Escuela de Cristo, sito en el emblemático Barrio de Santa Cruz.

Este año, el Decreto del Arzobispo de Sevilla relativo a la pandemia que sufrimos a nivel mundial, ha impedido que los fieles pudieran asistir a estas celebraciones litúrgicas y recibir los sacramentos, obligando con ello a que los cultos de Semana Santa se oficien de forma privada y simplificada por nuestro capellán, teniendo incluso que suprimirse los Oficios del Señor del Viernes Santo -siendo sustituidos por un Vía Crucis- y la Vigilia Pascual, al no poder contar con diácono y subdiácono, servidores de altar y Schola gregoriana; todos ellos necesarios para llevarlos a cabo de forma solemne como en anteriores ocasiones.

No obstante, dichas celebraciones litúrgicas han sido de forma cantada y retransmitidas por primera vez desde la Archidiócesis de Sevilla en directo -vía streaming- a través de la página de Facebook y canal de YouTube de Una Voce Sevilla, siendo todo un éxito de audiencia, aproximadamente 6000 visualizaciones totales y 1800 suscriptores, algunos de ellos procedentes de otros países de habla hispana, Europa y EE.UU, lo que ha posibilitado la participación espiritual de los fieles de nuestra Comunidad desde su hogar y ha contribuido a que se conozca nuestro apostolado y aún más este tesoro litúrgico y espiritual de la Iglesia.

Agradecemos públicamente el esfuerzo ímprobo realizado por el Rvdo. P. Pablo Díez Herrera, los acólitos ayudantes -pertenecientes al Grupo Joven Sursum Corda de Una Voce Sevilla-, el coordinador de nuestra Schola Gregoriana Laudate Dominum, y el asociado responsable de la realización audiovisual; pues sin ellos no hubiera sido posible llevarlos a cabo.

A continuación, se detalla por días lo acontecido en los distintos culto a través de vídeos y fotografías, incluyendo algunas imágenes de la Ciudad completamente desiertas debido a la epidemia de coronavirus exitente:

DOMINGO DE RAMOS




Plaza Escuela de Cristo

JUEVES SANTO:



Santa María la Blanca

VIERNES SANTO:





DOMINGO DE RESURRECCIÓN




DEO GRATIAS

SEVILLA: SÁBADO 14 DIC. MISA RORATE TRADICIONAL-GREGORIANA DE ADVIENTO

Les informamos que el próximo sábado 14 de diciembre, se celebrará MISA RORATE según el rito romano tradicional, a las 07:30 h. de la mañana, en el Oratorio Escuela de Cristo de Sevilla (Barrio de Santa Cruz).

La Santa Misa será oficiada por el Rvdo. P. Santiago González Alba, párroco del Dulce Nombre de María (Sevilla), contando con los cantos gregorianos de la Schola Laudate Dominum.

Una tradición católica de Adviento es celebrar durante los sábados de este tiempo litúrgico la Misa Rorate Caeli “de sancta Maria in Sábato, que se caracteriza además por oficiarse al amanecer, con la Iglesia a oscuras, sin luz ni del sol ni artificial: sólo la procurada por los numerosos candelabros en el altar y el presbiterio, y por las candelas que llevan los fieles en la mano.

El sentido espiritual de esta celebración es profundo: en el Adviento nos preparamos a la fiesta del nacimiento de Cristo, y con la Virgen nos preparamos a una llegada de Aquel que es la Luz y ha venido a disipar nuestras tinieblas y a iluminarnos en gracia y santidad.

UNA VOCE SEVILLA

ROMA: NUEVA DIRECTIVA Y CONSEJO DE LA FEDERACIÓN INTERNACIONAL UNA VOCE

En la Asamblea General celebrada en Roma el sábado 26 de octubre, en la que estuvo presente una representación de Una Voce Sevilla, las siguientes personas fueron elegidas como miembros de la Directiva y del Consejo de la Federación Internación Una Voce, por un periodo de dos años: 


Presidente Felipe Alanís Suárez (Una Voce México)
Presidente honorario Jacques Dhaussy (Una Voce Francia)
Vice -presidentes Patrick Banken (Una Voce France) Jack Oostveen (Ecclesia Dei Delft, Países Bajos)
Secretario Joseph Shaw (Latin Mass Society, Inglaterra y Gales)
Tesorera Monika Rheinschmitt (Pro Missa Tridentina, Alemania)
Consejeros David Reid (Una Voce Canadá) Oleg-Michael Martynov (Una Voce Rusia) Jarosław Syrkiewicz (Una Voce Polonia) Jaime Alcalde (Una Voce Chile) Eduardo Colon (Una Voce Puerto Rico) Fabio Marino (Una Voce Italia) João Silveira (Una Voce Portugal) Prof. Riccardo Turrini Vita (Una Voce Italia)

La Fœderatio Internationalis Una Voce, por sus siglas F.I.U.V., es una Federación Internacional de Asociaciones Laicales Católicas, cuyos objetivos son garantizar la preservación del Santo Sacrificio de la Santa Misa según la Forma Extraordinaria del Rito Romano, de acuerdo a su última edición típica en 1962 por el Papa Juan XXIII y de toda la Liturgia Gregoriana que se mantiene en la Iglesia Católica, como una de las dos formas de celebración litúrgica, y para salvaguardar y promover el uso del latín, la riqueza artística, el canto gregoriano y la polifonía sacra.

Cada dos años se convoca una Asamblea General, en Roma, y se efectúan elecciones para el Consejo y la Presidencia, se revisan los estatutos, se les da la bienvenida a las nuevas asociaciones miembros y se analiza el funcionamiento de la organización.

A ella acuden, todas las asociaciones miembros, por medio de la representación de un delegado, quien informa de los aportes y gestión en su país. La admisión o incorporación de los fieles a Una Voce está dada por medio de los capítulos nacionales o regionales en cada nación.

La Federación Internacional Una Voce está presente en más de 30 países, con capítulos nacionales en: Argentina, Australia, Austria, Bielorrusia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Inglaterra y Gales, Francia, Alemania, India, Irlanda, Italia, Japón, Malta, México, Holanda, Nueva Zelanda, Nigeria, Noruega, Perú, Filipinas, Polonia, Portugal, Puerto Rico, Rusia, Escocia, Sudáfrica, España, Ucrania, EE.UU

Fue fundada en 1962 como consecuencia del llamamiento a los católicos interesados en la defensa y conservación del rico patrimonio litúrgico de la Iglesia Latina, que hiciera la Dra. Borghild Krane (1906-1997), una eminente psicóloga noruega de Oslo. Como resultado de esa apelación una serie de asociaciones nacionales entraron en vigor entre 1964 y 1965, comenzando por Francia, donde, por una muy feliz inspiración, se le denominó: “Una Voce”. La Dra. Krane, su fundadora, falleció el 14 de octubre de 1997.

Delegados de seis asociaciones europeas se reunieron en Roma a principios de 1965, y la Federación Internacional se erigió oficialmente en Zúrich el 8 de enero de 1967, cuando delegados de las primeras 20 asociaciones aprobaron el proyecto de estatutos y eligieron el primer Consejo. En el encuentro, el Dr. Eric de Saventhem fue elegido presidente en forma unánime. Siempre fue reelegido en forma unánime en todas las Asambleas Generales subsiguientes y, sería aún el presidente, de no ser por su decisión de declinar prematuramente por razones personales en enero de 1995.

Gracias a la acción de Una Voce, en sus capítulos nacionales, sobre todo la asociación inglesa (The Latin Mass Society) la misa tridentina ya totalmente marginada, no pudo ser completamente proscrita, pero su defensa en el orbe católico resto fue dura.

Los que podemos llamar “años salvajes” del post-concilio (la década que va de 1970 a 1980) constituyeron la época heroica de UNA VOCE, que tuvo que luchar prácticamente sola (al menos en la primera mitad de los Setenta)contra la imposición arbitraria del Novus Ordo Missae y contra los graves e incontables abusos litúrgicos que se produjeron a vista y paciencia (y, a veces, hasta con la anuencia) de los obispos. El hecho de que numerosas personalidades del mundo cultural y artístico adhirieran a las iniciativas del movimiento a favor de la liturgialatino-gregoriana dio pretexto a que muchos de sus adversarios lo acusaran de diletantismo y desviaran así la atención del verdadero motivo de la resistencia a los cambios indiscriminados: la ambigüedad del rito de la misa, que lo hacía susceptible de una interpretación católica o protestante según se mirase, tal y como demostraban en sus escritos intelectuales católicos de la talla de Fabio Vidigal Xavier de Silveira, Louis Salleron y Jean Madiran. A través de sus boletines, las distintas asociaciones documentaron la debacle litúrgica que se produjo entonces en el orbe católico y contribuyeron a divulgar los estudios más serios sobre sagrada liturgia. Curiosamente, Una Voce, con su paciente y difícil labor, dio cabal cumplimiento a uno de los propósitos del Vaticano II: el impulso del apostolado seglar en la Iglesia. Cuando la cuestión litúrgica saltó a la primera plana de la prensa internacional, gracias a la famosa “Misa de Lille” (29 de agosto de 1976) celebrada por monseñor Marcel Lefebvre, ya la Federación Internacional Una Voce, llevaba prácticamente diez años de actividades. El mérito del que fue llamado “el arzobispo rebelde” fue atraer los focos de la actualidad sobre un problema que se venía arrastrando desde hacía años, lo cual provocó que la Jerarquía Católica ya no pudiese ignorarlo o silenciarlo. El triunfalismo de los fautores de la reforma litúrgica post-conciliar –triunfalismo que no reflejaba de ningún modo la realidad– quedaba así desacreditado de manera pública y dramática, aunque, como queda dicho, los seglares de Una Voce hubieran abierto el camino.

El motu propio Benedicto XVI en 2007, que liberó la Misa tradicional, es la justa satisfacción a los trabajos y esfuerzos por años de la FIUV, además de colmar las justas aspiraciones de todos los fieles católicos vinculados a la precedente edición del misal romano, y el creciente interés de las nuevas generaciones por la liturgia antigua, sin olvidar el puente que se tendía entre la Santa Sede y la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Desde entonces será Una Voce la encargada de informar al Papa sobre su aplicación y cumplimiento, mediante un informe anual.

Después de las malas interpretaciones del Concilio Vaticano II y el ataque constante que ha sufrido la Tradición tanto el Magisterio como el arte y la cultura que la Iglesia Católica han cobijado, surge desde este movimiento para defender por parte de los laicos la riqueza y el tesoro que la Iglesia ha conservado y engrandecido durante siglos. El movimiento se propone en definitiva:

a).- Asegurar que la Misa Romana tradicional que data de San Gregorio Magno, se mantenga tal como fue codificada en el Misal Romano por el Papa San Pío V, y posteriormente retocado por el Papa Juan XXIII, tanto en la letra como en la práctica, como una de las formas de celebración litúrgica reconocidas y honradas en la vida litúrgica universal.

b).- Obtener el libre uso de todos los demás libros litúrgicos romanos que «atesoran las formas litúrgicas y disciplinarias de la tradición latina».

c).- Salvaguardar y promover el uso del latín, del canto gregoriano y de la polifonía sacra en la liturgia de la Iglesia Católica

d).- Impulsar activamente el establecimiento de parroquias y capellanías no jurisdiccionales en las cuales sean utilizados exclusivamente los libros litúrgicos empleados en 1962.

El motu propio Benedicto XVI en 2007, que liberó la Misa tradicional, es la justa satisfacción a los trabajos y esfuerzos por años de la FIUV, además de colmar las justas aspiraciones de todos los fieles católicos vinculados a la precedente edición del misal romano, y el creciente interés de las nuevas generaciones por la liturgia antigua, sin olvidar el puente que se tendía entre la Santa Sede y la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Desde entonces será Una Voce la encargada de informar al Papa sobre su aplicación y cumplimiento, mediante un informe anual.

¡Que el Señor y su Santísima Madre bendigan a la nueva Directiva y Consejeros en tan importante tarea.

FUNTES: Asociación Magnificat (Una Voce Chile) y Wikipedia

CALENDARIO LITÚRGICO RITO ROMANO-TRADICIONAL 2019-2020

(193 páginas). Encuadernación en espiral con tapas duras e impresión en color. Este calendario contiene el ordo diario de la misa y del oficio divino de todo el año litúrgico, con introducciones a los tiempos litúrgicos y sus normas, a las fiestas más importantes y a algunas peculiaridades de la forma extraordinaria del Rito Romano.

Además, contiene esquemas introductorios sobre las nociones fundamentales del Año Litúrgico y sus normas, así como esquemas explicativos del oficio. En Apéndice se recogen las lecciones contratas de la fiesta de los santos aprobadas para el Calendario Nacional del Reino de España (1963). El presente calendario trae las citas de las lecturas diarias de la Santa Misa con una frase resumen, con los títulos de las misas correspondientes a cada celebración.

PRECIO: 12,50 euros + gastos de envío.

PEDIDOS:

Iglesia del Salvador de Toledo

Email: misagregorianatoledo@gmail.com

Tlfno. (00 34) 622 53 45 16

Dirección postal: Pasaje de las Hazas, 2 Bº N. 45002 TOLEDO (ESPAÑA)

¡No te quedes sin él!

ACTOS OFICIALES IV PEREGRINACIÓN Y ENCUENTRO MISA TRADICIONAL ANDALUCÍA (5-OCT. ALMONTE-HUELVA)

Por cuarto año consecutivo, la Comisión Misa Tradicional Andalucía -formada por las asociaciones y grupos de fieles de la Misa de siempre que existen en las distintas diócesis andaluzas, ha organizado una nueva Peregrinación y Encuentro Summorum Pontificum Andalucía, que contará como anfitriona a la asociación hermana Una Voce Huelva. 

Se desarrollará el sábado 5 de octubre, en la localidad de Almonte (Huelva), y tendrá como acto principal la celebración de la Santa Misa solemne tradicional-gregoriana en la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, ante la venerada imagen de la Virgen del Rocío, siendo además año jubilar rociero, oficiando la Santa Misa el Rvdo. P. Arnaud Evrat, Asistente del Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro (FSSP) -Sociedad apostólica de derecho pontificio-. Previamente, habrá una interesante conferencia y charla-coloquio, y una Comida de Hermandad.

El programa detallado de la IV Peregrinación y Encuentro Summorum Pontificum Andalucía es el siguiente: 

– 12:00 horas: Recepción de participantes en la puerta de la Hermandad Matriz de Nuestra Señora del Rocío de Almonte, sita en la calle Sebastián Conde, nº 4 (cercana a la Parroquia).

– 12:30 horas: Salón de Actos de la Hermandad Matriz. Conferencia: “Las antífonas de la Virgen en la liturgia tradicional”. Por Fray Xavier Català Sellés (OP), Sacerdote celebrante de la Misa tradicional en la diócesis de Asidonia-Jerez. Y posterior charla-coloquio sobre el apostolado tradicional por el mencionado P. Arnaud Evrat (FSSP).

– 14:30 horas: Comida-menú de Hermandad, para quien lo desee, en el Restaurante El Trastero (Calle Altozano, nº 7). Precio: 12 euros (adulto). 7 euros (infantil). Previa reserva y elección del menú antes del 29 de septiembre a través de correo electrónico: traditiohuelva@gmail.com o misatradicionalandalucia@gmail.com Plazas limitadas.

– 18:00 horas: Altar Mayor de la Parroquia de Almonte. Santa Misa solemne tradicional-gregoriana, celebrada, conforme al motu proprio Summorum Pontificum de S.S. Benedicto XVI, por el P. Arnaud Evra (FSSP). Rector de la Basílica de Friburgo (Suiza), quien será asistido como Diácono por el Rvdo. P. Miguel Ángel Cañadas Carpio (Instituto Cristo Rey SumoSacerdote), y como Subdiácono por el Rvdo. P. Fernando Reyes Rico (Sacerdote diocesano de Sevilla). Asimismo, el servicio del altar contará: como maestro de ceremonias, el Rvdo P. José Calvín Torralbo (FSSP); y Presbítero asistente, el Rvdo. P. José Manuel Gonzalez (Iglesia El Salvador de Toledo). La predicación correrá a cargo del Rvdo. P. Pablo Díez Herrera (Sacerdote diocesano de Sevilla y ex Director espiritual de la Hermandad del Rocío de Triana). Además la celebración litúrgica contará Schola Gregoriana y Organista procedentes de Lucena (Córdoba).

– 20:00 horas: Fotografía y Despedida participantes.

Desde UNA VOCE SEVILLA, animamos a todos los fieles y amantes de la liturgia tradicional, especialmente de la región andaluza, a difundir y participar de tan importantes actos, y así obtener las gracias del Jubileo rociero. Además de esta información, en el blog oficial y facebook de la Comisión Misa Tradicional Andalucía (www.misatradicionalandalucia.com y https://www.facebook.com/misatradicionalandalucia/) se puede consultar información actualizada sobre el Encuentro. Para más información: misatradicionalandalucia@gmail.com / traditiohuelva@gmail.com 

SEVILLA: DOMINGO 25 AGOSTO MISA SOLEMNE TRADICIONAL-GREGORIANA POR SACERDOTES DE LA FSSP

Les informamos que el próximo 25 de agosto,  XI Domingo después de Pentecostés, a las 11 de la mañana, se celebrará –D.m.- SANTA MISA SOLEMNE según el rito romano tradicional en el Oratorio Escuela de Cristo de Sevilla (Barrio de Santa Cruz).

La Misa solemne será oficiada por el Rvdo. P. Jonathan Romanoski, que será asistido, como Diácono y Subdiácono, por los Rvdos: P. Daniel Heenan y P. Kevin O´Neill. Todos ellos, pertenecientes a la Fraternidad Sacerdotal San Pedro (FSSP) -Sociedad de vida apostólica tradicional de derecho pontificio-

Será interpretado en sus melodías gregorianas el ordinario de Angelis y el propio de la Misa correspondiente a la festividad litúrgica.

UNA VOCE SEVILLA