COMUNICADO DE UNA VOCE INTERNACIONAL ANTE EL RESCRIPTO SOBRE LA MISA TRADICIONAL

Fuente: Una Voce Argentina

El martes 21 de febrero, la Oficina de Prensa de la Santa Sede publicó un rescripto confirmando, para el Dicasterio para el Culto Divino, ciertos puntos legales en relación a la interpretación de la carta apostólica del papa Francisco Traditionis Custodes.

El punto clave es que, a partir de ahora, el permiso para el uso de una iglesia parroquial para celebraciones del Misal de 1962 sólo podrá ser concedido por el Dicasterio. El rescripto hace referencia al canon 87.1 que establece que los obispos pueden levantar las obligaciones de derecho universal por el bien de las almas en su diócesis: esto ya no se aplica, ya que el asunto está “reservado a la Santa Sede”.

El efecto de esta decisión dependerá del grado en que las disposiciones actuales para la celebración del Misal de 1962 dependan del uso de las iglesias parroquiales en una localidad concreta; de la voluntad de los obispos de pedir permiso al Dicasterio para que continúen las celebraciones en dichas iglesias; y de la respuesta del Dicasterio a estas peticiones.

Si los obispos de todo el mundo solicitan permiso para todas las celebraciones de la Misa de 1962 que tienen lugar en las iglesias parroquiales de sus diócesis, el Dicasterio tendrá que examinar cientos de casos, lo que planteará la cuestión de la viabilidad del desempeño de su función.

La Latin Mass Society y la Federación Internacional Una Voce desean expresar su consternación por el hecho de que se haya centralizado de este modo la autoridad sobre un asunto de tanta sensibilidad pastoral.

Se producirán graves daños pastorales si no se concede el permiso cuando no se disponga de lugares de culto alternativos para el uso de las comunidades vinculadas a la forma mas antigua de la Misa.

En lugar de integrarlas en la vida parroquial, la restricción del uso de las iglesias parroquiales marginará y empujará a la periferia a los fieles católicos que sólo desean dar culto, en comunión con sus obispos, con una forma de Liturgia permitida por la Iglesia. Este deseo fue descrito como una “aspiración legítima” por el papa Juan Pablo II, y esta Liturgia fue descrita como una “riqueza” por el papa Benedicto XVI.

Hacemos un llamamiento a todos los católicos de buena voluntad para que ofrezcan oraciones y penitencias esta Cuaresma por la resolución de esta cuestión y la libertad de la Misa Tradicional.

Aspectos prácticos

El rescripto no tiene efecto automático: las celebraciones previamente organizadas tendrán lugar a menos que los sacerdotes y fieles sean notificados de lo contrario por el obispo de la diócesis. El rescripto aclara o modifica el sentido de Traditionis Custodes, que está dirigido a los obispos, y son éstos quienes tienen la tarea de implementarlo.

Será lícito que las celebraciones continúen mientras se preparan y tramitan las solicitudes.

El rescripto no afectará a las celebraciones en templos no categorizados formalmente como “iglesias parroquiales”. Véase más abajo una explicación completa.

Más explicaciones

El rescripto contiene otros dos puntos: la reserva de la Santa Sede del permiso para la erección de nuevas parroquias personales, y el permiso para que los sacerdotes ordenados después de la publicación de Traditionis Custodes (17 de julio de 2021) celebren con el Misal de 1962. Todo ello no hace sino confirmar el sentido conocido de la legislación original.

Por el contrario, se ha señalado ampliamente que los obispos tienen derecho, en virtud del canon 87.1, a levantar las obligaciones de derecho universal, incluso sobre la celebración de la Misa Tradicional en las iglesias parroquiales, a menos que el asunto esté explícitamente reservado a la Santa Sede, y esto ha causado claramente cierto descontento en el Dicasterio.

Las iglesias parroquiales son los templos principales de una jurisdicción parroquial: muchos de estas jurisdicciones están compuestas por más de un templo, y muchos otros no. Otra clasificación de templo son las “capillas” (conocidas con diversos nombres en distintos países), que son iglesias secundarias de una parroquia atendidas por el clero de la misma. También se incluyen a iglesias anexas a casas religiosas y a casas particulares, iglesias designadas como santuarios, e iglesias dedicadas a servir a un grupo particular no identificado en referencia a los límites geográficos de una jurisdicción parroquial, es decir, parroquias personales y capellanías (incluidas las capellanías étnicas).

El estatus de una iglesia como parroquia es una cuestión que debe determinar el obispo (de acuerdo con los procedimientos establecidos) al erigir, abolir o fusionar parroquias.

Algunas diócesis tienen muchas iglesias no parroquiales; otras, muy pocas. En algunos países no hay iglesias parroquiales, porque no se ha establecido una estructura parroquial. En algunos casos, las catedrales son iglesias parroquiales, y en otros no.

El hecho de que la existencia de iglesias no parroquiales sea tan variada por razones de historia y circunstancias locales hace que la atención a la celebración según el Misal de 1962 en iglesias parroquiales sea desconcertante, y las restricciones a estas celebraciones potencialmente muy arbitrarias e injustas. Las restricciones al uso de las iglesias parroquiales se sentirán mucho más en los Estados Unidos de América, por ejemplo, que en Italia.

Las parroquias personales son una posible estructura legal a través de la cual se puede hacer una provisión formal para el Misal de 1962. En algunos países en los que la Misa Tradicional está muy extendida, como Inglaterra y Gales, esta estructura se ha utilizado muy poco. Las alternativas incluyen el establecimiento de un santuario para la celebración según este Misal, o su celebración junto con la Misa reformada en una iglesia parroquial o no parroquial. La estructura legal de una parroquia personal otorga al sacerdote a cargo muchos de los deberes y privilegios de un párroco, pero no convierte a la iglesia donde tiene su sede en una “iglesia parroquial”. Una parroquia personal puede tener su sede en una iglesia santuario, una iglesia compartida con una parroquia geográfica o cualquier otro lugar de culto.

22 de febrero de 2023, Miércoles de Cenizas.

Original en ingles http://www.fiuv.org/2023/02/the-rescript-press-release.html…


Mas comentarios del Dr. Joseph Shaw, presidente de la FIUV y de la Latin Mass Society:

La Latin Mass Society y otros grupos de Una Voce fueron fundados y continúan existiendo para hacer posible la celebración pública de la Misa Tradicional en total conformidad con la ley de la Iglesia y bajo la autoridad del obispo local. En la medida en que esto se vuelve imposible, entonces la moralidad de las celebraciones ilícitas se vuelve más fuerte. Las personas que abogan por la ‘desobediencia’ deberían estar agradecidas con el movimiento Una Voce por defender estas ideas.

No vamos a dejar de buscar permisos, donde se necesiten, para celebraciones públicas, en iglesias propias y con reconocimiento del obispo. Las Misas en cuchitriles pueden resolver un problema local, pero no son la salida de la crisis litúrgica actual. Lo que la Iglesia necesita es que la Misa Tradicional tenga un lugar de honor en ella: sin excluir nada, sin imponerla a nadie, pero disponible como un enriquecimiento de la vida litúrgica de los católicos de a pie y una expresión pública de la continuidad de la Iglesia con los siglos anteriores.

Ese es nuestro objetivo, y espero que sea compartido por muchos católicos de buena voluntad con todo tipo de preferencias litúrgicas. Esto no tiene por qué ser una batalla o una guerra. Debería tratarse simplemente de satisfacer las necesidades espirituales de las personas de la mejor manera posible.

FIUV: LLAMAMIENTO MUNDIAL A LA ORACIÓN Y PENITENCIA POR LA LIBERTAD DE LA MISA TRADICIONAL

En el día de la Festividad de Nuestra Señora de Lourdes, la Federación Internacional Una Voce hace un llamamiento a nivel mundial para suplicar oraciones y penitencias en la próxima Cuaresma por la libertad de la Misa según el rito Romano tradicional. Llamamiento al que se une, como no podía ser de otra manera, la asociación y comunidad de Una Voce Sevilla y el Grupo Joven Sursum Corda. A continuación, el texto oficial:

Petición de oraciones y penitencias en Cuaresma por la libertad de la Misa Tradicional

La Federación Internacional Una Voce, junto a otras organizaciones, grupos e individuos fieles de la Misa tradicional hacen una llamada a todos los católicos de buena voluntad para que ofrezcan oraciones y penitencias durante el tiempo de Cuaresma, en particular por una intención: la libertad de la Misa tradicional.

No sabemos cómo de creíbles puedan ser los rumores acerca de nuevas disposiciones o documentos de la Santa Sede sobre este particular, pero dichos rumores apuntan a una situación de duda, conflicto y aprensión que es gravemente perjudicial para la misión de la Iglesia. Apelamos a nuestro Señor, a través de Su Santísima Madre, para que restaure para todos y cada uno de los católicos el derecho y la oportunidad de adorar a Dios de acuerdo con las venerables tradiciones litúrgicas de la Iglesia, en perfecta unidad con el Santo Padre y los obispos de toda la Iglesia.

FEDERACIÓN INTERNACIONAL UNA VOCE (Foederatio Internationalis Una Voce, FIUV) www.fiuv.org

EL LEGADO LITÚRGICO DEL PAPA BENEDICTO XVI (IV)

Esta semana reproducimos el texto en español, publicado por la web Caminante Wanderer, de la conferencia impartida por Monseñor Nicola Bux durante el Encuentro Paix Liturgique que se celebró en Roma el pasado 28 de octubre de 2022, donde se aborda el importante papel que juega hoy la Liturgia en la Iglesia, enlazando la Encíclica Mediator Dei de Pío XII con el legado litúrgico del Papa Benedicto XVI, y, en concreto, con el Motu Proprio Summorum Pontificum sobre la Misa Tradicional, y la llamada «hermenéutica de la continuidad».

Cabe destacar que don Nicola Bux fue nombrado por Benedicto XVI consultor de la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice y siempre estuvo muy cercano a él.

DE LA MEDIATOR DEI AL SUMMORUM PONTIFICUM: REMEDIOS PARA EL COLAPSO DE LA LITURGIA, CONCEBIDA COMO SI DIOS NO ESTUVIERA EN ELLA

Introducción

¿Qué hay detrás de la cuestión litúrgica de hoy? Existe una falta de voluntad para reconocer el hecho de que el Verbo divino se encarnó y, tras su ascensión al Cielo, continúa su presencia en el mundo a través de la liturgia, que no sería sagrada si no existiera la Presencia divina; en continuidad con la shekhinàh del Antiguo Testamento, donde «la revelación se convierte en liturgia». Los Salmos repiten: «Iré a la presencia del Señor», porque los ritos se celebraban ante él. La liturgia utiliza el término Misterio en singular y en plural, para indicar la aparición de la Presencia en la liturgia. El hombre creyente está llamado a entrar en relación con él; el término adorar, de colere,
significa cultivar una relación con Dios. Esto sucede con los ritos litúrgicos, que son ordenados (ordo), disciplinados por la Iglesia según las disposiciones, las reglas que Dios mismo ha dado en la revelación bíblica, para preservarlos de la idolatría. La indisciplina del culto es la reducción a la medida humana, es decir, hacer una imagen deformada de Dios. El culto es divino si garantiza los derechos de Dios y los de los fieles que tienen derecho a recibir el verdadero culto.
La Iglesia sabe que es semper reformanda en sus aspectos humanos, sujeta a deformaciones; del mismo modo, la liturgia en sus aspectos rituales crece y progresa, pero sin ruptura alguna: lo que era sagrado, sigue siendo sagrado y grande. Por desgracia, la ignorancia de la historia lleva a algunos eclesiásticos a prohibir o juzgar perjudicial lo que la tradición entrega a las nuevas generaciones. La tradición es necesaria y la innovación ineludible, y ambas están en la naturaleza del cuerpo eclesial como del cuerpo humano. No son opuestos entre sí, sino complementarios e interdependientes. Pablo VI, durante la reunión del Concilio, reiteró: «nada cambia realmente de la doctrina tradicional. Lo que Cristo quiso, nosotros también lo queremos. Lo que quedaba. Lo que la Iglesia enseñó durante siglos, nosotros también lo enseñamos». ¿Qué diría hoy? Puesto que en la sagrada liturgia se manifiesta la Iglesia una y católica, santa y apostólica, que es la misma en todas las épocas, ¿puede existir una idea de Iglesia diferente de la que el concilio definió en la constitución dogmática Lumen gentium y que está sujeta a la Sacrosanctum Concilium? ¿Qué ha ocurrido?

2. Mediator Dei: la persona de Cristo en el centro de la liturgia
Han pasado setenta y cinco años desde Mediator Dei, publicado el 20 de noviembre de 1947 por el Venerable Pío XII: el documento doctrinal más importante sobre la liturgia antes del Concilio Vaticano II, sin el cual no puede entenderse plenamente la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, publicada sólo dieciséis años después, el 4 de diciembre de 1963. Es su fuente principal, en términos de enfoque clásico y contenido doctrinal, y un término de comparación con las instancias antiguas y nuevas de la liturgia. «Pío XII había creado una comisión para la reforma general de la liturgia, que iniciaría sus trabajos en 1948 y que, en 1959, se fundiría en la comisión preparatoria del Concilio para la liturgia. Por tanto, no está fuera de lugar afirmar que la constitución sobre la liturgia del Vaticano II había empezado a prepararse ya en 1948, inspirándose en la encíclica». El minucioso trabajo preparatorio evitó que el proyecto de constitución fuera rechazado, a diferencia de todos los demás.
La encíclica Mediator Dei, en relación con el tema que nos ocupa, afirma que el culto o liturgia sólo tiene lugar por, con y en Jesucristo: de lo contrario, no llega a Dios Padre para adorarle, ni a nosotros para santificarnos. Por lo tanto, no lo hacemos y esto explica el comienzo de la encíclica: «El Mediador entre Dios y los hombres» (1 Tm 2,5), el gran pontífice que penetró en los cielos, Jesús el Hijo de Dios (cf. Hb 4,14 ) tomó sobre sí la obra de misericordia con la que enriqueció a la humanidad con dones sobrenaturales[…] Trató de procurar la salud de las almas mediante el ejercicio continuo de la oración y el sacrificio, hasta que, en la Cruz, se ofreció a sí mismo como víctima inmaculada a Dios para limpiar nuestra conciencia de obras muertas a fin de servir al Dios vivo (cf. ibíd. 9:14)[…]. El Divino Redentor quiso, pues, que la vida sacerdotal que había iniciado en su Cuerpo mortal… no cesara en el transcurso de los siglos en su Cuerpo Místico, que es la Iglesia; y por eso ofreció un sacerdocio visible para ofrecer en todas partes la oblación limpia (cf. Mal 1,11), a fin de que todos los hombres, de Oriente y Occidente, liberados del pecado, por deber de conciencia pudieran servir a Dios espontánea y voluntariamente. La Iglesia, por tanto, fiel al mandato recibido de su Fundador, continúa el oficio sacerdotal de Jesucristo sobre todo mediante la Sagrada Liturgia» (I,1). Tal introducción deja claro que no se puede hablar de liturgia sin partir de Cristo como Mediator Dei, a menos que se la entienda como la manifestación suprema y continua de esa mediación. Es el «lugar» del encuentro entre Dios y el hombre y hace de la liturgia la cumbre de la vida de la Iglesia y la fuente de toda gracia. La liturgia «culmen et fons», la ya famosa endiada de Sacrosanctum Concilium que resume el concepto, se encuentra ya en la Introducción de Mediator Dei.
Hay un elemento esencial de la liturgia católica: «En cada acción litúrgica, por tanto, junto a la Iglesia, está presente su Divino Fundador: Cristo está presente en el augusto Sacrificio del altar tanto en la persona de su ministro como especialmente bajo las especies eucarísticas; está presente en los sacramentos con la virtud que transfunde en ellos para que sean instrumentos eficaces desantidad; está presente finalmente en las alabanzas y súplicas dirigidas a Dios, como está escrito: ‘Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos'(Mt 18,20)»(I,1). El versículo se retoma en el conocido párrafo de la constitución litúrgica sobre la presencia de Cristo
(n. 7) con el único añadido «Él está presente en su palabra, pues es Él quien habla cuando se lee la Sagrada Escritura en la Iglesia»; anteriormente se indica a Cristo como «Mediador entre Dios y los hombres» y «plenitud del culto divino» (n. 5).
La encíclica pudo así definir la liturgia como «el culto integral del Cuerpo Místico de Jesucristo, es decir, de la Cabeza y de sus miembros». La liturgia sirve para elevar el alma cada vez más hacia Dios, para con-sacrificarla: «así, el sacerdocio de Jesucristo actúa siempre en la sucesión de los tiempos, y la liturgia no es otra cosa que el ejercicio de este sacerdocio» (I, 1). Pío XII, remitiéndose a la constitución Divini cultus de su predecesor Pío XI, observa que la jerarquía eclesiástica «no dudaba, sin perjuicio de la sustancia del sacrificio eucarístico y de los sacramentos, en cambiar lo que no consideraba conveniente, en añadir lo que parecía contribuir mejor al honor de Jesucristo y de la augusta Trinidad, a la instrucción y al estímulo saludable del pueblo cristiano» (I,4). En efecto, la liturgia se compone de elementos divinos y humanos: «de ahí que instituciones piadosas olvidadas en el tiempo sean a veces recuperadas en el uso y renovadas» (I,4). Este es el criterio que guiará al papa en la restauración del Ordo de Semana Santa -sobre el que no nos detendremos- poniendo en uso las antiguas tradiciones y que se incorporará a la constitución conciliar (cf. Sacrosanctum Concilium, nº 50). Ese criterio, según Mediator Dei, preside la evolución de los ritos, pero sin caer en el arqueologismo: «La liturgia de los tiempos antiguos es sin duda digna de veneración, pero un uso antiguo no es, por su sola antigüedad, el mejor… Incluso los ritos litúrgicos más recientes son respetables, ya que han surgido por influencia del Espíritu Santo» (I,5).

La reforma litúrgica, según Pío XII, resulta así de la necesidad de las cosas, porque la liturgia misma es una forma que tiende continuamente a reformarse en el sentido de un desarrollo orgánico. Los abusos no pueden ponerlo en duda; de ahí que recuerde que «para proteger la santidad del culto contra los abusos» existe la Congregación de Ritos. La liturgia es una manifestación del cuerpo y la Cabeza de la Iglesia, un organismo que produce energías siempre nuevas al tiempo que conserva su forma fundamental. Todo esto se reafirmará en la constitución litúrgica (cf. nº 21). La encíclica trata en la Parte III, del oficio divino y del año litúrgico, partiendo del principio de que el ideal de la vida cristiana está en la unión íntima con Dios, que sólo puede realizarse: «‘por medio de nuestro Señor Jesucristo’, quien, como mediador entre nosotros y Dios, muestra sus gloriosos estigmas al Padre celestial, ‘siempre vivo para interceder por nosotros’ (Hb 7,25)» (III,1). Se recomienda a los fieles la recitación de los salmos y la participación activa en el rezo de las vísperas dominicales y festivas.
En cuanto al año litúrgico, se recuerda que tiene como centro la «persona de Jesucristo… nuestro Salvador en los misterios de la humillación, la redención y el triunfo». Al recordar estos misterios de Jesucristo, la sagrada liturgia pretende hacer partícipes de ellos a todos los creyentes para que la Cabeza Divina del Cuerpo Místico viva en la plenitud de su santidad en cada uno de sus miembros» (III, 2).

3.Summorum Pontificum: la primacía de Dios en la liturgia
El 7 de julio de 2007, el Sumo Pontífice Benedicto XVI promulgó la Carta Apostólica Motu proprio «Summorum Pontificum», con la que pretendía dotar de una disciplina renovada al uso del Misal Romano anterior a la reforma deseada por Pablo VI y el Concilio Ecuménico Vaticano II. También hay que señalar que, para una exposición exhaustiva, el documento debe leerse y analizarse en correlación con la Carta a los obispos, que acompañaba al mismo Motu proprio, y con la Instrucción aplicativa «Universae Ecclesiae» del 30 de abril de 2011, que aclaraba y completaba toda la disciplina. Hay que tener en cuenta lo que dijo a este respecto el cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos: «Lejos de ocuparse únicamente de la cuestión jurídica del estatus del antiguo Misal Romano, el Motu proprio plantea la cuestión de la esencia misma de la liturgia y de su lugar en la Iglesia. Lo que está en juego es el lugar de Dios, la primacía de Dios. Como subraya el «papa de la liturgia» (ed. Benedicto XVI): «La verdadera renovación de la liturgia es la condición fundamental para la renovación de la Iglesia»: el
Motu proprio es un documento magisterial capital sobre el sentido profundo de la liturgia y, en consecuencia, de toda la vida de la Iglesia».
La cuestión de la Sociedad de San Pío X influyó sin duda en la decisión de promulgar Summorum Pontificum, pero creemos que no fue la única motivación decisiva, como se desprende de la continuación de la citada Carta: «Todos sabemos que, en el movimiento dirigido por el arzobispo Lefebvre, la fidelidad al misal antiguo se convirtió en un marcador externo; las razones de esta escisión, que surgió aquí, se encuentran, sin embargo, más profundamente. Muchas personas, que aceptaban claramente el carácter vinculante del Concilio Vaticano II y que eran fieles al Papa y a los obispos, deseaban sin embargo redescubrir la forma, para ellos muy querida, de la sagrada liturgia.
Esto sucedió ante todo porque en muchos lugares no se celebraba de forma fiel a las prescripciones del nuevo Misal, sino que se entendía incluso como una autorización o incluso una obligación a la creatividad, lo que a menudo conducía a deformaciones de la liturgia que estaban en el límite de lo soportable. Hablo por experiencia, porque yo también viví ese periodo con todas sus expectativas y confusiones. Y vi lo profundamente heridas que estaban personas totalmente arraigadas en la fe de la Iglesia por las deformaciones arbitrarias de la Liturgia.
He aquí la verdadera y profunda razón de Summorum Pontificum: Responder de manera más adecuada y eficaz a la necesidad espiritual y pastoral de quienes, aun prestando la debida deferencia y obediencia a lo establecido por el Concilio Ecuménico Vaticano II, sacudidos y perplejos por las «deformaciones» litúrgicas que se produjeron en el período inmediatamente posterior al Concilio -y que aún hoy nos vemos obligados a presenciar en muchos casos- encontraron y encuentran en laforma litúrgica anterior la manera más adecuada y fructífera de cultivar su relación con Dios.
Tras mostrar lo infundado de los temores, la Carta aporta la razón positiva, podríamos decir el verdadero objetivo «doctrinal»: «Una reconciliación interna en el seno de la Iglesia». El Pontífice insta a «hacer todo lo posible para que todos los que desean verdaderamente la unidad puedan permanecer en ella o reencontrarla». Resuenan las palabras admonitorias de Jesús: «que sean uno para que el mundo vea y crea». ¿Quién podría oponerse a ello? Sin embargo, hay quienes no están de acuerdo con el siguiente pasaje de la carta: «No hay contradicción entre una y otra edición del Misal Romano. En la historia de la liturgia hay crecimiento y progreso, pero no ruptura. Lo que era
sagrado para las generaciones anteriores, sigue siendo sagrado y grandioso también para nosotros, y no puede prohibirse de repente ni siquiera juzgarse perjudicial. Es bueno para todos nosotros preservar las riquezas que han crecido en la fe y la oración de la Iglesia, y darles el lugar que les corresponde. Es una admonición para que todas las partes encuentren el equilibrio adecuado y saludable. La insistencia de Mediator Dei (§ 60) en el uso del latín como antídoto contra la corruptibilidad de la doctrina pura, ayuda a comprender que el Vetus Ordo no sólo se busca por «indietrismo», sino también porque la lengua oficial de la Iglesia lo impide mejor que cualquier otra cosa.

Progreso y Desarrollo de la Liturgia (Mediator Dei, §§ 49-56), enunciado por Pío XII, ha sido puesto en práctica por Benedicto XVI. La Iglesia y la Liturgia están sujetas a deformaciones de las formas, por lo que son semper reformandae, según el principio de desarrollo orgánico, de continuidad y no de ruptura, o de restauración para devolverlas al origen: éste es el sentido de la expresión «reforma de la reforma». Una reforma que, por su propia naturaleza, no puede ser irreversible, como pretende el Papa Francisco. Por ello, la cuestión de fondo fue recordada de corazón por Benedicto XVI: «En nuestro tiempo, cuando en vastas zonas de la tierra la fe corre el peligro de extinguirse como una llama que ya no encuentra alimento, la prioridad ante todo es hacer presente a Dios en este mundo y abrir a los hombres el acceso a Dios. No a cualquier dios, sino a ese Dios que habló en el Sinaí; a ese Dios cuyo rostro reconocemos en el amor llevado hasta el extremo (cf. Jn 13,1) en Jesucristo crucificado y resucitado».

4 – El Codex Iuris Liturgici: un remedio fallido
Mediator Dei y Summorum Pontificum constituyen el remedio a una concepción de la liturgia privada de la Presencia Divina, porque frente al arqueologismo, las deformaciones y los abusos, reafirman el derecho litúrgico como protección de los derechos de Dios en el culto.
Es cierto que, antes del Concilio Vaticano II, las normas que regulaban los ritos y su ejecución estaban expuestas a una escrupulosidad excesiva o a la aproximación; el papa Pío XII quiso la reforma sobre todo para aliviar a los sacerdotes en la cura de almas sobrecargados por los compromisos del apostolado. Esto condujo a la simplificación de las rúbricas del Misal y del Breviario, que se llevó a cabo mediante el decreto de la Congregación de Ritos del 23 de marzo de 1955. Pero esta revisión de los libros litúrgicos estuvo precedida por un acto que iba a influir en la reforma litúrgica conciliar: la publicación en 1948 por la Sección Histórica de la Sagrada Congregación de Ritos de la «Memoria sobre la reforma litúrgica», que «constituye… la guía general de todo el proyecto de reforma». La lectura de este documento, que sigue poco después a Mediator
Dei, ayuda a comprender los principios fundamentales de la reforma, incluido el de equilibrar las pretensiones opuestas de la tendencia conservadora y la tendencia innovadora: una cuestión que sigue siendo relevante hoy en día. Pero aún más interesante es, en el tercer capítulo, la mención de un «Codex Iuris Liturgici»: el documento afirma: «Una vez realizada definitivamente la reforma propiamente dicha, será necesario un último elemento que garantice la estabilidad de la reforma y la organicidad de los futuros desarrollos de la vida litúrgica; todo ello se conseguirá con el tan ansiado Codex liturgicus, que debe representar la coronación de la Reforma y asegurar su aplicación y estabilidad». Es significativa en la «Memoria» la anotación de que las diversas unidades rituales nunca habían sido ordenadas, salvo los textos añadidos, tras las reformas de Pío X, en las ediciones del Breviario y del Misal. Así pues, había surgido mucha confusión y no pocas contradicciones entre diferentes fuentes y disposiciones, en una época en la que los estudios litúrgicos, el arte y la música sacra habían ido avanzando, gracias también al movimiento litúrgico. La «Memoria» no oculta las causas, en particular el aumento en los sacerdotes de la desafección a las rúbricas y las prescripciones rituales. Así tomó forma la idea de una codificación general de la liturgia, aunque los expertos no ocultaron que, para reformar la liturgia de forma seria y duradera, era necesario preparar una plataforma jurídica, a saber, un Codex Iuris Liturgici. Así debía proceder la reforma, junto con la redacción de los cánones apropiados del Códice Litúrgico, sin excluir los relativos al arte sacro y la música. Por otra parte, las rúbricas del Breviario y del Misal debían redactarse por sí mismas e introducirse en el Códice en el momento de su redacción; la idea era disponer de rúbricas sencillas y claras, similares a artículos concisos como los cánones del Código de Derecho Canónico.
El Codex Iuris liturgici nunca volvió a realizarse. Pero se mantuvo la idea de una plataforma estable sobre la que asentar la reforma de la liturgia. De hecho, casi puede verse esbozado en principio, a pesar de algunas contradicciones, con la Constitución Litúrgica Sacrosanctum Concilium del Vaticano II; pero la anomia y la anarquía, con el pretexto de la creatividad, parecen haberlo contradicho y frustrado. Mientras reinaba Pío XII, los trabajos sobre las rúbricas siguieron adelante, con una amplia consulta a los obispos y la decisión de reformarlas todas sistemáticamente; para ello se creó una comisión de expertos.
La mencionada simplificación se llevó a cabo en 1955: fue el origen del Codex Rubricarum que sustituiría totalmente a los textos de Pío V. De hecho, con el Motu Proprio Rubricarum instructum del 25 de julio de 1960, Juan XXIII aprobó las nuevas rúbricas del Breviario y del Misal, aplicando las disposiciones de Pío XII, pero posponiendo el tratamiento de los principios de la reforma litúrgica al Concilio, que se había reunido un año antes.
Lo que se ha esbozado hasta ahora nos permite comprender cómo, bajo Pío XII, la observancia de las rúbricas de los ritos litúrgicos se consideraba como una forma de la tradición ininterrumpida de la liturgia de la Iglesia y no como algo ajeno a ella. Tal vez pueda suponerse que si Pío XII hubiera logrado promulgar el Codex Iuris Liturgici, la reforma relanzada por el Concilio Vaticano II habría estado en cierto modo al abrigo de las deformaciones y abusos que se produjeron posteriormente.
El cardenal Ferdinando Antonelli, secretario de la Sagrada Congregación de Ritos y miembro del Consilium ad exsequendam Constitutionem de Sacra Liturgia, escribió sobre la evolución que estaba tomando la reforma (1968-1971): «La ley litúrgica, que hasta el concilio era algo sagrado, ya no existe para muchos. Cada uno se considera autorizado a hacer lo que quiera y muchos jóvenes lo hacen’.
Demos ahora un salto de 40 años. Juan Pablo II intentó poner freno a las deformaciones y abusos anunciando, en la encíclica Ecclesia de Eucharistia, un documento específico de carácter jurídico(52), elaborado por la Congregación para el Culto Divino de acuerdo con la Congregación para la Doctrina de la Fe y publicado en 2004: la instrucción Redemptionis Sacramentum «sobre ciertas cosas que deben observarse y evitarse» en relación con la misa. Parece recordar el Decretum de observandis et evitandis in celebratione missae del Concilio de Trento, que constituye la columna vertebral del capítulo del misal romano tridentino De defectibus in celebratione missarum occurrentibus; si se hubiera incluido en el misal promulgado por Pablo VI, no habría dado lugar a las graves ofensas y abusos. La instrucción indica las formas correctas de celebrar para el sacerdote y de participar para los fieles, corrige las incorrectas e identifica las responsabilidades morales, y compromete las penas canónicas.
La crisis posterior al Consejo ha enquistado tanto los abusos que muchos creen que forman parte de la reforma deseada por el Consejo. Quienes actúan así socavan la unidad del rito romano, que debe salvaguardarse tenazmente (SC 4), no llevan a cabo una auténtica actividad pastoral ni una adecuada renovación litúrgica, sino que privan a los fieles del patrimonio y la herencia a los que tienen derecho. Tales arbitrariedades suscitan inseguridad doctrinal, perplejidad y escándalo y, casi inevitablemente, duras reacciones (cf. RS 11). Por lo tanto: «Todos los fieles, por otra parte, gozan del derecho a tener una verdadera liturgia y especialmente una celebración de la Santa Misa que sea como la Iglesia ha querido y establecido, según lo prescrito en los libros litúrgicos y otras leyes y normas. Asimismo, el pueblo católico tiene derecho a que el sacrificio de la Santa Misa se celebre para él de forma íntegra, en plena conformidad con la doctrina del Magisterio de la Iglesia. Es, en fin, derecho de la comunidad católica que la celebración de la santísima Eucaristía se realice para ella de tal modo que aparezca como un verdadero sacramento de unidad, excluyendo por completo todo tipo de defectos y gestos que puedan generar divisiones y facciones en la Iglesia» (RS 12).
El estudio y el debate sobre la primacía del ius divinum me parecen esenciales para impulsar la reforma de la liturgia según la Constitución conciliar entendida en el contexto de la tradición católica y acabar con el relativismo litúrgico.


5- El renacimiento de lo sagrado: un remedio inesperado
«Toda la multitud procuraba tocarle, porque de él salía un poder que curaba a todos» (Lc 6,19). Lo sagrado es la percepción del poder divino actuando en el mundo. Las señales llegan desde abajo: la petición de muchos fieles, de recibir la Sagrada Comunión en la lengua, en la misa en N.O., de aumentar la Adoración Eucarística, de volver a poner agua bendita en la iglesia. Especialmente, de celebrar la misa en el V.O. o en la forma extraordinaria; numerosas encuestas en Europa, América, África y Asia confirman que la misa tradicional se está extendiendo (al menos en 11 países según una encuesta de hace unos años) y que un tercio de los católicos del mundo viviría con gusto su fe católica de esta forma; esto sucede, a pesar de las dificultades que ponen los obispos y el clero a su celebración. Los católicos que resisten y tienen capacidad para continuar se ven reducidos a un «pequeño rebaño», que será el catolicismo del futuro: un fenómeno que, en las ciudades, debido a la densidad de población, es más visible que en las provincias. Todos estos signos son también remedios, son síntomas de la irreprimibilidad de los sentimientos del temor de Dios y de lo sagrado. ¿Qué hay en el fondo?
Hay que señalar que en la nueva liturgia, a veces parece como si Dios no estuviera en ella: la reverencia y lo sagrado, en una palabra la adoración, han desaparecido, porque uno ya no es consciente de estar en la presencia divina. No se glorifica principalmente a Dios, por lo que el hombre no se santifica y el mundo no se «consagra». Basilio recuerda: «Todo lo que tiene un carácter sagrado procede de aquel -el Espíritu- que lo deriva». Aquí, la reforma debe comenzar con el renacimiento de lo sagrado en los corazones y, paralelamente, el temor de Dios: ese sentido de gran respeto por su infinita majestad que impregna las Sagradas Escrituras: Desde Abraham que, consciente de su omnipotencia y omnipresencia, se postró con el rostro en tierra (Gn 17,3-17), hasta Moisés ante la zarza ardiente (Ex 3,6) y Elías (cf. 1 Re 19,13): se cubrieron el rostro al percibir la presencia del Señor, impregnados de santo temor, porque «El temor de Dios es escuela de sabiduría» (Pr 15,33). Este temor no faltó en el Nuevo Testamento: María se regocija: «de generación en generación su misericordia se extiende sobre los que le temen»(Lc 1,49), reconociendo la grandeza de Aquel que por amor se inclinó sobre la criatura; Pedro, Santiago y Juan, ante la Transfiguración «cayeron con el rostro en tierra y fueron presa de un gran temor»(Mt 17,6); Pedro cayó de rodillas a los pies de Jesús en el lago de Tiberíades, pidiéndole que se apartara de sí pecador(cf. Lc 5,8); no fue aplastado sino partícipe de la belleza y el poder divinos. Ante la inmensidad de Dios, la alegría de estar cerca de Él debe traducirse en la mayor reverencia; Él es el Hijo todopoderoso de Dios que se hizo cercano a nosotros.
Por tanto, son incomprensibles las teorías de los que dicen que ante el Cristo ya resucitado hay que estar de pie, ya no de rodillas. El Catecismo dice: «El sentido de lo sagrado forma parte de la virtud de la religión» – citando a continuación un pensamiento del beato J.H. Newman: «¿El sentimiento de temor y el sentimiento de lo sagrado son o no sentimientos cristianos?[…]Nadie puede razonablemente dudarlo. Son los sentimientos que palpitarían en nuestro interior, con una fuerte intensidad, si tuviéramos la visión de la Majestad de Dios. Son los sentimientos que experimentaríamos si fuéramos conscientes de su presencia. En la medida en que creamos que Dios
está presente, debemos sentirlos. Si no los percibimos, es porque no percibimos, no creemos que esté presente’. Tales sentimientos y actitudes consecuentes son urgentemente necesarios para que la liturgia romana hable de Dios al hombre contemporáneo.
Es necesario restablecer el principio de que la liturgia, con la música y el arte vinculados a ella, es sagrada: en primer lugar, porque en ella está presente la Majestad divina que tiene jurisdicción exclusiva sobre ella. Por lo tanto, la liturgia, en su parte inmutable, es de derecho divino, como se ha mencionado anteriormente.
Los primeros padres aprendieron en la escuela de los apóstoles las normas y cánones para adentrarse en el misterio cristiano, recogidos más tarde en enseñanzas, didácticos, constituciones; debían proclamar el misterio revelado en Jesús y contrarrestar las concepciones mistéricas, alegóricas y esotéricas de los paganos. Las normas remiten a la apostolicidad de la liturgia, pero es sobre todo su santidad la que las exige: el misterio de Dios reclama la máxima reverencia. Acérquese a Dios, Jesús, ¡que es el Dios cercano a nosotros!
En segundo lugar, la liturgia es sagrada porque tiene una conexión esencial con la vida moral, el ethos. Todos somos sensibles a la justicia hacia nuestro prójimo, pero la justicia hacia Dios tiene prioridad. En las causas de canonización de santos, la verificación del ejercicio de este aspecto es prioritaria.
En tercer lugar, es sagrada, porque quienes participan en la liturgia son el pueblo elegido de Dios, la Iglesia. Si el ius y el ethos la convierten en una obra del pueblo, como pueblo perteneciente a Dios, la convierte ante todo en una obra de Dios, opus Dei. Por tanto, la liturgia es el conjunto de actos de culto público, es decir, la misa, los sacramentos y el oficio divino, que se ejercen en la Iglesia en beneficio de los fieles, según normas establecidas y por medio de ministros legítimos.
La liturgia es sagrada porque no es un acontecimiento transitorio para entretener al pueblo -como intenta hacer creer la secularización, que ha penetrado incluso entre los eclesiásticos-, sino que es la permanencia de la Presencia divina en medio de su pueblo, como atestiguan las normas de la ley divina y del derecho litúrgico. De ahí debe partir la reforma de la reforma: «de la presencia de lo sagrado en los corazones, de la realidad de la liturgia y de su misterio. Un misterio que necesita espacio interior y exterior. Joseph Ratzinger escribió: «Creo que esto es lo primero: vencer la tentación de una forma despótica de hacer las cosas, que concibe la liturgia como un objeto propiedad del hombre, y volver a despertar el sentido interior de lo sagrado. El segundo paso consistirá en evaluar dónde se han hecho recortes demasiado drásticos, para restablecer las conexiones con la historia pasada de forma clara y orgánica. Yo mismo he hablado en este sentido de una «reforma de la reforma». Pero, en mi opinión, todo esto debe ir precedido de un proceso educativo que frene la tendencia a «mortificar la liturgia con invenciones personales».
Ideó un remedio para sustituir la orientación perdida del sacerdote y los fieles ad Deum: colocar la cruz delante del celebrante en el altar hacia el pueblo. Al principio de la Reforma no se trataba de colocar la cruz sobre el altar o en alto, para que la mirada del sacerdote, por un lado, y la de los fieles, por otro, pudieran detenerse en ella. Luego, poco a poco, se teorizó que podía desplazarse a un lado; finalmente acabó detrás del sacerdote -a menudo junto con el tabernáculo- y ya no es objeto de atención; esto sucede mientras el pro-orientalismo multiplica los iconos a los lados del altar con la esperanza de que sean más venerados. Significa que sigue siendo necesario ayudar a los
fieles a detenerse en la imagen.
La celebración actual, al situar al celebrante en el centro, se ha convertido en una liturgia versus presbyterum, ¡ya no versus Deum! El sacerdote se ha vuelto más importante que la cruz, el altar y el tabernáculo. Aprendamos de la liturgia oriental y de la misa tradicional, en la que la silla del obispo y el asiento del celebrante se sitúan a un lado del altar, de modo que no esté de espaldas y pueda mirar al mismo altar y a la misma cruz, juntos el gran signo de Cristo, y al mismo tiempo estar a la cabeza de la asamblea de los fieles. De los dos, ¿cuál es más clerical? Sin hacer grandes cambios estructurales, esto puede llevarse a cabo, en particular la cruz debe volver al centro del altar o
encima de él. Sólo Cristo puede estar en el centro de las miradas de todos (cf. Lc 4,21). ¡Si es que las señales valen algo! El renacimiento de lo sagrado está teniendo lugar, es un remedio de lo Alto, y es el principio básico para la reforma de la Iglesia y la liturgia.


6.Conclusión
El escollo a superar sigue siendo el desacuerdo sobre la naturaleza de la liturgia. «La crisis de la liturgia, y por tanto de la Iglesia, en la que seguimos encontrándonos», dice Ratzinger, «se debe sólo en parte a la diferencia entre los libros litúrgicos antiguos y los nuevos. Cada vez está más claro que en el trasfondo de todas las controversias existe un profundo desacuerdo sobre la esencia de la celebración litúrgica, su derivación, su representatividad y su forma adecuada. Esta es la cuestión sobre la estructura fundamental de la liturgia en general; más o menos conscientemente, aquí chocan dos concepciones diferentes. Los conceptos dominantes de la nueva visión de la liturgia
pueden resumirse en las palabras clave «creatividad», «libertad», «celebración», «comunidad». Desde tal punto de vista, «rito», «obligación», «interioridad», «ordenación de la Iglesia universal» aparecen como los conceptos negativos, que describen la situación a superar de la «antigua» liturgia».
Klaus Gamber, estudioso de la liturgia romana y de las liturgias orientales, «percibió que necesitamos de nuevo un comienzo desde la interioridad, tal y como la entiende el Movimiento Litúrgico en su parte más noble». Esta interioridad es «el encuentro con el Dios vivo ante el que nuestras ocupaciones se vuelven irrelevantes, y que puede revelar a todos la verdadera riqueza del ser».
La carta Desiderio desideravi del Papa Francisco, aunque con no pocos contenidos apreciables (cf. 53, la importancia de arrodillarse; 54 y 60, la crítica al protagonismo del celebrante), fue una oportunidad perdida. Sobre todo, parece una venganza contra Benedicto XVI, a quien nunca se mencionó, a pesar de su gran labor teológica y litúrgica como teólogo y papa.
En la comprensión del Concilio Vaticano II y de la reforma litúrgica, ¿ha fracasado la «hermenéutica de la reforma, de la renovación en la continuidad del sujeto único Iglesia», que argumentó con espíritu crítico pero constructivo en sus discursos a la Curia Romana (22 de diciembre de 2005) y a los sacerdotes romanos en febrero de 2013? No, en mi humilde opinión, si no ponemos obstáculos a los remedios mencionados hasta ahora, que surgen de abajo y de Arriba: ¡apoyémoslos con devoción y caridad! San Carlos Borromeo, el gran reformador, estaba convencido de que la Iglesia tiene en su interior las energías para regenerarse.
Si algunos de los que la critican creen que la Iglesia encontrará en esta profunda crisis de fe un acicate para renovarse y purificarse, que no apoyen la «hermenéutica de la discontinuidad y la ruptura», con la deslegitimación del Concilio y del Novus Ordo, abandonar las posiciones prejuiciosas y extremistas, ese radicalismo deletéreo que acaba dando la razón a quienes se oponen a dos eclesiologías, poniendo así en dificultades a tantos obispos, sacerdotes y fieles que no han cambiado de actitud desde los últimos documentos papales. Uno de los efectos, si no el más pernicioso, de negar la hermenéutica de la continuidad es que ciertas posiciones extremas y radicales acaban entonces dándose la mano idealmente. Persistamos, en cambio, en el realismo, en el pensamiento católico. Una nueva generación está en marcha: es un río subterráneo que, con la paciencia del amor (cf. 1 Cor 13) está resurgiendo, y vencerá.

NICOLA BUX

EL LEGADO LITÚRGICO DEL PAPA BENEDICTO XVI (III)

Siguiendo con nuestro agradecimiento y homenaje al Papa Benedicto XVI, traemos a nuestros lectores en esta ocasión, con permiso de su autor, don Luis López Valpuesta, un fragmento titulado «UNA REFLEXION DEL PAPA EMÉRITO SOBRE LA INTANGIBILIDAD DE LA LITURGIA. NI VERDAD SIN CARIDAD NI CARIDAD SIN VERDAD, del libro: «Cuando encontraba palabras tuyas las devoraba» «. Libro que fue presentado por su autor en la Sede social de Una Voce Sevilla el pasado mes de enero.

Nuestro querido papa emérito, Benedicto XVI, en su libro autobiográfico «Mi vida» (1997), incluyó una frase que ha dado mucho que hablar, generalmente en sectores tradicionalistas, y que a mi juicio llega al meollo de la gran crisis de la fe católica de nuestros tiempos. 

«Estoy convencido de que la crisis eclesial en la que nos encontramos hoy depende en gran parte del hundimiento de la liturgia». 

El origen de ese hundimiento, según señala en párrafos anteriores, se encuentra en la manera violenta -y no orgánica- en la que se procedió a sustituir la liturgia codificada por San Pío V en 1570.

«El hecho de que, después de un período de experimentación que a menudo había desfigurado profundamente la liturgia, se volviese a tener un texto vinculante, era algo que había que saludar como seguramente positivo. Pero yo estaba perplejo ante la prohibición del Misal antiguo, porque algo semejante no había ocurrido jamás en la historia de la liturgia. Se suscitaba por cierto la impresión de que esto era completamente normal» .

Pero no lo era, porque como bien explica Benedicto XVI, el desarrollo de la liturgia:

«Se ha tratado siempre de un proceso continuado de crecimiento y de purificación en el cual, sin embargo, nunca se destruía la continuidad».

Y al aprobar el Misal de Pablo VI, se siguió otro camino, más radical y evidentemente revolucionario: 

«se hizo aparecer la liturgia de alguna manera ya no como un proceso vital, sino como un producto de erudición de especialistas y de competencia jurídica»,

Y como consecuencia de ello, 

«nos ha producido unos daños extremadamente graves. Porque se ha desarrollado la impresión de que la liturgia se «hace», que no es algo que existe antes que nosotros, algo «dado», sino que depende de nuestras decisiones». 

La trascendencia de esa última fase podemos calibrarla desde el axioma «lex orandi, lex credendi». Alterar algo tan íntimamente vinculado con las creencias cristianas (como es la liturgia en la que se manifiesta públicamente la fe), no puede menos que afectar directamente a los contenidos en lo que se expresa esa fe del pueblo. Dicho de manera más rotunda: si podemos modificar la liturgia con tal impunidad, poco nos costará -con el mismo descaro- ir diluyendo los contenidos de la fe católica en un mundo donde palabras como «pecado», «penitencia», «expiación», «sacrificio» o «mortificación» han dejado de tener sentido. Pero como los principios fundamentales de la fe son por definición inalterables -tienen la consideración de dogmas o doctrinas seguras-, se nos conmina  hoy a que los apartemos en anaqueles polvorientos de bibliotecas universitarias; que atendamos a una visión «más pastoral y menos doctrinal», «más ecológica y menos celestial», «más horizontal y menos vertical» -«más tiempo y menos espacio» (en expresión del papa Francisco)-, aunque asumamos el riesgo de orillar lo que creyeron y vivieron los cristianos desde hace cientos de años. De este modo se juzga siempre con desconfianza a quienes pretenden salvar la fidelidad estricta a la fe recibida  y no están dispuestos a ponerla en la almoneda del consenso,  pues -según se nos advierte una encíclica reciente, Evangelii Gaudium, (94) 2013 – esa «supuesta seguridad doctrinal o disciplinaria da lugar a un elitismo narcisista y autoritario». Siendo benévolos, esa frase hubiera parecido cuanto menos incomprensible a tantos papas del pasado reciente (y no reciente) que se desvivieron para que se mantuviese la pureza de una fe, siempre atacada por los modernistas de ayer y de hoy. Ellos sabían bien lo que se jugaba.

En definitiva, no cabe duda de que se pretende abiertamente que nosotros y las futuras generaciones cristianas nos libremos de esas presuntas rémoras que se asocian a rigideces que obstaculizan una vida cristiana presuntamente sana. Pero, con todo respeto, sentimos discrepar, porque, a nuestro humilde juicio, lo que verdaderamente hace enfermar a la fe cristiana es la vacilación en principios innegociables.  Como dijo el Cardenal Pie, el cristianismo es Verdad y es Caridad (no es Verdad sin Caridad, ni es Caridad sin Verdad), y por ello, como Verdad, debemos ser necesariamente intolerantes en las doctrinas seguras; ahora bien, como Caridad, debemos amar de corazón a todos los hermanos, incluso a los más errados (Caritas in veritate, como escribió Benedicto XVI).  Me resulta por ello muy doloroso que documentos eclesiásticos actuales, con insultante franqueza, pretendan disociar a los cristianos que defienden la Verdad, de la reina de todas las virtudes de un seguidor de Cristo, cual es la Caridad.  

Luis López Valpuesta

AUDIOS DEL PAPA BENEDICTO XVI PARA REZAR EL ROSARIO EN LATÍN

LAS MEJORES FRASES SOBRE EL LEGADO LITÚRGICO DEL PAPA BENEDICTO XVI

Para continuar con nuestro homenaje y agradecimiento al Papa Benedicto XVI, traemos a colación el siguiente florilegio de sus citas más relevantes sobre su legado litúrgico, publicado por nuestros hermanos de Una Voce Argentina, habiendo sido recopilado en su mayoría por el admirado Prof. Peter Kwasniewski. Citas que nos hacen comprender aún más la verdadera intención –mens– que tuvo el Santo Padre al promulgar el Motu Proprio Summorum Pontificum sobre la Misa Tradicional en el año 2007.

«Con la iniciativa del Papa Benedicto XVI de liberar la Misa de siempre, el movimiento por la restauración de la misma no sería el fenómeno global que actualmente es. Si finalmente prevalece la defensa de la Tradición, como sin duda lo hará, una de las pocas grandes figuras que habrá que mencionar como elemento de su victoria ciertamente será él». (Una Voce Argentina)

Papa Benedicto XVI

Carta al Prof. Wolfgang Waldstein, 1976

«El problema del nuevo Misal radica en el abandono de un proceso histórico siempre continuo, antes y después de San Pío V, y en la creación de un libro completamente nuevo, aunque compilado con material antiguo, cuya publicación fue acompañada por una prohibición de todo lo que le precedió, lo que, además, es inédito en la historia tanto del Derecho como de la Liturgia. Puedo decir con certeza, basado en mi conocimiento de los debates conciliares y mi lectura repetida de los discursos pronunciados por los Padres del Concilio, que esto no corresponde a las intenciones del Concilio Vaticano II».“Zum motuproprio Summorum Pontificum”, en Una Voce Korrespondenz 38/3 [2008], 201–214.

La Fiesta de la Fe: Ensayo de Teología Litúrgica, 1986

«Como “fiesta”, la Liturgia va más allá del ámbito de lo que se puede hacer y manipular; nos introduce en el ámbito de la realidad viva dada, que se nos comunica. Por eso, en todos los tiempos y en todas las religiones, la ley fundamental de la Liturgia ha sido la ley del crecimiento orgánico dentro de la universalidad de la tradición común. Incluso en la gran transición del Antiguo al Nuevo Testamento, esta regla no se violó; la continuidad del desarrollo litúrgico no se interrumpió […] Ni los apóstoles ni sus sucesores “hicieron” una liturgia cristiana; creció orgánicamente como resultado de la lectura cristiana de la herencia judía, moldeando su propia forma mientras lo hacía […]

[…] En parte, es simplemente un hecho que el Concilio fue dejado de lado. Por ejemplo, el mismo había dicho que el idioma del Rito Latino debía seguir siendo el latín, aunque se podría dar un alcance adecuado a la lengua del pueblo. Hoy podríamos preguntarnos: ¿Existe ya un rito latino? Ciertamente no se nota […]

[…] De hecho, no existe tal cosa como una Liturgia Tridentina, y hasta 1965 la frase no habría significado nada para nadie. El Concilio de Trento no “hizo” una liturgia. Estrictamente hablando, tampoco existe tal cosa como el Misal de Pío V. El Misal que apareció en 1570 por orden de Pío V difería solo en pequeños detalles de la primera edición impresa del Misal Romano de unos cien años antes. Básicamente, la reforma de Pío V solo se preocupaba por eliminar ciertas adiciones de la Baja Edad Media y los diversos errores y erratas que se habían deslizado. Así, nuevamente, prescribió el Misal de la Ciudad de Roma, que había permanecido en gran parte libre de estos defectos, para toda la Iglesia […]

[…] [E]l nuevo Misal se publicó como si fuera un libro elaborado por académicos, no como una fase más en un proceso de crecimiento continuo. Tal cosa nunca antes había sucedido. Es absolutamente contrario a las leyes del desarrollo litúrgico, y ha resultado en la noción sin sentido de que Trento y Pío V habían “producido” un Misal hace cuatrocientos años. La Liturgia católica quedó así reducida al nivel de un mero producto de los tiempos modernos. Esta pérdida de perspectiva es realmente preocupante […]»La Fiesta de la Fe: Ensayo de Teología Litúrgica, 1986, pp. 86-87.

Mi Vida: Autobiografía, 1988

«[…] [E]l hecho de que se presentase [el misal posconciliar] como un edificio nuevo, contrapuesto a aquel que se había formado a lo largo de la historia, que se prohibiese este último y se hiciese aparecer la Liturgia, de alguna manera, ya no como un proceso vital, sino como un producto de erudición de especialistas y de competencia jurídica, nos ha producido daños extremadamente graves. Porque se ha desarrollado la impresión de que la liturgia se “hace”, que no es algo que existe antes que nosotros, algo “dado”, sino que depende de nuestras decisiones. Como consecuencia de ello, no se reconoce esta capacidad solo a los especialistas o a una autoridad central, sino a que, en definitiva, cada “comunidad” quiera darse una liturgia propia. Pero cuando la Liturgia es algo que cada uno hace a partir de sí mismo, entonces no nos da ya la que es su verdadera cualidad: el encuentro con el misterio, que no es un producto nuestro, sino nuestro origen y la fuente de nuestra vida […] Entonces la comunidad se está celebrando a sí misma, lo cual es una actividad completamente infructuosa […] Para la vida de la Iglesia es dramáticamente urgente una renovación de la conciencia litúrgica, una reconciliación litúrgica que vuelva a reconocer la unidad de la historia de la liturgia […] Estoy convencido de que la crisis eclesial en la que nos encontramos hoy depende, en gran parte, de la desintegración de la Liturgia […]»Mi Vida: Autobiografía, 1988, pp. 148–49.

Alocución a los Obispos de Chile, 1988

«Muchas exposiciones dan la impresión de que, después del Vaticano II, todo haya cambiado y lo anterior ya no puede tener validez; o, en el mejor de los casos, sólo la tendrá a la luz del Vaticano II […] La verdad es que el mismo Concilio no ha definido ningún dogma y ha querido, de modo consciente, expresarse en un rango más modesto, meramente como Concilio pastoral; sin embargo, mu­chos lo interpretan como si fuera casi el superdogma que quita importancia a todo lo demás.

Esta impresión se refuerza especialmente por hechos que ocurren en la vida corriente. Lo que antes era considerado lo más santo –la forma transmitida por la Liturgia–, de repente aparece como lo más prohibido y lo único que, con seguridad, debe rechazarse. No se tolera la crítica a las medidas del tiempo posconciliar; pero donde están en juego las antiguas normas, o las grandes verdades de la fe, o bien no se reacciona en absoluto, o bien se hace sólo de forma extremadamente atenuada.

Todo esto lleva a muchas personas a preguntarse si la Iglesia de hoy es realmente todavía la misma de ayer, o si no será que se la han cambiado por otra sin avisarlesAlocución a los Obispos de Chile, 1988.

Revue Theologisches, 1990

«El resultado [de los cambios litúrgicos] no ha sido una revigorización sino una devastación […] [E]n lugar de la Liturgia que se había venido desarrollando, se colocó una liturgia que se ha inventado. Se ha abandonado el proceso vital de crecimiento y devenir para sustituirlo por una fabricación. Ya no se quería continuar el desarrollo y la maduración orgánica de lo que ha ido creciendo a lo largo de los siglos, sino que se la reemplazó, a modo de producción técnica, por una invención, el producto banal del momento.»Comentario en Simandron—Der WachklopferGedenkschrift für Klaus Gamber (1919-1989), ed. Wilhelm Nyssen [Cologne: Luthe-Verlag, 1989], 13–15, citado en Theologisches, 20.2 (Feb. 1990), 103–4.

La Sal de la Tierra, 1997

«Soy de la opinión, sin duda, de que el Rito antiguo debería concederse mucho más generosamente a todos aquellos que lo deseen. Es imposible ver qué podría ser peligroso o inaceptable en eso. Una comunidad está poniendo en entredicho su propio ser cuando de repente declara que lo que hasta ahora era su posesión más sagrada y suprema está terminantemente prohibida y cuando hace que el anhelo por la misma parezca algo fuera de lugar. ¿Se puede seguir confiando en ella en cualquier otra cosa? ¿No volverá a proscribir mañana lo que prescribe hoy?»La Sal de la Tierra, 1997, pp. 176–77

Discurso por el 10° aniversario del motu propio “Ecclesia Dei”, 1998

«Es bueno recordar […] lo que dijo el Cardenal Newman cuando observó que la Iglesia, en toda su historia, nunca abolió o prohibió las formas litúrgicas ortodoxas, algo que sería completamente ajeno al Espíritu de la Iglesia […] Las formas ortodoxas de un rito son realidades vivas, nacidas de un diálogo de amor entre la Iglesia y su Señor. Son las expresiones de la vida de la Iglesia en las que se condensan la fe, la oración y la vida misma de las generaciones, y en las que se encarnan, de forma concreta, a la vez la acción de Dios y la respuesta del hombre […]

[…] En la medida en que todos creamos, vivamos y actuemos con estas intenciones, podremos también persuadir a los obispos de que la presencia de la antigua Liturgia no perturba ni rompe la unidad de su diócesis, sino que es un don destinado a edificar el Cuerpo de Cristo, del cual todos somos servidores.»Discurso por el 10° aniversario del motu propio “Ecclesia Dei”, 1998 | http://unavoce.org/resources/card-ratzingers-1998-address-at-anniv.

Dios y el Mundo, 2000

«Para fomentar una verdadera conciencia en asuntos litúrgicos, también es importante que se levante la proscripción contra la forma de liturgia en uso válido hasta 1970 [la Misa Tradicional]. Cualquiera que hoy abogue por la existencia continua de esta liturgia o participe en ella es tratado como un leproso; toda tolerancia termina aquí. Nunca ha habido algo así en la historia; al hacer esto estamos despreciando y proscribiendo todo el pasado de la Iglesia. ¿Cómo se puede confiar en la Iglesia si las cosas son así?»Dios y el Mundo, 2000, p. 416 de la ed. inglesa (2002).

El Espíritu de la Liturgia, 2000

«Después del Concilio Vaticano II, surgió la impresión de que el Papa realmente podía hacer cualquier cosa en asuntos litúrgicos, especialmente si actuaba por mandato de un concilio ecuménico. Eventualmente, la idea de la Liturgia como algo recibido, el hecho de que uno no puede hacer con ella lo que quiera, se desvaneció de la conciencia pública de Occidente. De hecho, el Concilio Vaticano I de ninguna manera había definido al Papa como un monarca absoluto. Al contrario, lo presenta como garante de la obediencia a la Palabra revelada. La autoridad del Papa está ligada a la Tradición de fe, y eso también se aplica a la Liturgia. No es una “invención” de la jerarquía. Incluso el Papa solo puede ser un humilde servidor de su desarrollo legítimo y de su integridad e identidad permanentes […] La autoridad del Papa no es ilimitada; está al servicio de la Sagrada Tradición.»El Espíritu de la Liturgia, 2000, pp. 165–66.

Discurso dado durante el Congreso Litúrgico en Fontgombault, 2001

«Un grupo considerable de liturgistas católicos parece haber llegado prácticamente a la conclusión de que Lutero, en vez de Trento, estaba sustancialmente en lo cierto en el debate del siglo XVI […] Es sólo en este contexto de la negación efectiva de la autoridad de Trento, que la amargura de la lucha contra permitir la celebración de la Misa según el Misal de 1962, después de la reforma litúrgica, puede ser entendida. La posibilidad de celebrar así constituye la contradicción más fuerte, y por tanto [para ellos] más intolerable, de la opinión de quienes creen que la fe en la Eucaristía formulada por Trento ha perdido su valor […]

[…] Personalmente, desde un principio, fui partidario de la libertad de seguir usando el antiguo Misal, por una razón muy sencilla: ya se empezaba a hablar de romper con la Iglesia preconciliar, y de desarrollar varios modelos de Iglesia –una Iglesia de tipo preconciliar y obsoleta, y una Iglesia de tipo nuevo y conciliar […]

[…] Para subrayar que no hay ruptura esencial, que hay continuidad en la Iglesia, que conserva su identidad, me parece indispensable seguir ofreciendo la oportunidad de celebrar según el antiguo Misal, como signo de la identidad perdurable de la Iglesia. Ésta es para mí la razón más fundamental: lo que hasta 1969 fue la Liturgia de la Iglesia, para todos nosotros lo más santo que había, no puede convertirse después de 1969 –con una decisión increíblemente positivista– en lo más inaceptable.»Discurso dado durante el Congreso Litúrgico en Fontgombault, 2001, pp. 20, 148-49.

Carta a los obispos que acompañaba el motu proprio Summorum Pontificum, 2007

«[Q]uisiera llamar la atención sobre el hecho de que este Misal [de san Pío V] no ha sido nunca jurídicamente abrogado y, por consiguiente, en principio, ha quedado siempre permitido. […]

[…] De este modo, he llegado a la razón positiva que me ha motivado a poner al día mediante este Motu Proprio el de 1988. Se trata de llegar a una reconciliación interna en el seno de la Iglesia. Mirando al pasado, a las divisiones que a lo largo de los siglos han desgarrado el Cuerpo de Cristo, se tiene continuamente la impresión de que en momentos críticos en los que la división estaba naciendo, no se ha hecho lo suficiente por parte de los responsables de la Iglesia para conservar o conquistar la reconciliación y la unidad; se tiene la impresión de que las omisiones de la Iglesia han tenido su parte de culpa en el hecho de que estas divisiones hayan podido consolidarse. Esta mirada al pasado nos impone hoy una obligación: hacer todos los esfuerzos para que a todos aquellos que tienen verdaderamente el deseo de la unidad se les haga posible permanecer en esta unidad o reencontrarla de nuevo. […]

[…] En la historia de la Liturgia hay crecimiento y progreso pero ninguna ruptura. Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande, y no puede ser  improvisamente totalmente prohibido o incluso perjudicial. Nos hace bien a todos conservar las riquezas que han crecido en la fe y en la oración de la Iglesia y de darles el lugar que les corresponde.»Carta a los obispos que acompañaba el motu proprio Summorum Pontificum, 2007.

EL LEGADO LITÚRGICO DEL PAPA BENEDICTO XVI (II)

En esta ocasión, y continuando con el agradecimiento y homenaje al Papa Benedicto XVI, nos hacemos eco del testimonio de Monseñor Athanasius Schneider, obispo auxiliar de la Archidiócesis de María Santísima de Astaná, publicado en la web InfoVaticana con el título El legado del pontificado del Papa Benedicto XVI. El obispo Schneider nos honró con su visita a Sevilla el 11 de diciembre de 2016, celebrando la Santa Misa tradicional en la Parroquia de Santa Cruz, la cual fue organizada por Una Voce Sevilla.

Con la muerte del Papa Benedicto XVI muchos católicos sintieron que perdían un punto de referencia claro y seguro para su fe. Uno puede tener la sensación de niños huérfanos. Podemos decir que el Papa Benedicto XVI fue un Papa, que puso en el centro de su vida personal y de la vida de la Iglesia la visión sobrenatural de la fe y de la vigencia perenne de la Sagrada Tradición de la Iglesia, que constituye la fuente y el pilar de nuestra fe junto con la Sagrada Escritura.

En este sentido el acto mayor y más benéfico de su pontificado fue el Motu Proprio Summorum Pontificum con la plena restauración de la liturgia latina tradicional en toda su expresión: Santa Misa, sacramentos y todos los demás ritos sagrados. Este acto pontificio pasará a la historia como epocal. El Papa Benedicto XVI afirma que el rito tradicional de la Santa Misa nunca fue abrogado y debe permanecer siempre en la Iglesia, porque lo que fue santo para nuestros antepasados ​​y los Santos debe serlo también para nosotros y las generaciones futuras. En una época, como fue después del Concilio Vaticano II, donde había dentro de la Iglesia un movimiento casi general de rechazo radical al milenario rito litúrgico de la Santa Misa y por tanto de ruptura con el principio de la Tradición misma, el pontificado de Benedicto XVI valió la pena por la sola razón de haber emitido el Motu Proprio Summorum Pontificum, con el que se inició la curación de la herida en el Cuerpo de la Iglesia, herida causada por la actitud de rechazo y de odio de la venerable y milenaria regla de la oración de la Iglesia.

En su testamento espiritual el Papa Benedicto XVI nos dejó entre otras la siguiente breve frase sustanciosa, que considero la más importante de todas: Manténganse firmes en la fe! ¡No se dejen confundir! Asistimos en nuestros días en la vida de la Iglesia a un proceso de dilución de la fe católica y de su adaptación al espíritu de los herejes, incrédulos y apóstatas por medio del engañoso y eufónico nombre de la sinodalidad y por medio del abuso de la institución canónica del sínodo. Tal situación es desmoralizadora para todo verdadero católico. Por lo tanto el legado del Papa Benedicto XVI que se expresa en las palabras: Manténganse firmes en la fe! ¡No se dejen confundir! y en su histórico Motu Proprio Summorum Pontificum sigue siendo una luz, un estímulo y un consuelo. Este Papa fue fuerte en la fe, verdadero amante de la belleza imperecedera y de la firmeza del rito tradicional de la Santa Misa, el dio primacía a la oración, a la mirada sobrenatural y a la eternidad. Este legado vencerá gracias a la intervención de la Divina Providencia, que nunca abandona a Su Iglesia, la enorme confusión doctrinal actual, la apostasía progresiva sobre todo entre una casta de teólogos mundanos e incrédulos, que son los nuevos escribas y una apostasía progresiva de no pocos clérigos de alto rango, que son los nuevos saduceos.

El Papa Benedicto XVI hizo resplandecer su lema episcopal Collaboratores veritatis, es decir, colaboradores de la verdad. Con este lema, él quiere decir a cada fiel católico, a cada sacerdote, a cada obispo, a cada cardenal y también al Papa Francisco: lo que realmente cuenta es la fidelidad inquebrantable a la verdad católica, a la constante y venerable tradición litúrgica de la Iglesia y al primado de Dios y de la eternidad. Que Dios acepte las oraciones y los sufrimientos espirituales, que el Papa Benedicto XVI ofreció en su vida retirada, y conceda para el futuro de la Iglesia obispos y papas plenamente católicos y plenamente apostólicos. Porque, como dijo San Pablo: “No podemos hacer nada contra la verdad, sino por la verdad” (2 Cor. 13, 8).

+ Athanasius Schneider

CALENDARIO LITÚRGICO TRADICIONAL 2023 (Digital)

Como es costumbre desde 2010, la comunidad de Una Voce Sevilla pone a disposición de forma gratuita el calendario litúrgico del rito Romano tradicional en formato pdf correspondiente al año del Señor que acaba de comenzar.

En esta ocasión, hemos querido dedicar la portada a nuestro querido Papa Benedicto XVI, recientemente fallecido -R.I.P.- y que tan importante legado litúrgico nos ha dejado.

Corresponde al Calendario Romano General, en latín, extraído del más amplio y completo que ha publicado la Federación Internacional Una Voce en su web, para que pueda ser consultado y usado por los sacerdotes y seglares que celebran o asisten, respectivamente, a la Santa Misa tradicional o rezan el Breviarium Romanum en cualquier parte del mundo, aunque nos hemos permitido indicar al pie de cada mes, junto a las antífonas de la Santísima Virgen, las variaciones correspondiente al calendario común para todas las diócesis de España.

PARA DESCARGAR PINCHAR AQUÍ: CALENDARIO LITÚRGICO TRADICIONAL UVS 2023 AD

¡ETERNAMENTE AGRADECIDOS!

En este doloroso día en el que ha fallecido el Papa Benedicto XVI, oremos por el alma de quien nos dio el maravilloso regalo del Motu Proprio Summorum Pontificum que dio carta de ciudadanía a la Misa Tradicional en la Iglesia, y ha fortalecido y profundizado nuestra fe católica durante todos estos años. Con él, Benedicto XVI sentó las bases fundamentales de su gran legado litúrgico. Sus hermosas palabras en Summorum Pontificum: «Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande», harán eco a lo largo de los tiempos, pues con ellas ha sentado los pilares indestructibles para el resurgimiento del gran tesoro de la Iglesia Católica que es la Tradición, y, en concreto, la Misa Tradicional.

Por todo ello, desde la comunidad de fieles laicos de Una Voce Sevilla y el Grupo Joven Sursum estaremos eternamente agradecidos a nuestro querido Papa Benedicto XVI.

Requiem aeternam dona ei, Domine, et lux perpetua luceat eis. A porta ínferi. Érue, Dómine, ánimas eórum. Requiéscant in pace. Amen.

UNA VOCE SEVILLA

FALLECE EL PAPA BENEDICTO XVI, EL MAGNO. TESTAMENTO ESPIRITUAL

Requiem aeternam dona ei, Domine,

et lux perpetua luceat eis.

Requiescat in pace​. Amen

TESTAMENTO ESPIRITUAL DEL PAPA BENEDICTO XVI (AÑO 2006)

OREMUS

Oremos por el Papa Benedicto XVI que se encuentra gravemente enfermo.

«A la luz de la hora del juicio, la gracia de ser cristiano se vuelve aún más clara para mí. Me otorga conocimiento, y de hecho amistad, con el juez de mi vida, y así me permite pasar confiadamente por la oscura puerta de la muerte». Benedicto XVI (Carta febrero 2022)

SANTA Y FELIZ NATIVIDAD DEL SEÑOR

LA COMUNIDAD DE UNA VOCE SEVILLA Y EL GRUPO JOVEN SURSUM CORDA OS DESEA UNAS SANTAS Y FELICES PASCUAS DE LA NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

LOS SACERDOTES DIOCESANOS TRADICIONALES ESTÁN SIENDO ANIQUILADOS POR TRADITIONIS CUSTODES

Traducción publicada por el blog Caminante Wanderer de la interesante Carta nº 906 de Paix Liturgique publicada el 21 de diciembre de 2022

Paix Liturgique: Más de un año y medio después de la publicación del motu proprio Traditionis custodes, ¿puede decirnos en qué medida los tradicionalistas han sido víctimas de esta decisión inicua?

Louis Renaudin: Perdone que contradiga esas ideas preconcebidas, pero no creo que los tradicionalistas hayan sido las verdaderas víctimas de esta decisión inicua. Incluso diría que a los más «duros» no les preocupaba en absoluto.

Paix Liturgique: ¿Puede explicarlo?

Louis Renaudin: El mundo tradicionalista está formado por al menos dos grandes familias: la nebulosa de San Pío X y la que sigue llamándose «Ecclesia dei» por comodidad. Es evidente que la nebulosa de San Pío X no se vio afectada en modo alguno por el motu proprio Traditionis custodes. Dicho esto, en mi opinión la FSSPX perdió la ocasión de demostrar que le interesaba la «unión sagrada» acudiendo generosamente en ayuda de los Ecclesia Dei y de los sacerdotes diocesanos y, en particular, ofreciendo sus servicios para las confirmaciones sin ninguna condición. Observo que TC no ha cuestionado en modo alguno la generosidad que el Papa Benedicto y el Papa Francisco le había concedido a la FSSPX gratuitamente.

Paix Liturgique: ¿cuáles?

Louis Renaudin: En primer lugar, el levantamiento de las excomuniones y, más aún, la concesión del poder de confesar y casar legalmente, lo que no es poca cosa en un momento en que la Iglesia está en crisis. No es poca cosa en un momento en que nuestros obispos dan marcha atrás en estos puntos para las comunidades que dependen de su autoridad.

Paix Liturgique: Entonces, ¿fueron los sacerdotes de las antiguas comunidades «Ecclesia Dei» los que fueron atacados?

Louis Renaudin: En el fondo no lo creo, aunque pudiera haber sido una intención colateral por parte de los agitadores de San Anselmo y del grupo de amigos del Cardenal Roche, Prefecto del Dicasterio del Culto Divino, que, como ahora sabemos, están en el origen de Traditionis custodes.

Paix Liturgique: ¿Pero están realmente amenazados?

Louis Renaudin: Ciertamente, pero en cualquier caso no de forma dramática.

Paix Liturgique: ¿Por qué dice eso?

Louis Renaudin: Observando los hechos. Es cierto que un cierto número de obispos, sobre todo en Francia, han aprovechado la situación para perseguir a la FSSP en varios lugares, para cancelar misas, como en París, y para imponer restricciones en varios lugares. Pero en muchos lugares y en muchos países (Italia en particular), nada ha cambiado. A pesar de los estruendosos anuncios sobre la probable aplicación severa de las decisiones del Motu Proprio, temor legítimo de los seminarios tradicionales por la multiplicación de las visitas canónicas, nada ha sucedido hasta la fecha. Luego, menos de un año después de su publicación, el Papa concede un decreto que se aleja mucho del texto anterior.

Paix Liturgique: Pero este decreto sólo concierne a la Fraternidad de San Pedro…

Louis Renaudin: Y sólo el culto celebrado en sus propias casas… Seamos serios. En Roma, este decreto, al que se añaden diversos signos parecidos, es entendida como una “marcha atrás» de TC en relación a todas las comunidades Ecclesia Dei.

Paix Liturgique: ¿Tiene alguna prueba de ello?

Louis Renaudin: De hecho, por el momento, no se ha tomado ninguna medida contra los institutos Ecclesia Dei como tales, aun cuando en Chicago se «prohibió» el ICRSP, o en Grenoble se hizo lo mismo con la FSSP.

Paix Liturgique: Pero entonces, ¿fue sólo contra los laicos que se llevó a cabo esta operación?

Louis Renaudin: No lo creo… porque ya sabe, los laicos hacen lo que quieren. Cuando se les «prohíbe asistir a misa», pueden ir a otra parte: a San Pío X, a las capillas de la “resistencia” e incluso a otro lugar cuando sea necesario.

Paix Liturgique: Pero entonces, ¿contra quién fue promulgado este motu proprio?

Louis Renaudin: Hay que tener en cuenta varias cosas, la última de las cuales es la más importante:

1°. El modo de gobierno de la Iglesia es relativamente caótico, pero es un caos querido como método de gobierno. Se toma una decisión en una dirección, luego se contradice a medias, y así sucesivamente. Puedo decirle que los obispos franceses, algunos de los cuales acogieron al TC con indisimulada alegría, están hoy consternados cuando reciben un mensaje del cardenal Parolin, Secretario de Estado, para que «pisen el freno».

2°. Además, como decía, las mentes duras y pequeñas de San Anselmo y del Dicasterio del Culto Divino pensaron que había llegado su hora y gritaron victoria un poco más de la cuenta, lo que desagrada mucho al Papa Francisco, a quien le gusta desconcertar a sus mejores partidarios para dejar claro que es él y sólo él quien gobierna. No en vano lanzó el mensaje de que alguien había intentado manipular el documento. Pero cuidado, tampoco debemos cantar victoria en nuestro bando, porque podríamos llevarnos una decepción.

3°. Pero, fundamentalmente, los más afectados son los diocesanos, los obispos conservadores (sobre todo los de Estados Unidos), los sacerdotes diocesanos y los religiosos los que se habían aficionado cada vez más a la liturgia tradicional. El Papa no está realmente interesado en la liturgia, pero no fue difícil convencerle de que el espíritu del Concilio estaba en peligro entre los sacerdotes.

Paix Liturgique: Pero esto es ridículo. No hay muchos sacerdotes diocesanos afectados por la liturgia tradicional.

Louis Renaudin: Cometería entonces un gran error de apreciación porque si antes de Summorum Pontificum los “sacerdotes diocesanos y ordinarios» que celebraban la liturgia tradicional eran pocos, la promulgación de SP rompió en cierto modo los diques. No olvidemos que en diez años (2007/2017) el número de misas dominicales tradicionales se ha duplicado en todo el mundo, en gran parte gracias a los sacerdotes diocesanos: en las encuestas sobre la situación de la liturgia tradicional en el mundo que Paix Liturgique publicó en 2017/2018 y 2019, quedaba muy claro que el mayor número de sacerdotes que celebraban la liturgia tradicional eran diocesanos y esto no era más que el principio.

Paix Liturgique: ¿El principio de qué?

Louis Renaudin: De un «terrible» contagio litúrgico. Estoy convencido de que, al ritmo que habían ido las cosas desde 2007, y a pesar de la obstinada resistencia de los obispos, el clero diocesano se estaba volviendo irreversiblemente y en gran número a la liturgia tradicional, así como al catecismo tradicional. Este era el riesgo al que se enfrentaban los enemigos de la Paz y la Fe.

Paix Liturgique: Según usted, ¿fue contra este contagio que se publicó el MP Traditionis custodes?

Louis Renaudin: Repito que las cosas son complejas: decir que se quiere prohibir la misa tradicional a los sacerdotes diocesanos implica en los hechos que se la quiere reservar para los guetos, fuera de las diócesis, en los márgenes. El problema es que los guetos crecen, ya que los seminarios tradicionales han experimentado todos un claro crecimiento desde TC, mientras que los seminarios diocesanos siguen cayendo en picada. Sí, afirmo que los sacerdotes diocesanos, por su parte, son las verdaderas víctimas de esta decisión inicua desde hace año y medio. Hay que decirlo y no abandonarlos: ¡hay que ayudarlos con todas nuestras fuerzas!

Paix Liturgique: ¿Puede darme un ejemplo?

Louis Renaudin: Basta con releer TC, donde está claramente escrito que los sacerdotes diocesanos que deseen celebrar según el Usus antiquior deben pedir permiso a sus obispos, que a su vez deben obtener el acuerdo de Roma. Ahora bien, todas las peticiones -digo todas- que se han hecho, en cualquier caso de acuerdo con este proceso han recibido una respuesta negativa, y ello por orden superior. Esto confirma mi convicción de que el motu Proprio Traditionis custodes tenía como primer objetivo frenar el tsunami tradicionalista, que iba a conmocionar irremediablemente al clero católico en plena crisis de fe. No cabe duda de que en un principio se pretendía esterilizar el mundo tradicional si eso era posible. Pero se subestimó claramente la capacidad de resistencia de este mundo. Nada ha podido romperlo ni frenarlo durante medio siglo.

Paix Liturgique: ¿Cuál es su conclusión?

Louis Renaudin: Atacar a los sacerdotes diocesanos es intentar asestar un golpe mortal al indispensable renacimiento de la Iglesia católica. Porque, como ves, son los sacerdotes diocesanos los que, con su acción en favor del catecismo y de la liturgia, podrán trabajar a nivel universal por esta restauración. Los demás sólo son espuelas, indispensables por cierto, pero espuelas temporales. Por tanto, debemos rezar para que el cielo ayude a todos nuestros amigos sacerdotes que, en las diócesis, serán la levadura de la renovación de la Iglesia mañana y en el futuro.

NUEVA SEDE SOCIAL DE UNA VOCE SEVILLA

XV ANIVERSARIO DE LA PRIMERA MISA TRADICIONAL EN SEVILLA SUMMORUM PONTIFICUM

El pasado 16 de septiembre, se cumplió el XV aniversario del inicio de la Misa tradicional en Sevilla promovida por Una Voce Sevilla gracias al motu proprio Summorum Pontificum de S.S. Benedicto XVI.

A continuación, un enlace a la noticia, que publicó un diario de nuestra ciudad: http://www.unavocesevilla.com/wp-content/uploads/2016/04/SEVILLA-RECUPERA-EN-SAN-BERNARDO-LA-CELEBRACION-DE-LA-MISA-EN-LATIN.ABC-Sevilla-Sep07.pdf

¡DEO GRÁTIAS!

Parroquia de San Bernardo (Sevilla)

IN MEMORIAM: FRAY CARLOS AMIGO VALLEJO

El cardenal arzobispo emérito de Sevilla, Don Carlos Amigo Vallejo, falleció en el día de ayer tras haber empeorado su estado de salud días después de haberse sometido a una intervención quirúrgica.

Hondamente conmovidos, desde la Asociación Una Voce Sevilla y el Grupo Joven Sursum Corda nos sumamos a las condolencias de toda la Archidiócesis Hispalense, que tan bien lo conoció.

Fray Carlos fue el arzobispo que autorizó la celebración de la Misa Tradicional para la comunidad de Una Voce Sevilla, ya en tiempos del Pontificado de Juan Pablo II (2004), reconociéndonos inmediatamente tras la entrada en vigor del Motu Proprio Summorum Pontificum de S.S. Benedicto XVI (2007) como “grupo estable de fieles” según las indicaciones del documento pontificio, siendo felicitado por la Santa Sede por la implementación de éste en la Archidiócesis.

Una Voce Sevilla siempre encontró en él, como buen pastor y padre que fue de estos sus hijos, acogida y apoyo, ayudándonos con amplia generosidad en todas nuestras necesidades.

Profundamente entristecidos por su pérdida, rogamos a todos nuestros asociados, amigos y seguidores oraciones por su eterno descanso, en la confianza de que Dios Nuestro Señor le acoja en su seno.

Requiem aeternam dona ei, Domine

et lux perpetua luceat ei.

Requiescat in pace, Amen.

UNA VOCE SEVILLA

ENTREVISTA AL PRESIDENTE DE LA FEDERACIÓN INTERNACIONAL UNA VOCE: «Lo que los Padres y Santos valoraron y defendieron, también nos sentimos llamados a valorarlo y defenderlo».

Rorate Caeli ha publicado una entrevista a D. Joseph Shaw, presidente de la Federación Internacional Una Voce, que gracias a Una Voce Argentina ofrecemos aquí a nuestros lectores traducida.

Joseph Shaw es bien conocido por los lectores de Rorate. En octubre pasado, el Dr. Shaw fue elegido presidente de la Federación Una Voce, el movimiento laical que promueve y defiende la Misa Tradicional en todo el mundo. El Dr. Shaw tiene un doctorado en Filosofía por la Universidad de Oxford, donde también da clases actualmente. Ha publicado sobre Ética y Filosofía de la Religión y ha editado el libro  The Case for Liturgical Restoration: Una Voce Position Papers on the Extraordinary Form  (Angelico Press). Es el presidente de la Latin Mass Society de Inglaterra y Gales y padre de nueve hijos.

Dr. Joseph Shaw

Calx Mariae: Felicitaciones por su elección como presidente de la Federación Una Voce. Para las personas que no conocen la Federación ¿cómo la describiría para ellos?

Joseph Shaw: La primera asociación laica establecida para defender la antigua liturgia de la Iglesia fue Una Voce Francia en 1964. Le siguieron otras asociaciones nacionales, generalmente llamadas “Una Voce” o “Latin Mass Society” de sus respectivos países. En 1965 se estableció una Federación de estos grupos, la Foederatio Internationalis Una Voce (FIUV: Una Voce Internacional, o Federación Una Voce), con seis miembros; hoy tiene más de cuarenta. La Federación puede representar en Roma y ante los medios de comunicación las necesidades y preocupaciones de nuestras asociaciones miembro de todo el mundo.

Como agrupación de asociaciones dirigidas por laicos, podemos decir y hacer, públicamente, cosas que religiosos, clérigos y asociaciones sacerdotales no pueden. Pero no somos simplemente guerreros de teclado: representamos a personas que están en las trincheras de la organización de misas, negociando con los obispos, cantando y sirviendo y enseñando latín, etc. Esto significa que tenemos una visión muy realista de lo que se puede y no se puede hacer, lo que ayuda y lo que no ayuda, de la necesidad de una diplomacia silenciosa y así como de gestos públicos.

Cuando escuchamos el año pasado que la Congregación para la Doctrina de la Fe estaba encuestando a los obispos sobre la implementación de Summorum Pontificum, el documento del Papa Benedicto XVI que alivió las restricciones a la Misa más antigua en 2007, realizamos una encuesta propia para que los laicos ligados a esta liturgia también pudiesen hacer conocer sus sentimientos en Roma. Recibimos respuestas de 55 países e informes detallados de 366 diócesis.

En la carta que acompañó a Summorum Pontificum, el Papa Benedicto XVI señaló que la cuestión de agregar Prefacios adicionales al Misal de 1962 y hacer posible la celebración de los santos canonizados desde la última revisión de su calendario en 1960, debía ser analizada, con referencia también a “varios grupos dedicados al usus antiquior”. Fuimos incluidos formalmente en esta consulta y pudimos comentar los primeros borradores de ambas propuestas.

Con miras a estas y otras formas en las que el Misal más antiguo podría cambiarse, y también simplemente para explicar sus aspectos más desconcertantes y establecer formas en las que puede hacer una contribución a la vida de la Iglesia, publicamos 33 breves “Position Papers” [N. del T.: Informes de Opinión], que ahora se han publicado como libro: The Case for Liturgical Restoration (Angelico Press, 2019).

CM: La publicación de Traditionis Custodes en julio significa que está asumiendo la presidencia en un momento difícil. El interés en la “vieja misa” ha experimentado un crecimiento notable en los últimos años, ¿podrá esto continuar dada la aparente hostilidad de la Santa Sede?

JS: La falta de celebraciones para que la gente asista es obviamente un obstáculo para que se descubra la Misa Tradicional, pero a lo largo de los años es notable cómo la gente se ha interesado en ella a pesar de las dificultades para asistir. La epidemia de Covid tuvo como resultado que muchas personas, obligadas a ver la misa en línea, descubrieran cómo era la misa antigua y la buscaron cuando se levantaron las restricciones a las iglesias.

Quienes la han descubierto, sobre todo antes de Summorum Pontificum, a menudo tienen la sensación de que están descubriendo algún secreto familiar del que la generación anterior, por alguna razón, no quería hablar: pero no un secreto oscuro, sino un tesoro perdido. Hoy en día es incomparablemente más fácil de encontrar que en 2007 o antes, tanto en línea como en el mundo real, por lo que habrá una paradoja adicional. Sin minimizar el daño que se hará en algunos lugares por el final de las celebraciones regulares establecidas desde hace mucho tiempo, la experiencia para muchos católicos será la de tener misteriosamente prohibido mirar dentro de un tarro de galletas que, lejos de estar escondido en un alto estante, está abierto justo enfrente de usted sobre la mesa.

CM: La peregrinación anual Summorum Pontificum tuvo lugar a finales de octubre. Como presidente de Una Voce, ¿qué piensa de la romería de este año? ¿Cómo se compara la atmósfera con años anteriores?

JS: En 2020 se llevaron a cabo algunos eventos a pesar de las restricciones Covid, pero el número era limitado y los viajes difíciles. Este año, aunque las dificultades de viaje continuaron para algunos, los números excedieron a los de 2019. Tuve la sensación en Roma, como lo tuve en eventos recientes de la Latin Mass Society en Inglaterra, que no solo la gente estaba contenta de poder asistir cara a cara a los eventos de nuevo, sino  que estaban decididas a mostrar su apoyo a la Misa Tradicional después de Traditionis Custodes .

Este documento parece decir que no deberíamos existir: nosotros fieles católicos que queremos vivir en unidad con el Papa y ser sostenidos en la Fe por las antiguas formas litúrgicas de la propia Iglesia. Por otro lado, el Papa Francisco nos permitió tener una Misa Solemne en el altar de la Cátedra de San Pedro en el Vaticano, y ​​usar otras iglesias para otras liturgias, por lo que él sigue siendo difícil de entender.

Los católicos tradicionales están, lamentablemente, acostumbrados a mensajes inconsistentes y ambiguos de personas con autoridad, e incluso a la hostilidad. Sin ignorar el contexto político cambiante en el que trabajamos, nos guiamos por los Padres y los Santos. Lo que ellos valoraron y defendieron, a veces con su vida, como los mártires ingleses y galeses de los siglos XVI y XVII, también nosotros nos sentimos llamados a valorar y defender.

CM: Personas familiarizadas con el trabajo de Una Voce lo asocian con la tradición católica y la restauración de la civilización y la cultura cristiana. Pero, ¿cuál es el ideal por el que se esfuerza Una Voce?, ¿cómo luciría su meta alcanzada?

JS: El objetivo del movimiento Una Voce es simple: la restauración de la Misa antigua en los altares de la Iglesia. Esto no implica necesariamente la desaparición de otras formas litúrgicas. El Papa Benedicto XVI pensó que el intento de acabar con la Misa más antigua fue un error, y seguramente no es descabellado estar de acuerdo con él. Los católicos deberían poder descubrirla, dijo: y eso significa que debe estar ampliamente al alcance de todos.

También queremos que las celebraciones de la liturgia sean lo más reverentes y solemnes posible, y que el mayor número posible de personas se sienta conmovido por asistir a ellas. Como ya se señaló, esto es en lo que consiste la mayor parte del trabajo práctico de los grupos de Una Voce: cantar, servir, remendar ornamentos, limpiar iglesias, organizar peregrinaciones, organizar capacitaciones para personas en diferentes roles y eventos publicitarios, y responder preguntas sobre el Usus Antiquior de acuerdo con nuestras habilidades y experiencia.

El laicado siempre ha estado involucrado en la vida litúrgica de la Iglesia, y el movimiento Una Voce continúa la tradición de las numerosas guildas y cofradías que han apoyado la digna celebración de la liturgia a lo largo de los siglos.

La liturgia no es toda la cultura católica, pero es un componente indispensable y fundamental de ella. Esto significa que la restauración de la liturgia tradicional tiene muchas más implicaciones para la vida y la cultura católicas.

CM: El proverbio “Lex Orandi, lex credendi, lex vivendi” sugiere que la forma en que oramos es la base de lo que creemos y de cómo vivimos. ¿Cómo va a moldear el culto público de la Iglesia nuestra comprensión de las cuestiones doctrinales y la vida moral de los laicos?

JS: La Misa antigua está asociada con una forma más contracultural, más penitencial y más encarnada de vivir la fe católica de lo que es típico entre los católicos de hoy. Para tomar un ejemplo trivial, es inusual para una familia que asisteal Novus Ordo, dar las gracias antes de las comidas, pero sería igualmente inusual que una familia que asiste a misa tradicional no haga estas oraciones. Este contraste se traslada a la creencia en otras varias enseñanzas católicas, la voluntad de aceptar un mayor número de niños y estar preparado para adaptar la vida de uno – qué trabajo hacer, dónde vivir, cómo vestirse – a las obligaciones religiosas de uno, la necesidad de educar a los hijos en la fe, etc.

No creo que esto se deba simplemente a que el Vetus Ordo atraiga a católicos que son más ortodoxos que la media. Los atrae, sí, pero si usted habla con los católicos que asisten a esta Misa, rápidamente encontrará a otros que se han sentido atraídos por ella con todo tipo de antecedentes: no practicantes, ateos, personas involucradas con la Nueva Era u otras religiones, y muchos que recibieron sólo una educación nominalmente católica, para quien esta Misa fue una revelación extraordinaria. A medida que van conociendo la Misa, a menudo tiene un efecto profundo en ellos.

Esto tiene que ver en parte con una conversión interior estimulada por las gracias de los sacramentos y la oración litúrgica. Otro aspecto es el sentido de continuidad con el pasado que la Misa antigua hace posible.

La discontinuidad es una característica tal de la Iglesia de hoy que la literatura y el arte católicos clásicos se han vuelto casi incomprensibles para muchos fieles, y por esta razón los libros para niños sobre los santos a veces presentan una imagen extrañamente distorsionada de la liturgia y la espiritualidad del pasado. Los católicos que se han acostumbrado a las ceremonias y oraciones de la liturgia antigua se encuentran mucho más a gusto en el mundo de los grandes escritores y teólogos espirituales, que participaron en la misma liturgia, o muy similar, en siglos pasados, desde el tiempo de los Padres de la Iglesia, en cuya época y en cuyo espíritu se compusieron muchos de los textos de la antigua Misa.

Los católicos que asisten a la misa más antigua no solo se vuelven a conectar con los Padres: el sentido de continuidad también los anima a aprender de las respuestas a los problemas modernos ofrecidos por los Papas del siglo anterior al Concilio. Este fue un período de intensa actividad en la Iglesia que, con la excepción parcial de la Rerum Novarum de León XIII ha caído en una especie de laguna mental para muchos en la Iglesia de hoy.

Todo esto contribuye a una vida de fe más intensa y militante, que ha dado a los católicos tradicionales la fuerza para perseverar cuando incluso sus propios obispos y sacerdotes no los han hecho sentir para nada bienvenidos. Dado que los gobiernos de todo el mundo parecen estar haciendo cada vez más difícil la vida católica, esta espiritualidad será aún más valiosa. Lejos de ser una espiritualidad propia de los miembros de una comunidad católica segura y próspera de un pasado idealizado, es, como lo encontraron nuestros predecesores, una espiritualidad para los marginados y perseguidos.

CM: ¿Cómo se relacionan los objetivos de Una Voce con la familia?

JS: La Misa Tradicional siempre ha estado asociada a las familias, y como lo expresó el cardenal Castrillón Hoyos, “familias bendecidas con muchos niños”. El informe resumido de los obispos franceses sobre el progreso de la Misa antigua en su país señala que es solicitada por “jóvenes y familias numerosas”.

Los aspectos prácticos de la vida familiar y la cuestión de cómo transmitir la Fe a nuestros hijos, por lo tanto, nunca están lejos de nuestros pensamientos. Aquellos de nosotros, como yo, bautizados y educados como católicos sin acceso a la Misa más antigua somos muy conscientes de los fracasos del enfoque típico posconciliar de estas cuestiones. Por otro lado, podemos ver cómo nuestros propios hijos responden a la Misa y a las devociones tradicionales.

En su novela, El Despertar de la Señorita Prim de Natalia Sanmartín, son los niños los que llevaron a uno de los personajes centrales, “el hombre del sillón”, no solo a la Misa sino de vuelta a la Fe, habiéndola descubierto ellos mismos. Esto puede parecer extraño, pero se basa en un fenómeno real. Recientemente conocí a un padre de familia en Roma que dijo que al principio le resultó bastante difícil la misa antigua, pero que sus hijos habían insistido en perseverar con ella en lugar de las misas alternativas. De una manera diferente, una madre que conozco me dijo que el Vetus Ordo era el único lugar en Roma donde sus inquietos hijos pequeños no atraían comentarios toscos de otros miembros de la congregación más envejecidos.

Nuestra experiencia es que los niños y la fe no deben ser tratados precisamente como un problema especial, que necesita una solución especial. Los adultos católicos van a misa; cuando tienen hijos, naturalmente los llevan consigo. Los adultos creen en la Fe, y la transmiten naturalmente: utilizando catecismos adaptados a la edad de sus hijos, claro, pero con el mismo contenido de lo que creen los adultos. Presentar la Fe de una manera tonta e infantil, lejana a los adultos, es una receta para crear la impresión de que es algo apropiado solo para niños. En el medio tradicional, la Fe es algo en lo que uno madura, no algo que se deja tras madurar.

Los jóvenes que ingresan a la universidad y al mundo del trabajo frecuentemente se ven sometidos a una intensa presión para renunciar a la Fe, y ningún programa de preparación espiritual puede garantizar que no sucumbirán a esto. Pero los hijos no practicantes de los católicos tradicionales al menos tendrán una idea de la Fe que dejaron y del poder espiritual de la Misa. El típico joven “católico no practicante” tendría dificultades para decir qué es la Encarnación, y sus recuerdos más importantes de la misa pueden ser de agudo aburrimiento o incluso de vergüenza.

CM: ¿Cuáles son los principales obstáculos a su trabajo y qué se puede hacer para superarlos?

JS: Aparte de la oposición ideológica de algunos clérigos y laicos mayores, en algunos lugares ha persistido un miasma de sospecha sobre la antigua misa, incluso después de Summorum Pontificum en 2007: la idea de que simplemente no es parte del menú de opciones preferido por la Iglesia. Lamentablemente, es probable que esta sensación se intensifique una vez más a raíz de Traditionis Custodes, y su misma vaguedad hace que sea difícil oponerse. El factor clave para socavar este tipo de oposición es el proceso que ha tenido lugar desde 2007 en el cual el Usus Antiquior se convirtió en una parte normal y familiar de la vida de la Iglesia.

Aparte de eso, diría que las mayores limitaciones han sido dos: la falta de latín entre los sacerdotes y su falta de tiempo. Puede parecer imposible agregar una misa tradicional al horario parroquial si el sacerdote cubre varias parroquias debido a la escasez de clérigos.

No hay mucho que podamos hacer directamente sobre la falta de sacerdotes, aunque el movimiento produce muchas vocaciones, pero podemos responder al problema del latín con cursos de formación. A lo largo de los años, ha habido varios cursos residenciales patrocinados por grupos de Una Voce, y los cursos en línea ahora se están generalizando. Los grupos de Una Voce también organizan la formación en la celebración de la misa misma.

Entre los laicos, desde 2007 sigue siendo el caso de que la mayoría de los católicos desconocen por completo que la liturgia antigua está permitida: algunos ni siquiera saben que existe. Los encuentros fortuitos y el boca a boca son las principales formas en que se descubre, y un sacerdote que la lleve a una nueva ubicación puede abrir un mercado completamente nuevo para ella. Obtener constantemente información o puntos de vista útiles o simplemente intrigantes en secciones de la prensa o redes sociales leídas por católicos que aún no conocen el Vetus Ordo es un gran desafío, y muchos canales de medios católicos siguen siendo bastante negativos al respecto. Al mismo tiempo, uno puede preguntarse cuántos católicos leen sus publicaciones: el Reino Unido ha perdido tres de sus cuatro periódicos semanales católicos en los últimos años.

Después de Traditionis Custodes, el número de lugares donde el obispo es el obstáculo clave para una celebración más generalizada de la antigua Misa va a crecer nuevamente, pero las otras limitaciones siguen vigentes. El movimiento es mucho más sofisticado hoy que hace diez años, y hermosas fotografías, videos bien producidos y libros cuidadosamente argumentados se han estado vertiendo, explicando, demostrando, cuando era necesario discutiendo, y cambiando las percepciones negativas sobre la Misa. Esta es un área donde la cantidad es casi tan importante como la calidad. Para transmitir un mensaje en el abarrotado mercado de ideas, es necesario repetirlo una y otra vez.

Hace algunos años me dijeron que le pidieron al editor de imágenes de una publicación católica conservadora que buscara algunas imágenes de la Misa. No era católico, pero buscó en Internet e incluyó las más bonitas que pudo encontrar. La publicación fue posteriormente criticada porque la mayoría de estas eran de la Misa Tradicional. El editor no tenía idea de que estaba tocando una especie de tercera vía, y tampoco mucha gente, católica o no, que se encuentra con la vasta producción de fotógrafos, artistas y escritores ligados a la Misa antigua. Es importante reconocer el efecto de este trabajo en su conjunto.

 
 

CM: El tono intransigente adoptado por Traditionis Custodes, y luego por las directivas de la diócesis de Roma, tomó por sorpresa a mucha gente, pero ¿cuál es la respuesta adecuada? ¿Qué deben hacer los obispos, sacerdotes y laicos, cada uno en su propio nivel?

JS: La Federación volvió a publicar la Guía Canónica que preparé al principio para la Latin Mass Society, con el aporte de algunos abogados canonistas con experiencia, para tratar de determinar exactamente qué margen de maniobra permite. Para aquellos obispos y sacerdotes que creen, como nosotros, que sería pastoralmente perjudicial cerrar las celebraciones, ignorar las necesidades expresadas por los fieles y el deseo de los sacerdotes de hacer de la Misa más antigua parte de su vida espiritual, podemos decir que Traditionis Custodes no es tan prescriptivo como puede parecer a primera vista. La vida puede continuar sin entrar en conflicto con el Papa o la ley de la Iglesia.

El mismo Papa Francisco parecía ansioso por disipar las preocupaciones de que Traditionis Custodes fuera un acto agresivo y destructivo, cuando habló con una estación de radio española, COPE, en septiembre, y cuando habló con algunos obispos franceses en una visita ad limina más recientemente.

Es más difícil para los sacerdotes que tienen un obispo hostil. Estos deben encontrar formas de negociar las situaciones complejas en las que se encuentren. Sin embargo, nos gustaría enfatizar que el Papa Francisco no ha afirmado haber derogado el antiguo Misal, y las celebraciones privadas siguen siendo perfectamente legítimas. Decir lo contrario es solo un desafortunado malentendido.

CM: ¿Cómo puede la gente saber más sobre la Federación Una Voce?

JS: Tenemos un sitio web (fiuv.org) y una revista semestral (Gregorius Magnus) [en español: Una Voce Chile y Una Voce Sevilla]. Cada dos años tenemos una Asamblea General, generalmente en Roma, en línea en 2021 debido a la Covid, parte de la cual está abierta al público.

Aquellos que lo deseen pueden convertirse en “Amigos” de la Federación, y tenemos misas regulares por nuestros benefactores, tanto vivos como difuntos.

Animo a todos a que se involucren en sus grupos locales de Una Voce, se aseguren de que estén afiliados a la Federación y establezcan nuevos grupos locales si es necesario. Los sacerdotes que celebran la Misa antigua, ya sean clérigos diocesanos o miembros de los Institutos Tradicionales, necesitan el apoyo de los laicos: no solo su dinero, sino también laicos informados en asociaciones estables que hagan cosas prácticas para apoyar la Misa en concreto, representando constantemente ante los obispos sus necesidades pastorales. Es fundamental no limitar el activismo a discutir en las redes sociales. El movimiento Una Voce nos brinda la oportunidad de marcar una diferencia práctica para bien y, al mismo tiempo, de comprender cómo funcionan las cosas en la Iglesia: las relaciones, la ideología y la política. Con nuestros pies firmemente puestos en las complejas realidades de la vida de la Iglesia al nivel local, y sostenidos por la antigua liturgia misma, podemos hacer la diferencia para bien.

Esta entrevista apareció por primera vez en las páginas del último número (N.° 15, invierno de 2021) de Calx Mariae , una hermosa revista publicada por Voice of the Family. Rorate Caeli agradece el permiso de VOTF para volver a publicarla aquí en beneficio de nuestros lectores, a quienes animo a suscribirse a la publicación impresa. Peter A. Kwasniewski.

Original

CALENDARIO LITÚRGICO TRADICIONAL DIGITAL 2022 (DESCARGA GRATUITA)

Un año más, la comunidad de fieles laicos de Una Voce Sevilla y su Grupo Joven ponen a disposición en la solemnidad de la Epifanía del Señor el calendario litúrgico del rito Romano tradicional en formato pdf correspondiente al año del Señor que acaba de comenzar.

En esta ocasión, hemos querido usar el idioma propio de nuestro rito, el latín, que es además el oficial de la Iglesia Católica. Hemos decidido además plasmar el Calendario Romano General, extraído del más amplio y completo que ha publicado la Federación Internacional Una Voce en su web, para que pueda ser consultado y usado por los sacerdotes y seglares que celebran o asisten, respectivamente, a la Santa Misa tradicional y rezan el Breviarium Romanum en cualquier parte del mundo, aunque nos hemos permitido indicar al pie de cada mes, junto a las antífonas de la Santísima Virgen, las variaciones correspondiente al calendario común para todas las diócesis de España

PARA DESCARGAR EL CALENDARIO LITURGICO TRADICIONAL 2022 PINCHAR AQUÍ.

UNA VOCE SEVILLA

SANTA Y FELIZ NATIVIDAD DEL SEÑOR

LA COMUNIDAD DE UNA VOCE SEVILLA Y SU GRUPO JOVEN
OS DESEA UNA SANTA Y FELIZ PASCUA EN LA ALEGRÍA DE LA NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

17º ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE UNA VOCE SEVILLA

El pasado día 23 de noviembre, festividad de San Clemente y conmemoración de la Reconquista de la Ciudad de Sevilla por el Rey Fernando III, el santo, se cumplió el XVII aniversario de la fundación de UNA VOCE SEVILLA. ¡Qué el Señor y su Santísima Madre sigan bendiciendo a esta comunidad de fieles que desde 2004 promueven el apostolado de la Misa tradicional en la sede de San Isidoro.

¡DEO GRÁTIAS!