SEVILLA: DOMINGO 25 SEPTIEMBRE MISA TRADICIONAL CANTADA

img_5310Les informamos que, el próximo Domingo día 25 de septiembre, XIX después de Pentecostés, nuestro capellán oficiará –D.m.- Santa Misa cantada según la Forma tradicional del Rito Romana o gregoriana, a las 10:30 horas, en el Oratorio de la Escuela de Cristo de Sevilla, sito en el Barrio de Santa Cruz.

 

Será interpretado en sus melodías gregorianas el propio de la festividad y el ordinario de la Misa de Angelis.

Con el ruego de la asistencia y difusión.

 

Salus pópuli ego sum, dicit Dóminus

 

UNA VOCE SEVILLA

335

 

UNA VOCE SEVILLA

CÁCERES: INICIO MISA TRADICIONAL SEMANAL EN LA CONCATEDRAL

escudo-caceres-espanyaCon gran alegría, nos hacemos eco de la noticia publicada en la web de la Diócesis de Cória-Cáceres, pues, a partir del próximo Domingo 25 de septiembre, la Santa Misa tradicional dejará de celebrarse con una frecuencia mensual, oficiándose todos los domingos a las 11 horas. Su nuevo emplazamiento será nada menos que la Concatedral de Santa María. Todo un ejemplo a seguir para el resto de diócesis de España.

Nuestras más sinceras felicitaciones a los fieles de la Misa tradicional en Cáceres y agradecimiento al Pastor de la Diócesis, don Francisco Cerro, por implementar en ella con generosidad el motu proprio Summorum Pontificum del Santo Padre Benedicto XVI.

UNA VOCE SEVILLA

 concatedral-de-caceres

MAPA: EL AVANCE DE LA MISA TRADICIONAL EN EUROPA

34b2c0e0da9a23e99594e08f929e5e7fA continuación, gracias al mapa de google creado por la web Projet SP5-Usus Antiquor, les ofrecemos la posibilidad de conocer con detalle todos los lugares de Europa donde se celebra la Misa según la forma del Rito Romano tradicional o vulgarmente conocida como Misa en Latín. Asimismo, encontrarán datos más específicos sobre dicha celebración como su frecuencia, horario, sacerdote celebrante…etc.

Con ello, podremos comprobar el avance espectacular que está teniendo esta realidad eclesial en paises europeos como Francia, Alemania, Italia y Reino Unido, entre otros, desde la entrada en vigor -hace nueve años- del Motu Proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI.

Para consultar el mapa de la Misa tradicional en Europa pinche aquí.

misa-tradicional-en-europa

 

 

ARTÍCULO: LOS NIÑOS Y LA MISA TRADICIONAL

Escudo Asociación Liturgica MagnificatA continuación, les ofrecemos la traducción realizada por la redacción de la hermana web chilena Asociación Litúrgica Magnificat de un artículo de Peter Kwasniewski aparecido en New Liturgical Movement sobre la gran ayuda espiritual que presta la Misa de siempre en la formación religiosa de los niños.

 

Ex ore infantium: los niños y la Misa tradicional

Peter Kwasniewski

 
El tema de la relación de los niños con la Misa tradicional merece mucha más atención que, hasta donde yo sé, se le ha dado. Lo que me queda claro, por la experiencia que tengo con mis niños y los de algunos amigos que asisten con regularidad a esta Misa, es que, contra todas las predicciones de los liturgistas sobre la necesidad de que los niños tengan sus liturgias simplificadas que los nutran con miguitas del Evangelio, los niños no sólo disfrutan asistir a la Misa tradicional, sino que pueden llegar a cautivarse y encantarse con ella. Es algo bien sabido que ciertos niños que se han comportado como incontrolables erizos, una vez revestidos con sotana y sobrepelliz, pasan a integrar las filas de monaguillos y a comportarse como soldados; y que algunas niñas, una vez que se cubren la cabeza con un velo, se entregan a la oración de un modo tal que resulta edificante incluso para sus padres.
 
Como una tarea escolar, mi mujer pidió a nuestra hija que escribiera lo que pensaba acerca de la Misa a la que vamos los domingos (esto fue hace algún tiempo, cuando nuestra hija tenía nueve años). Aquí están las páginas manuscritas, junto con su transcripción.

«Reflexiones sobre la Misa tridentina.
He notado que la Misa tridentina es silenciosa durante un rato. También he notado que el sacerdote dice la mayor parte de las oraciones en la Misa tridentina, especialmente en la consagración.
Pienso que el silencio de la Misa tridentina es como las monjas carmelitas, que pasan en silencio la mayor parte del tiempo. También he notado que en la Misa tridentina el sacerdote reza la mayor parte del Padrenuestro.
Hay solamente dos liturgias que me hacen sentir como en el cielo, la tridentina y la bizantina. Me gustan igual la Misa solemne y la Misa rezada. Me gusta la Misa solemne porque me gusta mucho cantar, especialmente el gregoriano. Y la Misa rezada porque hay mucho tiempo para rezar en silencio.
También el sacerdote dice el Amén por uno en la comunión.
Una pequeña oración mía: Sí, Señor, creo que estás presente en la Eucaristía y creo que estás conmigo en todos los santos sacramentos. Amén.»
 
¡Qué hermosos son estos sentimientos sencillos, sin afectación, nacidos directamente del corazón infantil que se encuentra con el misterio del Señor! “De la boca de los niños has formado una alabanza perfecta para vencer al enemigo y al rebelde” (Ps 8, 2). ¡Ojalá que más niños pudieran experimentar el canto y el silencio que ayudan al alma a sentir y a saber que el Señor está realmente presente entre nosotros!
 
Por cierto, soy el primero en admitir que traer los niños a la Misa tradicional, especialmente los bebés y los niños más pequeños que no pueden “seguir” la liturgia y que a menudo hacen muchísimo ruido y complican a sus padres, presenta una gran cantidad de desafíos. Aun así, no debiéramos subestimar la sutil formación de la psiquis que tiene lugar al exponer convenientemente a los niños al silencio saturado de oración, a los símbolos litúrgicos, al ceremonial de la Misa. Después de todo, si se comienza a formar el alma de los niños desde el momento mismo de la concepción por la música y las voces que oyen desde el interior del seno materno, ¿cuánto más no se formará, después de su nacimiento, su memoria, su imaginación, su intelecto, su voluntad, por la influencia del medio? ¡No subestimemos la necesidad de nuestros niños de exponerse a la sagrada liturgia en toda su exigente y gratificante plenitud, ni su capacidad, a lo largo del tiempo, de absorber esta plenitud y hacerla parte de lo que ellos mismos son!
 
En OnePeterFive se puede encontrar un par de artículos sobre “Cómo ayudar a los niños a comprender la Misa Tradicional” (Partes 1 y 2), donde se analiza el modo cómo los padres pueden ayudarlos en este proceso de gradual inmersión en la Misa de todos los tiempos, y cómo pueden “ganar tiempo” para los pequeños. Quisiera aquí expandirme sobre un punto específico mencionado en dichos artículos.
 
Antes de poder hacerlo en la iglesia, los niños deben practicar en la casa el estarse quietos. Los padres solemos cometer el error de querer corregir en la Misa un comportamiento inadecuado en ella, momento en que hacerlo resulta poco efectivo y torpe. La práctica durante un mes, más o menos, del rosario en familia puede enseñar a casi todos los niños a cómo estarse quietos, ya que en casa uno puede insistir en que se comporten como deben de un modo que no se puede hacer en Misa. El rosario es una oportunidad de practicar el estarse quietos y, para los niños algo más grandes, de arrodillarse, de manera que sus cuerpos se familiaricen con la disciplina de la oración formal, que les servirá directamente para la Misa. Quienes tienen familias grandes saben que es perfectamente clara la diferencia entre los niños a quienes se les ha dado tales oportunidades y los niños que no las han tenido.

El arte de estarse quietos… Algo que todos necesitan aprender
 
Relacionada con este arte de estarse quietos está la cuestión, más profunda, de inspirar a los niños el amor por la paz y tranquilidad, así como también el hábito de mantenerse ocupados en algo (es decir, de no tener que ser entretenidos sino de entretenerse solos). Para decirlo con franqueza, si nuestras casas se ven inundadas por el ruido de la televisión, del estéreo, de los libros electrónicos de alta voz y de otros estímulos auditivos, no se alimentará la quietud de alma necesaria para participar en la Misa tradicional. Tenemos gran necesidad de “ruidos naturales” y también de “tiempos de silencio” en el hogar. Una cosa que funciona bien en algunas familias es establecer una hora de silencio en algún momento después del mediodía, a fin de aclimatar a los niños a la necesidad (y, me atrevo a decir, a la posibilidad) de un lapso de tranquilidad en que cada cual tiene que mantenerse ocupado y en silencio. Difícilmente se puede exagerar la importancia de cosas como éstas: de otro modo, ¿cómo podrán los jóvenes católicos aprender a oír la “voz quieta, pequeña” (1 Re 19, 12) del Señor; cómo podrá preparase el terreno para la meditación y la contemplación características de la oración madura? Estamos hablando nada menos que de la educación en la conciencia de sí y de los otros, que es lo que define la interioridad y la relacionalidad humanas, y nos distingue de los animales del campo.
 
Como Maria Montessori lo supo y lo expresó tan bien, los niños pequeños tienen una habilidad innata para concentrarse. Desgraciadamente las modernas prácticas de los padres obstaculizan esta habilidad con la errónea idea de que los niños deben ser “entretenidos” y distraídos continuamente con toda suerte de estímulos artificiales. La creación es un mundo misterioso y maravilloso por sí mismo, y si se les da la oportunidad, incluso los niños muy pequeños pueden concentrarse en algo tan simple como sus propios dedos durante un tiempo mucho más largo que lo que un adulto creería posible. La mujer de uno de mis amigos grabó un vídeo de su hijo de ocho meses jugando con cubos durante más de veinte minutos. La clave de algo así es impedir que nada perturbe al niño que está concentrado.
 
Hace poco estuve escribiéndome con un padre que me contaba la experiencia de su familia en la transición desde el Novus Ordo a la Misa tradicional, y cómo ello los ha ayudado a todos a ser católicos más devotos. Debido a que lo que escribe es tan alentador para todos nosotros, compartiré aquí (con el permiso suyo) lo sustancial de sus ideas:

«Nuestra hija es en parte responsable de que asistamos ahora a una parroquia de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro. Ella se involucró en un programa para niñas en la Fraternidad y asistía a Misa todos los sábados. Comenzó a usar velo. A continuación me comentó cuánto la impresionaba la forma extraordinaria, y su incomodidad con el Novus Ordo (hacia aquel entonces, no había comentado con mis hijos sobre mi estudio del N.O. Nuestras conversaciones se referían solamente a los abusos litúrgicos). Luego, desarrolló su devoción por la Florecilla, y se volvió mucho más piadosa. Fue impresionante (es una niña normal: compite en Irish Step y tiene lecciones de equitación, y practica saltos con sus demás hermanos). Y así, fue en parte la sabiduría de una niña lo que nos trajo hacia la forma extraordinaria.

 
Estoy impactado por lo insensibles o simplemente ciegos que algunos católicos, aparentemente fieles, son frente a la Misa. Seguramente son personas mucho mejores que yo, como para poder nutrirse con una Misa de guitarras. Yo necesito, en realidad, todo lo que la Iglesia puede darme –todos los aromas y campanas- a fin de poder llegar al fin de la semana. El diablo tiene tantas vías de comunicación actualmente para transmitir su mensaje. Me da la impresión de que ya es tiempo que la Iglesia comience a usar su artillería pesada…
 
Nuestra hija se dio cuenta de las diferencias a la temprana edad de 10 años, y dijo que se había enamorado de la forma extraordinaria. Y nos dijo también que, una vez que comenzó a usar velo, se hizo mucho más rezadora; sintió que se podía concentrar mucho más, sin distracciones. Además, sintió que podía imitar a María mucho mejor, porque a María se la pinta siempre con la cabeza cubierta. A menudo les digo a mis hijos hombres que su hermana nos ha de conducir al cielo.
 
Nuestros hijos varones también notaron la diferencia en la piedad del sacerdote. El mayor tiene catorce años y ahora ayuda a la Misa, y habla de la precisión de los movimientos del sacerdote, y como no permite que sus ojos se alcen más alto que la barandilla del comulgatorio cuando se vuelve hacia el pueblo. También se ha impresionado con el modo cómo el sacerdote prepara la Misa, y cómo se dedica a su acción de gracias inmediatamente después que la dice. Nada de socializar después de la Misa.
 
Hubo un buen artículo en la última edición de Adoremus, en el que un sacerdote describía su experiencia en un colegio católico de Chicago donde se les enseñaba canto gregoriano desde el primer curso. Pienso que tal formación es verdaderamente posible para los niños pequeños. Pienso también que la forma extraordinaria no está más allá de su capacidad, aunque creo que los padres debieran comprometerse más con la explicación del significado de cada rito: es algo que, para los niños, resulta perfectamente vivo. A nuestro hijo de 11 años le gusta seguir la Misa con el Misal Campion. Además, trato de explicarles las lecturas y los Propios la noche anterior en la mesa. Así pues, creo que la forma extraordinaria nos exige más, pero son exigencias que valen la pena.»
 
Padres, no tengan temor de comprometerse con estas exigencias, y no se desalienten por los desafíos y fracasos. Sus esfuerzos serán recompensados. Los sacerdotes que celebran la Misa tradicional les agradecen por hacer que esta profunda educación y santificación esté al alcance de nuestros niños. Sacerdotes que todavía no celebran la Misa tradicional o no lo hacen en público: por favor consideren qué torrente de gracias y de verdad derrama sobre el Pueblo de Dios –comenzando por los más pequeños- esta venerable forma del rito romano. “Dejen que los niños vengan a Mí y no se lo impidan, porque a los que son como ellos pertenece el reino de Dios” (Lc 18, 16).

Nota de la Redacción: todas las fotografías están tomadas del artículo original.

MONS. LAISE: LA MISA DE SAN PÍO V ES UN TODO, LITÚRGICO, ESPIRITUAL, TEOLÓGICO Y MORAL

monslaiseEn 1996, cuando la conferencia episcopal argentina decidió aplicar el indulto que autoriza la comunión en la mano, Mons. Juan Rodolfo Laise, obispo de San Luis (Aregentina), obtuvo de Roma la confirmación de que seguir distribuyendo en su diócesis la comunión en la boca no rompía la comunión episcopal. Veinte años más tarde, sus dos sucesores han mantenido esta santa práctica y el obispo de Oruro, Bolivia, Mons. Bialasik, de la Sociedad del Verbo Divino, acaba de aplicar un decreto similar en su diócesis.

Capuchino y devoto del Padre Pío, Mons. Laise, que acaba de cumplir 90 años, está hoy retirado en San Giovanni Rotondo, donde se desempeña como confesor del santuario. La web Paix Liturgique ha tenido la oportunidad de entrevistarlo en Roma, en la presentación del libro de don Nicola Bux sobre los sacramentos, publicado por ediciones Cantagalli, editores también del libro de Mons. Laise, «Comunión en la mano, documentos e historia», cuya edición italiana acaba de salir.

A continuación la entrevista de Paix Liturgique con Mons. Laise:

«1) Excelencia, ¿qué misa celebra todos los días?
Mons. Laise: ¿Actualmente? La misa de san Pío V. Todos los días a las 6 de la mañana cuando estoy en San Giovanni Rotondo. Es mi misa privada.

2) ¿Los fieles pueden asistir?
Mons. Laise: Desgraciadamente, entre los capuchinos de la comunidad que, en general, ya tienen cierta edad, no hay apertura hacia la liturgia tradicional. En cambio, entre los sacerdotes jóvenes que están de paso, hay algunos favorables. Sería bueno que hubiera una celebración pública para los peregrinos del santuario y estoy seguro de que los fieles responderían favorablemente, pero los tiempos no están todavía maduros desde el punto de vista de las autoridades. Por mi parte, pro bono pacis, celebro teniendo cuidado de evitar cualquier tensión.

3) ¿Cómo ha vivido la proclamación del motu proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI?
Mons. Laise: Por cierto, he sido muy sensible a Summorum Pontificum que ha restaurado y estimulado la celebración de la liturgia tradicional. La misa tiene siglos de historia. Cuando celebro en la forma ordinaria, retomo las oraciones de la forma extraordinaria, sobre todo en el ofertorio. Y el canon romano, por supuesto. Creo que este es el sentido en que el papa Benedicto XVI encaraba las dos formas de un mismo rito…

4) ¿Nota una evolución de la mens liturgica de los sacerdotes?
Mons. Laise: Es necesario hacer una distinción según las generaciones. Hay una actitud positiva en los sacerdotes jóvenes, actitud que suele surgir cuando han tenido contacto con un sacerdote gracias al cual han podido descubrir el misal tradicional. Así tienen acceso a todo un contenido espiritual y teológico que ignoraban y que sólo pide ser explorado y compartido. El contenido de la misa tradicional es más rico, más preciso que el de la misa moderna. La Santísima Virgen, san Miguel Arcángel y los santos apóstoles Pedro y Pablo están en todas las oraciones de la forma extraordinaria mientras que han desaparecido totalmente, o casi, de la forma ordinaria. Cuando yo celebraba con el misal nuevo, optaba siempre por la primera oración eucarística, el Canon romano.

5) ¿Qué recuerdo conserva de la misa que celebró en la basílica de San Pedro para la peregrinación del pueblo Summorum Pontificum?
Mons. Laise: Usted sabe, cuando uno celebra, y es una de las gracias de la forma extraordinaria, uno está totalmente absorbido por el misterio. Entonces, los recuerdos que tengo son los que me transmiten las personas que estaban presentes y que me agradecen porque estaban muy contentas con tan bella ceremonia.

6) ¿Usted ha sido ordenado sacerdote con la forma extraordinaria y para ella?
Mons. Laise: ¡Desde luego, en 1949! He celebrado durante 20 años, incluso en Roma, donde estudié en la Gregoriana. La he celebrado hasta la reforma de Bugnini, quien ha traicionado el pensamiento de los padres conciliares. Y quizá el de Pablo VI. En todo caso, es lo que me deja pensar el ejemplo de la comunión en la mano, que Pablo VI no quería, como lo ha manifestado en la instrucción Memoriale Domini, pero que los obispos alemanes y franceses han impuesto.

7) ¿Y su ordenación episcopal?
Mons. Laise: En 1971, por lo tanto con el nuevo rito. Cuando me convertí en obispo de San Luis, la reforma ya había sido aplicada. Y debo decir que no había problemas, porque, en esa época, en Argentina, respetábamos las rúbricas y celebrábamos con el espíritu de la liturgia anterior. No fue sino poco a poco como la situación se fue degradando. Por eso la comunión en la mano llegó tardíamente al país, en 1996.

8) ¿Cómo ve la situación actual?
Mons. Laise: Veo una dificultad que es la pérdida del latín. El latín ya no se enseña en las escuelas y aún menos en los seminarios, por lo cual incluso sacerdotes bien intencionados y dispuestos no llegan a hacer propia la forma extraordinaria.

9) ¿Ve algún signo positivo, a pesar de todo?
Mons. Laise: Los jóvenes. Tienen respeto por la liturgia, la aprecian y muchos se sienten atraídos por la forma extraordinaria, pero necesitan formarse. La misa de san Pío V es un todo: litúrgico, espiritual, teológico y moral. Hay que redescubrir cada uno de estos aspectos. Uno se da claramente cuenta de ello con el tema de la comunión: santo Tomás de Aquino enseña que Cristo está presente en la más mínima parte de la hostia consagrada, de allí el respeto debido al cuerpo de Cristo real y substancialmente presente en las sagradas especies, que condiciona la actitud de oración y adoración de los fieles. De modo que la comunión en la mano es inimaginable en la forma extraordinaria. Cuando se acepta una verdad, cuando se cree en ella, se vive en función de esta convicción, hay una coherencia entre la vida que llevamos y nuestra fe: no se puede vivir en contradicción con una fe auténtica, se hace todo lo posible para conformarse a ella. La misa tradicional es ejemplar en este sentido, por el rigor de su contenido teológico y espiritual, para redescubrir esta coherencia de vida que tanto necesitamos. Es la columna vertebral de la liturgia como el Catecismo de la Iglesia Católica es el resumen de nuestra Fe.

10) Los partidarios de la reforma litúrgica la han justificado, en parte, debido a los abusos que existían antes del concilio en la celebración de la liturgia tridentina; ¿usted observó estos abusos durante sus primeros años de sacerdocio?
Mons. Laise: ¡Sí, claro! Pero respondía más a abusos singulares y personales que a abusos generalizados. Me acuerdo que, muy joven, yo debía leer los avisos parroquiales mientras que el sacerdote decía las oraciones al pie del altar. Eso me chocaba. La misa requiere una gran concentración en las cosas de Dios, en el misterio de la Cruz, la Pasión y la Resurrección de Nuestro Señor. El celebrante debe evitar las ocasiones de distracción para él y para los fieles.

11) Mientras, por primera vez, una traducción italiana de su libro ha sido publicada en marzo, un obispo de Bolivia acaba de firmar un decreto para promover la comunión en la boca en su diócesis de Oruro: ¿qué opina Ud. de esta decisión?
Mons. Laise: ¡Ojalá que todos los obispos que se dan cuenta de la importancia de la comunión en la boca como reverencia que merece el Santísimo tuvieran la misma actitud que tuvo el obispo de Oruro! Ésta es la única forma de manifestar sinceramente con la palabra y con los hechos la fe en la presencia eucarística del Señor. Lamentamos que no se haga en la Iglesia hoy como lo ha manifestado el mismo Pablo VI en la Memoriale Domini, que la comunión debería ser siempre recibida en la boca. Así el obispo de Oruro confirma las palabras del Papa Pablo VI y me alegra.».

Mons Laise

Mons. Laise oficia Misa tradicional en el altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro durante la peregrinación anual Summorum Pontificum (Oct.15)

LAS REFLEXIONES DE PAIX LITURGIQUE

1°/ «No se puede vivir en contradicción con una fe auténtica, se hace todo lo posible para conformarse a ella. La misa tradicional es ejemplar en este sentido, por el rigor de su contenido teológico y espiritual, para redescubrir esta coherencia de vida que tanto necesitamos». Aquí se encuentra expresado el adagio lex orandi, lex credendi, aplicado por Mons. Laise a la obligación moral de vivir litúrgicamente en conformidad con la fe teologal.

2°/ Mons. Juan Rodolfo Laise es muy conocido por su lucha contra la comunión en la mano, por los daños que causa en la fe de los fieles. En 1996, de acuerdo con Roma, mantuvo la comunión en la boca en su diócesis de San Luis, no temiendo distinguirse así de la conferencia episcopal. Más tarde, publicó un libro sobre el abuso de poder que representa la generalización de la comunión en la mano por las conferencias episcopales, sin tener en cuenta la consulta a los obispos del mundo entero realizada a fines de1968. Dicho libro, publicado en español, inglés, polaco y francés, acaba de ser editado en italiano, enriquecido con un prefacio de Mons. Schneider y algunas reflexiones de Mons. Laise sobre la comunión espiritual.

3°/ Mons. Laise no teme presentarse como un partidario de la «reforma de la reforma», en el verdadero sentido del término. Es decir, hoy en día, celebra ordinariamente la misa tradicional, pero cuando celebra la misa nueva, la enriquece, eligiendo decir el canon romano como oración eucarística y agregando oraciones propias de la liturgia tradicional, en particular, las del ofertorio. Es sabido que el cardenal Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, y el cardenal Burke, se han mostrado favorables a una autorización oficial para agregar en la forma ordinaria las oraciones de la confesión (llamadas oraciones al pie del altar) y las oraciones del ofertorio. Sin esperar tal autorización, muchos sacerdotes y algunos obispos ya practican, motu proprio podríamos decir, esta rectificación del rito nuevo.

4°/ Conocedor de la realidad, Mons. Laise ve, sin embargo, una gran dificultad para la extensión de la forma extraordinaria: la falta de conocimiento del latín, lo que motiva que algunos sacerdotes bien intencionados no logren asimilar la forma extraordinaria. Lo hemos afirmado varias veces: el obstáculo es real, pero no infranqueable. El carácter obligatorio del estudio del latín, que debería ser algo evidente en todas las casas de formación de la Iglesia «latina», figura en el canon 249 del Código de Derecho Canónico, que pide que los seminaristas «sepan bien la lengua latina». Los redactores de la instrucción Universæ Ecclesiæ –instrucción sobre la aplicación de Summorum Pontificum– eran conscientes de ello, como lo prueba el artículo 21 que trata sobre la forma extraordinaria en los seminarios: «Se exhorta a los Ordinarios a que ofrezcan al clero la posibilidad de adquirir una preparación adecuada para las celebraciones en la forma extraordinaria. Esto vale también para los seminarios, donde se deberá proveer a que los futuros sacerdotes tengan una formación conveniente en el estudio del latín y, según las exigencias pastorales, ofrecer la oportunidad de aprender la forma extraordinaria del rito.»
Fuente: Paix Liturgique (Correo 69)

SEVILLA: HORARIOS AGOSTO MISA TRADICIONAL

Escudo UVS-pintado-Les informamos que las Misas a celebrar –D.m.- según el Rito Romano tradicional en Sevilla durante el mes de AGOSTO en el Oratorio de la Escuela de Cristo, a las 10:30 horas, serán:

  • LUNES 15: Festividad de la Asunción de Nuestra Señora a los cielos. Será oficiada por el Rvdo. P. Fernando Reyes Rico, párroco de Alcalá del Río (Sevilla).
  • DOMINGO 21: XIV después de Pentecostés. Será celebrada por el Rvdo. P. Pablo Díez Herrera, capellán de la Asociación Una Voce Sevilla.
  • DOMINGO 28: XV después de Pentecostés. Será oficiada por nuestro capellán.

Por tanto, se suspende la Misa tradicional en Sevilla correspondiente a los Domingos 7 y 14 de agosto.

No obstante, si lo desea, puede asistir a Misa tradicional dichos Domingos en Cádiz, Oratorio de San Felipe Neri, una de la tarde. Asimismo, se celebrarán, en Málaga, Parroquia de los mártires Ciriaco y Paula, 19:00 horas y en Córdoba, Convento de Santa Ana, 12:30 horas, ambas el Domingo 7 de agosto.

UNA VOCE SEVILLA

SEVILLA: LUNES 25 JULIO MISA TRADICIONAL SANTIAGO APÓSTOL

santiago-apostol-diadel3Fieles a la tradición secular de la Iglesia española, el próximo LUNES 25 DE JULIO, festividad de Santiago Apóstol, Patrono de las Españas, y día de precepto, se oficiará –D.m.- en su honor Santa Misa según el Rito Romano tradicional, a las 7 DE LA TARDE, en el Oratorio de la Escuela de Cristo de Sevilla, sito en el Barrio de Santa Cruz.

 

Se recuerda la obligación que tienen los fieles de participar en la Santa Misa los días de precepto.

 

O sidus refúlgens Hispaniae, sancte Iacóbe Apóstole, intercede pro nobis ad Dóminum

 

UNA VOCE SEVILLA

EL CARDENAL SARAH Y LA LITURGIA DEL CONCILIO VATICANO II

Cardenal SarahComo continuación a nuestra última entrada sobre las recientes palabras del Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en las cuales ha realizado un llamamiento a sacerdotes y obispos para recuperar la orientación ad orientem o coram Deo en la celebración de la Santa Misa, transcribimos a continuación un mensaje del citado cardenal al congreso litúrgico Sacra Liturgia Conference (EE.UU), de 2015. En este mensaje, publicado en italiano por L’Osservatore Romano y traducido al español por la recomendada web de la asociación litúrgica chilena, Magnificat, el Cardenal Sarah ya propuso por entonces lo que ahora ha sido motivo de controversia: «es plenamente conforme con la constitución conciliar -Sacrosantum Concilium- y, además, oportuno, que durante el rito penitencial, el canto del Gloria, las oraciones y la plegaria eucarística todos, sacerdote y fieles, se vuelvan juntos hacia el Oriente, para expresar su voluntad de participar de la obra de culto y redentora llevada a cabo por Cristo. Este modo de proceder podría oportunamente ser introducido en las catedrales, donde la vida litúrgica debe ser ejemplar«.

Para una mayor comprensión de esta propuesta del Prefecto para el Culto Divino y Disciplina de los Sacrmentos, es interesante analizarla en el contexto en que es citado el párrafo anteriormente transcrito, pues lo que el Cardenal Sarah intenta con ello es volver al verdadero espíritu de la Constitución sobre liturgia del Concilio Vaticano II, Sacrosantum Concilium, partiendo del significado de su concepto clave, la participatio actuosa de los fieles, y del sentido teológico de la liturgia como obra de Cristo.

A continuación el mensaje íntegro del Cardenal Sarah:

«Silenciosa acción del corazón

Para leer y aplicar la constitución del Vaticano II sobre la Liturgia

Cardenal Robert Sarah

¿Se leerá después de cincuenta años después de su promulgación por el Papa Pablo VI la constitución del concilio Vaticano II sobre la sagrada liturgia? La Sacrosantum concilium no es en realidad un simple catálogo de “recetas” de reforma, sino una verdadera y propia Magna charta de toda acción litúrgica. El Concilio Ecuménico nos da en ella una lección magistral sobre el método. En efecto, lejos de contentarse con una aproximación disciplinaria y exterior a la liturgia, el concilio quiere hacernos ver lo que está en su esencia. La práctica de la Iglesia proviene siempre de aquello que ella recibe y contempla en la revelación. La pastoral no se puede desconectar de la doctrina. En la Iglesia “lo que proviene de la acción está ordenado a la contemplación” (cfr. N.° 2). La constitución conciliar nos invita a redescubrir el origen trinitario de la acción litúrgica. En efecto, el concilio establece una continuidad entre la misión de Cristo Redentor y la misión litúrgica de la Iglesia. “Como Cristo fue enviado del Padre, del mismo modo envió Él a los apóstoles”, de modo tal que “mediante el sacrificio y los sacramentos, en torno a los cuales gravita toda la vida litúrgica”, se realice “la obra de salvación”. (N.° 6) Actualizar la Liturgia no es otra cosa que actualizar la obra de Cristo. La liturgia es en su esencia actio Christi: “la obra de la redención humana y la perfecta glorificación de Dios” (N.° 5). Es Él el gran sacerdote, el verdadero sujeto, el verdadero actor de la Liturgia (cfr. N.° 7). Si este principio vital no encuentra acogida en la Fe, se corre el riesgo de hacer de la Liturgia una obra humana, una celebración que la comunidad hace de sí misma.

Por el contrario, la obra propia de la Iglesia consiste en entrar en la acción de Cristo, en hacerse parte en aquella acción respecto de la cual Él ha recibido la misión del Padre. En razón de ello “nos fue dada la plenitud del culto divino”, pues “su humanidad, en la unidad de la persona del Verbo, fue instrumento de nuestra salvación”(N.° 5). La Iglesia, cuerpo de Cristo, debe convertirse a su vez en instrumento de las manos del Verbo. Éste es el significado último del concepto clave de la Constitución conciliar: la participatio actuosa. Dicha participación consiste para la Iglesia en convertirse en instrumento de Cristo-sacerdote, para participar de su misión trinitaria. La Iglesia participa activamente en la obra litúrgica de Cristo en la medida en que es instrumento. En este sentido, hablar de “comunidad celebrante” no carece de ambigüedad y su uso requiere de verdadera cautela (cfr. Instrucción Redemptoris sacramentum, N.° 42). La participatio actuosa no debería ser comprendida nunca como la necesidad de hacer algo. En este punto la enseñanza del Concilio ha sido deformada con frecuencia. Se trata, por el contrario, de permitir que Cristo nos tome y nos haga partícipes de su sacrificio. La participatiolitúrgica debe en razón de ello ser entendida como una gracia de Cristo, quien“asocia siempre consigo a la Iglesia” (Sacrosantum concilium, N.° 7). Es Él quien debe tener la iniciativa y la primacía. La Iglesia invoca “como su Señor y por medio de Él rinde culto al Padre eterno”(N.° 7). El sacerdote debe por tanto convertirse en este instrumento que deja traslucir a Cristo. Como ha recordado recientemente nuestro Papa Francisco, el celebrante no es el presentador de un espectáculo, no debe buscar la simpatía de la asamblea poniéndose frente a ella como su interlocutor principal. Entrar en el espíritu del Concilio significa por el contrario cancelarse a sí mismo, renunciar a ser el punto focal. De modo contrario a lo que se ha sostenido a veces, es plenamente conforme con la constitución conciliar y, además, oportuno, que durante el rito penitencial, el canto del Gloria, las oraciones y la plegaria eucarística todos, sacerdote y fieles, se vuelvan juntos hacia el Oriente, para expresar su voluntad de participar de la obra de culto y redentora llevada a cabo por Cristo. Este modo de proceder podría oportunamente ser introducido en las catedrales, donde la vida litúrgica debe ser ejemplar (cfr. N.° 41).

 

Bien entendido, hay algunas partes de la Misa en las cuales el sacerdote, actuando in persona Christi Capitis, entra en diálogo nupcial con la asamblea. Mas este “cara a cara” no tiene otro fin más que conducir a un tête-à-tête con Dios, que por medio de la gracia del Espíritu Santo, se convertirá en un diálogo de corazón a corazón. El concilio propone así otros medios para favorecer la participación: “las aclamaciones de los fieles, las respuestas, el canto de los salmos, las antífonas, los cantos, además de las acciones, los gestos y la actitud corporales” (N.° 30). Una lectura demasiado apresurada y, sobre todo, demasiado humana, ha conducido a concluir que era necesario hacer que los fieles estuvieran constantemente ocupados. La mentalidad occidental contemporánea, modelada por la técnica y fascinada por los medios de comunicación, ha querido hacer de la Liturgia una obra de pedagogía eficaz y rentable. En este espíritu, se ha buscado hacer que las celebraciones sean algo distendido. Los actores litúrgicos, animados por motivaciones pastorales, intentan en ocasiones hacer una obra didáctica introduciendo en las celebraciones elementos profanos y propios del espectáculo. ¿No florecen acaso testimonios, puestas en escena y aplausos? Se cree así favorecer la participación de los fieles cuando de hecho se reduce la Liturgia a un juego humano. “Es cierto que el silencio no es una virtud, ni el ruido un pecado”, dice Thomas Merton, “pero el tumulto, la confusión y el ruido constantes de la sociedad moderna o en ciertas liturgias eucarísticas africanas son expresión de la atmósfera de sus pecados más graves, de su impiedad, de su desesperación. Un mundo de propaganda, de argumentaciones infinitas, de invectivas, de críticas, o simplemente de cháchara, es un mundo en que la vida no vale la pena de ser vivida. La Misa se convierte en un alboroto confuso; las oraciones en un ruido exterior o interior” (Thomas Merton, Le signe de Jonas, Ed. Albin Michel, París, 1955, p. 322).

 

Se corre el riesgo real de no dejar ningún lugar a Dios en las nuestras celebraciones. Incurrimos en la tentación de los hebreos en el desierto. Ellos intentaron crearse un culto a su medida y a su altura, y no olvidemos que acabaron postrados frente al ídolo del becerro de oro.

Es momento de escuchar al Concilio. La Liturgia es “principalmente culto de la majestad divina” (N.° 33) Tiene valor pedagógico en la medida en que esté completamente ordenado a la glorificación de Dios y al culto divino. La Liturgia nos pone realmente en la presencia de la trascendencia divina. Participación verdadera significa renovar en nosotros aquel “estupor” que San Juan Pablo II tenía en gran consideración (cfr. Ecclesia de Eucharistia, N.° 6). Este estupor sacro, este temor dichoso, requiere de nuestro silencio frente a la majestad divina. Se olvida a menudo que el silencio sacro es uno de los medios indicados por el Concilio para favorecer la participación. Si la Liturgia es obra de Cristo, ¿es necesario que el celebrante introduzca agregados propios? Se debe recordar que, cuando el Misal autoriza una intervención, ésta no debe tornarse en un discurso profano y humano, un comentario más o menos sutil sobre la actualidad, o un saludo mundano a las personas presentes, sino una sutil invitación a entrar en el Misterio (cfr. Instrucción General del Misal Romano, N.° 50). En cuanto a la homilía, ella misma es un acto litúrgico, que tiene sus propias reglas. La participatio actuosa en la obra de Cristo presupone que se abandone el mundo profano para entrar en la “acción sagrada por excelencia” (Sacrosantum concilium, N.° 7). De hecho, “nosotros pretendemos, con una cierta arrogancia, permanecer en lo humano para entrar en lo divino” (Robert Sarah, Dieu ou rien, p. 178). En este sentido, es deplorable que el sagrario en nuestras iglesias no sea un lugar estrictamente reservado al culto divino, que se entre en él con vestiduras profanas, que el espacio sagrado no sea claramente delimitado por la arquitectura. Como enseña el Concilio, Cristo está presente en su Palabra cuando ésta es proclamada, por lo que es igualmente dañino que los lectores no tengan una vestimenta apropiada que muestre que no pronuncian palabras humanas, sino una Palabra divina.

 

La Liturgia es una realidad fundamentalmente mística y contemplativa, y consiguientemente está fuera del alcance de nuestra acción humana; también la participatio es una gracia de Dios. Por lo tanto, presupone de nuestra parte nuestra apertura al misterio celebrado. De este modo, la Constitución dispone la comprensión plena de los ritos (cfr. N.° 34) y, al mismo tiempo, prescribe “que los fieles sepan recitar y cantar juntos, también en latín, las partes del ordinario de la Misa que les corresponde” (N.° 54). En efecto, la comprensión de los ritos no es obra de la razón humana entregada a sí misma, la cual, para ello, tendría que comprenderlo todo, entenderlo todo, dominarlo todo. La comprensión de los ritos sacros es aquella del sensus fidei, que ejercita la Fe viviente a través del símbolo y que conoce por sintonía más que por concepto. Esta comprensión presupone que nos acerquemos al Misterio con humildad. ¿Existirá el coraje de seguir al Concilio hasta este punto? Una lectura similar, iluminada por la Fe, es sin embargo fundamental para la Evangelización. En efecto, “a aquellos que están fuera, ella [la Liturgia] les muestra la Iglesia, como estandarte alzado frente a las naciones, bajo el cual los hijos de Dios que estén dispersos puedan congregarse”(N.° 2). La Liturgia debe dejar de ser un lugar de desobediencia a las prescripciones de la Iglesia. Más específicamente, no puede ser un lugar de laceraciones infligidas por unos cristianos a otros. Las lecturas dialécticas de la Sacrosantum concilium, las hermenéuticas de la ruptura en un sentido u otro, no son el fruto de un espíritu de Fe. El Concilio no ha querido romper con las formas litúrgicas heredadas de la Tradición, sino que, por el contrario, ha querido profundizarlas. La Constitución establece que “las nuevas formas se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente a partir de aquellas ya existentes” (N.° 23). En tal sentido, es necesario que cuantos celebran según el Usus antiquiorlo hagan sin espíritu de oposición, sino en el espíritu de la Sacrosantum concilium. Del mismo modo, sería errado considerar la Forma Extraordinaria del Rito Romano como derivada de una teología diversa que no sea aquella de la Liturgia reformada. Sería también deseable que se insertase como apéndice de una próxima edición del Misal el rito penitencial y el ofertorio del Usus antiquior, a fin de subrayar que las dos formas se iluminan mutuamente, en continuidad y sin oposición.

Si vivimos en este espíritu, la Liturgia dejará de ser el lugar de las rivalidades y de la crítica, para hacernos participar finalmente de un modo activo de aquella Liturgia “que se celebra en la ciudad santa de Jerusalén, hacia la cual nos dirigimos como peregrinos, donde Cristo está sentado […] como ministro del santuario” (N.° 8).

Fuente: Magnificat

 

misa-ad-orientemMisa ad orientem celebrada por el Papa Francisco en la Capilla Sixtina del Vaticano

EL CARDENAL RATZINGER Y LA CELEBRACIÓN DE LA MISA ORIENTADA HACIA DIOS

Jubileo Benito-36En torno al debate suscitado por las recientes palabras del Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el cual ha realizado un llamamiento a sacerdotes y obispos para recuperar la orientación ad orientem o hacia Dios en la celebración de la Santa Misa, en pos de volver a entronizar a Cristo en el centro de la celebración litúrgica, y la nota aclaratoria publicada posteriormente por la Sala de Prensa de la Santa Sede,  traemos a colación unas palabras clarificadoras del Cardenal Ratzinger, actual Papa emérito Benedicto XVI, sobre el asunto:

«La orientación de la oración común a sacerdotes y fieles (cuya forma simbólica era generalmente en dirección al este, es decir, al sol que se eleva), era concebida como una mirada hacia el Señor, hacia el verdadero sol. Hay en la liturgia una anticipación de su regreso; sacerdotes y fieles van a su encuentro. Esta orientación de la oración expresa el carácter teocéntrico de la liturgia; obedece a la monición: «Volvamos hacia el Señor«. (Prefacio a la edición francesa de Joseph Ratzinger –actual papa emérito Benedicto XVI- al libro de Monseñor Klaus Gamber, ¡Vueltos hacia el Señor, Ed. «Renovación», Madrid, 1996).

 

«Para el cristiano que asiste regularmente a la celebración de la liturgia, los dos efectos más obvios de la reforma litúrgica llevada a cabo por el Concilio Vaticano II parecen ser la desaparición del latín y la colocación del altar cara al pueblo. El que lea los textos más relevantes de la Constitución conciliar no podrá menos de extrañarse de que ninguno de esos elementos se encuentre literalmente en los documentos del Concilio. No cabe duda de que el empleo de las lenguas vernáculas está permitido, sobre todo en la liturgia de la Palabra, pero la regla general que precede al texto conciliar dice literalmente: «Se conservará el uso de la lengua latina en los ritos latinos, salvo derecho particular» (Sacrosanctum Concilium 36, 1). Sobre la orientación del altar de cara al pueblo, el texto no dice nada; ese detalle no aparece más que en las Instrucciones postconciliares. La directiva más importante se encuentra en el párrafo 262 de la Institutio Generalis Missalis Romani (Instrucción General sobre el nuevo Misal Romano), publicada en 1969, que dice así: «Es preferible que el altar mayor se encuentre exento, y no pegado a la pared, de modo que se pueda rodear fácilmente y celebrar el servicio divino cara al pueblo (versus populum)». Y la Instrucción General sobre el Misal, publicada en 2002, mantiene el texto inalterado, aunque añade una cláusula subordinada: «Lo cual es deseable siempre que sea posible». En muchos sectores, esta cláusula se interpretó como una manera de forzar el texto de 1969, para hacerle decir que, en adelante, era obligatorio colocar el altar de cara al pueblo, donde fuera posible. Sin embargo, esa interpretación fue rechazada el 25 de septiembre de 2000 por la Congregación para el Culto Divino, al declarar que el término expedit (= es deseable) no implicaba una obligación, sino que era sólo una sugerencia. La Congregación decía que la orientación material debe distinguirse de la espiritual. Aunque el sacerdote celebre versus populum, siempre tendrá que estar orientado hacia Dios por medio de Jesucristo (versus Deum per Iesum Christum). Los ritos, los signos, los símbolos y las palabras jamás podrán explicar de manera exhaustiva la realidad misma del misterio de la salvación. Por eso, la Congregación añade una advertencia contra cualquier postura unilateral y rígida en este debate.

Es una clarificación importante, porque da a entender lo que en las formas simbólicas externas de la liturgia es puramente relativo, y se opone al fanatismo que, por desgracia, ha sido tan frecuente en las controversias de los últimos cuarenta años. Al mismo tiempo, subraya el dinamismo interior de la acción litúrgica, que jamás podrá expresarse en su totalidad por medio de fórmulas puramente externas. Y esa orientación interior es válida tanto para el sacerdote como para el pueblo congregado; es una orientación hacia el Señor, es decir, hacia el Padre, por medio de Cristo, en el Espíritu Santo. De este modo, la respuesta de la Congregación aboga por un nuevo planteamiento más relajado en el que podamos encontrar la mejor manera de llevar a la práctica el misterio de la salvación. Y eso se conseguirá no con una condena recíproca, sino con una escucha atenta de los diversos pareceres y, lo que es más importante, con una apertura a la guía interna de la propia liturgia…» (Prólogo de Joseph Ratzinger –actual papa emérito Benedicto XVI- al libro de Uwe Michael Lang, Volverse hacia el Señor, Ed. Cristiandad, Madrid 2007, p 13-14).

 

Asimismo sobre el asunto, recomendamos la lectura del trabajo titulado: «¿La misa de espalda a lo fieles?», publicado en nuestra web y que puede descargar a continuación: LA MISA DE ESPALDA A LOS FIELES.J.M.Rodriguez

Y para terminar, publicamos algunas imágenes del Papa Francisco celebrando la Misa ad orientem o hacia Dios durante su pontificado, en concreto en la Capilla Sixtina y ante la tumba de San Juan Pablo II.

ARTÍCULO: EL MISTERIO DEL LATÍN

Pais_ECDIMA20150904_0017_21En esta ocasión, nos hacemos eco del interesante artículo sobre la Misa tradicional publicado el pasado 16 de mayo en el blog del diario EL PAÍS. Su autor, Rubén Amón, desde una «perspectiva agnostica» y cultural, nos narra su grata experiencia al asistir a una Misa «en latín» celebrada en Salzburgo (Austria).

A continuación, transcribimos el texto de dicho artículo:

El misterio del latín

Por: Rubén Amón

«Ayer me despertaron las campanas de la iglesia de San Sebastián en Salzburgo. Tanto tiempo sonaron y lo hicieron con tanta intensidad que atribuí al fenómeno el valor de una convocatoria. Me citaban las campanas. Me emplazaban a las misa de 9,30.

Conozco bien el templo de la Linzergasse porque su claustro aloja un cementerio de personajes ilustres. Ninguno tan enigmático como Paracelso. Ninguno tan sepultado de flores como Leopold Mozart, el padre del mesías. O como su otra hija, Nannerl.

Y no me gustan los cementerios. Ni me inspiran confianza las personas que encuentran en ellos sosiego y paz espiritual. «La pace dei sepolcri», objeta Posa a Felipe II cuando trata de recriminarle al rey las campañas militares contra los flamencos.

No me gustan los cementerios, pero tengo cariño al de San Sebastián. Una rosa siempre fresca, siempre viva, custodia la lápida de Paracelso. Como si el propio sabio suizo se las hubiera arreglado para recrear su leyenda de taumaturgo. Fue proscrito como un brujo y un curandero. Lo fue hasta que la propia Iglesia rectificó su diagnóstico. Igual que hizo la ciencia.

La Universidad de Salzburgo lo canonizó como a un clarividente y un pionero, aunque los honores no han alcanzado a atribuirle la transmutación del plomo en oro. Más difícil es convertir las cenizas en una rosa. Y la rosa de Paracelso -de la que hizo un cuento Borges- custodia su tumba como si la reanimara desde el más allá con el rocío.

Repicando y en misa estaba un servidor ayer. Porque acudí a la liturgia de las 9,30, no por razones de fe ni de costumbre, ni siquiera para implorar la curación de unos males en la garganta, sino porque el rito prometía un acontecimiento cultural.

Y lo fue. No ya por la instrucción musical de los salzburgueses. Por la cualificación del organista. Por la sensibilidad del coro aficionado. O por la voz de heldentenor que trasladaba el pater en el mascarón de proa del púlpito, sino por tratarse de un rito en latín, oficiado de espaldas a los feligreses, concebido según los criterios preconciliares.

La liturgia sugestiona el orden espiritual. La lengua muerta adquiere el impulso de la resurrección. Y deja en ridículo las razones prácticas que se han valorado en España para suprimir el latín y el griego de los planes educativos. No discuto la utilidad del chino. Lamento sólo que se pervierta el patrimonio cultural.

Y es una lástima que se haya degradado la resonancia metafísica del latín y que se haya profanado la liturgia con las contingencias parroquianas o parroquiales. Tanto se ha «acercado» la celebración, tanto se ha alejado el misterio. Se ha despojado a la misa de su proyección trascendental, de su esencia mistérica, no digamos ya cuando el patrimonio musical eclesiástico degenera en el estribillo del Señor, la barca, la orilla, Tú nombre y la búsqueda de otro mar, corrompiendo hasta la fe de los corazones más dispuestos.

Habla uno desde la perspectiva del agnóstico. Y de quien, no creyendo por hondas convicciones, acepta el placebo de la fe por el camino de la estética. Lo tiene escrito Thomas Mann en «La muerte en Venecia». La Belleza -en mayúsculas lo escribe Mann, en sentido aspiracional- es el camino del hombre sensible hacia el espíritu.

No se trata de entender la misa, sino de vivir el misterio. Y de aprovechar el oleaje de las lenguas antiguas para llegar a la tierra prometida. El Papa Ratzinger quiso demostrarlo cuando restauró la misa tridentina. Y lo malentendieron sus detractores. Pensaron que pretendía Benedicto XVI restaurar el Antiguo Régimen. Y nunca supieron que la ópera favorita del papa alemán era el «Don Giovanni» de Mozart».

Puede consultar el artículo orginal pinchando aquí.

Misa tradicional