JUAN XXIII: UN NUEVO SANTO PATRONO PARA EL MISAL TRADICIONAL

San Juan XXIIIA continuación transcribimos y recomendamos la lectura de un interesante artículo publicado por el blog PAIX LITURGIQUE tras la reciente proclamación, por S.S. Francisco, de Juan XXIII como santo:

El papa Francisco acaba de canonizar, el pasado 27 de abril de 2014, al papa Juan Pablo II y también a Juan XXIII. Bien conocidos son los debates que suscitó la canonización de este último, dado que Juan XXIII fue el papa que convocó un concilio cuyos frutos, cincuenta años después, son muy diferentes de lo anunciado en su momento. Como la vocación de Paix Liturgique es, tal como indica su nombre, esencialmente litúrgica –y no de manera irenista, ya que actúa a favor de la misa tradicional y de su mayor difusión, como columna vertebral de la renovación de la Iglesia y de su extensión misionera– no entraremos en el debate teológico, y sólo nos limitaremos a manifestar nuestra alegría por la canonización del papa a quien debemos la última edición del misal que nos acompaña a lo largo del año litúrgico.”.

 

I –  JUAN XXIII, HEREDERO DE UNA VISIÓN HIPERTRADICIONAL DE LA FE

«La memoria de Juan XXIII es un verdadero desafío», constataba el periodista francés Jean Mercier en La Vie, el 22 de abril de 2014. Y prosigue: «Calificar a Juan XXIII como papa “progresista” es una simplificación a ultranza. Nacido en 1881 en una familia pobre de la región de Bérgamo, en el norte de Italia, Angelo Roncalli es heredero de una visión hipertradicional de la fe, que conservará hasta el fin de su vida. Su modelo, incluso, era Pío X, conocido por su virulencia antimodernista. Cuando se explaya en su diario íntimo, Roncalli se remite a los valores del concilio de Trento, exaltando las mortificaciones y los sacrificios. En la víspera de su muerte, se ofrece a Dios según una concepción expiatoria muy común en la época. “El altar quiere una víctima, heme aquí dispuesto”. Resulta fácil imaginar sus reacciones si hubiera conocido los cuestionamientos a la autoridad en el seno de la Iglesia después de 1968, o ciertas experimentaciones litúrgicas de vanguardia de los años 1970 en materia de catequesis o de liturgia…».

 

En el diario italiano Libero, Andrea Morigi insiste aún con mayor énfasis que Jean Mercier y consagra un artículo a «ese Juan XXIII que agrada a los tradicionalistas». Allí narra un episodio de la vida de Juan XXIII, extraído de su diario cuando era nuncio en París: «Asistí a misa en Saint-Séverin. Me enfrié. La música ha mejorado mucho pero la misa cara al pueblo es una grave falta de respeto de las leyes litúrgicas. Leen el Canon en voz alta y no en secreto, como lo prescribe el misal. […] Advertí al párroco sobre la gravedad de este abuso y creo que cesará de hacerlo. ¡Oh, cuántas dificultades tengo con estas cabezas calientes y un poco estrafalarias!». Si tenemos en cuenta que esta anécdota data de 1951, encontramos aquí materia para reflexionar sobre la calidad de la formación litúrgica antes del concilio y sobre el estado de espíritu del futuro papa en cuanto a un eventual aggionamento litúrgico.

 

A semejanza del papa Francisco, desde su elección, el papa Juan XXIII gozó en los medios de comunicación de una imagen de papa «bueno», dispuesto a hacer entrar en la Iglesia el viento fresco de la modernidad, cuando en realidad, el papa Roncalli era un hombre «muy conservador en el alma», según las palabras del cardenal Silvio Oddi, su colaborador en la nunciatura de París. En su artículo, Andrea Morigi recuerda que en 1959, Juan XXIII quiso celebrar la Semana Santa según los libros litúrgicos anteriores a la reforma permitida por su predecesor, Pío XII. Sabiendo que esa reforma llevaba la marca del futuro autor de la reforma de Pablo VI, Annibale Bugnini, nos podemos preguntar, como hace Jean Mercier, qué habría pensado Juan XXIII de la liturgia de los años 70…

 

En otro registro, Juan XXIII no comprendía la pérdida de identidad del sacerdocio que implicaba la experiencia de los sacerdotes-obreros: fue él, y no Pío XII, quien decidió poner fin a esta experiencia, en julio de 1959. Del mismo modo, fue él, y no Pío XII, quien condenó las confusas ensoñaciones del Padre Teilhard de Chardin por medio del Monitum del 30 de junio de 1962. También fue él quien aprovechó los 70 años de Rerum Novarum para recordar los fundamentos de la doctrina social de la Iglesia en la encíclica Mater et Magistra.

 

Con los excelentes latinistas que conformaban su entorno, como Mons. Felici o su amigo el cardenal Antonio Bacci, se consagró a la restauración del latín propio de la Iglesia, en especial ese magnífico latín –distinto del latín ciceroniano– forjado en la Antigüedad tardía, que se convirtió en la lengua litúrgica de la Iglesia de Roma. Así, con gran solemnidad firmó la constitución Veterum sapientia el 22 de febrero de 1962, día de la cátedra de San Pedro. No lo hizo en el despacho del papa, como es costumbre, sino sobre la tumba de San Pedro, en presencia de todos los cardenales, arzobispos y obispos presentes en Roma, con todo el ceremonial que corresponde normalmente a la promulgación de un dogma. Esta constitución recordaba el lugar del latín, su dignidad, su carácter sagrado en el uso de la Iglesia de Roma. Juan XXIII llegaba al punto de disponer que se debía utilizar nuevamente el latín como lengua de enseñanza eclesiástica, no sólo en las universidades romanas, sino en los cursos dados en los seminarios del mundo entero. Una medida destinada, desafortunadamente, a naufragar en la tempestad conciliar y cuya falta de aplicación se hace sentir de modo dramático en nuestros días.

 

II – EL PAPA DEL MISAL SUMMORUM PONTIFICUM Y sobre todo, Juan XXIII publicó una nueva «edición típica» (normativa) del misal tridentino de San Pío V (1570), y del breviario tridentino del mismo San Pío V (1569). El motu proprio «Rubricarum instructum», del 25 de julio de 1960, aprobó un nuevo cuerpo de rúbricas del breviario y del misal romanos. Las mínimas simplificaciones del misal se refieren a las reglas sobre las colectas y las oraciones, así como a la clasificación de las fiestas. En lo que al rito propiamente dicho se refiere, las simplificaciones más visibles son la supresión del Confiteor antes de la comunión y la unificación del missus (despedida): prácticamente siempre: «Ite Missa est». Se ve, pues, el carácter más que moderado, ínfimo incluso, de las modificaciones introducidas en el misal por Juan XXIII, quien, por otro lado, introdujo, piadosamente, la mención de San José en el canon. Es cierto que el pontificado del papa Roncalli no se reduce a estas disposiciones. Otras tienen una orientación diferente. Sin embargo, estas disposiciones «conservadoras», en el mejor sentido del término, no deben ser olvidadas. Y no debemos olvidarlas, puesto que las ediciones del breviario y del misal romano que promulgó constituyen la referencia oficial de la liturgia que el motu proprio de Benedicto XVI del 7 de julio de 2007, declaró que nunca había sido abolida. En los hechos, el papa Roncallli permitió que se conservara para el futuro una edición del misal prácticamente idéntica, hasta en los detalles, al misal del siglo XVI, misal cuya estructura y fórmulas estaban fijadas ya desde al menos el siglo VI y cuyo canon está «documentado» desde fines del siglo IV. Esta reforma resueltamente conservadora del papa Roncalli, muestra con claridad que la Iglesia de Roma consideraba como intangible esta Santa Misa, que era para ella como un Credo litúrgico. Nos parece justo y necesario darle gracias y pedir al nuevo santo que interceda, junto al Divino Maestro, para que conceda durablemente la paz litúrgica a su Iglesia.

BENEDICTO XVI: AGRADECIMIENTO Y FRUTOS DEL PONTIFICADO

Benedicto XVIEl once de febrero del pasado año, festividad de la Aparición de Nuestra Señora la Virgen Inmaculada (Lourdes), el Papa emérito anunció a la Cristiandad su renuncia. Han sido varias las ocasiones – que en el día de hoy queremos reiterar-, en las que públicamente la Asociación Una Voce Sevilla ha manifestado su profunda gratitud al Santo Padre Benedicto XVI por todo lo realizado en su pontificado en favor de la liturgia en la Iglesia, a pesar de las grandes dificultades y oposiciones con las que contó, y en concreto por la promulgación del Motu Proprio Summorum Pontificum,  en 2007, el cual ofreció nuevamente a todos los fieles la posibilidad de beneficiarse de todas las riquezas litúrgicas, espirituales y pastorales que se contienen en el misal codificado por San Pio V y promulgado por el beato Juan XXIII.

Traemos a colación, en el día de hoy, entre otros muchos, los siguientes frutos del referido Motu Proprio:

1º Los 348 Cardenales y Obispos que desde ese año han oficiado y/o asistido a actos litúrgicos según el Rito Romano tradicional. Para conocer sus nombres y nacionalidad, pueden consultar la lista elaborada por el blog Acción Litúrgica.

2º Los progresos en la celebración de la Santa Misa según la Forma Extraordinaria en un país como Estados Unidos, como se corrobora en un estudio publicado por la web Pax Liturgique, en su correo 42, que refleja hasta que punto aquella tiene asegurado un futuro esperanzador debido a la demanda que existe en torno a ella.

Dios guarde al Santo Padre emérito Benedicto XVI, definido por el Papa Francisco como “un hombre valiente y humilde”, por muchos años.

Obispo de Ferrara (Italia): Elogio al tesoro de la liturgia tradicional

Luigi Negri FerraraEl 19 de mayo pasado, domingo de Pentecostés, con ocasión de la Peregrinación tradicional al Santuario de Nuestra Señora del Poggetto (Ferrara), en agradecimiento a  la Santísima Virgen por su protección en el terremoto que sacudió la región, el obispo de Ferrara, Monseñor Luigi Negri, pronunció una ejemplar homilía en la que elogió el tesoro de la liturgia tradicional y el Motu proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI.

A continuación transcribimos los párrafos más destacados de dicha homilía, que pueden consultar íntegramente en el artículo publicado por la web: Paix Liturgique, y que contiene además unas interesantes reflexiones:

Hoy se celebra aquí la Santa Misa en el rito tradicional, en la gran solemnidad de Pentecostés que recuerda a la Iglesia, en todo tiempo y lugar, y por lo tanto, a todo cristiano, que la revelación de la Fe y su desarrollo en una vida de comunidad y comunión, en la práctica de la caridad, en el ejercicio activo de la misión, nacen justamente del milagro de la efusión del Espíritu Santo en el corazón de los fieles, puro don del Señor”.

Nosotros hemos recibido esta otra gran herencia, definitiva: participar verdaderamente en el misterio de la Iglesia, una, sana, católica y apostólica. Esta herencia, la vivimos de modo real en nuestra vida de todos los días, tanto en la prosperidad como en la adversidad, en la salud como en la enfermedad, en la alegría como en el dolor, como lo proclaman los actores del gran sacramento eclesial que es el matrimonio. Creo que esto sitúa la muy loable iniciativa de esta peregrinación y de esta Misa en su contexto verdadero“.

Esta gracia de la Iglesia, vosotros la vivís en la fuente de la Fe que es la Eucaristía, la celebración litúrgica. Gracias a la gran y prudente misericordia de Benedicto XVI, la recibís de uno de los dos grandes tesoros de la liturgia de la Iglesia, la liturgia tradicional. Esta última no constituye una alternativa a la liturgia reformada por el Concilio Vaticano II, sino que expresa todo su carácter junto a la liturgia reformada, con toda dignidad, toda libertad y con plena responsabilidad.

Benedicto XVI lo ha enunciado con admirable claridad en el motu proprio. Ha querido aumentar la posibilidad de vivir de las riquezas de la liturgia de la Iglesia y por ello ha pedido a toda la Iglesia, empezando por los obispos, que se mostraran respetuosos de su intención de acrecentar los tesoros de la Iglesia, favoreciendo el acceso a este bien antiguo a quienes experimentan legítimamente ese deseo y anhelan vivirlo en plenitud por la verdad de la Fe y de la misión en nuestros días.

De forma incontestable, el Papa ha superado así la falsa e inaceptable oposición entre lo antiguo y lo nuevo, rompiendo con esa hermenéutica de ladiscontinuidad entre lo que existía antes del Concilio y lo que el Concilio ha anunciado, y lo que ha tenido de doloroso la aplicación del Concilio para nuestra época. Hay una sola Iglesia del Señor, a la que el Espíritu ha permitido atravesar épocas diferentes: el Concilio Vaticano II ha sido un momento de extraordinaria importancia, aun cuando ha representado un gran desafío para el desarrollo de la Iglesia.

Así pues, vosotros empleáis esta liturgia, y me alegra que lo hagáis en esta arquidiócesis donde soy arzobispo desde hace poco. No lo hacéis contra alguien o para afirmar opiniones, sino para vivir el misterio de la Iglesia con la profundidad y la verdad que consideráis que es vuestro deber y vuestro derecho.

Y la Iglesia permite también esto. Benedicto XVI, y no tengo por costumbre hablar sin fundamento, ha manifestado una verdadera misericordia pastoral al poner esta posibilidad al servicio de la Fe de cada cristiano y de pequeños grupos que ni siquiera deben ser cuantificados numéricamente: los grupos estables están compuestos por todos los fieles que tienen el derecho y el deber de gozar de esta liturgia. La tenéis al alcance de la mano y la Iglesia os permite su práctica con total libertad

Nadie, ninguna diócesis de Italia o del mundo podrá deciros que no. Ante un hipotético «no», debéis dirigiros al obispo. Previamente, el diálogo entre los fieles que quieren la liturgia tradicional y la Iglesia es un diálogo entre vosotros y el sacerdote que está dispuesto a ayudaros en esta práctica antigua y muy bella. Por supuesto, todo esto exige una preparación adecuada, pero estoy seguro de que vosotros la tenéis. Creo que para que se convierta en una experiencia accesible a todos los que no la conocen, será necesario un tiempo de formación y de preparación”.

Como los fieles de la liturgia reformada, practicad la antigua liturgia por vosotros. Por la verdad de vuestra Fe. Por la verdad de vuestra Caridad. Para dar impulso a vuestra misión. Son dos tesoros para un mismo pueblo. Y este pueblo único y maduro se alimenta de la Fe, precisamente si sabe vivir la libertad que la Iglesia le concede. Libertad litúrgica que la Iglesia concede y también garantiza.

No defendáis opiniones ni las opongáis a los demás. El arzobispo de Ferrara y Comacchio no es ni el guardián ni el propagador de ninguna opinión. Sólo tiene una opinión: la verdad del Señor, el Evangelio, la Tradición de la Iglesia, el magisterio del Santo Padre y, en unión con él, su propio magisterio.

Este es el marco en el cual Benedicto XVI ha promulgado el motu proprio. Hago parte de los obispos, a decir verdad, poco numerosos, que gracias a él hemos profundizado nuestra propia identidad respecto a la experiencia de Dios. Constituye un tesoro no sólo para quienes lo practican sino también para toda la Iglesia“.

Nuestro primer recurso es nuestra experiencia de la Fe. Somos todos miembros de una misma Iglesia, y por ello, también a través de esta experiencia bella y particular [de la liturgia tradicional], debéis tratar de vivir cada día más como miembros vivos de la Iglesia, participando del único Cuerpo y Sangre de Cristo, para que aumenten en vosotros la Fe, la Esperanza y la Caridad“.

 

 

Misa tradicional: instrucciones para sacerdotes

El blog Paix Liturgique: nos ofrece en español unas instrucciones que el Padre Schippel, director de las vocaciones de la diócesis de Cincinnati (Estados Unidos), ha elaborado para aquellos sacerdotes que conforme al Motu Proprio Summorum Pontificum del Santo Padre desean iniciarse en el aprendizaje de la celebración de la Forma Extraordinaria de la Misa.

Son las siguientes:

1) Los días en que no tenga una “misa pública” pero en los que, por legítimos motivos, puede celebrar una misa privada, es decir, solo o con un monaguillo, diga la forma ordinaria en latín. Utilice la lengua vulgar para las lecturas y las oraciones presidenciales, y para todo el resto, o la mayor parte posible, el latín. Comience por la oración eucarística y las aclamaciones, a fin de acostumbrar su cerebro y su lengua al uso del latín. Aun sin haber estudiado mucho latín, debería poder hacerlo.

2) Vaya ampliando el uso del latín lentamente. Si hace falta, al principio, diga las partes en latín en silencio. Poco a poco, empiece a pronunciarlas en voz alta, articulando palabra por palabra y luego frase por frase. En la medida de lo posible, dependiendo de su parroquia, introduzca poco a poco el latín en las celebraciones parroquiales. Comience con una misa durante la semana, por ejemplo… Leer más