DECLARACIÓN CANTATE DOMINO SOBRE LA MUSICA SACRA

Más de doscientos clérigos, músicos, académicos y amantes de la música sacra han suscrito recientemente, con ocasión del cincuentenario de la instrucción Musicam Sacram, la declaración Cantate Domino, sobre la importancia y el estado actual de la música sacra. La Declaración nos recuerda que la música sagrada es un tesoro de la Iglesia que debemos conservar y promover y muestra la profunda preocupación por la vía dolorosa que ha experimentado tras las décadas que siguieron a Sacrosanctum Concilium. Además contiene propuestas concretas para restaurar al día de hoy la dignidad de la litúrgica y de su música en la Iglesia, entre ellas la celebración de la Forma Extraordinaria del Rito Romano o Misa tradicional en cada basílica o catedral.

 

CANTATE DOMINO CANTICUM NOVUM

Declaración sobre la situación actual de la música sagrada

Los músicos, pastores, profesores, académicos y amantes de la música sagrada que firmamos más abajo presentamos humildemente a la comunidad católica de todo el mundo esta declaración, en la que expresamos nuestro gran amor por el tesoro de música sagrada de la Iglesia y nuestra profunda preocupación por su lamentable estado actual.

Introducción

Cantate Domino canticum novum, cantate Domino omnis terra (Salmo 96): este canto a la gloria de Dios ha resonado en la Cristiandad a lo largo de toda su historia, desde los primeros días hasta hoy. Tanto la Sagrada Escritura como la Sagrada Tradición dan pruebas de un gran amor por la belleza y poder que tiene la música en la adoración de Dios Omnipotente. El tesoro de la música sagrada ha sido siempre objeto de veneración por los santos, los teólogos, los Papas y los laicos de la Iglesia Católica.

Este amor por la música y el cultivo de ella queda demostrado, en todas las épocas de la literatura cristiana, por los muchos documentos que los Papas han dedicado a la música sagrada, comenzando con Docta Sanctorum Patrum de Juan XXII (1324) y Annus Qui de Benedicto XIV (1749), siguiendo con el Motu Proprio Tra le Sollicitudine de San Pío X (1903), con Musicae Sacrae Disciplina de Pío XII (1955), con el Quirógrafo sobre la Música Sagrada de San Juan Pablo II (2003), etcétera. Esta gran cantidad de documentación nos impele a considerar con la máxima seriedad la importancia y el papel de la música en la liturgia. Esta importancia dice relación con la profunda conexión entre la liturgia y su música, conexión que es doble: una buena liturgia proporciona la ocasión para una música espléndida, pero una música litúrgica de baja calidad la afecta enormemente. Y no puede olvidarse aquí la importancia ecuménica de la música, puesto que, como sabemos, otras tradiciones cristianas –como la anglicana, la luterana y la ortodoxa oriental- tienen en gran estima la importancia y dignidad de la música sagrada, como lo demuestra el celo con que protegen sus tesoros.

Hemos reflexionado sobre una importante fecha, el quincuagésimo aniversario de la promulgación de la Instrucción sobre la Música en la Liturgia, Musicam Sacram, el 5 de marzo de 1967, durante el pontificado del Beato Pablo VI. Releyendo hoy dicho documento, no podemos menos que pensar en la via dolorosa de la música sagrada en las décadas que siguieron a Sacrosanctum Concilium. En realidad, lo que ocurrió en algunos sectores de la Iglesia de aquel tiempo (1967) no estuvo siempre de acuerdo ni con Sacrosanctum Concilium ni con Musicam Sacram: en efecto, se forzó una implementación, en ocasiones sin vigilancia por parte del clero o de la jerarquía eclesiástica, de ciertas ideas que no estuvieron jamás presentes en los documentos del Concilio. En algunos países, el tesoro de la música sagrada, cuya preservación el Concilio había pedido, no sólo careció de protección sino que incluso se lo impugnó. Lo cual fue derechamente contrario al Concilio, que había establecido con toda claridad:

“La tradición musical de la Iglesia universal constituye un tesoro de valor inestimable, que sobresale entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la Liturgia solemne. En efecto, el canto sagrado ha sido ensalzado tanto por la Sagrada Escritura, como por los Santos Padres y los Romanos Pontífices, los cuales, en los últimos tiempos, empezando por San Pío X, han expuesto con mayor precisión la función ministerial de la música sacra en el servicio divino. La música sacra, por consiguiente, será tanto más santa cuanto más íntimamente esté unida a la acción litúrgica, ya sea expresando con mayor delicadeza la oración o fomentando la unanimidad, ya sea enriqueciendo la mayor solemnidad los ritos sagrados. Además, la Iglesia aprueba y admite en el culto divino todas las formas de arte auténtico que estén adornadas de las debidas cualidades” (SC 112).

 

La situación actual

A la luz del pensamiento de la Iglesia, tan frecuentemente expresado, no podemos sino preocuparnos por la situación actual de la música sagrada, que es prácticamente desesperada, constituyendo los abusos en el campo de la música sagrada casi más la norma que la excepción. Queremos resumir aquí algunos de los elementos que contribuyen a la deplorable situación actual de la música sagrada y de la liturgia.

Se ha perdido la comprensión de la “forma musical de la liturgia”, es decir, del hecho de que la música es una parte inherente de la esencia misma de la liturgia como culto público, formal y solemne de Dios. No debemos solamente cantar en la Misa, sino que debemos cantar la Misa. Por lo tanto, como nos lo recuerda Musicam Sacram, las partes correspondientes al sacerdote debieran cantarse según los tonos contenidos en el Misal, con la debida respuesta de los fieles; debiera alentarse el canto del Ordinario de la Misa en gregoriano, o una música inspirada en él; y también los Propios de la Misa debieran recibir el lugar de honor que corresponde a su importancia histórica, a su función litúrgica y a su profundidad teológica. Similares consideraciones se aplican al canto del Oficio Divino. Rehusar cantar la liturgia; usar “música utilitaria” en vez de música sagrada; rehusar educarse a sí mismos o a los demás en la tradición y deseos de la Iglesia, y poner poco o ningún esfuerzo o medios en la preparación de un programa de música sagrada, constituyen una clara muestra del vicio de “pereza litúrgica”.

1.Esta pérdida de comprensión litúrgica y teológica va de la mano con la adhesión al secularismo. El secularismo de los estilos musicales populares ha contribuido a la desacralización de la liturgia, mientras que el secularismo de tanto comercio orientado al lucro ha impuesto con mayor rigor a las parroquias unas mediocres colecciones de música. Se ha alentado en la liturgia un antropocentrismo que socava su naturaleza misma. Actualmente, en vastos sectores de la Iglesia se da una incorrecta relación con la cultura, la cual puede ser concebida como una “red de conexiones”: en efecto, la situación real de nuestra música litúrgica (y de la liturgia misma, ya que ambas están vinculadas), constituye una ruptura de esta red de conexiones con nuestro pasado y hemos procurado conectarnos con un futuro que, sin su pasado, carece de significado. Hoy la Iglesia no está usando activamente sus riquezas culturales para evangelizar, sino que en gran parte está siendo ella misma usada por la cultura secular predominante, que nació en oposición al cristianismo, y que desestabiliza el sentido de adoración que está en el corazón de la fe cristiana.

2. En su homilía para la fiesta de Corpus Christi de 4 de junio de 2015, el papa Francisco ha hablado “del asombro de la Iglesia ante la realidad [de la Sagrada Eucaristía]… Un asombro que alimenta la contemplación, la adoración y la memoria”. ¿Dónde está este sentido de contemplación, de adoración y de asombro ante el misterio de la Eucaristía en tantas de nuestras iglesias a través del mundo? El se ha perdido porque estamos viviendo en una especie de Alzheimer espiritual, una enfermedad que nos está despojando de nuestra memoria espiritual, teológica, artística, musical y cultural. Se ha dicho que necesitamos incorporar a la liturgia la cultura de cada pueblo. Lo cual es verdad si se lo entiende correctamente, pero no si se lo entiende en el sentido de que la liturgia (y la música) ha de convertirse en el lugar donde tenemos que exaltar una cultura secular. Por el contrario, la liturgia es el lugar donde la cultura, toda cultura, es elevada a otro nivel y purificada.

3.Hay grupos en la Iglesia que presionan por una “renovación” que no refleja la enseñanza de la Iglesia sino que está al servicio de sus propios propósitos, visiones de mundo e intereses. Estos grupos cuentan con miembros colocados en posiciones claves de poder desde los que ponen en ejecución sus planes, su idea de cultura, su estilo de enfrentar los problemas contemporáneos. Hay poderosos lobbies, en algunos países, que han contribuido a reemplazar, de facto, los repertorios litúrgicos fieles a las directivas del Vaticano II con repertorios de mala calidad. De este modo, acabamos teniendo repertorios de nueva música litúrgica de estándares muy bajos, tanto en lo relativo al texto como a la música. Se llega a comprender que esto sea así cuando reflexionamos que no hay nada de valor perdurable que surja de una falta de conocimientos o de competencia, especialmente cuando se descuida los sabios preceptos de la tradición de la Iglesia:

“En este aspecto el canto gregoriano ha sido siempre considerado como el supremo modelo de música sagrada, por lo que es plenamente legítimo establecer la siguiente ley general: cuanto más se acerque a la forma gregoriana una composición escrita para la Iglesia, tanto en su aire, en su inspiración y en su sabor, tanto más sagrada y litúrgica será, y será tanto menos digna del templo cuanto más diste de este supremo modelo” (S. Pío X, Motu Proprio Tra le Sollecitudini).

Hoy este supremo modelo es descartado, cuando no despreciado. Todo el Magisterio de la Iglesia nos ha recordado la importancia de adherir a este importante modelo, no como un modo de limitar la creatividad, sino como un fundamento sobre el cual puede florecer la inspiración. Si deseamos que los hombres busquen a Jesús, necesitamos preparar la casa con lo mejor que la Iglesia puede ofrecer. No invitamos a los hombres a nuestra casa, la Iglesia, para ofrecerles un subproducto de la música o del arte, puesto que se puede encontrar música de estilo pop mucho mejor fuera de la Iglesia. La liturgia es un limen, un umbral que nos permite dejar atrás nuestra existencia diaria y entrar en el culto de los ángeles: Et ideo cum Angelis et Archangelis, cum Thronis et Dominationibus, cumque omni militia caelestis excercitus, hymnum gloriae tuae canimos, sine fine dicentes…

4.Este desprecio del canto gregoriano y del repertorio tradicional es signo de un problema mucho mayor, el desprecio de la Tradición. Sacrosanctum Concilium nos enseña que el legado musical y artístico de la Iglesia debiera ser respetado y venerado, porque es la encarnación de siglos de culto y de oración, y una expresión de las más altas cumbres de la creatividad y espiritualidad humanas. Hubo una época en que la Iglesia no corría en pos de la última moda, sino que era ella quien creaba la cultura y era su árbitro. La falta de compromiso con la tradición ha colocado a la Iglesia y a su liturgia en un camino inseguro y lleno de meandros. La separación que se ha intentado hacer de las enseñanzas de Vaticano II respecto de las enseñanzas anteriores de la Iglesia es un camino sin salida: el único camino hacia adelante es la hermenéutica de la continuidad propuesta por el Papa Emérito Benedicto XVI. La condición para una restauración de la liturgia y de su música a una situación de nobleza es la recuperación de la unidad, integridad y armonía de la enseñanza católica. Como el papa Francisco nos lo ha enseñado en su primera encíclica: “el conocimiento de sí, la misma autoconciencia, es relacional y está vinculada a otros que nos han precedido” (Lumen Fidei 38).

5.Otra causa de la decadencia de la música sagrada es el clericalismo y el abuso del estatus y posición clerical. Muchos clérigos que han recibido una pobre educación en la gran tradición de la música sagrada siguen tomando decisiones sobre personas y políticas que contravienen el auténtico espíritu de la liturgia y la renovación de la música litúrgica por la que se ha abogado tantas veces en nuestros tiempos. Además, con gran frecuencia contradicen las enseñanzas del Vaticano II en nombre de un supuesto “espíritu del Concilio”. Por otra parte, especialmente en algunos países de vieja tradición cristiana, los miembros del clero tienen acceso a posiciones que no están abiertas a los laicos, en circunstancias de que hay músicos laicos perfectamente capacitados para dar a la Iglesia un servicio profesional igual o mejor.

6.Advertimos asimismo el problema de las remuneraciones inadecuadas (y a veces injustas) a los músicos laicos. La importancia de la música sagrada en la liturgia católica exige en todas partes que por lo menos algunos miembros de la Iglesia estén bien educados, bien equipados y dedicados en estas materias a servir al Pueblo de Dios. ¿No es acaso verdadero que debemos dar a Dios lo mejor de nosotros? Nadie se asombra ni se altera al enterarse de que los médicos necesitan un salario para vivir, ni nadie aceptará que se le administre un tratamiento médico por voluntarios sin preparación; los sacerdotes tienen su salario, puesto que no pueden vivir si no comen, y si no comen no podrán prepararse en las ciencias teológicas ni celebrar dignamente la Misa. Si podemos pagar a los floristas y los cocineros que colaboran en las parroquias, ¿por qué habría de parecer raro que quienes realizan actividades musicales para la Iglesia tengan derecho a una justa compensación? [1]

Propuestas positivas

Podría parecer que lo que aquí hemos dicho es pesimista, pero tenemos la esperanza de que existe una forma de salir de este invierno. Presentamos aquí las siguientes propuestas in spiritu humilitatis, con el propósito de restaurar la dignidad de la liturgia y de su música en la Iglesia.

1.En nuestra calidad de músicos, pastores, académicos y católicos que amamos el canto gregoriano y la polifonía sagrada, tan frecuentemente alabados y recomendados por el Magisterio, solicitamos que sea reconfirmada esta herencia, así como las composiciones sagradas modernas, en latín o en lengua vernácula, que se inspiran en esta gran tradición, y pedimos que se den pasos concretos para su promoción en todas partes, en todas las iglesias del orbe, de modo que los católicos puedan cantar las alabanzas del Señor con una sola voz, un solo espíritu y un solo corazón, unidos en una cultura que supera todas sus diferencias. También pedimos que se vuelva a confirmar la importancia única del órgano de tubos para la sagrada liturgia debido a su singular capacidad de elevar los corazones hacia el Señor y por su perfecta adecuación para apoyar el canto de los coros y de las asambleas.

2.Es necesario que la educación del buen gusto musical y litúrgico comience con los niños. A menudo, algunos educadores sin formación musical creen que los niños no pueden apreciar la belleza del verdadero arte. Nada más lejos de la verdad. Si se usa una pedagogía que los ayude a acercarse a la belleza de la liturgia, los niños se formarán de un modo tal que verán robustecidas sus fuerzas, porque se les ofrecerá un nutritivo pan espiritual y no un alimento industrial aparentemente sabroso pero malsano (como ocurre en las “Misas para niños” que emplean música de inspiración pop). Sabemos por experiencia propia que cuando se hace oír a los niños tales repertorios, comienzan a apreciarlos y a desarrollar una relación más profunda con la Iglesia.

3.Para que los niños aprecien la belleza de la música y del arte, para que comprendan la importancia de la liturgia como fons et culmen de la vida de la Iglesia, debemos tener un laicado robusto que siga al Magisterio. Debemos abrir espacios a un laicado bien preparado en áreas vinculadas con el arte y la música. Hacen falta años de estudio para desempeñarse como músicos o educadores litúrgicos competentes. Es necesario reconocer este status “profesional”, y respetarlo y promoverlo de modo práctico. En relación con esto, sinceramente esperamos que la Iglesia siga trabajando contra ciertas obvias y sutiles formas de clericalismo, de modo que el laicado pueda contribuir plenamente en áreas donde la ordenación no es necesaria.

4.Debiera insistirse en que las catedrales y basílicas posean mayores estándares en relación con el repertorio y las competencias musicales. En cada diócesis el obispo debiera contratar al menos un director musical profesional y/o un organista que se guíen por instrucciones claras en lo relativo al fomento de la música litúrgica de excelencia en la catedral o basílica, y que constituyan un claro ejemplo de cómo combinar obras de la gran tradición con nuevas y apropiadas composiciones. Creemos que para esto hay un sólido principio en Sacrosanctum Concilium 23: “no se introduzcan innovaciones si no lo exige una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia, y sólo después de haber tenido la precaución de que las nuevas formas se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente a partir de las ya existentes” (SC 23).

5.Queremos sugerir que en cada basílica y catedral se fomente la celebración de una Misa semanal en latín (en cualquiera de las dos formas del Rito Romano), de manera de preservar el vínculo que tenemos con nuestro pasado litúrgico, cultural, artístico y teológico. El hecho de que hoy muchos jóvenes estén redescubriendo la belleza del latín en la liturgia es, ciertamente, un signo de los tiempos, y nos urge a olvidar las luchas del pasado y buscar un enfoque más “católico” que se alimente de todos los siglos de culto católico. Con la actual disponibilidad de libros, folletos y recursos online, no habrá de ser difícil facilitar la participación activa de quienes deseen asistir a una liturgia en latín. Además, debiera fomentarse que cada parroquia celebre todos los domingos una Misa íntegramente cantada.

6.Para los obispos debiera ser una prioridad la educación litúrgica y musical del clero. Este tiene la responsabilidad de aprender y practicar las melodías litúrgicas, puesto que, de acuerdo con Musicam Sacram y otros documentos, debiera poder cantar las oraciones de la liturgia y no, simplemente, recitar las palabras. Por eso, en los seminarios y universidades debiera familiarizarse con la gran tradición de música sagrada de la Iglesia y apreciarla, en armonía con el Magisterio y con el saludable principio de Mt. 13, 52: “Todo escriba instruido en el reino de los cielos es como un hombre, amo de su casa, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas”.

7.Antiguamente los editores católicos tuvieron un gran papel en la difusión de buenos ejemplos de música sagrada, antigua y nueva. Hoy esos mismos editores, aun perteneciendo a algunas diócesis o instituciones religiosas, difunden a menudo, por consideraciones puramente comerciales, música inapropiada para la liturgia. Muchos católicos fieles piensan que lo que los principales editores ofrecen está de acuerdo con la doctrina de la Iglesia Católica en lo referente a liturgia y música, en circunstancias de que ello frecuentemente no es así. Los editores católicos debieran tener como objetivo principal la educación de los fieles en la sana doctrina católica y en las buenas prácticas litúrgicas, y no el ganar dinero.

8.También es fundamental educar a los liturgistas. Así como los músicos necesitan comprender lo fundamental de la historia y la teología de la liturgia, así también los liturgistas deben ser educados en canto gregoriano, polifonía y en toda la tradición musical de la Iglesia, para que puedan discernir lo bueno de lo malo.

Conclusión

En su encíclica Lumen Fidei el papa Francisco nos ha recordado cómo la fe vincula pasado, presente y futuro:

“en cuanto respuesta a la palabra que la precede, la fe de Abraham será siempre un acto de memoria. Sin embargo, esta memoria no se queda en el pasado, sino que, siendo memoria de una promesa, es capaz de abrir al futuro, de iluminar los pasos a lo largo del camino. De este modo, la fe, en cuanto memoria del futuro, memoria futuri, está estrechamente ligada con la esperanza (LF 10).

Este recuerdo, esta memoria, este tesoro que es nuestra tradición católica no es algo solamente del pasado, sino que es una fuerza vital en el presente, y siempre será un legado de belleza para las generaciones futuras. “Cantad al Señor, porque ha hecho proezas; ¡que sean conocidas en toda la tierra! ¡Exulta y grita de júbilo, tú que habitas en Sión, que es grande en medio de ti el Santo de Israel!” (Is. 12, 5).

 

ARTÍCULO: “LO QUE APRENDÍ DE UN FRANCÉS SOBRE LA MISA TRADICIONAL”

Un interesante artículo publicado en el sitio Liturgy Guy, (traducido en la recomendada web chilena Magnificat), “retrata admirablemente una de las ventajas más notorias de la Misa tradicional: su carácter intrínsecamente católico en su sentido etimológico, es decir, su universalidad. (CEC 811 y ss.) Hasta la reforma litúrgica un católico podía asistir a una Misa de rito romano en cualquier rincón del mundo y seguirla y comprenderla a la perfección, pudiendo participar en ella sin traba alguna. Asimismo, recogemos el llamado del autor a todos quienes participan en la Misa tradicional a ser embajadores de ella, sabiendo acoger a todos aquellos que se acercan por primera vez a la liturgia perenne de la Iglesia, tratando siempre de sumar y no de restar“.

A continuación, les ofrecemos el referido artículo:

Lo que aprendí de un francés sobre la Misa tradicional
Brian Williams

Hace unas semanas conocí a un francés, de nombre Paul, en la Misa tradicional. Había venido esa semana a Charlotte, Carolina del Norte [Nota de la Redacción: en los Estados Unidos de América], en viaje de trabajo. Pero fue la Misa tradicional lo que lo trajo a mi parroquia de Santa Ana aquel domingo.

Me di cuenta de la presencia de Paul apenas llegué a la iglesia: era una cara no familiar entre los asistentes a la Misa Solemne de cada semana. Luego de la Misa, me acerqué, en el patio de la iglesia, para saludar a nuestro visitante.

Contrariamente a lo que se cree, la mayor parte de los tradicionalistas no son ni más ni menos acogedores que los católicos corrientes. Dicho lo cual, debo añadir que los que asistimos normalmente a la Misa tradicional tenemos que ser embajadores de la liturgia tradicional, querámoslo o no. Si somos el rostro del tradicionalismo para nuestros amigos, nuestra familia y el resto de los miembros de la parroquia, tenemos que tener caras sonrientes y amistosas.

Luego de presentarme a Paul, supe que venía de Nantes, en Francia, y me contó que era casado, que tenía poco más de treinta años, y que no era probable que su trabajo lo trajera de nuevo a Charlotte en el futuro próximo. De hecho, tenía programado volar de vuelta a Francia ese mismo día. Como era domingo, sin embargo, había buscado una iglesia para asistir antes a Misa.

Paul me explicó que, de vez en cuando, suele asistir a la Misa tradicional en Francia, pero que allá se la celebra en muy pocas parroquias. Además, fue su conocimiento previo de la liturgia tradicional, y su familiaridad con ella, lo que lo impulsó a buscar esta Misa. Dicho brevemente, quiso que su experiencia de la Misa trascendiera el contexto geográfico y cultural en que vivía. Aquel domingo, el lenguaje, los movimientos y la música de la Misa tradicional eran para él cosa familiar, en medio de lo desacostumbrado de una visita a un país extranjero.

Es que así es el genio de la liturgia tradicional: su constancia y su universalidad. Trascendiendo límites y culturas, la Misa tradicional nos recuerda, al cabo, que somos extranjeros. Nuestro hogar es el Cielo.

Para muchos, es su intemporalidad y universalidad lo que constituye el atractivo de la Misa tradicional. No es liturgia estadounidense, no es liturgia francesa. Es, simplemente, liturgia católica. Esto fue lo que atrajo a Paul, un francés de Nantes, a esa pequeña parroquia de Charlotte, North Carolina.

Fuente: Asociación Litúrgica Magníficat. Capítulo chileno de la Federación Internacional Una Voce.

 

Misa tradicional en la Catedral de Notre Dame (París)

VIDEO: ¿ES VÁLIDA LA MISA TRIDENTINA?

A continuación, les ofrecemos el vídeo de una interesantísima entrevista al presidente de la Federación Internacional Una Voce , don Felipe Alanís, en el canal digital mejicano Mundo Católico tv, donde explica, entre otras muchas cosas, el sentido y validez que tiene al día de hoy en la Iglesia la celebración del tesoro espiritual que es la Misa tridentina o tradicional.

 

INFORME FIUV: “EL MODO DE RECIBIR LA COMUNIÓN”

Esta semana traemos a la web de Una Voce Sevilla otro interesante informe sobre liturgia tradicional publicado por la Federación Internacional Una Voce (F.I.U.V), en esta ocasión el nº3 de los denominados por ésta “paper position”, dedicado al “modo de recibir la comunión”, cuyo original en inglés puede consultarse aquí. Dicho texto fue preparado en el mes de abril de 2012 por la F.I.U.V., y ha sido traducido recientemente al español por la asociación litúrgica hermana Magnificat, de Chile. A continuación, el texto de dicho informe:

 

EL MODO DE RECIBIR LA COMUNIÓN

 
Sumario
 
La Instrucción Universae Ecclesiae deja en claro que la comunión debe recibirse de rodillas y en la lengua en la celebración de la forma extraordinaria. La recepción en la lengua es, de hecho, la ley universal de la Iglesia, a la cual determinadas Conferencias Episcopales han hecho excepciones. El valor de arrodillarse para expresar humildad en presencia de lo sagrado está afirmado en innumerables textos de la Escritura y enfatizado por el Papa Benedicto XVI en su libro El espíritu de la liturgia. El momento de recibir la comunión es el más apropiado de todos para demostrar esta actitud. La recepción en la lengua, aun cuando no fue universal en la Iglesia primitiva, se universalizó rápidamente, reflejando la gran preocupación de los Padres de que no se perdieran partículas de la hostia, preocupación reiterada por el Papa Pablo VI en la Instrucción Memoriale Domini. En conclusión, la forma tradicional de recibir la comunión, que muestra tanto humildad como receptividad de niños, prepara al comulgante para una recepción fructífera. Además, se conforma perfectamente con la actitud general de reverencia hacia las Sagradas Especies, tal como se encuentra en la forma extraordinaria.

Los comentarios a este texto pueden enviarse a positio@fiuv.
Texto:
1.Tal como ocurre con el servicio de hombres y niños en el altar[1], la cuestión del modo de recibir la comunión en las celebraciones de la forma extraordinaria del rito romano ha sido resuelta por la Instrucción Universae Ecclesiae (2011), que sostiene la obligatoriedad, en las celebraciones de la forma extraordinaria, de las leyes litúrgicas vigentes en 1962 [2]. Ellas especifican que la comunión ha recibirse por los fieles de rodillas y en la lengua.
2.Mientras que el servicio del altar por mujeres ha sido permitido en la forma ordinaria, según el parecer del Ordinario del lugar, la prohibición de recibir la Comunión en la mano por los fieles fue expresamente reiterada por el papa Pablo VI[3], quien estableció que las solicitudes de derogación de la ley deberían hacerse a la Santa Sede por una Conferencia Episcopal. Explicar el valor de esta práctica, como lo aspira a hacer este ensayo, es explicar el valor de la legislación propia de la Iglesia.
De rodillas.
3.Como lo ha hecho ver el papa Benedicto XVI, “[a]rrodillarse no es algo propio de una sola cultura, sino que proviene de la Biblia y de su experiencia de Dios” [4]. Y sigue explicando que arrodillarse es algo que se encuentra en numerosos pasajes de la Escritura como la actitud conveniente a la oración de petición y de adoración en presencia de Dios. Al arrodillarnos seguimos el ejemplo del mismo Señor [5], cumplimos con el Himno de Cristo de la Carta a los Filipenses [6] y nos adecuamos a la liturgia celestial que se deja entrever en el Apocalipsis [7]. El Santo Padre concluye: “Resulta probable que el arrodillarse sea extraño a la cultura moderna, en la medida que ella constituye una cultura, porque esta cultura ha dado las espaldas a la fe y ya no conoce al Uno, delante del cual arrodillarse es lo propio, es, en realidad, la postura intrínsecamente necesaria. El hombre que aprende a creer aprende también a arrodillarse, y la fe y la liturgia para la cual arrodillarse no fuera lo normal estaría enferma en lo más íntimo. Donde el arrodillarse se ha perdido, debe recuperárselo de modo que, en nuestra oración, permanezcamos en la compañía de los apóstoles y los mártires, en la compañía de todo el cosmos, en unión, efectivamente, con el mismo Jesucristo [8].
4.Es necesario agregar que el momento de la recepción del Cuerpo del Señor en el Santísimo Sacramento es el momento apropiado para arrodillarse, y hacerlo es una muy antigua tradición en Occidente [9], que reemplazó otros gestos de reverencia [10]. San Juan Pablo II nos recuerda que la actitud correcta para recibir la Comunión es “la humildad del Centurión del Evangelio” [11]: esta actitud se expresa por y se alimenta de la postura de la humildad, el arrodillamiento. La exigencia, en la disciplina actual de la Iglesia, de que se haga “un gesto de reverencia” cuando se recibe la Comunión [12] se cumple de un modo muy natural y no forzado recibiéndola de rodillas.
En la lengua
5.La recepción de la comunión en la lengua y no en la mano, aunque no fue una práctica exclusiva en la Iglesia primitiva, se remonta a los tiempos más antiguos. De ello da testimonio San Efrén el Sirio [13] y la antigua liturgia de Santiago [14], y se la menciona al menos como una posibilidad por el papa San Gregorio Magno [15], y fue mandada por el Concilio de Rouen alrededor del año 878 [16]. Parece que el Señor puso el pan directamente en la boca de Judas en la Última Cena [17], y es posible que haya hecho lo mismo con las Especies Consagradas. La difusión de este método en la Iglesia (con variantes distintas en Oriente y Occidente) deriva naturalmente de la gran preocupación de los Padres de que no se perdiera ninguna partícula de la Hostia. San Cirilo de Jerusalén (citado invariablemente por su descripción de la Comunión en la mano [18]) advierte que los fragmentos de Hostia debieran ser considerados más preciosos que el polvo de oro [19], e igual preocupación muestran Tertuliano [20], San Jerónimo [21], Orígenes [22], San Efrén [23] y otros más [24]. Esta preocupación de funda en la Escritura, en el mandamiento del Señor a los discípulos luego de alimentar a la multitud, tipo de la Eucaristía: “Recojan los fragmentos que hayan sobrado, para que no se pierdan” [25].
6.Esta preocupación se reitera, y se la vincula con la recepción en la lengua, por la Instrucción Memoriale Domini (1969), que resume una serie de consideraciones en favor de la forma tradicional de distribuir la comunión: “En vistas del estado de la Iglesia en general hoy día, debe observarse este modo de distribuir la comunión, no sólo porque está respaldada por una tradición de muchos siglos sino especialmente porque es un signo de reverencia de los fieles hacia la Eucaristía. Esta práctica no disminuye de modo alguno la dignidad personal de quienes que se acercan a este gran Sacramento, y es parte de la preparación que se necesita para una fructífera recepción del Cuerpo del Señor” [26]. Esta reverencia es un signo de que no se comulga con “el pan y la bebida ordinaria” [27] sino con el Cuerpo y la Sangre del Señor […] Además, esta manera de comulgar, que hoy debe ser considerada como prescrita por la costumbre, da una seguridad más efectiva de que la comunión será distribuida con la apropiada reverencia, decoro y dignidad; de que se evitará todo peligro de profanación de las Especies Eucarísticas, en las que “el Cristo todo y entero, Dios  y hombre, está sustancialmente contenido y permanentemente presente de un modo único” [28] y, finalmente, de que se mantendrá el diligente cuidado que la Iglesia ha recomendado siempre para cada fragmento del pan consagrado: “Si permitís que algo se pierda, considerad que perdéis uno de vuestros miembros” [29].
7.La posibilidad de que la comunión en la mano conduzca a “una deplorable falta de respeto hacia las Especies Eucarísticas” fue confirmada por San Juan Pablo II [30]. El peligro de una profanación deliberada del Santísimo Sacramento, advertida asimismo en Memoriale Domini, se ha hecho también tristemente evidente en una época en que los actos sacrílegos pueden hacerse públicos en Internet, para escándalo de los católicos de todo el mundo. Este tema es abordado de nuevo por la Instrucción Redemptionis Sacramentum (2004), que se refiere otra vez a la distribución del Santísimo Sacramento sólo en la lengua como el remedio efectivo: “Si hay riesgo de profanación, la Comunión no debe ser dada a los fieles en la mano” [31].
8. San Juan Pablo II planteó un problema relacionado cuando escribió que “[t]ocar las sagradas especies y distribuirlas con sus manos es un privilegio de los ordenados” [32], y vincula esto con la consagración de las manos del sacerdote [33]. Esto trae a la memoria el famoso pasaje de Santo Tomás de Aquino, citado en relación con esto en una declaración oficial de la Oficina para lasCelebraciones Litúrgicas del Supremo Pontífice [34]: “[…] por reverencia hacia el Sacramento, nada lo toque, a menos de estar consagrado; de ahí que el corporal y el cáliz están consagrados, y del mismo modo las manos del sacerdote, para tocar este Sacramento. Por ello no es lícito para nadie más tocarlo, salvo por necesidad como, por ejemplo, si fuera a caer al suelo, o en algún caso de urgencia” [35].
9.El que este método tradicional se haya desarrollado a través del tiempo, no es un argumento en su contra, sino un testimonio de las importantes consideraciones que, de un modo reiterado, condujeron a su adopción. Como el Papa Pío XII lo afirmara en Mediator Dei(1948) de modo bien conocido, las prácticas más antiguas no son ipso facto preferibles a otras que se han desarrollado bajo la guía del Espíritu Santo a lo largo de muchos siglos [36].

 

Conclusión

10.La importancia de la actitud interior de humildad, recalcada por San Juan Pablo II, y la exigencia de un “gesto de reverencia” [37], no son sólo una cuestión de decoro ante la Presencia Real del Señor, por muy importante que esto sea. Más bien, la gracia recibida por quien comulga depende de su disposición, y el cultivo de la disposición correcta, la de humildad e infantil receptividad, se facilita por la recepción de rodillas y en la lengua. Como lo enfatizó Pablo VI: se trata de una “parte de la preparación necesaria para la recepción fructífera del Cuerpo del Señor” [38].

11.El valor de este método tradicional fue reiterado por la decisión de Benedicto XVI de distribuir él mismo la comunión en la lengua a los fieles durante las celebraciones pontificias. El comentario oficial a esta decisión menciona tanto la preocupación por la pérdida de partículas de la Hostia Consagrada como por aumentar entre los fieles la devoción a la Presencia Real de Cristo en el Sacramento de la Eucaristía [39]. Además, el método tradicional es llamado “un signo exterior” que “promueve la comprensión del misterio de este gran Sacramento” [40].

12.En el contexto específico de la forma extraordinaria del rito romano, la práctica exclusiva de recibir la comunión de rodillas y en la lengua va de la mano con la gran reverencia del sacerdote celebrante hacia el Santísimo Sacramento en dicha forma. Dos ejemplos de ello serían la doble genuflexión del sacerdote en la Consagración, y el mantener unidos el pulgar y el índice desde la Consagración hasta la purificación del cáliz. La recepción de la comunión en la mano crearía una dañina disonancia con otros elementos de la liturgia. El tema está bien expresado en la Instrucción Il Padre, incomprensibile(1996), dirigida a las Iglesias Orientales, sobre la importancia de continuar con el modo de recibir la comunión tradicional en esas Iglesias: “Aun si esto impide poner de relieve el valor de otros criterios, también legítimos, e implica renunciar a cierta expedición, cambiar el uso tradicional tiene el riesgo de incurrir en una intrusión no orgánica en el marco espiritual a que se refiere” [41].

[1] Federación Internacional Una Voce, Position Paper 1: El servicio del altar de hombres y niños.

[2] Pontificia Comisión Ecclesia Dei, Instrucción Universae Ecclesiae (2011), núm. 28.

[3] Instrucción Memoriale Domini (1969): “el Supremo Pontífice juzgó que la antigua forma de administrar la Comunión a los fieles no debía ser cambiada”.

[4] Ratzinger, J., El espíritu de la liturgia (Madrid, Cristiandad, 2001), p. 228.

[5] Lc. 22, 41 (durante la agonía en Getsemaní): “y se retiró de ellos la distancia de un tiro de piedra. Y arrodillándose, oraba” (et ipse avulsus est ab eis quantum iactus est lapidis et positis genibus orabat).

[6] Flp. 2, 10: “Al nombre de Jesús toda rodilla se doble” (ut in nomine Iesu omne genu flectet).

[7] Apoc. 5, 8: “Y cuando hubo abierto el libro, las cuatro criaturas vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero” (et cum peruisset librum quattuor animalia et viginti quattuor seniores ceciderunt coram agno).

[8] Ratzinger, El espíritu de la liturgia, cit., p. 228.

[9] En Occidente el desarrollo del arrodillarse para la comunión data de al menos el siglo VI: véase Schneider, A., Dominus est (Pine Beach NJ: Neman House Press, 2008) p. 27. [hay traducción española: Dominus est. Reflexiones de un obispo de Asia Central sobre la Sagrada Comunión, Ciudad del Vaticano, Libreria Editrice Vaticana, 2009]. Arrodillarse se hizo general y luego universal entre los siglos XI y XVI: Joseph Jungmann, The Mass of the Roman Rite: its origins and developments (trad. inglesa, New York, Benzinger, 1955), p. 376.

[10] Jungmann cita ejemplos de aproximarse a la comunión descalzos, haciendo una genuflexión y una reverencia tres veces repetida y besando el suelo, o el pie del sacerdote (The Mass of the Roman Rite, cit., II, p. 377-8).

[11] Juan Pablo II, Encíclica Ecclesia de Eucharistia (2003), núm. 48: “cum demissione centurionis in Evangelio”.

[12] Instrucción General del Misal Romano (2002), núm. 160.

[13] San Edrén el Sirio, Sermones in Hebdomada Sancta 4, 5: “Isaías me vio [Cristo] como vosotros me veis ahora extendiendo mi mano derecha y poniendo en vuestras el pan vivo”. Se hace referencia a la visión de Isaías del ángel que le tocó los labios con un carbón encendido (Isaías 6, 6-7).

[14] Bozestwennaya Liturgia Swjatago Apostoloa Iakowa Brata Boziya I perwago bierarcha Ierusalima (Roma, Grottaferrata, 1970) p. 151: “El Señor os bendiga, y os haga dignos con el toque de nuestros dedos puros de llevar el carbón encendido y ponerlo en la boca de los fieles […]”.

[15] San Gregorio Magno, Diálogos 3, c. 3: “después de que le puso el Cuerpo del Señor en la boca, esa lengua, que por largo tiempo no había hablado, fue desatada”. El contexto es la curación de un hombre enfermo, que posiblemente no podía ponerse la Hostia en la boca: era la lengua, entre otras cosas, que necesitaba curación. Con todo, el texto no indica sorpresa ante el hecho de que se ponga la hostia directamente en la boca del hombre.

[16] Concilio de Rouen, cap. 2: “que no ponga [el sacerdote] la Eucaristía en las manos de laico alguno, hombre o mujer, sino que él la ponga sólo en la boca con las siguientes palabras: “Corpus Domini et Sanguis prosit tibi ad remissionem peccatorum et ad vitam aeternan” (nulli autem laico aut feminae eucharistian in manibus ponat, sed tantum in os eius). Mansi 10: 1199 ss. Cfr. Jungmann, The Mass of the Roman Rite, cit., II, pp. 381-2.

[17] Jo. 13, 26-27: “Jesús respondió: es aquel a quien Yo dé el pan untado. Y untando el pan, se lo dio a Judas Iscariote, hijo de Simón. Y con ese bocado, Satán entró en él”.

[18] San Cirilo de Jerusalén, Mystagogical Catechesis, 5, 21 y ss.

[19] San Cirilo de Jerusalén, Mystagogical Catechesis, 5, 2.

[20] Tertuliano, De Corona, 3: “Nos duele que el pan o el vino, aun el nuestro, caiga al suelo”.

[21] San Jerónimo, In Ps, 147, 14: “hay peligro si algo cayera al suelo”.

[22] Orígenes, In Exod. Hom., 13, 3: “cuando recibas el Cuerpo del Señor, cuida reverentemente de que no caiga ni la más mínima partícula”.

[23] San Efrén, Sermones in Hebdomada Sancta 4, 4: “no piséis ni siquiera los fragmentos. El menor de estos fragmentos de este Pan puede santificar a millones de hombres […]”.

[24] En especial los cánones de la Iglesia Copta (Collationes canonum Copticae): “No permita Dios de que ninguna de estas perlas o fragmentos consagrados se adhiera a los dedos o caiga al suelo” (Denzinger, Ritus Orientalium, I, p. 95).

[25] Jo. 6, 12. Cf. Mt 14, 20 y 15, 37; Mc. 6, 43 y 8, 9; Lc. 9, 17.

[26] [Nota 6 al pie en Memoriale Domini]. Cfr. San Agustín, Enarrationes in Psalmos, 98, 9 (PL 37, 1264-1265).

[27] [Nota 7 al pie en Memoriale Domini]. Cfr. San Justino, Apologia, I, 66 (PG 6, 427), y San Ireneo, Adversus Haereses, 1, 4, c. 18 n. 5 (PG 7, 1029-1029).

[28] [Nota 9 al pie en Memoriale Domini].

[29] [Nota 10 al pie en Memoriale Domini] Cirilo de Jerusalén, Catecheses Mystagogicae, V. 21 (PG 33, 1126).

[30] San Juan Pablo II, Carta Dominicae Coenae (1980), núm. 11.

[31] Instrucción Redemptionis Sacramentum (2004), núm. 92, donde se reitera la respuesta de la Congregación para el Culto Divino a un dubium de 1999, registrada en Notitiae 35 (1999), pp. 160-161.

[32] Juan Pablo II, Carta Dominicae Coenae, núm. 11.

[33] Juan Pablo II, Carta Dominicae Coenae, núm. 11: “Pero no debe olvidarse el oficio primer de los sacerdotes, que han sido consagrados por su ordenación para representar a Cristo Sacerdote: por esta razón sus manos, igual que sus palabras y su voluntad, se han convertido en instrumentos directos de Cristo”.

[34] Oficina para las Celebraciones Litúrgicas del Supremo Pontífice: “Comunión recibida en la lengua y de rodillas” (2010) [el texto sólo está disponible en inglés: véase aquí].

[35] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, IIIa q. 82, a. 3 c: “in reverentiam huius sacramenti, a nulla re contingitur nisi consacrata, unde et corporales et calix consecrantur, similitere et mabus sacerdotis, ad tangendum hoc sacramentum. Unde nulli alii tangere licet, nisi in necessitate puta si caderet per terram, vel in aliquo alio necessitatis casu”.

[36] Pío XII, Encíclica Mediator Dei (1948), núm. 61: “La liturgia de los primeros siglos es ciertamente digna de toda veneración. Pero los usos antiguos no deben ser estimados más adecuados o convenientes, ya sea en sí mismos o por su significado, para épocas posteriores y nuevas situaciones, sobre la mera base de que tienen el sabor y aroma de la antigüedad. Los ritos litúrgicos más recientes también merecen reverencia y respeto. Ellos también deben su inspiración al Espíritu Santo, que asiste a la Iglesia en cada época, hasta la consumación del mundo (Mt. 28, 20]. Ellos son igualmente recursos que la ínclita Esposa de Jesucristo usa para promover y procurar la santidad del hombre” (Haec eadem iudicandi ratio tenenda est, cum de conatibus agitur, quibus nonnulli enituntur quoslibet antiquos ritus ac caeremonias in usum revocare. Utique vetustas aetatis Liturgia veneratione procul dubio digna est; veruntamen vetus usus, non idcirco dumtaxat quod antiquitatem sapit ac redolet, aptior ac melios existimandus est vel in semetipso, vel ad consequentia tempora novasque rerum condiciones quod attinet. Recentiores etiam liturgici ritus reverentia observantiaque digni sunt, quoniam Spiritus Sancti afflatu, qui quovis tempore Ecclesiae adest ad consummationem usque saeculorum (cf. Mt. 28, 20) orti sunt; suntque iidem pariter opes, quibus ínclita Iesu Christi Sponsa utitur ad hominum sanctitatem excitandam procurandamque).

[37] Véase el párrafo 4.

[38] Pablo VI, Memoriale Domini.

[39] Oficina para las Celebraciones Litúrgicas del Supremo Pontífice, Comunión recibida en la lengua y de rodillas (2010).

[40] Oficina para las Celebraciones Litúrgicas del Supremo Pontífice, Comunión recibida en la lengua y de rodillas (2010).

[41] Congregación para las Iglesias Orientales, Instrucción Il Padre, incomprensibile”(1996), núm. 53.

 

ROMA 14-17 SEP.: CELEBRACIÓN X ANIVERSARIO SUMMORUM PONTIFICUM

Nos complace anunciarles que del 14 al 17 de septiembre de 2017 se celebrará en Roma el X Aniversario del Motu Proprio Summorum Pontificum de S.S. Benedicto XVI. Será una ocasión sin igual para peregrinar hasta la tumba de San Pedro y conmemorar tan importante evento para la Misa tradicional. Por todo ello, recomendamos su asistencia.

A continuación, publicamos por su interés el Comunicado de Prensa emitido por los organizadores del evento:

COETUS INTERNATIONALIS SUMMORUM PONTIFICUM

GIOVANI E TRADIZIONE

AMICIZIA SACERDOTALE SUMMORUM PONTIFICUM

Roma, 27 de noviembre de 2016

1.er domingo de Adviento

«¡Que la misa tradicional pueda florecer en la Iglesia!»

Esta exhortación, formulada por Mons. Sample, arzobispo de Portland, como conclusión de la última peregrinación internacional Populus Summorum Pontificum a Roma (27 al 30 de octubre de 2016), encontrará su mejor ilustración el año próximo, el 14 de septiembre de 2017, cuando el pueblo Summorum Pontificum se reúna ad Petri Sedem para festejar el décimo aniversario de la entrada en vigencia del motu proprio de Benedicto XVI.

El aniversario de la aplicación del texto mediante el cual Benedicto XVI ha liberado el misal de San Juan XXIII de las prohibiciones que pesaban sobre él es también el de todos los sacerdotes, religiosos y fieles que, desde entonces, han alimentado, enriquecido y renovado su fe según lo que se ha convenido en llamar la «forma extraordinaria del rito romano».

Por ello, después de consultar con la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, el Coetus Internationalis Summorum Pontificum ha decidido, de forma excepcional, adelantar las fechas de su peregrinación 2017: esta comenzará el jueves 14 y terminará el domingo 17 de septiembre de 2017.

La peregrinación comenzará el jueves 14 de septiembre de 2017 con el V Congreso Summorum Pontificum que organizará la asociación Giovani e Tradizione y l’Amicizia Sacerdotale Summorum Pontificum. Continuará los días 15, 16 y 17 de septiembre y, como todos los años desde su creación en 2015, el punto culminante consistirá en la procesión solemne que recorrerá las calles de Roma para conducir a los peregrinos a la basílica de San Pedro el sábado 16 de septiembre de 2017 donde se celebrará una misa pontifical.

CONTACTOS:

Facebook: Populus Summorum Pontificum

cisp@mail.com

Amicizia Sacerdotale Summorum Pontificum

www.giovanietradizione.org

 

 

VIDEO: LA SOBRECOGEDORA CELEBRACIÓN DE LA MISA TRADICIONAL POR EL PADRE PÍO

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San Pío de Pietrelcina vivió en su cuerpo durante cincuenta años, por medio de los estigmas que laceraban su cuerpo, la Pasión de Jesucristo. Por este motivo, la Santa Misa, renovación incruenta del sacrificio del Calvario, era para el santo un momento de especial inmolación, sufrimiento y unión con Cristo, como puede verse en este vídeo en el que celebra de forma sobrecogedora Misa tradicional ante los numerosísimos fieles congregados.

Fuente: Religión en Libertad

 

INFORME FIUV: “EL SERVICIO DEL ALTAR DE HOMBRES Y NIÑOS”

La Federación Internacional Una Voce ha comenzado a publicar en su web oficial unos interesante informes sobre liturgia tradicional y el Misal de1962, denominado: Position Paper. El primero de ellos es el dedicado al servicio del altar de hombres y niños, y ha sido traducido al español por la asociación litúrgica hermana Magnificat,  de Chile, del original completo y en inglés que puede consultarse aquí. A continuación, el texto de dicho informe:

 

 

Position Paper 1

El servicio de hombres y niños en el altar

Sumario

La tradición de que en la Misa sean acólitos hombres y niños y de que se excluya a las mujeres es un caso específico de la “antigua tradición litúrgica latina” de cuyas “riquezas” ha hablado el papa Benedicto XVI. Su valor reside fundamentalmente en su relación con la enseñanza de la Iglesia, claramente expresada por el Papa San Juan Pablo II, sobre la complementariedad de los sexos en la economía de la salvación, enseñanza que está íntimamente conectada con la de que la ordenación de las mujeres al sacerdocio es imposible. Las mujeres representan, más perfectamente que los hombres, a la Iglesia en cuanto Novia; los hombres, más perfectamente que las mujeres, representan a Cristo como Novio, especialmente en el papel sacerdotal de Éste. Esta enseñanza se expresa no sólo en la ordenación al sacerdocio de los varones, con exclusión de las mujeres, sino también en el hecho de que quienes están más cerca del sacerdote en la acción litúrgica son exclusivamente varones. Esta distinción se refuerza por la asimilación del presbiterio de una iglesia con el cielo, siendo la liturgia que se desarrolla en el presbiterio una anticipación de la liturgia celestial, y con la asimilación de la nave del templo con la tierra, el lugar en que habita la Iglesia militante. Por este motivo, la práctica del servicio del altar por varones sirve para reforzar, enseñar y encarnar una verdad teológica fundamental, de acuerdo con el principio lex orandi, lex credendi.

Texto:

1.El tema del servicio de la Misa en la forma extraordinaria realizado por hombres y niños, con exclusión de las mujeres, ofrece un adecuado punto de partida a esta serie de artículos, ya que sobre este tema la Pontificia Comisión Ecclesia Dei se ha pronunciado [véase aquí el texto de la respuesta], con el peso de su autoridad, en favor del carácter obligatorio de las reglas vigentes en 1962. Además, es evidente que el permiso para que las mujeres sirvan la Misa en la forma ordinaria constituye no una política recomendada sino una concesión que se hace por “motivos específicos en determinados lugares” (como se dice en la carta de 1994 de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos)[1], y esta misma Congregación ha alabado explícitamente la “noble tradición de que sean niños los que sirvan de monaguillos”, costumbre que es “siempre muy apropiada” (carta privada de 27 de julio de 2001, citada en la Instrucción Redemptoris Sacramentum, núm. 47)[2]. Esto constituye una muy evidente instancia de una tradición, característica del misal de 1962 (como también de Misal de 1970, en su primera concepción) que el motu proprio se ha preocupado de preservar y fomentar.

2.La “noble tradición” de que sirvan la Misa hombres y niños, excluyendo a las mujeres, está apoyada, muy notablemente, por el canon 44 de la Colección de Laodicea, que data del siglo IV, como también por innumerables documentos posteriores. El valor de esta tradición no deriva sólo de su antigüedad: la preocupación de Papas y obispos por preservar esta tradición a lo largo de tantos siglos deriva de profundas consideraciones teológicas y pastorales.

3. La consideración pastoral mencionada por la Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en los dos documentos ya citados es que la íntima colaboración del monaguillo con el sacerdote a menudo fomenta las vocaciones al sacerdocio. La citada Congregación manifiesta la preocupación de que esta fuente de vocaciones pueda verse afectada por la admisión de las mujeres al servicio del altar (un estudio estadístico atingente se contiene en el Apéndice a este artículo). Este problema pastoral es consecuencia de un tema de fundamento teológico, en el sentido de que, entendido el punto adecuadamente, los acólitos laicos substituyen a la tradicional orden de acolitado: ellos están conectados simbólicamente, y a menudo causalmente, con el estado clerical.

3.Las razones teológicas se refieren a la doctrina irreformable de la Iglesia de que sólo los varones pueden ser ordenados al sacerdocio. Esta enseñanza, enfatizada por San Juan Pablo II (Mulieris Dignitatem, de 1988, y Ordinatio Sacerdotalis, de 1994), se fundamenta en el papel, distinto y complementario, de los sexos en la economía de la salvación.

4.Al comienzo de Mulieris Dignitatem, San Juan Pablo II nos recuerda el principio de que “[l]a gracia jamás desconoce o anula la naturaleza, sino que más bien la perfecciona y ennoblece”[3]. El papel de los sexos en la Iglesia, como ha sido querido por Dios, no echa abajo la complementariedad que existe en las relaciones humanas sino que edifica sobre ella y sobre los especiales carismas de cada sexo[4],  no obstante el daño causado por el pecado original[5]. San Juan Pablo II habla de la “disposición naturalmente esponsal de la personalidad femenina”, que se ejemplifica no sólo en el matrimonio sino también en la virginidad, como una forma de auto-donación[6].  Dios se relaciona con la Iglesia como el Novio con la Novia, una analogía que se encuentra especialmente en Efesios 5 y también en numerosos pasajes del Antiguo Testamento[7] .

6. Como sigue explicando San Juan Pablo II, en la Iglesia todo ser humano –varón o mujer- es la Novia en el sentido de que acepta el don del amor de Cristo Redentor, y procura responder a él con los dones de su propia persona[8].

7.De este modo, también la Santísima Virgen María puede ser descrita como “figura de la Iglesia”, según la frase de San Ambrosio[9] citada por Lumen Gentium[10] y reiterada en Mulieris Dignitatem[11]. San Juan Pablo II concluye que las mujeres tienen un papel profético en la Iglesia en la medida en que “hacen manifiesta esta verdad” de la relación de Dios con la Iglesia[12]. Esto tiene implicaciones para las religiosas, que pueden representar más perfectamente a la Novia Virgen, la Iglesia: como escribió San Juan Pablo II, “[e]sta dimensión esponsal, que es parte de toda vida consagrada, tiene un especial significado para las mujeres, que encuentran en ella su identidad femenina y, si se pudiera decir, descubren en ella su especial genio en su relación con el Señor[13]. Debemos considerar además, en relación con esto, que la Virginidad Consagrada es una vocación sólo de las mujeres.

8.La analogía de Novio y Novia tiene su corolario en la relación entre el clero y los Christifideles, y entre el presbiterio y la nave del edificio del templo. San Juan Pablo II cita Mulieris Dignitatem en su decisión sobre la imposibilidad de la ordenación de las mujeres[14]. Si las mujeres pueden representar perfectamente a la Iglesia como Novia, son los hombres los llamados a representar a Cristo, especialmente en su papel sacerdotal[15]. Y como reconocimiento del papel del sacerdote in persona Christi, se debe entender que los colaboradores y asistentes del sacerdote, sus instrumentos vivientes, por decirlo así, deben estar en el mismo lado de la analogía frente a los fieles cristianos, y esto está enfatizado por la antigua tradición de considerar el presbiterio de la iglesia como representativo del mundo celestial, y la nave, del mundo terreno. Como escribe el profesor P. Michel Sinoir: “El iconostasio [en Oriente] es simbólicamente el Cielo, y su liturgia, que anticipa la del Cielo, es celebrada sólo por miembros del clero. La nave es simbólicamente la tierra, la morada de los hombres y mujeres que se preparan para entrar en la gloria. Esto es, por analogía, el mismo misterio de Cristo-Novio, que renueva en el presbiterio su sacrificio, recibido con gratitud por la Iglesia-Novia que todavía peregrina aquí abajo[16].

9. Esto hace cobrar sentido a la antigua prohibición no sólo de que las mujeres sirvan el altar, sino de que estén presentes en el presbiterio durante la liturgia. Así, nos encontramos con que, en Musica Sacra (1958)[17], no se permiten en el presbiterio coros que incluyan mujeres, y en la edición de 1975 de la Instrucción General del Misal Romano se excluye del presbiterio a las lectoras mujeres[18].

10.Lo que está aquí en juego es, como era de esperarse, la representación litúrgica de los principios teológicos, según la máxima legem credendi lex statuat supplicandi[19]. Estos principios no sólo son reflejados en la liturgia, sino que son ilustrados, enseñados y, en su debido tiempo, asimilados por los fieles que asisten a ella: se puede decir que la liturgia encarna esos principios[20]. Es por esta razón que la preservación íntegra de la forma extraordinaria del rito romano tiene un especial valor, porque esta forma es la articulación litúrgica de un conjunto de principios teológicos que son propios de la Iglesia. La “noble tradición” del acolitado masculino proporciona a la Iglesia una presentación aprehensible de la enseñanza sobre el papel de los sexos en la economía de la salvación y sobre la relación de Cristo con la Iglesia semejante a la del Novio con la Novia, que a su vez refleja la relación de Dios con la Creación.

[1] Notitiae 30 (1994) 333-335.

[2] Notitiae 37 (2001) 397-399.

[3] Juan Pablo II, Carta Apostólica Mulieris Dignitatem (1988), núm. 5: “Sed gratia, seu Dei actio supernaturalis, nunquam naturam excludit, quin immo eam perficiet et nobilitat”.

[4] Catecismo de la Iglesia Católica, núm. 2333.

[5] Sobre el pecado original, véase Mulieris Dignitatem, núm. 10.

[6] Mulieris Dignitatem, núm. 20: “Natura proin ac sponsalis inclinatio ipsius personae femeninae”.

[7] Mulieris Dignitatem, núm. 23 menciona a Oseas, Jeremías, Ezequiel e Isaías.

[8] Mulieris Dignitatem, núm. 25.

[9] San Ambrosio, Expos. Luc. II, 7: PL 15, 1555.

[10] Concilio Vaticano II, Constitución Lumen Gentium (1964), núm. 63.

[11] Mulieris Dignitatem, núm. 27: “Mariam Nazarethanam Ecclesiae figuram” Cf. Juan Pablo II, Encíclica Redemptoris Mater (1987), núm. 44: “María es modelo y figura de la Iglesia” (exemplar ac typus Ecclesiae).

[12] Mulieris Dignitatem, núm. 29.

[13] Juan Pablo II, Exhoración apostólica Vita Consecrata (1996), núm. 34: Hanc in sponsali ratione quae precipua est omnis consecratae vitae, mulier, propriam quasi indolem detegens suae cum Domino coniunctionis, se reperit ipsa. Esto se podría traducir más literalmente así: “En este modo esponsal de pensar, que es la más importante consideración de toda vida consagrada, la mujer, al descubrir el carácter particular, por decirlo así, de su unión con el Señor, se encuentra a sí misma”.

[14] Juan Pablo II, Carta Apostólica Ordinatio Sacerdotalis (1994), núm. 2.

[15] El Papa Benedicto XVI ha reiterado la identificación del sacerdote con Cristo como Novio de la Iglesia al explicar el significado y valor del celibato en el sacerdocio: “Esta elección [de celibato] tiene un primer y más importante significado de carácer nupcial: es una profunda identificación con el corazón de Cristo el Novio, que entrega su vida por su Novia” (Exhortación Postsinodal Sacramentum Caritatis [2007], núm. ). Cf. Juan Pablo II, Encíclica Redemptoris Mater, núm. 43.

[16] Sinoir, M., La question de l’admission des femmes au service de l’autel (París, Pierre Téqui, 1994), p. 26. La traducción al inglés ha sido hecha por el P. Brian Harrison OS.

[17] Pío XII, Instrucción de Musica Sacra et Sacra Liturgia (1958), núm. 100.

[18] Instrucción Genera del Misal Romano (1975), núm. 70.

[19] Pío XII, Encíclica Mediator Dei (1946), núm. 47.

[20] Cf. Cristopher Schönborn, Amar a la Iglesia: Ejercicios espirituales predicados en presencia del Papa Juan Pablo II (San Francisco: Ignatius Press, 1996), p. 205: “Y, con todo, cuán importantes son esos signos para “encarnar” la fe (en este pasaje se refiere a la orientación durante la liturgia)”.

 

HOMILIA: “QUERIDOS SACERDOTES, INTENTAD REDESCUBRIR LA MISA TRADICIONAL”

Publicamos un extracto de la homilía que Don Rinaldo Bombardelli, sacerdote italiano rector de la iglesia de la Santissima Annunziata en Trento (Italia), pronunció el pasado 29 noviembre de 2016. El padre Bombardelli celebra todos los domingos y fiestas de precepto la Misa tradicional en dicho templo. El texto íntegro de la homilía ha sido publicado en la Carta n° 575, del 27 de diciembre de 2016 por Paix liturgique, y puede leerlo íntegramente en francés pinchando aquí,

 

«Queridos sacerdotes, intentad redescubrir la Misa tradicional»

Hermanos y Hermanas:

«Nuestra hermosa fe católica nos ofrece la posibilidad de poder escuchar la palabra viva del Evangelio, por medio del magisterio milenario de la Iglesia, en la firmeza de la doctrina, por la gracia de los sacramentos, la oración y la liturgia.

Y a propósito de liturgia, precisamente en esta iglesia dedicada a María Santísima de la Anunciación, en Trento, –y sin ocultar una pizca de orgullo por pertenecer a esta iglesia de Trento que ha tenido el honor de hospedar, a pocos metros de dónde os estoy hablando, uno de los más grandes concilios de la historia de la Iglesia, el Concilio de Trento, concilio que ha llevado a cabo una inmensa reforma en la Iglesia protagonizada por una multitud de Santos y Santas–, tenemos la gracia de poder celebrar aquí todos los domingos la Santa Misa según el rito antiguo.

Una liturgia que contiene en sí, en sus silencios, en su carácter sagrado, en la centralidad que otorga al Sacrificio de Jesús sobre la Cruz, la respuesta a aquel Quærere Deum, ese buscar a Dios, al que me refería al principio. Es una liturgia que atrae mucho a los jóvenes, aunque esto pueda parecer increíble.

En realidad, y aquí me permito dar un consejo a mis hermanos sacerdotes que ahora me escuchan: nosotros hemos intentado de muchos modos atraer a las jóvenes generaciones a la iglesia y la Santa Misa. Recuerdo de pequeño las “misas beat”, después también las “misas rock” o las misas caracterizadas por particulares y hasta extravagantes modos de atraer a los jóvenes. Lo hemos hecho de buena fe, quizá con grandes expectativas pero que a menudo nos han dejado decepcionados.

Queridos hermanos sacerdotes, intentad redescubrir la Santa Misa antigua que, además de ser un extraordinario alimento para nuestra espiritualidad sacerdotal, ella también atrae, y mucho, a los jóvenes. Sucede en todo el mundo, y también aquí. ¿Por qué no debería suceder también entre vosotros?

El mundo necesita de Dios. Las naciones buscan a Dios. La Iglesia puede y debe ofrecer a Dios. Es nuestra tarea, es nuestro preciso deber, y al mismo tiempo es la alegría que llena nuestra vida. Esa alegría que tiene un nombre preciso: Jesucristo, el Hijo de María Santísima».

Fuente: El Búho escrutador.

 

ARTÍCULO: LA “RIGIDEZ” DE LA MISA TRADICIONAL PARA UN JOVEN CATÓLICO

A continuación, transcribimos del blog católico El Búho Escrutador, un interesante artículo aparecido en la revista Catholic Herald el pasado jueves 1° de diciembre:

 

“Sí, la misa tradicional es “rígida”; y este es un motivo por el que a nosotros los jóvenes nos encanta.

Por Paolo Gambi
En una entrevista publicada recientemente, el Papa Francisco dijo que estaba perplejo por los jóvenes que se sienten atraídos por la Misa tradicional latina. «Siempre trato de entender qué hay detrás de las personas que son demasiado jóvenes para haber vivido la liturgia preconciliar, pero que aún así la quieren», ha señalado. « ¿Por qué tanta rigidez?».

Como alguien que nació después de las reformas litúrgicas, pero prefiere la Misa antigua, creo que puedo responder a esta pregunta.

En primer lugar, la Misa tradicional es sencillamente más hermosa que la moderna: mejores ornamentos, cantos más solemnes, más reverencia. La belleza es un atributo de Dios. Si la belleza decae, se hace más difícil ver a Dios.

En segundo lugar, la Misa antigua proporciona un sentido más profundo de la identidad Católica. Actualmente en muchas parroquias la misa se ha convertido en algo demasiado similar a las celebraciones protestantes. Y si quisiésemos ser protestantes, fácilmente nos podríamos convertir.

En cambio, me gustaría volver al latín. El latín ha sido la lengua de los católicos occidentales desde el principio. Si la objeción consiste en que en el pasado era la lengua más hablada y ahora la gente no lo usa, entonces todas las misas deberían ser en inglés; o tal vez en chino. El latín no es sólo una lengua antigua; es un símbolo de nuestra identidad.

En tercer lugar, en cuanto a la rigidez, yo diría que la misa antigua es “rígida”de suyo, y eso es una buena cosa. Nosotros, la generación más joven, necesitamos cierta rigidez, rodeados como estamos por los sistemas de pensamiento débil y de “sociedades líquidas”. Si percibimos la Misa como algo rígido, compacto y riguroso, aquello puede ser atractivo. Si es algo meramente social, entonces tenemos mejores lugares sociales que frecuentar.

Si esto no te convence del valor imperecedero de la misa antigua, entonces ¿qué dirías de lo siguiente? Piensa en todos los santos que han sido formados por esta misa a lo largo de los siglos. Si los ha producido, no puede ser algo tan malo, ¿verdad?”.

Artículo original: Catholic Herald.

Traducción de P. Fernández. (Las imágenes y destacados están tomados del mismo texto original)

 

LA ETERNA JUVENTUD DE LA MISA TRADICIONAL

HOMILIA OBISPO SCHNEIDER EN SEVILLA: LA SANTA MISA, NUESTRO DIVINO TESORO

Nos complace ofrecerles el texto íntegro de la bellísima y profunda homilía que pronunció Monseñor Athanasius Schneider, obispo auxiliar de Astaná (Kazajistán), ante más de dos centenares de fieles, durante la Misa prelaticia tradicional o en su Forma Extraordinaria que ofició el pasado Domingo 11 de Diciembre, III de Adviento o Gaudete, en la Iglesia parroquial de Santa Cruz de Sevilla (España), y fue organizada por la Asociación Una Voce Sevilla.

 

La Santa Misa: nuestro divino tesoro

Queridos hermanos en Cristo: En estos momentos participamos en la obra más santa, grandiosa, maravillosa y divina de toda la creación y en toda la eternidad: el Santo Sacrificio de la Misa. En sustancia, la Santa Misa es lo mismo que el Santo Sacrificio del Gólgota.

El célebre arzobispo Fulton Sheen dijo de la Santa Misa: «Hay ciertas cosas en la vida que son demasiado bellas para olvidarse. Tal el amor de una madre. Por eso guardamos su fotografía como un tesoro. El amor de los soldados, que se sacrificaron por su patria, es igualmente demasiado hermoso para ser olvidado. Y por eso reverenciamos su recuerdo en el Día de los Caídos. Pero la más grande bendición que jamás descendió a este mundo fue la visita del Hijo de Dios en forma y en hábito de hombre. Su vida, sobre todas las vidas, es demasiado bella para olvidarse; y por eso guardamos como un tesoro la divinidad de sus Palabras en la Sagrada Escritura y la caridad de sus obras en nuestras acciones diarias. Desgraciadamente, esto es todo lo que algunas almas recuerdan: concretamente sus Palabras y sus Obras; y sin embargo, siendo tan importantes, no son la mayor característica del Salvador Divino. El acto más sublime de la historia de Cristo fue su muerte. […] Él mismo nos dijo que había venido al mundo “a dar su vida para la redención de muchos”. […] Si, pues, la muerte fue el momento supremo por el que vivió Cristo, eso fue precisamente lo único de lo que Él mostró deseo de que lo recordásemos. No pidió que se consignasen por escrito sus Palabras en la Escritura; no pidió que se recordase en la historia su bondad para con los pobres; pero sí pidió que los hombres recordasen su muerte. Y para que su recuerdo no fuese una narración arbitraria por parte de los hombres, Él mismo instituyó el modo concreto como había de ser conmemorada

Citemos una vez más a monseñor Fulton Sheen: «Por eso la Misa es para nosotros el acto cumbre del culto cristiano. El púlpito, en el cual se repite la palabra de Nuestro Señor, no nos une con Él; el coro, en que resuenan suaves melodías, no nos aproxima más a su cruz que a sus vestiduras. Un templo sin el altar del sacrificio no existe entre los pueblos primitivos y no tiene sentido entre los cristianos. Y así, en la Iglesia Católica el altar, y no el púlpito, o el coro, o el órgano, es el centro del culto; porque en él se celebra el memorial de su Pasión. […] La misa es por esta razón el más grande acontecimiento de la humanidad, el único Acto Santo que aparta la ira de Dios de un mundo pecador, porque levanta la cruz entre el Cielo y la Tierra, renovando así el momento decisivo en que nuestra triste y trágica humanidad pasó de repente a la plenitud de la vida sobrenatural

Si reconocemos y creemos verdaderamente todo lo que es cada Santa Misa, cada detalle del ritual de la Misa, cada palabra, cada gesto es importante, hondamente espiritual y lleno de sentido. Ya desde el momento en que entramos en una iglesia para participar de la Santa Misa, tenemos que tratar de elevar la mente y el corazón al Gólgota y a la liturgia celestial. El beato cardenal John Henry Newman escribió: «Sólo la Iglesia Católica es bella. Entenderíais lo que digo si vierais una catedral o una iglesia en alguna de nuestras grandes ciudades. El celebrante, el diácono y el subdiácono, los acólitos con cirios, el incienso, los cantos, todo apuntando a un mismo fin, a un solo acto de culto. Notas que realmente estás adorando; todos tus sentidos, ojos, oídos, el olor, todo te dice que se está llevando a cabo un acto de culto» (en palabras de White en la novela Perder y ganar, op. cit. p. 73).

San Juan María Vianney explicó la grandeza de la Santa Misa con estas palabras tan sencillas impregnadas de una fe muy profunda: «Todas las buenas obras juntas no son comparables al Sacrificio de la Misa, porque son obras de hombres, mientras que la Santa Misa es obra de Dios. El martirio no es nada en comparación, porque es el sacrificio en el que el hombre ofrenda su vida a Dios; pero la Misa es el sacrificio en el que ofrenda al hombre su Cuerpo y su Sangre. ¡Oh, qué grande es el sacerdote! Si se diese cuenta, moriría. Dios le obedece: pronuncia dos palabras, y Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña hostia. Dios mira el altar y dice: “Ahí esta mi Hijo amado en quien me complazco“. No puede rechazar nada ante los méritos de la ofrenda de semejante Víctima. Si alguien nos dijera: “A tal hora resucitará fulano”, nos apresuraríamos a ir a verlo. ¿Y acaso la Consagración, que transforma el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Dios, no es un milagro mucho mayor que resucitar a un muerto? Si conociéramos el valor del Santo Sacrificio de la Misa, o mejor, su tuviéramos fe, deberíamos asistir a él con mucho más fervor».

Cada uno de los fieles, cuando se acerca al divino Cuerpo de Cristo en el momento de la Sagrada Comunión, no sólo debe manifestar al Señor la pureza interior del alma, sino también la adoración externa del cuerpo, y saludarlo de rodillas y con actitud de humildad y de infancia espiritual, abriendo la boca y dejando que Cristo, por la mano del sacerdote que actúa en su lugar, in persona Christi, le dé de comer. La verdadera grandeza se manifiesta al empequeñecerse . San Pedro Julián Eymard dijo: «¿No tendrá Jesucristo más derecho a nuestra adoración, puesto que mayores son sus sacrificios y más profundo su abatimiento? Para Él el honor solemne, la magnificencia, la riqueza y la belleza del culto católico. Dios fijó hasta los más menudos pormenores de culto mosaico, aunque no era más que una figura. Por el culto y el honor que se rinde a Jesucristo podemos conocer la fe de un pueblo. A Jesús Eucaristía todo honor; ¡es digno de él y le tiene perfecto derecho!» (Obras eucarísticas. La Presencia Real. Madrid 1963, pp. 135,136).

Queridos hermanos, recibamos al Señor de la Eucaristía con amor, con pureza de corazón, con actitud adorante, de rodillas y humildemente, abriendo la boca para recibir en la Sagrada Forma al Santísimo, al Rey del universo. Señor, cuando te tenemos en la Eucaristía, lo tenemos todo, y nada nos faltará. Amén.

+ Athanasius Scheneider (Obispo auxiliar de Astaná – Kazajistán)